Sep 2, 2026 | Animales, Ganadería, Informes Técnicos, Salud
Elevar el caudal de aire ante lecturas elevadas de gas reduce la concentración ambiental en minutos, pero no detiene la generación ni la liberación del químico. Entender la química del purín resulta fundamental para controlar la verdadera causa del problema y evitar pérdidas económicas extremas en calefacción.
Buenos Aires miércoles 2 septiembre (PR/26)-– Medimos 25 ppm de NH₃ en un edificio y la respuesta automática suele ser elevar la ventilación. El aire adentro mejora de inmediato, pero ¿qué pasó realmente con el amoníaco? En muchos casos no dejamos de producirlo ni de liberarlo desde la fosa: solo lo diluimos más rápido.
Este artículo repasa en detalle la química y la física detrás de esa liberación constante, explicando por qué el control real empieza en la propia fosa de purín y no en la pantalla del controlador de clima.

Entramos a una sala de recría, el sensor marca 25 ppm de NH₃ y la reacción inmediata es modificar la ventilación mínima. A los pocos minutos la concentración disminuye y damos el problema por resuelto. Pero antes de actuar deberíamos preguntarnos: ¿por qué esa sala está liberando tanto gas? Si no identificamos y resolvemos ese punto, estamos tratando el síntoma y no la causa.
De la nutrición al ambiente: cómo se origina y libera el amoníaco
El nitrógeno que el cerdo no aprovecha se elimina en gran medida a través de la orina, principalmente en forma de urea. Cuando entra en contacto con las heces y las superficies contaminadas, la ureasa (enzima microbiana) acelera su hidrólisis y genera nitrógeno amoniacal.
En el purín, este nitrógeno no se encuentra únicamente como amoníaco (NH₃), sino en un equilibrio dinámico entre dos formas: amonio (NH₄⁺), soluble y no volátil, y amoníaco (NH₃), la forma volátil que puede transferirse directamente desde el purín hacia el aire de la instalación.
Este equilibrio es la clave absoluta para entender por qué ciertas condiciones físicas y químicas de la fosa favorecen una mayor liberación al ambiente.
NH₄⁺ (amonio, no volátil, disuelto) ⇌ NH₃ (amoníaco, volátil, gas) + H⁺
Una forma simple de entenderlo es pensar que el amonio (NH₄⁺) es la forma ionizada y soluble que permanece estable en el líquido, mientras que el amoníaco (NH₃) es la forma no ionizada capaz de evaporarse. Su distribución final depende principalmente del pH y de la temperatura del purín.
Cuando estas variables desplazan el equilibrio hacia una mayor proporción de NH₃, aumenta drásticamente el gas disponible para volatilizarse desde la superficie de la fosa y pasar directamente al ambiente de los animales.
El pH: la variable que define el equilibrio químico
El pH mide qué tan ácido o básico es el purín. Cuanto más básico (pH elevado), más se inclina la balanza hacia el amoníaco gaseoso (NH₃); cuanto más ácido (pH bajo), más nitrógeno se queda retenido como amonio disuelto y estable (NH₄⁺).
El Gráfico 1 traduce esa relación en números precisos: a 20 °C y pH 7 casi todo el nitrógeno amoniacal permanece disuelto como amonio. Pero al pasar de pH 7,0 a 8,5, la fracción de NAT (Nitrógeno Amoniacal Total) presente como NH₃ aumenta de 0,4% a 11,1%, es decir, se multiplica 28 veces.
Un purín fresco de cerdo suele arrancar entre pH 6,5 y 8. Sin embargo, con el paso de los días tiende a subir, empujado por la propia actividad continua de la ureasa y por la pérdida inevitable de CO₂ disuelto.
El CO₂ también participa activamente en este equilibrio. Cuando se libera desde el purín hacia el aire, disminuye su efecto acidificante y el pH se eleva, especialmente en la capa superficial, de forma similar a lo que sucede al abrir una bebida carbonatada.
Este incremento del pH desplaza la ecuación hacia una mayor proporción de NH₃, aumentando el amoníaco disponible para volatilizarse. Por ello, para evaluar la fosa no alcanza con medir su volumen: hay que considerar su pH, temperatura y transferencia de masa.
La temperatura del purín, no la del aire
Al aumentar la temperatura, los gases disueltos pierden solubilidad y se liberan más rápido. En el purín, además, la temperatura modifica el equilibrio químico: a mayor temperatura disminuye el pKa del sistema, generando más NH₃ libre para un mismo nivel de pH.
A este fenómeno se suman factores biológicos. La temperatura estimula la actividad microbiana y enzimática de la ureasa, acelerando la degradación de la urea. Al mismo tiempo, facilita el paso físico del gas desde la fase líquida hacia la atmósfera del galpón.
Es vital no confundir la temperatura del aire con la temperatura del purín. La masa líquida almacenada tiene una elevada inercia térmica, por lo que su temperatura cambia lentamente y difiere de la del ambiente. La variable crítica para el balance químico es la temperatura del propio purín.
Gráfico 2. Fracción de NH₃ (% del NAT) según temperatura del purín, a pH 7,5 y 8,0 (NAT constante).

