Una pastoral de salud mental impulsada en Colombia busca brindar acogida y acompañamiento siguiendo el ejemplo del buen samaritano frente a la problemática del suicidio.
Imagen referencial. | Crédito: Eric Ward/Unsplash.
Por Eduardo Berdejo, Nathalí Paredes
Colombia, sábado 12 septiembre (PR/26) — Es necesario que dentro de los ambientes eclesiales se hable de los problemas de salud mental para que las personas que los padecen encuentren espacios de acogida y acompañamiento, siguiendo el ejemplo del buen samaritano, señaló el P. Duberley Sánchez, quien lidera la pastoral de salud mental en Colombia.
El sacerdote hizo este llamado durante una entrevista con EWTN Noticias, en ocasión de la conmemoración de ayer, 10 de septiembre. del Día Mundial para la Prevención del Suicidio.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), «cada año más de 720.000 personas fallecen por suicidio» y en 2021 fue registrado como la tercera causa de muerte en personas de 15 a 29 años. Además, «el 73% de los suicidios ocurren en países de ingresos bajos y medianos».
Esta realidad también ha golpeado a miembros del clero, con casos ocurridos en Italia, Estados Unidos y Brasil, donde un estudio publicado en 2023 reveló que 40 sacerdotes se habían quitado la vida en el lapso de siete años.
El P. Duberley Sánchez, que dirige la Clínica del Alma, señaló que la realidad del suicidio «nos interpela y nos deja profundamente consternados, porque sabemos o entendemos que detrás de cada cifra hay una persona concreta, una historia, una herida profunda».
En ese sentido, destacó el lema que la OMS eligió para el 2024-2026, Cambiar la narrativa sobre el suicidio, porque anima a atreverse a dialogar de estos hechos «de manera responsable, sin sensacionalismo».
«Es empezar a hablar de salud mental en nuestros ambientes eclesiales, en nuestras comunidades. De esta manera vamos a combatir los mitos, vamos a reducir el estigma y vamos a pasar del silencio y la incomprensión a la apertura, a la acogida y al apoyo», afirmó.
Ser como el buen samaritano
El sacerdote dijo que la parábola del buen samaritano da herramientas pastorales para acompañar a las personas que pasan por padecimientos mentales, pues es Cristo quien se presenta como médico y terapeuta ante la humanidad herida.
Primero, «hay que aprender a estar atentos al sufrimiento psíquico que es invisible y silencioso», explicó el P. Sánchez, para luego interiorizar el dolor del otro y traducir la compasión en acciones concretas como lo hizo el buen samaritano.
Además, señaló, es importante saber hasta dónde llega la capacidad de uno. El buen samaritano «utiliza sus propias capacidades para atender y esa es una imagen de la Iglesia que sabe acoger», pero también «sabe derivar» y lleva al herido donde el posadero, sin abandonarlo porque posteriormente regresará «y eso es expresión de una Iglesia caritativa, misericordiosa».
En ese sentido, dijo que «la Iglesia debe caminar hacia la construcción de comunidades seguras», acogedoras, compasivas, responsables y conectadas hacia estas personas.
Crédito: Clínica del Alma.
«La Iglesia, que sabe cuidar con solicitud pastoral, es una comunidad formada y responsable, y la Iglesia que sabe regresar nuevamente es una Iglesia caritativa, misericordiosa», reafirmó.
Por ello, a las personas que padecen tendencias suicidas, el sacerdote los animó a acercarse a Cristo, porque «cuando todas las puertas se cierran, cuando no vemos que nada pasa en el horizonte, Jesús aparece allí. Es una puerta que debemos tocar. Es una puerta a la que hay que insistir».
Construir una pastoral que vele por la salud mental
Esta inquietud por construir una pastoral de la salud mental fue tomando cuerpo después del Congreso Nacional de Fe, Ciencia y Salud Mental que se llevó a cabo en marzo en Manizales (Colombia).
«Como uno de los frutos de este Congreso se creó el Consejo Nacional Interdisciplinario de Asesores en Pastoral de la Salud Mental», integrado por psiquiatras, pediatras, médicos generales, psicólogos, trabajadores sociales, abogados, teólogos, pastoralistas, indicó el P. Duberley Sánchez.
El sacerdote señaló que este equipo interdisciplinario está trabajando «en la elaboración de un modelo de pastoral de la salud mental», fundamentado «bíblica, teológica, antropológica, clínica y pastoralmente».
Crédito: Clínica del Alma.
