Un análisis de FERTILIZAR AC para la zona núcleo muestra que incrementar la inversión en nitrógeno para maíz y en fósforo para soja puede elevar los rendimientos y mejorar los márgenes económicos. Sin embargo, la respuesta no es automática: el diagnóstico del suelo, la disponibilidad de agua, la eficiencia de uso de los nutrientes y los precios relativos son determinantes para definir cuánto y cómo fertilizar.
Buenos Aires, jueves 22 de octubre (PR/26) .-La fertilización constituye una de las decisiones agronómicas y económicas más importantes en la producción agrícola. Su impacto no debe medirse exclusivamente por el costo de los insumos, sino por la capacidad de mejorar los rendimientos, sostener la fertilidad del suelo y generar una mayor rentabilidad a mediano y largo plazo.
Esta fue una de las principales conclusiones del encuentro organizado por FERTILIZAR Asociación Civil, denominado «La matemática del lote», en el que especialistas de la entidad analizaron la relación entre los procesos biológicos que determinan la respuesta de los cultivos y las variables económicas que intervienen en las decisiones productivas.
El planteo tiene una base científica sólida, aunque requiere una consideración fundamental: más fertilizante no significa necesariamente más producción ni mayor rentabilidad. La respuesta depende de la oferta de nutrientes del suelo, el potencial de rendimiento, las condiciones ambientales, el momento de aplicación y la eficiencia con la que el cultivo utiliza cada elemento. Por eso, la clave no consiste en maximizar las dosis, sino en ajustar la nutrición a las necesidades y posibilidades reales de cada lote.
La matemática biológica: cuánto necesita realmente cada cultivo
La nutrición vegetal comienza mucho antes de la aplicación de fertilizantes. El primer paso es conocer la disponibilidad de nutrientes en el suelo, los requerimientos del cultivo y la cantidad de elementos que se exportan con la cosecha.
Durante su exposición, el coordinador técnico de FERTILIZAR AC, Esteban Ciarlo, explicó que la absorción total de nutrientes no equivale a la extracción que realiza el grano. Una parte de los elementos absorbidos permanece en hojas, tallos, raíces y otros residuos vegetales, que pueden reincorporarlos al suelo mediante su descomposición.
En maíz, los requerimientos estimados por tonelada de grano producida son de aproximadamente 20 kilos de nitrógeno y 4 kilos de fósforo. Sin embargo, la extracción a través del grano es menor: alrededor de 14 kilos de nitrógeno y 3 kilos de fósforo por tonelada.
Con un rendimiento de 7,7 toneladas por hectárea, estos coeficientes representan una extracción aproximada de 108 kilos de nitrógeno y 23 kilos de fósforo por hectárea.
La diferencia entre absorción y exportación es importante para comprender el balance nutricional. Cuando las cantidades extraídas superan sistemáticamente los aportes de fertilizantes y otras fuentes, el sistema productivo recurre a las reservas del suelo. Esto puede sostener temporalmente los rendimientos, pero también provocar una disminución progresiva de la fertilidad.
El problema adquiere especial relevancia en la Argentina, donde distintos balances de nutrientes muestran una reposición insuficiente frente a las cantidades que salen de los lotes con las cosechas. Por eso, la fertilización debe contemplar tanto las necesidades inmediatas del cultivo como la conservación de la capacidad productiva del suelo.
Nitrógeno y fósforo: dos nutrientes con comportamientos diferentes
El nitrógeno es uno de los principales determinantes del crecimiento y del rendimiento de los cereales. Sin embargo, su dinámica en el suelo es compleja: puede transformarse mediante procesos microbianos, volatilizarse como amoníaco, perderse por lavado de nitratos o escapar hacia la atmósfera mediante desnitrificación, proceso que también puede generar óxido nitroso (N₂O), un potente gas de efecto invernadero.
Por esta razón, no alcanza con definir una dosis al momento de la siembra. Es necesario considerar el nitrógeno disponible en el perfil, la mineralización de la materia orgánica, el cultivo antecesor, las lluvias y la demanda que tendrá el cultivo durante su desarrollo.
El fraccionamiento de las aplicaciones, la elección de fuentes adecuadas y la incorporación del fertilizante cuando corresponde pueden mejorar su aprovechamiento. En determinados ambientes, también resulta conveniente evaluar re-fertilizaciones durante el ciclo, de acuerdo con la evolución del cultivo y las condiciones climáticas.