Fuente: cálculo propio, misma ecuación que Gráfico 1 (Emerson et al., 1975). No representa una curva empírica de emisión, sino la fracción de equilibrio químico.
¿Cómo puede la aireación modificar el pH y la liberación de NH₃?
La aireación del purín modifica simultáneamente la biología microbiana, el pH y la transferencia de gases. En condiciones anaeróbicas, la materia orgánica genera ácidos grasos volátiles (AGV) —acético, propiónico, butírico— que ayudan a mantener el pH bajo.
Cuando ingresa oxígeno, parte de estos ácidos se oxida, la acidez disminuye y el pH sube. Como consecuencia directa, el equilibrio se desplaza hacia la formación de NH₃ volátil, incrementando la liberación de gas hacia el ambiente.
Ensayos experimentales (Calvet et al., 2017) mostraron que airear purín porcino 2 minutos cada 6 horas elevó el pH de 7,0 a 7,7, incrementando las emisiones de NH₃ en un 20%. Incorporar aire al purín no reduce las emisiones por sí solo: en ese caso las aumentó.
Sin embargo, el resultado final depende del régimen. Una aireación leve destruye los ácidos orgánicos y eleva el pH; pero una aireación intensa y prolongada estimula la nitrificación, proceso que genera H⁺ y tiende a acidificar el medio, aunque la turbulencia siempre acelera el desprendimiento gaseoso.
Aireación involuntaria de las fosas
Un fallo sumamente frecuente ocurre cuando las cámaras exteriores de las fosas permanecen abiertas en galpones con ventilación por presión negativa. El aire de reposición entra por allí, pasa sobre el purín y sube a la sala por las rejillas.
Esto genera un doble impacto negativo: altera la química del purín elevando el pH y la turbulencia del aire arrastra masivamente el amoníaco hacia la zona ocupada por los lechones, logrando el efecto opuesto al deseado.
Por esta razón, antes de subir los ventiladores es fundamental cerrar y sellar las cámaras exteriores. Es una medida de bajo costo que detiene el flujo de NH₃ hacia la sala y optimiza el funcionamiento del sistema de clima.
El error de resolver el exceso de amoníaco incrementando la ventilación
Podemos imaginar la sala como una bañera: la fosa es el grifo que aporta NH₃ y la ventilación es el desagüe que lo extrae. La concentración (ppm) depende del balance entre la tasa de emisión (E) y el caudal de aire (Q), simplificado como Ci = E/Q.
Si aumentamos Q, la concentración baja, pero la fuente sigue activa. Es exactamente como abrir más el desagüe sin cerrar el grifo: el nivel desciende, pero no hemos solucionado el origen de la fuga.
Además, la emisión no es constante. Al incrementar la velocidad del aire sobre el purín, aumenta el coeficiente de transferencia de masa (Ni, 1999). De este modo, al subir Q para diluir, también aumentamos E, emitiendo más kilos totales de amoníaco al exterior.
Un ejemplo impactante con números reales
Para entender el costo real, debemos separar dos consumos: mover el aire (electricidad de ventiladores) y calentarlo durante los días fríos (energía de calefacción). Analicemos una sala de recría con 1.000 lechones de 6,5 kg con consigna de 26 °C y 5 °C exteriores.
Con una ventilación base de 3,5 m³/h por animal, los lechones aportan 15 kW de calor y la calefacción debe poner unos 18 kW restantes. Si duplicamos la ventilación solo para diluir NH₃, el gasto eléctrico extra es mínimo (1,6 a 6,3 kWh/día).