El fin es brindar «un método pastoral propio para abordar el sufrimiento psíquico en ambientes eclesiales», con guías y protocolos de intervención para momentos específicos».
«Este Consejo Nacional se reúne periódicamente y nuestra preocupación mayor es avanzar hacia ese desarrollo de esta propuesta pastoral de salud mental, que queremos entregarle a los obispos y a delegados de pastoral de la salud para que ellos la sometan a un discernimiento pastoral y luego, posiblemente, si la consideran pertinente y benéfica, puedan adoptarla», expresó.
Un relato conmovedor sobre cómo la tecnología médica avanza sin pausa, mientras la humanidad del paciente sigue reclamando ser escuchada más allá de las pantallas.
Por Susana Tribiani
para Primicias Rurales
¿Qué queda de nosotros cuando una máquina puede identificarlo, medirlo e incluso preverlo todo? ¿Aún somos pacientes o nos hemos convertido en diagnósticos?
Susana salió de la consulta con su carpeta ajustada bajo el brazo.
La carpeta de siempre. Con los análisis. Las recetas. Y el mismo diagnóstico.
Sin embargo, algo había cambiado en su interior. No sabía cómo describirlo.
Aquella pregunta del médico, tan sencilla que parecía no tener peso:
—¿Y usted cómo está llevando todo esto?
Siempre hablando de los resultados, síntomas, dosis y resultados hace que una pregunta así caiga como una piedra en un lago tranquilo.
Susana tenía claro lo que padecía. Lo que no sabía era cómo se sentía. Y entre esas dos cosas había un gran vacío.
Mientras caminaba a casa, reflexionó sobre cuánto había evolucionado la medicina. Cuando era joven, el médico no tenía otra opción que mirarte, tocarte, preguntarte y escucharte. Hoy en día, existen las pantallas, estudios cada vez más precisos, máquinas capaces de detectar lo que ningún ojo humano puede ver. Programas que analizan miles de datos en segundos. Algoritmos capaces de prever el riesgo antes de que aparezca el síntoma.
Era un avance impresionante; Susana no dudaba. Si alguna de esas máquinas le ayudaba a vivir mejor.
Pero mientras tanto, una pregunta le atravesó la mente: ¿y si un día la máquina llegara a entender su enfermedad mejor que ella misma?
Y paso a la otra: ¿Y si, al centrarse tanto en sus estudios, se olvidaban de conocerla?
Y cuando se dio cuenta, se estaba riendo sola.
— Es necesario. ¿Para qué complicarse la existencia?
Pero la pregunta quedó allí. Sin respuesta.
En la próxima cita, entró al consultorio, el médico sentado en frente a su escritorio frente a la computadora, todo ordenado y limpio, Susana se sentó, alcanzó a leer su nombre en la pantalla y con toda su vida médica.
La vida de Susana no estaba nada ordenada.
Tenía días buenos. Días malos. Días en que se levantaba sintiéndose capaz de todo y otros en los que abrir un frasco se convertía en una tarea imposible.
Nada de eso estaba en la pantalla.
El médico revisó los estudios.
—Los resultados están bastante bien —dijo.
Susana lo miró.
—¿Y yo cómo estoy?
El médico, que nunca levantaba la mirada, en esa ocasión lo hizo y ella se rió.
—Bueno … quiero decir, ¿estoy bastante bien?
El médico también sonrió.
—Eso lo debemos discutir.
Y conversaron. Como en aquella primera vez. De la enfermedad, de los medicamentos, pero también de la vida. Lo que le costaba. Lo que todavía deseaba hacer. Lo que había dejado de hacer por miedo. De las cosas que le preocupaban y que no se atrevía a confesar.
Susana comprendió algo. Que la tecnología ayudaba , y mucho. Pero aún había algo que la máquina no podía hacer. Entender significaba, para ella, despertar un día y sentir que ya no era la misma; mirar una foto antigua y pensar: «¿En qué momento pasó todo esto?» Cómo se siente cuando un hijo pregunta —¿Mamá, necesitas algo?— y responderle —No, estoy bien—, aunque no sea cierto.
Una máquina puede detectar alteraciones. Sin embargo, no puede saber cuándo alguien dice «estoy bien» para no preocupar a los demás.
Esa tarde, Susana llegó a su casa y colocó la carpeta sobre la mesa. La observó y notó algo extraño en esa carpeta. Allí estaba una parte de su vida; sin embargo , no era toda.