El fósforo presenta un comportamiento diferente. Tiene una movilidad generalmente baja en el suelo y puede quedar retenido en distintas formas químicas, aunque su disponibilidad para las plantas depende de las características del suelo y de sus procesos de fijación y liberación.
El análisis de fósforo extractable mediante el método Bray, habitualmente realizado en los primeros 20 centímetros del perfil, permite establecer un diagnóstico de su disponibilidad. En la región pampeana, los umbrales críticos varían según el cultivo y las características edáficas.
Una estrategia de fertilización fosfatada puede perseguir dos objetivos: satisfacer las necesidades del cultivo inmediato o reconstruir y mantener los niveles de fósforo del suelo. Esta segunda alternativa tiene una perspectiva de rotación y permite considerar el aprovechamiento residual del nutriente por los cultivos siguientes.
También es importante aclarar que el fósforo no es un nutriente que pueda considerarse inmóvil en términos absolutos: puede perderse mediante erosión y escurrimiento superficial, especialmente cuando existe acumulación en los primeros centímetros del suelo.
La nutrición balanceada completa este enfoque. Aplicar nitrógeno sin corregir una deficiencia de fósforo, azufre o zinc puede limitar la respuesta productiva. Los nutrientes interactúan y el rendimiento termina condicionado por aquellos factores que restringen el crecimiento.
La matemática económica: cuánto cuesta fertilizar y cuánto puede devolver el cultivo
La segunda parte del encuentro estuvo a cargo de Franco Córdoba, responsable del área de Mercados de FERTILIZAR AC, quien presentó herramientas para evaluar la conveniencia económica de las estrategias nutricionales.
Entre los indicadores utilizados se encuentra la relación insumo/producto, que permite calcular cuántos kilos de grano se necesitan para adquirir una determinada cantidad de fertilizante o nutriente.
Este indicador debe compararse con la respuesta agronómica esperada, es decir, los kilos adicionales de grano obtenidos por cada kilo de nutriente aplicado.
Sin embargo, existe una precisión económica importante: no basta con que la eficiencia agronómica supere la relación insumo/producto para garantizar la máxima rentabilidad. También deben contemplarse los costos de aplicación, las labores adicionales, los gastos de comercialización, el costo financiero y la variabilidad de la respuesta.
Además, la dosis de máxima respuesta física no siempre coincide con la dosis de máxima rentabilidad. A medida que aumenta la cantidad de fertilizante, las respuestas adicionales suelen disminuir, hasta alcanzar un punto en el que el costo de incorporar más nutrientes supera el ingreso generado por el incremento de producción.
Por eso, el objetivo económico debe ser encontrar la dosis óptima para cada situación, sin confundir ahorro inmediato con eficiencia productiva.
Para los ejercicios presentados, FERTILIZAR AC utilizó precios de referencia de octubre de 2026: 201 dólares por tonelada para el maíz con entrega en abril de 2027 y 358 dólares para la soja con entrega en mayo de 2027. Los cálculos contemplaron descuentos comerciales y costos de aplicación.
Maíz: una mayor inversión nutricional puede cambiar el resultado económico
Uno de los ejemplos presentados por la entidad correspondió al maíz temprano en la zona núcleo. El análisis comparó tres estrategias de fertilización nitrogenada, con dosis de 80, 120 y 160 kilos de nitrógeno por hectárea, asociadas a rendimientos alcanzables de 8, 10 y 12 toneladas por hectárea, respectivamente.
Los resultados económicos fueron los siguientes:
| Estrategia | Nitrógeno | Rinde estimado | Margen campo propio | Margen campo alquilado |
|---|---|---|---|---|
| Baja | 80 kg/ha | 8 t/ha | US$ 468 | -US$ 105 |
| Intermedia | 120 kg/ha | 10 t/ha | US$ 671 | US$ 98 |
| Alta | 160 kg/ha | 12 t/ha | US$ 871 | US$ 299 |
Fuente: escenarios económicos presentados por FERTILIZAR AC, con precios de octubre de 2026. Valores expresados en dólares por hectárea.
La diferencia entre el planteo de menor y mayor intensidad nutricional representa una inversión adicional de US$ 134 por hectárea en fertilizantes. Según las estimaciones de la entidad, el incremento de cuatro toneladas de maíz permite mejorar el margen en US$ 403 por hectárea, una vez descontados los costos adicionales de fertilización, cosecha y comercialización.
El resultado es particularmente significativo en campos alquilados. Con una renta equivalente a 16 quintales de soja por hectárea, el esquema de menor fertilización arroja un resultado negativo de US$ 105, mientras que el manejo intermedio permite alcanzar US$ 98 positivos y el de mayor productividad llega a US$ 299 por hectárea.