Sin embargo, el aire frío entrante hay que calentarlo. Un 25% de ventilación extra demanda entre 164 y 656 kWh/día térmicos (15 a 61 m³ de gas natural por día). Esto representa entre USD 250 y USD 1.000 mensuales extra por sala.
En este escenario, calentar el aire frío cuesta 104 veces más energía que mover los ventiladores. Traducido a facturas, el gas representa 43 veces más dinero que la electricidad: el verdadero costo de diluir está en la calefacción.
En un invierno de 120 días, sobreventilar cuesta entre USD 1.050 y USD 4.220 por sala al año. Para un sitio de recría con 6 salas, el sobrecosto oscila entre USD 6.300 y USD 25.300 anuales quemados para diluir un problema de fosa.
Fuente: cálculo propio (supuestos declarados en el texto: 1.000 animales de 6,5 kg, ventilación base 3,5 m³/h por animal, ventiladores de 0,075 W por m³/h movido, ΔT = 21 °C entre 5 y 26 °C, techo R12 y paredes R5, calefacción a gas natural con 90% de rendimiento). El costo anual supone 120 días con demanda de calefacción equivalente a la del ejemplo y 365 días de consumo eléctrico. En verano, sin demanda de calefacción, el costo se concentra en electricidad y es comparativamente bajo.
Actuar sobre el origen, no solo sobre el síntoma
En lugar del clásico esquema automático «NH₃ alto → más ventilación», la secuencia profesional de trabajo debe ser: medir, identificar la fuente, determinar la causa, actuar en la fosa, verificar resultados y recién ahí ajustar el clima.
Esto requiere evaluar la nutrición (reducir proteína bruta con aminoácidos sintéticos baja 10-12% las emisiones por cada 10 g/kg menos de PB), la frecuencia de extracción de excretas, el pH y la temperatura del purín, y el sellado del edificio.
Conclusión
La ventilación controla la concentración que medimos en el ambiente; el manejo de la fosa controla la fuente directa del problema. Ambas herramientas son indispensables, pero ninguna puede reemplazar a la otra.
Un sistema eficiente nunca debería depender de sobreventilar en forma permanente para enmascarar una liberación excesiva de gases. Atacar la causa raíz en la fosa siempre resulta drásticamente más económico que pagar energía a diario para diluir el aire.
Primicias Rurales
Fuente: plataforma TecNews de Provimi
Ago 18, 2026 | Animales, Ganadería, Opiniones, Salud
Por Miguel Mejía | Médico veterinario y docente del Programa de Ganadería de AgroEducación.
Buenos Aires, martes 18 de agosto (PR/26) .- En nuestro país tenemos un pendiente sanitario muy importante. Todavía existen prácticas básicas que se realizan por debajo de los niveles deseables. Aproximadamente, solo se efectúa tacto rectal al 60% de las vacas, mientras que la revisión clínica y reproductiva de los toros que ingresan a servicio alcanza apenas entre el 30% y el 40%.
A esto se suma que, frente a determinadas enfermedades, los porcentajes de vacunación continúan siendo considerablemente menores que la población que debería recibir protección.
Estos datos demuestran que no estamos solamente ante un problema técnico. También enfrentamos una dificultad cultural y comunicacional. Muchos productores, especialmente los de menor escala, no reciben la información de manera efectiva o no logran visualizar con claridad cuánto puede costarles no contar con un plan sanitario correctamente diseñado.
La sanidad no es un gasto
Uno de los principales desafíos es modificar la manera en que se interpreta la sanidad dentro de la empresa ganadera. Con frecuencia se la considera un gasto, cuando en realidad debe entenderse como una inversión productiva.
Vacunar no significa simplemente colocar un líquido debajo de la piel del animal. Vacunar es construir inmunidad. Es preparar al rodeo para responder frente a una enfermedad y reducir las posibilidades de pérdidas productivas, abortos, mortandad o tratamientos posteriores.
El objetivo de un programa sanitario no debería ser solamente cumplir con un calendario, sino alcanzar el mayor nivel de protección posible de acuerdo con las necesidades concretas de cada establecimiento.
Por eso resulta fundamental comenzar a trabajar bajo el concepto de medicina productiva. No se trata únicamente de atender al animal enfermo, sino de prevenir, anticiparse, planificar y generar las condiciones necesarias para que la nutrición, la genética y el manejo puedan expresar todo su potencial.
