Un estudio de la UBA analiza los cambios en las creencias de los argentinos y destaca las nuevas formas de vivir la fe y la espiritualidad

Un estudio de la UBA analiza los cambios en las creencias de los argentinos y destaca las nuevas formas de vivir la fe y la espiritualidad

El primer informe del Barómetro de las Religiones, elaborado desde el Observatorio OCREAR de la Universidad de Buenos Aires (UBA), muestra un mapa social diverso. Si bien el catolicismo sigue siendo mayoritario, convive con nuevas búsquedas espirituales personales y autónomas fuera de las estructuras tradicionales.

 

Foto: Resurgimiento de la fe en los jóvenes.

 

 

Buenos Aires, martes 2 junio (NA)- El Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina, una iniciativa de investigación científica del Observatorio de las Creencias de la Universidad de Buenos Aires (OCREAR CBC-UBA), ha presentado su primer informe de 2026, revelando una transformación estructural en las identidades religiosas del país.

El estudio confirma el quiebre de la histórica hegemonía católica y la consolidación de un escenario marcado por la diversidad y la desvinculación institucional.

Según los datos relevados a partir de una encuesta probabilística de alcance nacional, a la que accedió la Agencia Noticias Argentinas, aunque el catolicismo continúa siendo la religión mayoritaria con un 57,7% de adeptos, la cifra se encuentra muy lejos del 90% registrado a mediados del siglo XX.

El dato más disruptivo es la consolidación de las personas sin filiación religiosa (que incluyen a quienes declaran no tener religión, a las personas agnósticas y ateas) como el segundo grupo en magnitud, alcanzando un 22,4%.

Este crecimiento no implica necesariamente un vacío espiritual, sino lo que los expertos de la universidad pública denominan «creer sin pertenecer«: una religiosidad que persiste de forma autónoma, desvinculada de los templos y las estructuras formales.

Por su parte, el mundo evangélico se mantiene como la segunda identidad religiosa organizada con un 17,4%. El recambio generacional: la juventud se aleja de los templos. El informe destaca que el motor principal de este cambio es un profundo proceso de reemplazo generacional.

La edad es la variable que mejor explica el alejamiento de la fe institucionalizada. “Por una parte, entre los jóvenes de entre 16 y 29 años, sólo el 44,6% se identifica como católico, mientras que el 31% declara no tener filiación religiosa.

Esto contrasta con los adultos mayores de 50 años, donde el catolicismo conserva aún una posición dominante (69%) y sólo una minoría se declara sin religión (12,6%).”, señala el Dr. Juan Cruz Esquivel, Director del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina e Investigador de la Universidad de Buenos Aires y del CONICET.

Esta fractura sugiere que las nuevas generaciones están configurando un mapa religioso mucho más fragmentado, donde la identidad católica ya no es la matriz única que estructura la vida social.

En términos de género, la situación tampoco es pareja: frente al alejamiento de los varones de las estructuras religiosas, el estudio confirma el patrón clásico de feminización de la religiosidad.

Las mujeres presentan una mayor vinculación institucional, especialmente en el ámbito evangélico (19,3% frente al 15,2% de los hombres).

En contraste, los hombres muestran una tendencia significativamente mayor a declararse sin filiación religiosa (25,7% frente al 18,8% de las mujeres).

La investigación académica también arroja un dato vinculado con la educación y la ubicación geográfica que puede explicar otros fenómenos sociales.

Respecto del nivel educativo, los sectores con menor educación formal muestran una mayor adhesión a las iglesias evangélicas (22,5%), que suelen funcionar como redes de contención social y comunitaria.

En cambio, la población sin filiación religiosa crece en los niveles educativos medio y alto. En cuanto a lo territorial, el catolicismo es más fuerte en el interior del país (59,4%), mientras que el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) actúa como vanguardia del cambio, concentrando la mayor proporción de personas sin religión (26,1%).

En palabras del Dr. Marcos Carbonelli, Director del Observatorio de Creencias de Argentina (OcreAr), “El país atraviesa una reconfiguración donde el campo religioso se vuelve más plural y diverso, pero también más segmentado por clivajes sociales y generacionales”.

El informe concluye que estamos ante el fin de una era de certezas institucionales, dando paso a una espiritualidad más individual y autónoma. Acerca de este estudio. Se trata de un estudio sociológico basado en una encuesta probabilística de alcance nacional, con población residente en Argentina con 16 años o más.