En esas hojas no había lugar para su risa. No estaba el abrazo de sus hijos. No encontraba el miedo de aquella noche sin dormir. O la felicidad del mensaje de una amiga. Tampoco el esfuerzo diario por seguir adelante.
Una versión de ella no estaba allí. Esa versión que la medicina necesita conocer. No exactamente la que la vida necesita cuidar.
Y entonces se formó una idea que parecía evidente: un diagnóstico es información. Un paciente es una historia. Y una historia nunca se puede captar por completo en una pantalla.
Entonces, Susana empezó a fijarse en los pequeños detalles. Entendió que había médicos que prestaban más atención a la computadora que al paciente. No por tener mala intención. Sino que el sistema mismo los obliga. Deben ingresar datos, completar formularios, revisar estudios, firmar recetas, solicitar autorizaciones. Todo tiene que quedar registrado, escrito, demostrable.
Conclusión: la medicina moderna logró algo excepcional: cuantificar casi todo. Sin embargo, todavía hay aspectos difíciles de medir. ¿Cuánto pesa el miedo? ¿Cuánto dura una angustia? ¿Cuánto vale una palabra que proporciona calma? ¿Cómo se cuantifica el alivio que siente alguien cuando un médico le dice: «No se preocupe, yo me ocuparé»?
No existe un dispositivo para eso. No hay análisis. No hay algoritmos. Y quizás nunca lo haya.
Un sábado, Susana recibió otro mensaje del médico. Seguía gestionando lo de la medicación. Otra vez papeleo, trámites, una autorización que no llegaba.
Ella estuvo a punto de decirle que no se preocupara. Sin embargo esta vez escribió otra cosa:
«Muchas gracias por ocuparse.»
Solo eso.
El médico respondió: «Para eso estamos.»
Susana dejó el teléfono sobre la mesa y se quedó reflexionando. Quizás esa fuera una de las pocas cosas que todavía diferencian a un médico de una máquina. La máquina puede encontrar. El médico puede encontrar y, además, decidir qué hacer. Pero un buen médico puede hacer algo más. Puede acompañar.
Esa noche se encontró con una de su hija para cenar. La hija le preguntó:
—¿Y cómo te fue en la consulta?
Susana pudo hablar del diagnóstico, de los estudios, de la medicación. Pero simplemente respondió:
—Bien.
—¿Bien?
—Sí. Me preguntó cómo estaba.
La hija sonrió.
—¿Y qué le dijiste?
Susana miró hacia abajo.
—Que estaba preocupada.
—¿Y?
—Y me escuchó.
La hija no dijo nada. No era necesario. Porque ambas comprendieron que, a veces, una persona no necesita que le resuelvan la vida. Necesita no sentirse sola por dentro.
Con el paso del tiempo, Susana aprendió a ver la medicina de otra manera. Se acostumbró a las máquinas, ni las computadoras, ni los estudios y llegó a valorar cada avance, porque sabía que podían salvar vidas.
Otra cuestión era la que le inquietaba: que, en medio de tanto progreso, se olvidan de algo fundamental. «La persona».
Porque cuanto más avanzada se vuelve la medicina, más relevante resulta recordar algo muy simple: el paciente no es el diagnóstico. El diagnóstico puede estar asentado; el paciente está sentado enfrente. El diagnóstico lleva un nombre; el paciente tiene una historia. El diagnóstico trae síntomas; el paciente tiene miedo. El diagnóstico requiere tratamiento; el paciente también necesita esperanza.
Y por esto la pregunta sigue teniendo importancia.
¿Diagnóstico o paciente?
Susana ya sabía lo que responder.
Paciente. Siempre paciente.
Porque detrás de cada enfermedad hay alguien que ama. Alguien que espera. Alguien que se asusta. Alguien que todavía hace planes. Alguien que, a pesar de estar enfermo, sigue siendo madre, padre, hijo, amigo, compañero, vecino.
Sigue siendo esa persona que se ríe por una tontería, se enoja por cualquier cosa, se emociona con una canción, guarda una foto antigua en un cajón. Que tiene cuentas a fin de mes. Que se preocupa por los suyos. Que algunas noches finge ser fuerte, y en otras simplemente necesita que alguien se siente enfrente y le diga:
—Bueno… cuénteme cómo está.
Porque quizás ese sea el verdadero desafío de la medicina del futuro. No es una elección entre tecnología y humanidad. Sino que el verdadero desafío es aprender a usar toda la tecnología disponible sin olvidar mirar a los ojos.
Una máquina puede reconocer una enfermedad. Puede medirla, compararla, anticipar, ayudar a tratarla. Pero hay algo que aún necesita hacer una persona.