Enfermedades que siguen generando pérdidas
Dentro de la ganadería argentina existen distintas problemáticas sanitarias que requieren atención permanente. Garrapata, tristeza bovina, rabia, sarna, carbunclo, diarrea viral bovina, enfermedades respiratorias, clostridiales y parasitosis gastrointestinales son algunas de las más relevantes.
En el caso de la garrapata, uno de los problemas más preocupantes es el avance de la multirresistencia a diferentes grupos químicos. Esto obliga a abandonar los tratamientos realizados de manera automática y comenzar a trabajar con diagnósticos y evaluaciones más precisas.
Antes de aplicar un producto, es necesario determinar cuáles funcionan realmente en cada establecimiento. De lo contrario, no solo se pierde eficacia, sino que también se acelera el desarrollo de resistencia.
Una situación similar ocurre con los parásitos gastrointestinales durante la recría. Existen estudios que muestran pérdidas de entre 20 y 40 kilos durante el primer invierno como consecuencia de los parásitos, muchas veces sin que los animales manifiesten signos clínicos evidentes.
Estas pérdidas subclínicas suelen pasar inadvertidas, pero impactan directamente en la eficiencia productiva. Además, en una proporción elevada de establecimientos de la provincia de Buenos Aires ya se ha detectado resistencia a ivermectinas y productos relacionados.
Esto demuestra que no podemos continuar aplicando los mismos tratamientos de manera sistemática sin evaluar previamente su eficacia.
↓ RECRIA INTELIGENTE: NUTRICION, SANIDAD Y ESTRATEGIAS ↓
VIERNES 21 DE AGOSTO – 14 HS | CATALINA BOETTO Y MIGUEL MEJIA
Cada establecimiento necesita su propio plan
No existe un plan sanitario universal que pueda aplicarse de la misma manera en todos los campos. Cada establecimiento posee una realidad diferente, determinada por su ubicación geográfica, sus antecedentes sanitarios, el tipo de rodeo, el sistema productivo y sus objetivos empresariales.
Sin embargo, existen algunos lineamientos generales que deberían considerarse.
En los sistemas de recría, es fundamental trabajar sobre la prevención de enfermedades clostridiales, queratoconjuntivitis y enfermedades respiratorias. También resulta indispensable implementar un control parasitario adecuado y garantizar una correcta nutrición mineral.
En los rodeos de cría, el trabajo sanitario debe concentrarse especialmente en las enfermedades reproductivas, la brucelosis, los abortos, la revisión de los toros, el tacto rectal, el ordenamiento del rodeo y el estacionamiento del servicio.
La información obtenida a partir de estas prácticas permite tomar mejores decisiones, identificar tempranamente los problemas y evitar que las pérdidas se manifiesten cuando ya es demasiado tarde.
Medir, prevenir y acompañar
La sanidad no puede continuar ocupando un lugar secundario dentro de la planificación ganadera. Es una condición necesaria para mejorar los índices reproductivos, aumentar la producción de kilos de carne y construir sistemas más eficientes y previsibles.
Las herramientas técnicas existen. El desafío está en utilizarlas correctamente, medir sus resultados y lograr que lleguen de manera concreta a los productores.
Para avanzar, necesitamos fortalecer la extensión, mejorar la comunicación y acompañar a cada establecimiento en el diseño de estrategias sanitarias adaptadas a su realidad.
La ganadería argentina tiene una gran oportunidad para mejorar sus resultados. Pero para que la genética, la nutrición y el manejo puedan expresarse plenamente, primero debemos garantizar una base sanitaria sólida.
Sin sanidad, no hay productividad sostenible.
Fuente: Por Miguel Mejía | Médico veterinario y docente del Programa de Ganadería de AgroEducación.
Primicias Rurales
Ago 15, 2026 | Ganadería, Opiniones, Salud
Garantizar la salud del ganado va mucho más allá del ámbito veterinario. Es la credibilidad internacional la que abre las puertas de los mercados más exigentes y rentables del mundo.
Buenos Aires, Sabado 15 agosto (PR/26)–Argentina tiene una oportunidad concreta para fortalecer su presencia internacional frente a una demanda global de proteínas que no detiene su crecimiento. Nuestro país reúne condiciones productivas privilegiadas, conocimiento técnico de vanguardia y una trayectoria reconocida para responder con éxito a este gran desafío.

