Producir forraje, carne y madera en el mismo lote es posible en las zonas bajo riego del norte de la Patagonia. Los sistemas silvopastoriles potencian el agua, mejoran el suelo y combinan el ahorro de los árboles con el flujo de la hacienda.

 

 

 

Por Norberto Serventi y Mauro N. Serventi

Buenos Aires Viernes 16 octubre (PR/26)– Una frase nacida en un congreso resume la idea mejor que cualquier planilla: en los sistemas silvopastoriles, la ganadería es una caja chica y la forestación es una caja de ahorro. Ahora se propone llevar ese esquema a los valles irrigados del norte de la Patagonia.

El planteo es de Norberto Serventi y Mauro N. Serventi, quienes analizan la posibilidad de desarrollarlo en las zonas bajo riego del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, el Valle Medio de Río Negro y los valles del río Colorado.

La producción simultánea de forraje, carne y madera tiene muchas bondades económicas, potencia los beneficios del riego y contribuye a la mejora del suelo.

 

Qué son los sistemas silvopastoriles y de dónde vienen

 

Los sistemas silvopastoriles (SSP) son un proceso de desarrollo forestal que combina la actividad forestal, en bosques implantados o naturales, con la ganadería.

 

Un sistema silvopastoril combina ganado, pastos, árboles, cercas vivas y bancos forrajeros dentro de una misma finca. Los árboles aportan sombra, madera, materia orgánica y mejoran el microclima, mien

 

En las forestaciones comerciales del país, esta actividad empezó en la región mesopotámica y el delta del Paraná. Allí se concentra el 85 % de la superficie forestada total, que suma 1.300.000 hectáreas, con pinos y eucaliptos y, en el delta, álamos y sauces. Hoy, en la región mesopotámica se manejan unas 80.000 hectáreas (ha) con SSP.

 

Una crisis que obligó a cambiar el modelo forestal

 

Con los SSP fue necesario abandonar los modelos de alta densidad inicial (de 1.100 a 1.600 plantas por hectárea) y pasar a una densidad baja, de 600 plantas por hectárea o menos, con manejos especiales de poda y raleo. La meta es llegar a poblaciones finales de 150 a 300 plantas por hectárea y obtener madera de calidad en turnos de corta de 16 a 22 años.

Este cambio de rumbo surgió de una crisis que atravesó el sector a fines del siglo pasado, cuando, por oposiciones ambientales, no se permitió la instalación de papeleras en el país.

El desarrollo forestal estaba orientado a los raleos, porque las forestaciones eran de alta densidad. Como consecuencia, se restringió la colocación de los raleos de pinos y eucaliptos.

Las papeleras terminaron instalándose en Uruguay, cuando originalmente se las había previsto en la Mesopotamia argentina para acompañar el aprovechamiento de la madera de raleo de la superficie implantada. Hoy, paradójicamente, parte de esa madera se vende a las papeleras uruguayas.

 

La frase que quedó instalada en Posadas

 

En 2009 se realizó el Primer Congreso de Silvopastoreo en Posadas, Misiones, al que asistieron varios profesionales de la región. Los expertos expusieron trabajos sobre el tema y visitaron establecimientos vinculados al manejo de forestaciones con SSP.

El concepto que quedó grabado lo dijo su presidente, el ingeniero Lacorte: “En los SSP, la ganadería es una caja chica, la forestación es una caja de ahorro”.

 

Ganadería silvopastoril, un sistema en el que ganan todos: productores, ambiente y consumidores

 

Aquel congreso permitió analizar la posibilidad de desarrollar SSP en nuestra región bajo riego, con los pocos antecedentes existentes, algunos desarrollados en bosques naturales de cordillera y plantaciones de pino, y también en los valles irrigados.

La necesidad surge por la crisis de la fruticultura y el cierre de los aserraderos locales, cuya materia prima histórica han sido los álamos y los sauces.

 

Álamos y sauces bajo riego: una alternativa para los valles

 

Las forestaciones de álamos y sauces bajo riego en los valles irrigados de la región patagónica, en las cuencas del río Negro y sus afluentes y del río Colorado, son una alternativa productiva muy interesante.

La disponibilidad y calidad del agua, principalmente de deshielo, los suelos de morfología aluvial y las características ecológicas generan un ambiente propicio para producir madera de altísima calidad, tanto por su blancura como por turnos de corta de 10 a 15 años.

Un aspecto complementario, gracias a la abundante disponibilidad de agua, es la siembra simultánea de pasturas puras o polifíticas, anuales o plurianuales, que durante gran parte del ciclo forestal pueden aportar un importante volumen de forraje por hectárea.

Ese aporte forrajero puede sostenerse durante todo el ciclo, aunque en forma decreciente, si se permite el ingreso de luz solar en el espacio interfilar de la plantación. Para eso hay que cuidar el diseño y el manejo.

Primero, la orientación geográfica: las filas norte-sur, además de proteger de los vientos, permiten un mayor ingreso de luz al suelo durante el día.

Segundo, la distancia interfilar, clave para el ingreso de radiación. Y tercero, los manejos culturales de poda y raleos selectivos y/o sistemáticos, que prolongan la disponibilidad de radiación bajo los árboles. Estos sistemas combinados de forestación y pasturas favorecen el crecimiento forestal y mejoran la fertilidad de los suelos.