La explicación económica es que los mayores rendimientos permiten distribuir los costos de estructura, alquiler, implantación y otras labores entre una mayor cantidad de toneladas producidas.
No obstante, estos resultados deben interpretarse como escenarios modelizados y no como una garantía de respuesta para todos los establecimientos. Los rendimientos de 8, 10 y 12 toneladas dependen de que el ambiente, el agua disponible, el potencial del híbrido y el resto de las prácticas agronómicas permitan alcanzarlos.
La fertilización nitrogenada, por sí sola, no explica la totalidad de las diferencias de rendimiento. Para atribuir una respuesta al nutriente es necesario contar con ensayos comparativos, parcelas testigo y condiciones de evaluación que permitan separar su efecto del de otros factores.
Soja: el fósforo también puede mejorar los márgenes
En soja de primera, FERTILIZAR AC presentó resultados de una red de ensayos desarrollados en la zona núcleo, donde se compararon dos estrategias de nutrición fosfatada.
El manejo de menor intensidad contempló una aplicación de 9 kilos de fósforo por hectárea, con un rendimiento de 3,7 toneladas y un costo de fertilizantes de US$ 39 por hectárea. El margen bruto estimado fue de US$ 652 por hectárea en campo propio.
En el tratamiento de mayor fertilización, la dosis aumentó a 24 kilos de fósforo por hectárea. El rendimiento alcanzó las 4,2 toneladas, mientras que el costo de los fertilizantes ascendió a US$ 103 por hectárea. A pesar de la mayor inversión, el margen bruto llegó a US$ 726 por hectárea.
Comparación económica en soja de primera
Fertilización de 9 kg P/ha
3,7 t/ha
Rendimiento
US$ 652
Margen por hectárea
Fertilización de 24 kg P/ha
4,2 t/ha
Rendimiento
US$ 726
Margen por hectárea
Mejora del margen
+US$ 74/ha
Incremento de 500 kg/ha de rendimiento y US$ 64/ha de inversión adicional en fertilizantes.
En campos alquilados, con un arrendamiento equivalente a 16 quintales de soja por hectárea, el margen también pasó de US$ 79 a US$ 153 por hectárea. Es decir, prácticamente se duplicó.
Este resultado refuerza la importancia del fósforo en la nutrición de la oleaginosa. A diferencia de los cereales, la soja obtiene una proporción importante de su nitrógeno mediante la fijación biológica realizada por bacterias simbióticas del género Bradyrhizobium. Sin embargo, ese mecanismo no elimina la necesidad de una adecuada disponibilidad de fósforo, azufre y otros nutrientes.
El fósforo participa en procesos fundamentales del metabolismo energético, el desarrollo radicular, la floración y la formación de granos. Cuando existe deficiencia, su corrección puede mejorar el crecimiento y la capacidad productiva del cultivo.
También debe considerarse el efecto residual de la fertilización fosfatada. Parte del fósforo aplicado que no es absorbido durante la campaña puede permanecer en el suelo y contribuir a la nutrición de los cultivos posteriores. Su aprovechamiento dependerá de la disponibilidad química, las características edáficas y la estrategia de fertilización de la rotación.
Más rendimiento, pero también mayor eficiencia ambiental
El presidente de FERTILIZAR AC, Roberto Rotondaro, destacó que el rendimiento constituye una variable central para mejorar la rentabilidad agrícola y que las tecnologías de nutrición pueden contribuir a reducir las brechas entre los resultados actuales y los potenciales.
En ese sentido, citó investigaciones realizadas sobre información de más de 300 productores CREA, que muestran una asociación importante entre los rendimientos obtenidos y los márgenes económicos.
Sin embargo, conviene distinguir entre correlación y causalidad: un mayor rendimiento suele contribuir a mejorar el margen, pero no lo determina por sí solo. También intervienen los precios, los costos, el régimen de tenencia de la tierra, la estructura financiera y las condiciones productivas de cada empresa.
La intensificación agrícola requiere, además, una mirada ambiental. Producir más toneladas por hectárea puede contribuir a utilizar mejor la tierra y los recursos disponibles, pero ese resultado solo es sustentable cuando se acompaña de un manejo eficiente del agua, los nutrientes y la conservación del suelo.
La aplicación excesiva o mal sincronizada de nitrógeno puede aumentar las pérdidas por lavado, volatilización y emisiones de óxido nitroso. Del mismo modo, el fósforo acumulado en superficie puede contribuir a procesos de eutrofización cuando es transportado hacia cursos de agua mediante escurrimiento y erosión.