Sin embargo, existe un factor tan determinante como la calidad de la carne: la confianza sanitaria. Los mercados más exigentes evalúan la capacidad de prevención, la solidez de los controles y el cumplimiento de estándares rigurosos, demostrando que exportar requiere procesos confiables, previsibles y sostenibles.
Un escudo estratégico para la economía nacional
En este nuevo escenario, la sanidad animal dejó de ser una labor exclusivamente veterinaria para convertirse en un eje estratégico del desarrollo. Los programas de vacunación, la vigilancia epidemiológica y la inversión preventiva son herramientas indispensables para proteger el estatus sanitario y resguardar la reputación internacional.

Para lograrlo, la articulación público-privada entre el Estado, el sistema científico y los laboratorios especializados resulta fundamental. Cuando la innovación tecnológica y las políticas públicas convergen, es posible anticipar riesgos sanitarios, proteger nuestros rodeos y garantizar alimentos seguros para el mundo.
Innovación y prevención: la mejor inversion
Los laboratorios veterinarios nacionales juegan un rol central al desarrollar vacunas de calidad, incorporar tecnología de punta y fortalecer la autonomía sanitaria del país. Esta industria innovadora permite reaccionar con agilidad y eficacia ante cualquier emergencia, consolidando a la Argentina como un proveedor altamente confiable.

Asimismo, la prevención sanitaria sigue siendo la estrategia más eficiente y económica. Evitar la aparición de enfermedades preserva la productividad de los campos, reduce pérdidas financieras, favorece el bienestar animal y aporta una indispensable previsibilidad a toda la cadena agroindustrial.
El verdadero valor de la credibilidad
Consolidar el liderazgo exportador exige sostener de manera continua la inversión en ciencia, tecnología y capacidades de control. La verdadera competitividad agropecuaria se construye tanto en las mangas de los establecimientos como en los laboratorios de investigación y los sistemas de vigilancia.
En un planeta hiperconectado que exige calidad, previsibilidad y transparencia, la seguridad sanitaria constituye nuestra ventaja más decisiva. Cuidar la salud del rodeo no es solo proteger la producción actual, sino asegurar el futuro de las exportaciones y el desarrollo productivo argentino.
Primicias Rurales
Fuente: Fernando Matticoli, Director Comercial de CDV
Jul 31, 2026 | Animales, Especial, Salud
Más de 80 personas participaron de dos jornadas de formación en Villa Mercedes y San Luis, donde se abordaron técnicas de manejo responsable y buenas prácticas ganaderas para fortalecer la actividad rural.
Buenos Aires, viernes 31 julio (PR/26)–El Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores (RENATRE) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) unieron fuerzas para llevar adelante dos jornadas de capacitación sobre bienestar animal. El encuentro se realizó los días 1 y 2 de julio en Villa Mercedes y San Luis, y convocó a 82 participantes.
Dos sedes, un mismo objetivo
La propuesta, impulsada por la Delegación RENATRE San Luis junto al INTA, se desarrolló en dos puntos estratégicos de la provincia: la Agencia de Extensión Rural del INTA en Villa Mercedes y el Predio de la Sociedad Rural en la capital puntana.
Ambas jornadas apuntaron a un mismo horizonte: acercar herramientas concretas para el manejo responsable de los animales y fortalecer las buenas prácticas ganaderas en toda la cadena productiva.

