La visita al palacio de esta localidad de la Zona Media de Navarra permite comprender la elegancia y el poder que alcanzaron los monarcas de aquel reino en la Edad Media.

 

 

 

Diseño sin título PorJuan Pedro Chuet-Missé

Buenos Aires, viernes 30 octubre (PR/26)– Ni banderas de enemigos ni espadas de vencedores. Para demostrar un poder absoluto, hubo reyes medievales que preferían presumir de tener una jirafa o un feroz león.

Cuanto más exótico, grande y poderoso era el animal, mejor resultaba para el prestigio de la corona. Siglos antes de que existieran los zoológicos modernos, los monarcas de Navarra alardeaban de su sofisticación.

 

Palacio Real de Olite

 

Esta exhibición constante de esplendor se concentró en Olite, una histórica villa situada en la Zona Media de Navarra, a solo 42 kilómetros de Pamplona.

En las crónicas medievales de su castillo se documenta la presencia de leones como Marzot y la hembra Mona, junto a búfalos, avestruces y camellos.

La deslumbrante colección también incluía monos, papagayos y fascinantes ejemplares autóctonos de la región como jabalíes, gamos, ciervos y lobos.

Esta afición tan extravagante perduró durante generaciones: el célebre Príncipe de Viana, nieto del rey Carlos III, llegó a sumar una impresionante jirafa a la colección.

 

De los orígenes romanos al esplendor de la corona navarra

 

Para comprender por qué esta villa albergó semejante zoo real, es necesario viajar al pasado de un enclave privilegiado. Los romanos establecieron una colonia estratégica junto al río Cidacos.

En el siglo I protegieron el asentamiento con una sólida muralla con torres, conocida popularmente como el Cerco de Dentro, aprovechando las fértiles tierras para cultivar la vid.

Hacia el año 621, el monarca visigodo Suintila fundó la población de Oligius u Ologite, raíz histórica del nombre actual de Olite (o Erriberri en euskera).

 

Olite viñedos

 

El gran despegue definitivo llegó en plena Edad Media gracias a la concesión de fueros especiales, lo que impulsó su crecimiento económico, comercial y político.

Símbolo inequívoco de esta etapa de prosperidad fue la construcción de una segunda muralla defensiva, denominada con acierto el Cerco de Fuera, que amplió el casco urbano.

 

El Palacio Real y las torres que desafían al tiempo

 

La muestra más notable de este despegue durante los siglos XIV y XV fue la edificación del imponente Palacio Real, promovido directamente por el rey Carlos III el Noble.

Sobre las bases de una fortaleza previa, el monarca diseñó una residencia majestuosa pensada para deslumbrar. Se levantó así un fabuloso conjunto de salones, galerías y jardines de ensueño.

La fortaleza combinaba una seriedad ceremonial única con potentes funciones defensivas. El extraordinario zoo real coronaba la máxima expresión del lujo de la corte.

 

olite

 

El aspecto impecable que luce hoy se debe a una meticulosa reconstrucción iniciada en 1937, tras sufrir un trágico incendio en 1813 durante la Guerra de la Independencia.

A pesar de las modificaciones estéticas, la visita brinda una auténtica inmersión medieval al recorrer las estancias reales y el encantador Patio de los Naranjos, vinculado al Jardín de la Reina.

Al pasear resulta inevitable alzar la mirada hacia espectaculares atalayas como la Torre del Homenaje, la imponente Torre de los Cuatro Vientos o la singular Torre de las Tres Coronas.

 

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El ascenso a estas alturas regala una panorámica inolvidable de la villa y de las hermosas tierras agrícolas que dibujan el paisaje circundante.

 

Un viaje medieval entre gremios, iglesias y la antigua judería

 

Esa cautivadora sensación de viajar en el tiempo no concluye en las murallas del castillo, sino que se extiende por los pintorescos trazados del casco histórico de la localidad.

Las calles aún conservan los nombres de antiguos gremios medievales, flanqueadas por imponentes casonas de piedra con escudos heráldicos y vistosos aleros de madera tallada.

Esta herencia convive en armonía con elegantes edificaciones renacentistas y barrocas, testimonios del continuado esplendor económico que vivió la población en siglos posteriores.

En el centro neurálgico, la céntrica Plaza de Carlos III conecta directamente con la histórica Torre del Chapitel, un punto de encuentro imprescindible para visitantes.

A su lado se erige la maravillosa iglesia gótica de Santa María la Real, escenario predilecto de solemnes eventos cortesanos, con una impresionante portada y un retablo renacentista.

 

Olite

 

Otro rincón esencial es la iglesia de San Pedro, de raíces románicas y transformaciones barrocas, cuya esbelta torre gótica firma una de las estampas más icónicas de la villa.

El paseo cobra un matiz especial al adentrarse en la histórica Rúa de la Judería, memoria viva del papel clave que desempeñó la comunidad hebrea en la economía local.

 

El renacer del Palacio Nuevo y el homenaje al antiguo zoo

 

Durante el recorrido conviene distinguir las dos construcciones del conjunto: la zona visitable corresponde al deslumbrante Palacio Nuevo, obra cumbre de Carlos III y Leonor de Trastámara.

Por su parte, el histórico Palacio Viejo, con vestigios arquitectónicos de los siglos XII y XIII, acoge hoy en día las instalaciones del distinguido Parador de Turismo.

 

Palacio Real de Olite Javier Campos Turismo de Navarra

 

Tras una ambiciosa inversión de 8,6 millones de euros, este espacio reabrió sus puertas convirtiéndose en un hervidero cultural para la Comunidad de Navarra.

Recientemente acogió una muestra de los reconocidos artistas Estela de Castro, Nacho Martín Silva, Manuel Vilariño y Álvaro de la Vega, centrada en la fabulosa fauna que habitó el palacio.

A través de expresivas fotografías y esculturas, la exposición rememora aquel legendario zoológico medieval que asombró a reyes, cortesanos y viajeros de toda Europa.

 

 

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Fuente: viajes.nationalgeographic.com.es