 

Vacas, ovejas o ambas: qué ganado introducir

 

Con ganado vacuno hay tres caminos posibles: un sistema de engorde de terneros de destete y novillitos, un sistema de cría con vacas con cría al pie y/o preñadas, o una combinación de ambos.

Con ganado ovino, el manejo se hace con ovejas de refugo y la introducción de carneros para generar cría y producción de lana y carne, con renovación de la majada mediante borregas generadas en el propio rodeo.

 

Cómo se engorda el ganado

 

En vacunos hay dos variantes. La primera es el engorde a corral mediante forraje producido en la forestación y/o en superficies alternativas bajo riego.

La segunda combina el engorde a corral con pastoreo directo en superficies destinadas a pasturas anuales y/o plurianuales, con manejo mediante alambrado eléctrico.

En ambos sistemas se deben realizar suplementaciones (granos, balanceados), preferentemente producidos en el mismo establecimiento, y prever instalaciones acordes a la carga ganadera: potreros, comederos, bebederos móviles, manga, cepo, toril, balanza e instalaciones veterinarias.

 

Sistemas silvopastoriles: más que silvicultura y ganadería - Primera Edición

 

El pastoreo directo en los cuadros forestados puede hacerse a partir de los años 3 o 4, según el sistema de implantación. En todos los casos se deben realizar reservas forrajeras en forma de fardos o rollos.

En ovinos, el manejo puede empezar desde el inicio, mediante pastoreo directo y reservas forrajeras, aunque se requieren corrales específicos para manejo y encierre.

 

Qué sembrar entre los árboles

 

Entre las pasturas anuales se cuentan la avena, la cebada, el triticale, el centeno, la vicia, el maíz, los sorgos, el mijo y la moha. Entre las perennes aparece la alfalfa. También se pueden sembrar pasturas consociadas: tréboles, festuca, ray-grass perenne, agropiro, lotus sp., melilotus sp. y pasto ovillo, entre otras.

Estas pasturas permiten planificar la producción de forraje y granos orientados a la producción de carne. Hay experiencias en la región durante los primeros años del SSP, pero son escasos los antecedentes de resiembra a partir de los años 4–5 del ciclo forestal. Por eso, la investigación en este punto será clave durante todo el ciclo, desde el año 1 hasta el turno de corta final, de 10 a 15 años.

 

Pocos árboles, mucha calidad: el modelo forestal

 

Los SSP con álamos bajo riego deben basarse en modelos forestales de baja densidad, entre 156 y 416 plantas por hectárea, con variantes de distanciamiento, manejo y turno de corta.

El objetivo principal debe ser la producción de madera de altísima calidad. Las unidades económicas bajo riego no deberían ser menores a 50–60 ha, con al menos un 10 % no forestado destinado a alfalfa.

 

 

La implantación se hace con guías, plantas o barbados de 1–2 años para acelerar el crecimiento. Las podas se realizan entre los años 1 y 4–5, hasta alcanzar los 6–7 metros, para mejorar la calidad de la madera y el ingreso de radiación.

Los raleos llegan entre los años 8–9, generan ingresos y permiten la resiembra de pasturas. Durante todo el ciclo forestal, la siembra y resiembra de pasturas es un objetivo complementario.

Los antecedentes regionales muestran producciones de 8.000–9.000 kg MS/ha/año en los primeros años, que descienden a 2.500 kg MS/ha/año hacia los años 5–6.

 

 

Las producciones de carne esperables van de 450 kg/ha/año en los primeros años a 100–150 kg/ha/año en etapas posteriores, y amortizan en gran medida los costos de mantenimiento forestal.

 

Lo que cambia bajo tierra

 

La incorporación del riego en los sistemas ganaderos de la Patagonia Norte transforma el funcionamiento del suelo: mejora la humedad útil en los primeros 40 a 80 cm del perfil y favorece el desarrollo radicular y la disponibilidad de nutrientes.

La presencia de álamos refuerza estos efectos, porque reduce la evaporación y baja la temperatura superficial del suelo entre 2 y 5 °C, lo que genera un ambiente más estable para la alfalfa y otras forrajeras.

El estiércol y la orina del ganado aportan nitrógeno, fósforo y potasio, elementos limitantes en los suelos patagónicos, y mejoran la fertilidad, la estructura y la capacidad de retención de agua.

Siguiendo las recomendaciones del ingeniero agrónomo magíster Juan M. Mendía, se refuerza la importancia de realizar estudios de suelo previos al diseño del sistema.

El sistema silvopastoril bajo riego debe entenderse como una construcción desde el suelo hacia arriba: el riego transforma el suelo, la sombra estabiliza su funcionamiento, la caída de hojas aporta luz y el ganado refuerza la fertilidad.

 

La competencia por la luz y el verdadero balance

 

Desde el punto de vista agronómico, la competencia por radiación la ganan los álamos, y la producción de alfalfa se reduce entre un 15 y un 30 %: pasa de 12–13 t MS/ha/año a 8–9 t MS/ha/año bajo sombra parcial. Sin embargo, la caída de hojas en otoño permite una mayor entrada de luz y favorece la recuperación de las pasturas.

El enfoque silvopastoril desplaza el análisis desde los kilos de forraje hacia los kilos de carne producidos. En la Patagonia Norte, el estudio de suelos previo es una condición necesaria para el éxito productivo.

La integración silvopastoril, bien diseñada, mejora la fertilidad con el tiempo y ubica a los SSP bajo riego entre los sistemas más rentables del país.

 

 

 

 

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Fuente: www.rionegro.com.ar