Así lo resumió el delegado regional Cuyo del RENATRE, Guillermo Zone, quien remarcó: “Capacitar en bienestar animal es garantizar mejores condiciones para la producción y para quienes trabajan en el sector”. Y agregó: “Cuando promovemos un manejo responsable, fortalecemos la actividad ganadera y contribuimos a un campo más sustentable”.
Contenidos con mirada internacional
Durante los dos días de formación se repasaron los fundamentos del bienestar animal, el comportamiento bovino y las técnicas de manejo de bajo estrés, además del diseño de instalaciones ganaderas pensadas para el confort de los animales.
También se analizaron las exigencias de los mercados internacionales en materia de buenas prácticas, un tema cada vez más determinante para la competitividad del sector. El cierre llegó con una demostración práctica sobre manejo de bovinos.
De las jornadas participaron el jefe de la Agencia de Extensión Rural INTA Villa Mercedes, Hugo Bernasconi; el jefe de la Agencia de Extensión Rural INTA San Luis, Matías Centeno; el ingeniero agrónomo Claudio Sáenz (INTA); la delegada de UATRE San Luis, Mónica Torres; y el vicepresidente de la Sociedad Rural de San Luis, Ricardo Razetti.
Más capacitaciones en camino
Estas jornadas forman parte de las acciones que impulsa el organismo para fortalecer la empleabilidad de los trabajadores rurales y acompañar a las empresas en la incorporación de perfiles cada vez más calificados, en sintonía con los objetivos del Programa de Empleo Rural (PER).

Motivado por la convocatoria y el interés de los participantes, el RENATRE ya proyecta nuevas capacitaciones junto al INTA para seguir promoviendo la formación en bienestar animal y consolidar las buenas prácticas en la producción ganadera.
Primicias Rurales
Fuente: RENATRE
Jul 29, 2026 | Animales, Salud
La sobrepoblación incontrolable de jabalíes en el país enciende las alarmas de los profesionales de la salud animal. El médico veterinario Diego Pigueiras advierte sobre los riesgos de consumir su carne sin análisis previos de triquina y explica por qué la caza furtiva representa una amenaza real.
Buenos Aires, miércoles 29 julio (PR/26)–A diferencia del cerdo doméstico, el jabalí salvaje posee una resistencia fisonómica extraordinaria que le permite adaptarse y prosperar en casi cualquier medio ambiente. Al ser un depredador oportunista y carroñero, consume todo lo que encuentra a su paso sin ningún tipo de restricción ni control de origen.

Esta alimentación sin límites convierte a la especie en un vector natural de graves afecciones sanitarias para las personas. Los ejemplares más grandes pueden alcanzar fácilmente entre 250 y 300 kilos, acumulando a lo largo de sus vidas patógenos peligrosos como la tuberculosis y la parasitosis por triquina.
La garantía de la carne inspeccionada y el análisis obligatorio
Frente a este escenario, el médico veterinario Diego Pigueiras remarca que la única garantía de seguridad sanitaria proviene de la carne procesada formalmente en un frigorífico habilitado. Sin embargo, en el caso de las presas de caza, el panorama depende exclusivamente de la responsabilidad individual.

Los focos de infección detectados hasta la fecha han salido a la luz gracias a los análisis de triquinosis que los propios cazadores envían a los laboratorios. Realizar estos estudios digestivos de manera sistemática es el único camino efectivo para evitar cuadros graves de intoxicación humana.
Superpoblación sin freno y avance sobre las rutas
Al tratarse de una especie introducida en el ecosistema local, el jabalí carece de depredadores naturales específicos, con la contada excepción de algún puma ocasional. Esta ventaja biológica los vuelve altamente prolíficos y genera una superpoblación incontrolable que ya se extiende por todo el territorio.



En la región bonaerense, su presencia es histórica en la zona costera y en distritos como Marisol, Coronel Dorrego y Coronel Pringles. Cada vez es más habitual ver cómo cruzan las calzadas asfálticas, por lo que los especialistas sugieren extremar precauciones viales y mantener a estos animales alejados de las viviendas.
Primicias Rurales
Fuente: www.lu24.com.ar/jabalies-la-mirada-profesional-de-diego-pigueiras