Por eso, los avances en agricultura de precisión, los mapas de rendimiento, el muestreo georreferenciado, la fertilización variable y los modelos de diagnóstico permiten mejorar la asignación de nutrientes dentro de cada establecimiento.
A estas herramientas se suma el manejo de cultivos de servicio y leguminosas, como la vicia, que pueden incorporar nitrógeno al sistema y reducir parcialmente las necesidades de fertilización de los cultivos siguientes. El INTA Oliveros también recomienda integrar el diagnóstico de suelo, la planificación por ambientes y la rotación para mejorar la eficiencia general del sistema productivo.
El diagnóstico del suelo, el punto de partida de una agricultura más rentable
Uno de los aspectos más importantes que surge del análisis es que no existe una receta universal de fertilización. La misma dosis puede generar respuestas muy diferentes según el tipo de suelo, el contenido de materia orgánica, la disponibilidad hídrica, el cultivo antecesor y el historial productivo del lote.
En consecuencia, los especialistas recomiendan avanzar hacia una estrategia de nutrición basada en cuatro principios: diagnóstico, dosis ajustada, momento oportuno y correcta ubicación del fertilizante.
Para el nitrógeno, resulta fundamental medir los nitratos disponibles en el perfil, particularmente entre los 0 y 60 centímetros, y considerar los aportes provenientes de la mineralización y de los cultivos anteriores.
En fósforo, el análisis de P Bray permite identificar situaciones de deficiencia y definir si corresponde una estrategia de suficiencia o de reconstrucción de la fertilidad.
También es necesario incorporar el azufre y micronutrientes como el zinc cuando los análisis y las condiciones del ambiente indiquen posibles limitaciones.
La incorporación de herramientas digitales y modelos predictivos permitirá avanzar hacia recomendaciones cada vez más precisas, con aplicaciones diferenciadas por ambientes y una mejor utilización de los recursos.
Una conclusión que va más allá del costo de los fertilizantes
La presentación de FERTILIZAR AC deja una conclusión relevante para la agricultura argentina: reducir indiscriminadamente la fertilización para disminuir los gastos puede resultar una decisión económicamente contraproducente, especialmente en suelos con deficiencias nutricionales y elevados potenciales productivos.
Pero también sería incorrecto sostener que cualquier incremento de dosis necesariamente mejora los rendimientos o los márgenes. La decisión debe surgir de una evaluación agronómica y económica que permita identificar dónde existe una respuesta probable y cuánto está dispuesto a pagar el productor por obtenerla.
El verdadero desafío consiste en producir más por hectárea, pero también en mejorar la eficiencia de cada kilo de nutriente aplicado, evitar pérdidas y mantener la fertilidad de los suelos.
En definitiva, la fertilización no debe entenderse como un gasto aislado de la campaña, sino como una inversión dentro de un sistema productivo que necesita equilibrar rentabilidad inmediata, productividad futura y sustentabilidad ambiental.
Al cierre del encuentro, María Fernanda González Sanjuan anunció la realización del próximo Simposio FERTILIDAD 2027, que tendrá lugar los días 19 y 20 de mayo en el Centro de Convenciones Metropolitano de Rosario.
Aclaraciones científicas y periodísticas incorporadas
Para fortalecer la rigurosidad de la nota, se ajustaron algunos conceptos de la información original:
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No es correcto afirmar que reducir la dosis disminuye indefectiblemente el rendimiento. Si el suelo tiene reservas suficientes o el cultivo presenta un potencial limitado por agua u otros factores, una dosis menor puede no afectar la producción.
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La dosis agronómica y la dosis económicamente óptima no siempre coinciden. La segunda depende de los precios, los costos y la respuesta marginal del cultivo.
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La extracción no equivale al requerimiento total. Una parte de los nutrientes absorbidos queda en los residuos vegetales.
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El fósforo no es completamente inmóvil ni está garantizado su aprovechamiento posterior. Su disponibilidad depende de los procesos químicos y físicos del suelo.
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Los resultados económicos presentados por FERTILIZAR son escenarios de referencia, no garantías de rentabilidad para cualquier productor o establecimiento.
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El aumento del rendimiento no demuestra por sí solo una causalidad económica. También deben considerarse los costos totales, los precios y las condiciones particulares de cada empresa.
Fuentes técnicas de actualización




