Preguntar: —¿Y usted?
Y quedarse a escuchar la respuesta.
Las enfermedades tienen nombres y las personas también.
Quizás, al final, esa sea la verdadera cuestión: no sé si somos diagnóstico o paciente. En medio de tantos datos, estudios y pantallas, el verdadero milagro sigue siendo nuestra capacidad de ver a la persona que hay detrás de cada informe. Porque mientras exista alguien capaz de recordar esa diferencia, seguirá habiendo una medicina que no solo cure, sino que también cuide.
Por Susana Tribiani
Primicias Rurales, Buenos Aires, domingo 6 septiembre 2026.
Elevar el caudal de aire ante lecturas elevadas de gas reduce la concentración ambiental en minutos, pero no detiene la generación ni la liberación del químico. Entender la química del purín resulta fundamental para controlar la verdadera causa del problema y evitar pérdidas económicas extremas en calefacción.
Buenos Aires miércoles 2 septiembre (PR/26)-– Medimos 25 ppm de NH₃ en un edificio y la respuesta automática suele ser elevar la ventilación. El aire adentro mejora de inmediato, pero ¿qué pasó realmente con el amoníaco? En muchos casos no dejamos de producirlo ni de liberarlo desde la fosa: solo lo diluimos más rápido.
Este artículo repasa en detalle la química y la física detrás de esa liberación constante, explicando por qué el control real empieza en la propia fosa de purín y no en la pantalla del controlador de clima.
Entramos a una sala de recría, el sensor marca 25 ppm de NH₃ y la reacción inmediata es modificar la ventilación mínima. A los pocos minutos la concentración disminuye y damos el problema por resuelto. Pero antes de actuar deberíamos preguntarnos: ¿por qué esa sala está liberando tanto gas? Si no identificamos y resolvemos ese punto, estamos tratando el síntoma y no la causa.
De la nutrición al ambiente: cómo se origina y libera el amoníaco
El nitrógeno que el cerdo no aprovecha se elimina en gran medida a través de la orina, principalmente en forma de urea. Cuando entra en contacto con las heces y las superficies contaminadas, la ureasa (enzima microbiana) acelera su hidrólisis y genera nitrógeno amoniacal.
En el purín, este nitrógeno no se encuentra únicamente como amoníaco (NH₃), sino en un equilibrio dinámico entre dos formas: amonio (NH₄⁺), soluble y no volátil, y amoníaco (NH₃), la forma volátil que puede transferirse directamente desde el purín hacia el aire de la instalación.
Este equilibrio es la clave absoluta para entender por qué ciertas condiciones físicas y químicas de la fosa favorecen una mayor liberación al ambiente.
Una forma simple de entenderlo es pensar que el amonio (NH₄⁺) es la forma ionizada y soluble que permanece estable en el líquido, mientras que el amoníaco (NH₃) es la forma no ionizada capaz de evaporarse. Su distribución final depende principalmente del pH y de la temperatura del purín.
Cuando estas variables desplazan el equilibrio hacia una mayor proporción de NH₃, aumenta drásticamente el gas disponible para volatilizarse desde la superficie de la fosa y pasar directamente al ambiente de los animales.
El pH: la variable que define el equilibrio químico
El pH mide qué tan ácido o básico es el purín. Cuanto más básico (pH elevado), más se inclina la balanza hacia el amoníaco gaseoso (NH₃); cuanto más ácido (pH bajo), más nitrógeno se queda retenido como amonio disuelto y estable (NH₄⁺).
El Gráfico 1 traduce esa relación en números precisos: a 20 °C y pH 7 casi todo el nitrógeno amoniacal permanece disuelto como amonio. Pero al pasar de pH 7,0 a 8,5, la fracción de NAT (Nitrógeno Amoniacal Total) presente como NH₃ aumenta de 0,4% a 11,1%, es decir, se multiplica 28 veces.
Un purín fresco de cerdo suele arrancar entre pH 6,5 y 8. Sin embargo, con el paso de los días tiende a subir, empujado por la propia actividad continua de la ureasa y por la pérdida inevitable de CO₂ disuelto.
El CO₂ también participa activamente en este equilibrio. Cuando se libera desde el purín hacia el aire, disminuye su efecto acidificante y el pH se eleva, especialmente en la capa superficial, de forma similar a lo que sucede al abrir una bebida carbonatada.
