Buenos Aires, viernes 6 noviembre (PR/26)– Un análisis profundo sobre cómo los resultados electorales en Estados Unidos reconfiguran el escenario político y comercial, proyectando continuidades estratégicas y nuevas oportunidades para las exportaciones agroindustriales argentinas.

 

 

 

Buenos Aires, 6 noviembre (PR/26)– Se espera que el resultado electoral tenga un impacto directo en los equilibrios de poder dentro de Estados Unidos y que genere un mayor nivel de control del Congreso sobre ciertas políticas públicas clave.

Sin embargo, por el momento, no se prevé que estemos frente a un inminente cambio sustancial en la orientación de la política exterior ni en la estrategia comercial de la administración norteamericana.

Ello no significa que deban descartarse ajustes puntuales que moderen o profundicen algunas de las medidas en curso, obligando a los mercados a mantenerse atentos a los movimientos normativos y arancelarios.

En cuanto a la relación bilateral con Argentina, se observan múltiples factores estructurales que brindan sólidos fundamentos para prever que predominará la continuidad por sobre el cambio político abrupto.

En particular, se espera que Estados Unidos continúe insistiendo con la pronta ratificación del acuerdo bilateral sobre comercio e inversiones (ARTI), consolidando un marco institucional previsible.

 

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Por otra parte, no se proyectan cambios estructurales en la política de subsidios agrícolas de Estados Unidos que compiten de manera directa contra productos muy importantes de la oferta exportable argentina.

Finalmente, desde el sector privado identificamos tres grandes temas clave a monitorear por su potencial incidencia en nuestras exportaciones agroindustriales globales.

Estos temas incluyen la evolución de las investigaciones comerciales en curso, la firma de acuerdos de comercio recíproco con terceros y la dinámica geopolítica con China.

 

Qué podemos esperar de las elecciones en EEUU?

 

El resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos probablemente genere un nuevo escenario de equilibrio interno de poderes, tanto entre el Ejecutivo y el Congreso como entre partidos.

Existe un amplio consenso de que la mayoría demócrata en ambas cámaras buscará limitar la capacidad presidencial para impulsar nuevas reformas legislativas, fiscales y presupuestarias.

Esto tendrá naturales implicancias prácticas en términos de asegurar el financiamiento operativo del Gobierno federal y la negociación de presupuestos anuales complejos.

Por otra parte, respecto a las políticas vigentes, es muy probable un mayor escrutinio legislativo mediante pedidos formales de informes, requerimientos de documentación y seguimiento estricto.

 

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Este seguimiento legislativo incluirá la fiscalización detallada de la implementación de los acuerdos internacionales firmados recientemente con distintos países socios.

Más allá de estas consideraciones institucionales, no se prevé que estemos ante un inminente cambio sustancial en la orientación general de la política exterior ni comercial.

Esta lectura prudente se basa en un análisis profundo de determinados factores domésticos e internacionales que condicionan el tablero político actual.

 

Factores domésticos clave que condicionan el escenario político

 

En primer lugar, es fundamental contextualizar el resultado electoral evaluando que se trata de una elección de medio término y un escenario donde el presidente Trump no puede aspirar a la reelección.

De esta manera, aun cuando el resultado se interprete como un plebiscito a su gestión, la imposibilidad constitucional de un tercer mandato reduce drásticamente el incentivo personal político.

En segundo lugar, conviene recordar que el Poder Ejecutivo estadounidense dispone de amplias facultades constitucionales para conducir las relaciones internacionales sin necesidad de autorización.

Esto incluye la capacidad directa para negociar con otros países y aplicar diversos instrumentos de política comercial sin la posibilidad de un veto legislativo previo.

 

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En tercer lugar, la conducción política actual se caracteriza por una marcada centralización de decisiones y un enfoque estrictamente transaccional orientado a obtener beneficios concretos.

Ante un Congreso adverso, es esperable que el Ejecutivo recurra con mayor regularidad a órdenes ejecutivas y herramientas administrativas dentro de los estrictos límites legales.

Asimismo, conservará intacta la poderosa prerrogativa de vetar iniciativas legislativas contrarias a su agenda, habiendo anticipado públicamente su rol defensivo.

 

Factores internacionales y tendencias estructurales globales

 

Muchos componentes clave de la política exterior norteamericana responden a transformaciones estructurales profundas que traspasan fronteras partidarias y mandatos presidenciales.

El debilitamiento del multilateralismo tradicional, la intensa competencia geopolítica con China y la reorganización de cadenas globales de valor son tendencias irreversibles.

La búsqueda permanente de autonomía estratégica en sectores tecnológicos y alimentarios clave da forma a un nuevo orden internacional abordado por sucesivos gobiernos.

Por supuesto, cada mandatario imprime su propia visión y estilo de conducción, pero estos factores estructurales moldean las prioridades de los Estados Unidos más allá del Congreso.

Aunque no se anticipan cambios drásticos, no deben descartarse ajustes tácticos orientados a moderar o profundizar determinadas medidas comerciales vigentes.