El relevamiento se realizó entre febrero y marzo de 2026, utilizando modalidades de recolección de datos tanto telefónicas como presenciales, con un nivel de confianza superior al 95%.IP

Acerca del Barómetro.

El Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina es una iniciativa estratégica de índole netamente secular desarrollada por el Observatorio de las Creencias en Argentina (OCREAR), perteneciente al Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires (CBC-UBA).

Este dispositivo está orientado a la producción, sistematización y divulgación periódica de datos empíricos originales sobre las identidades, creencias y prácticas religiosas en la sociedad argentina contemporánea.

Además …

El equipo de Infobae a la Tarde analizó el resurgimiento del catolicismo entre los jóvenes, donde la fe, la estética digital y la necesidad de pertenencia se cruzan en un fenómeno global que redefine la identidad religiosa y cultural.

En Infobae a la Tarde, Tomás Trapé sorprendió al confesar: “Me bauticé a los 30 años”, disparando un debate sobre el regreso de la fe católica y el modo en que la nueva generación reinterpreta el vínculo con lo religioso, entre la búsqueda de sentido y el atractivo de la estética eclesiástica.

Fuente: #AgenciaNA / Infobae
Primicias Rurales
Somos la prueba de que uno puede cambiar sin perderse

Somos la prueba de que uno puede cambiar sin perderse

Por Osvaldo Larrosa, ingeniero agrónomo, integrante de ABOPA

Buenos Aires, martes 26 noviembre (PR/25) — Lo vi por ahí,me gustó, ¿a vos?

A mi edad pienso que mi generación es un puente entre dos mundos: uno hecho de caminos de tierra y cartas escritas a mano, y otro lleno de satélites y pantallas que caben en el bolsillo.

Nací en una casa sin aire acondicionado.

El verano olía a polvo y sonaba a ventilador de caja.

Conocíamos a los vecinos por su nombre, y si se rompía la cadena de la bici, tocabas cualquier puerta y alguien salía con una llave inglesa. Crecimos con paciencia: esperando el correo, esperando que abriera la biblioteca, esperando que la radio repitiera esa canción que tanto nos gustaba.

Y entonces el mundo se aceleró.

Los teléfonos se encogieron, la música se volvió invisible, y las noticias ya no tardaban días: llegaban a la palma de la mano antes del desayuno.

Aprendimos a escribir en teclados diminutos, a deslizar, a tocar la pantalla. Aprendimos a hablarle a las máquinas… y a escucharlas responder. Aprendimos, porque siempre tuvimos que hacerlo.

Hemos visto cómo dejaban la leche en botellas de vidrio en la puerta y cómo hoy escaneamos las compras sin cajero.

Hemos tirado monedas en teléfonos públicos y hecho videollamadas cruzando continentes.

Conocimos el sonido del silencio —sin notificaciones, sin zumbidos— y el ruido de un mundo entero vibrando al mismo tiempo.

A veces los jóvenes creen que nos quedamos atrás. Pero te voy a decir algo: nosotros conocemos los dos mundos.

Sabemos sembrar tomates y enviar correos electrónicos.

Sabemos contar historias sin Google y luego verificarlas con él. Sabemos lo que pesa una carta escrita a mano, porque la sostuvimos; y también sabemos lo que se siente apretar “enviar” y recibir una respuesta al instante desde miles de kilómetros.

Somos la prueba de que uno puede cambiar sin perderse.

De que se puede honrar el pasado y, al mismo tiempo, aprender hacia dónde va el futuro.

Hemos enterrado amigos y recibido nietos.

Hemos visto desaparecer enfermedades… y llegar otras nuevas.

Hemos usado mapas de papel y GPS, postales y emojis, paciencia y urgencia.

Y tal vez ése sea nuestro verdadero regalo: llevamos en la memoria un mundo más lento y silencioso, y en las manos, las habilidades para sobrevivir en uno veloz y ruidoso.

Podemos enseñarle a los jóvenes que no todo tiene que pasar de inmediato… y recordarle a los mayores que nunca es tarde para aprender algo nuevo.

Somos el puente.

El capítulo del medio.

El enlace entre lo que fue y lo que está por venir»

 

Primicias Rurales

Fuente: Sociales Abopenses