La confesión sacramental es insustituible para recibir el perdón de Dios, pero muchos fieles dudan: ¿hace falta narrar con minuciosidad la falta cometida? La respuesta de la Iglesia es más sencilla y tranquilizadora de lo que se cree.

 

 

 

Buenos Aires martes 13 octubre (PR/26)– La confesión es el sacramento que devuelve la vida espiritual que se pierde con el pecado grave o mortal. Pero surge una duda muy común: para que sea válida y Dios perdone todas las faltas, ¿hay que darle al sacerdote todos los detalles?

 

¿Por qué hay que decirle los pecados al sacerdote?

 

Antes de hablar de los detalles, conviene entender por qué los pecados se confiesan en voz alta. No es una invención humana: fue una orden directa de Jesús, tal como lo relata san Juan en el día de la Resurrección.

“Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’” (Jn 20, 22-23).

 

Recibid el Espíritu Santo» - La reposteria de las monjas

 

La pregunta cae por su propio peso: ¿de qué otro modo podría el confesor conocer los pecados del penitente? Es necesario que los escuche de viva voz de quien se acerca a reconciliarse.

El Catecismo de la Iglesia católica lo dice con claridad: “la declaración o manifestación, la confesión de los pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento” (CEC 1424).

 

¿Debe ser una confesión muy explícita?

 

Aquí está el corazón de la duda: ¿qué tan detallada tiene que ser la explicación? Para responder, volvamos al Catecismo, que establece lo siguiente:

“En la confesión, los penitentes deben enumerar todos los pecados mortales de que tienen conciencia tras haberse examinado seriamente, incluso si estos pecados son muy secretos y si han sido cometidos solamente contra los dos últimos mandamientos del Decálogo (cf Ex 20,17; Mt 5,28), pues, a veces, estos pecados hieren más gravemente el alma y son más peligrosos que los que han sido cometidos a la vista de todos (Concilio de Trento: DS 1680)” (CEC 1456).

Como se ve, el texto habla de enumerar todos los pecados mortales. No dice “explicar a profundidad cada pecado”. Se trata de ser completo y sincero, no de ofrecer un relato extenso.

El Código de Derecho Canónico va en la misma línea. En su canon 988 § 1 señala lo siguiente:

Código de Derecho Canónico - Wikipedia, la enciclopedia libre

“El fiel está obligado a confesar según su especie y número todos los pecados graves cometidos después del bautismo y aún no perdonados directamente por la potestad de las llaves de la Iglesia ni acusados en confesión individual, de los cuales tenga conciencia después de un examen diligente”.

 

Lo necesario para que el sacerdote imponga la penitencia

 

Hay que aclarar que el sacerdote puede hacerle algunas preguntas al fiel, con un fin muy concreto: poder imponer una penitencia adecuada. Así lo explica el Catecismo:

“La penitencia que el confesor impone debe tener en cuenta la situación personal del penitente y buscar su bien espiritual. Debe corresponder todo lo posible a la gravedad y a la naturaleza de los pecados cometidos”.

 

La Confesión: por qué es un sacramento liberador y terapéutico - Revista Misión

 

Por eso, al hacer tu examen de conciencia, piensa cuántas veces cometiste el pecado y en qué circunstancias ocurrió. No necesitas darle al sacerdote un recuento extenso de la historia.

Lo que realmente importa es tu arrepentimiento sincero. Las lágrimas que derrames por tu falta serán siempre el mejor indicador de que estás haciendo una buena confesión.

 

 

 

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Fuente: Aleteia