En la región central se preveía superar las medias de lluvias, pero el Atlántico frío y otros factores continúan condicionando al Niño

 

Rosario,  sábado 7 noviembre (PR/26)– Pasó octubre y lo que pintaba como un escenario climático complejo para Argentina y para el sector agropecuario terminó dejando un saldo sumamente positivo. Hace dos meses se esperaba un mes protagonizado por los intensos efectos del Niño, con enormes niveles de lluvias que mantenían en alerta a toda la región productiva.

Sin embargo, ni las grandes lluvias ni el calor extremo se hicieron presentes en el arranque de la campaña gruesa. La siembra de soja comenzó sin el temido planchazo, ese problema donde las tormentas generan una costra superficial que impide la emergencia y obliga a resembrar.

 

 

Por su parte, el trigo encontró un gran aliado en las bajas temperaturas de octubre, esquivando los ambientes de alta humedad. Esto evitó una temida epidemia de enfermedades fúngicas como la fusariosis de la espiga, aunque el frío también dejó heladas agronómicas cuyos daños aún se evalúan en la zona central.

Múltiples factores que atan al gigante del pacífico

 

Noviembre arrancó con precipitaciones más generalizadas y acumulados puntuales acompañados por mangas de granizo en el oeste central. Este mes muestra mayor dinamismo climatológico mientras el Niño transita su pico de alta intensidad, pero condicionado por diversos factores regionales.

 

 

A diferencia de otros países, en Argentina el fenómeno está moderado por dinámicas locales muy particulares. Para entender esta gran complejidad, conversamos con el consultor de GEA/BCR, Alfredo Elorriaga, quien resume el comportamiento actual con la imagen gráfica de un niño gigante y atado.

Al respecto, Elorriaga detalla que la anomalía de la temperatura superficial en el Pacífico marca unos 2,5 grados según la NOAA. Estamos transitando la etapa más intensa, cumpliéndose las proyecciones de una circulación que condicionó la llegada de humedad en octubre.

 

El rol clave del atlántico y los condicionantes regionals

 

El especialista explica que el Niño posee un componente oceánico masivo pero también una respuesta atmosférica acoplada. En octubre tuvimos un impacto hidrológico significativo por los ríos de Brasil, pero escaso reflejo meteorológico directo en las lluvias mensuales.

 

 

Entre los factores que frenaron sus efectos destacan la circulación fría patagónica de origen polar y un Atlántico frío con anomalías persistentes. Asimismo, un centro de baja presión en Chile y otro de alta presión en la Patagonia alteraron los vientos y las lluvias.

Frente a este escenario, las proyecciones para diciembre sitúan la anomalía cerca de los 2 grados, alineándose con eventos históricos moderados como el de 2015 y 2016. La diferencia actual es que la curva del fenómeno decrece con mayor rapidez en lugar de seguir ascendiendo hacia el verano.

 

Perspectivas favorables y oportunas para los cultivos estivales

 

Consultado sobre lo que viene, Elorriaga señala que las lluvias estivales se mantendrán por encima de lo normal gracias a un Niño que ya se encuentra instalado. Lo positivo es su debilitamiento rápido, lo cual evitaría excesos hídricos dañinos durante la cosecha.

 

 

De este modo, el agua extra llegará en los momentos más oportunos para los productores: en diciembre para el maíz temprano y en febrero para la definición de rindes de la soja, otorgando un respiro clave al sector agrícola.

 

 

 

 

 

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Fuente: www.bcr.com.ar