La bodega sanjuanina Familia Azcona anunció que no participará más en ferias ni en concursos. Su titular, Martín Azcona, explica sus razones y aclara lo que, según dice, se malinterpretó.
Buenos Aires martes 13 octubre (PR/26)– Regalar un producto tan costoso como el vino no tiene ningún sentido. Con esa frase, Martín Azcona, de la bodega sanjuanina del Valle del Pedernal, resumió el motivo por el que su empresa dejará las ferias y los concursos.
La bodega Familia Azcona, ubicada en el Valle del Pedernal, en San Juan, comunicó la medida en redes sociales y generó un fuerte debate en la industria sanjuanina. En diálogo con Pablo Pérez Delgado, Azcona explicó los motivos y aclaró los puntos que, según dijo, se malinterpretaron.
Aclaró que la decisión se tomó hace tiempo y que forma parte del ámbito soberano de cada empresa. «Todo lo que hacemos tratamos que sea proactivo y a favor de, no en contra de», sostuvo.
Contó que muchas personas se sintieron ofendidas sin necesidad y creyeron ver un ataque a esas actividades. Su postura es simple: ni los concursos ni las ferias le suman nada al vino, y en particular al de su bodega.
Concursos: especialistas que evalúan para especialistas
Para Azcona, los concursos tienen una dinámica endogámica: los vinos son evaluados por especialistas y para especialistas, con la premisa de que eso traerá beneficios de venta y de marketing. «Nosotros en esa premisa no creemos», señaló.
Y agregó un dato que, a su juicio, pesa mucho: muy poca gente compra un vino porque un especialista le asignó 91, 93 o 100 puntos.
Para el bodeguero, esa lógica alimenta el ego de las bodegas y de la industria en general, que «se mira el ombligo» en lugar de pensar en lo que hace falta para que la gente se acerque al vino.
Además, citó un dato histórico: desde que los concursos se hicieron cada vez más conocidos, el consumo per cápita de vino no dejó de caer. «Evidentemente los concursos no le están sumando a la industria», concluyó.
También quiso despejar una lectura equivocada. En la publicación había comillas que algunos jurados interpretaron como un desprecio hacia los especialistas. «Nada más alejado de la realidad, nosotros somos especialistas, venimos de familias especialistas en vino», respondió.
Ferias: amnesia de marca y vino regalado
Sobre las ferias, Azcona fue todavía más duro. Primero explicó que generan amnesia de marca: el visitante prueba decenas de vinos de pie, apurado y entre empujones, y a partir del tercero o cuarto ya no recuerda ninguno. Eso, dijo, está lejos de la contemplación y del conocimiento del vino que busca la bodega.
Aclaró también el alcance de la frase según la cual el vino premium no se toma «de pie y sin mesura». Aseguró que ningún vino debe tomarse sin mesura, y que la referencia a «de pie» apunta a la dinámica de las ferias multitudinarias, no a una forma obligada de beberlo.
El segundo argumento es económico. Azcona comparó el modelo con el de otras bebidas. En una fiesta de la cerveza, el público paga una entrada, elige la cerveza que quiere, la compra y la toma.
En una feria de whisky, la entrada incluye talonarios que se canjean por medidas, y luego el organizador reintegra esos cupones a las marcas.
En el vino, en cambio, el organizador arma la feria, las bodegas pagan por estar, la gente paga por entrar, pero el vino se regala. «Nada que sea gratis puede tener valor», resumió.
Y fue más allá: las ferias masivas, afirmó, se terminaron transformando en shows donde los organizadores facturan y donde las bodegas tienen que poner dinero para estar o, en el mejor de los casos, no lo ponen, pero deben regalar su producto, un producto que cuesta todo un año llegar a producir.
Un terroir único y una filosofía de elaboración
Azcona sostuvo que el Valle del Pedernal tiene un terroir único en Argentina, comparable con Borgoña o la Toscana.
Remarcó que ni Romanée-Conti ni Pétrus participan de ferias ni de concursos. «No queremos hacer algo que va en contra de nuestra filosofía de hacer vino», afirmó.
Críticas, apoyos y una invitación
Frente a las críticas, Azcona dijo haber recibido «un montón de mensajes de apoyo». Según contó, parte de la industria venía observando esta situación desde hace tiempo, pero sigue en el circuito por temor a quedar afuera: va a ferias, regala vino y paga por enviar muestras a concursos.
También expresó su impresión de que los jurados de los concursos casi nunca compran una botella de vino, aunque admitió que podría equivocarse.
Aseguró que recibió felicitaciones de sommeliers, de clientes de distintos puntos del país y de quienes trabajan en el canal de restaurantes y en el de eventos. Sobre quienes se sintieron ofendidos, opinó que quizás advirtieron que están haciendo algo mal y les molestó no tener el valor de tomar la misma decisión. Su mensaje final fue una invitación: «Siempre se está a tiempo de cambiar de rumbo».





