En materia comercial, por ejemplo, es poco probable que Estados Unidos abandone en el corto plazo su estrategia de aplicación generalizada de sobretasas arancelarias.

Sin embargo, podrían introducirse modificaciones sectoriales puntuales y resoluciones en investigaciones abiertas que alteren las condiciones específicas de acceso al mercado.

 

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Si nos enfocamos de manera específica en la relación bilateral, tampoco encontramos elementos que sugieran modificaciones sustanciales o abruptas en el corto plazo.

La visión hemisférica de Estados Unidos frente a la competencia con China revaloriza el rol estratégico de Argentina en alimentos, energía, minerales y su ubicación en el Atlántico Sur.

Estos elementos geopolíticos, sumados a la afinidad regional, ofrecen fundamentos sólidos para prever que la relación bilateral estará marcada firmemente por la continuidad.

Este aspecto no es menor si consideramos que Estados Unidos no solo lidera la economía global, sino que representa el tercer socio comercial de la República Argentina.

En los últimos años, Argentina logró revertir con éxito su histórico rojo comercial bilateral, pasando de un déficit acumulado millonario a un superávit consolidado.

Además, el mercado norteamericano se ha consolidado como el quinto destino para nuestras exportaciones agroindustriales, explicando más del cinco por ciento del total.

En lo que va del corriente año, estos envíos agroindustriales crecieron con fuerza, traccionados principalmente por las exportaciones de carne bovina, miel, vinos y soja.

 

Impacto del acuerdo ARTI y previsibilidad arancelaria

 

Se espera que Estados Unidos mantenga su firme insistencia en lograr la pronta ratificación legislativa del acuerdo sobre comercio e inversiones (ARTI) con nuestro país.

Muchos temas incluidos, como la previsibilidad regulatoria y la propiedad intelectual, han sido históricos reclamos bilaterales de gobiernos republicanos y demócratas.

Para su entrada en vigor, el texto requiere la aprobación formal del Congreso argentino, tras consensuarse ajustes normativos recientes para adecuarlo a estándares vigentes.

El acuerdo garantiza un techo máximo de sobretasa del 10% para Argentina, beneficio respetado por Washington al aplicar aranceles punitorios contra el trabajo forzoso.

Un punto clave pendiente de definición institucional será la posible incorporación al ARTI de una cuota adicional de ochenta mil toneladas de carne bovina.

 

Investigaciones comerciales bajo la Sección 301 y oportunidades

 

El resultado electoral podría incidir en los tiempos y alcances de las investigaciones comerciales en curso bajo la Sección 301, sin alterar su continuidad general.

Un Congreso opositor podría intensificar el escrutinio técnico sobre las sobretasas, abriendo ventajas comparativas frente a competidores alcanzados por sanciones.

Es importante destacar que Argentina no ha sido incluida en estas investigaciones punitivas dirigidas contra grandes economías que generan distorsiones de mercado.

De concluir estas medidas con aranceles a terceros, se abrirían importantes ventanas de oportunidad comercial para aprovechar diferenciales arancelarios favorables.

 

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Dado que Argentina representa una fracción menor de las importaciones agroalimentarias estadounidenses, existe un enorme margen de crecimiento exportador disponible.

Los productos más beneficiados incluirían preparaciones alimenticias, vinos finos, carne bovina, aceite de soja, papas congeladas, chocolates, miel y aceites esenciales.

 

Dinamica comercial con China y desvíos de comercio

 

Las exportaciones agroindustriales hacia China mantendrán su expansión, aunque atravesadas por la compleja relación geopolítica y comercial entre ambas superpotencias.

Argentina ha demostrado gran habilidad diplomática y comercial para evitar caer en la fragmentación global, consolidando a Pekín y Washington como socios clave.

No obstante, se registran claros desvíos de comercio derivados de la rivalidad bilateral, beneficiando directamente a nuestra oferta exportable en mercados asiáticos.

Existe una correlación estadística evidente entre el incremento de nuestras exportaciones de granos y carnes a China y la caída abrupta de los envíos norteamericanos.

 

Perspectivas sobre la nueva Ley Agrícola estadounidense (Farm Bill)

 

No se esperan modificaciones sustanciales en la inminente nueva Ley Agrícola (Farm Bill) que alteren significativamente las condiciones de nuestros productos en el mundo.

Esta normativa regula pilares fundamentales como la asistencia alimentaria, seguros de cosecha, programas de conservación y los pagos compensatorios a productores.

Ante la falta de acuerdos legislativos profundos entre demócratas y republicanos, la legislación previa ha venido prorrogándose con ajustes menores y presupuestos millonarios.

 

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Ninguno de los partidos principales plantea recortar los subsidios más distorsivos que posicionan a Estados Unidos como gigante agroexportador global.

Por consiguiente, los subsidios a cultivos clave como maíz, soja, trigo, maní, arroz y carne se mantendrán vigentes, condicionando los mercados internacionales.

 

 

Primicias Rurales
Fuente: Fundación INAI