Este incremento del pH desplaza la ecuación hacia una mayor proporción de NH₃, aumentando el amoníaco disponible para volatilizarse. Por ello, para evaluar la fosa no alcanza con medir su volumen: hay que considerar su pH, temperatura y transferencia de masa.
La temperatura del purín, no la del aire
Al aumentar la temperatura, los gases disueltos pierden solubilidad y se liberan más rápido. En el purín, además, la temperatura modifica el equilibrio químico: a mayor temperatura disminuye el pKa del sistema, generando más NH₃ libre para un mismo nivel de pH.
A este fenómeno se suman factores biológicos. La temperatura estimula la actividad microbiana y enzimática de la ureasa, acelerando la degradación de la urea. Al mismo tiempo, facilita el paso físico del gas desde la fase líquida hacia la atmósfera del galpón.
Es vital no confundir la temperatura del aire con la temperatura del purín. La masa líquida almacenada tiene una elevada inercia térmica, por lo que su temperatura cambia lentamente y difiere de la del ambiente. La variable crítica para el balance químico es la temperatura del propio purín.
Gráfico 2. Fracción de NH₃ (% del NAT) según temperatura del purín, a pH 7,5 y 8,0 (NAT constante).
Fuente: cálculo propio, misma ecuación que Gráfico 1 (Emerson et al., 1975). No representa una curva empírica de emisión, sino la fracción de equilibrio químico.
¿Cómo puede la aireación modificar el pH y la liberación de NH₃?
La aireación del purín modifica simultáneamente la biología microbiana, el pH y la transferencia de gases. En condiciones anaeróbicas, la materia orgánica genera ácidos grasos volátiles (AGV) —acético, propiónico, butírico— que ayudan a mantener el pH bajo.
Cuando ingresa oxígeno, parte de estos ácidos se oxida, la acidez disminuye y el pH sube. Como consecuencia directa, el equilibrio se desplaza hacia la formación de NH₃ volátil, incrementando la liberación de gas hacia el ambiente.
Ensayos experimentales (Calvet et al., 2017) mostraron que airear purín porcino 2 minutos cada 6 horas elevó el pH de 7,0 a 7,7, incrementando las emisiones de NH₃ en un 20%. Incorporar aire al purín no reduce las emisiones por sí solo: en ese caso las aumentó.
Sin embargo, el resultado final depende del régimen. Una aireación leve destruye los ácidos orgánicos y eleva el pH; pero una aireación intensa y prolongada estimula la nitrificación, proceso que genera H⁺ y tiende a acidificar el medio, aunque la turbulencia siempre acelera el desprendimiento gaseoso.
Aireación involuntaria de las fosas
Un fallo sumamente frecuente ocurre cuando las cámaras exteriores de las fosas permanecen abiertas en galpones con ventilación por presión negativa. El aire de reposición entra por allí, pasa sobre el purín y sube a la sala por las rejillas.
Esto genera un doble impacto negativo: altera la química del purín elevando el pH y la turbulencia del aire arrastra masivamente el amoníaco hacia la zona ocupada por los lechones, logrando el efecto opuesto al deseado.
Por esta razón, antes de subir los ventiladores es fundamental cerrar y sellar las cámaras exteriores. Es una medida de bajo costo que detiene el flujo de NH₃ hacia la sala y optimiza el funcionamiento del sistema de clima.
El error de resolver el exceso de amoníaco incrementando la ventilación
Podemos imaginar la sala como una bañera: la fosa es el grifo que aporta NH₃ y la ventilación es el desagüe que lo extrae. La concentración (ppm) depende del balance entre la tasa de emisión (E) y el caudal de aire (Q), simplificado como Ci = E/Q.
Si aumentamos Q, la concentración baja, pero la fuente sigue activa. Es exactamente como abrir más el desagüe sin cerrar el grifo: el nivel desciende, pero no hemos solucionado el origen de la fuga.
Además, la emisión no es constante. Al incrementar la velocidad del aire sobre el purín, aumenta el coeficiente de transferencia de masa (Ni, 1999). De este modo, al subir Q para diluir, también aumentamos E, emitiendo más kilos totales de amoníaco al exterior.
Un ejemplo impactante con números reales
Para entender el costo real, debemos separar dos consumos: mover el aire (electricidad de ventiladores) y calentarlo durante los días fríos (energía de calefacción). Analicemos una sala de recría con 1.000 lechones de 6,5 kg con consigna de 26 °C y 5 °C exteriores.
Con una ventilación base de 3,5 m³/h por animal, los lechones aportan 15 kW de calor y la calefacción debe poner unos 18 kW restantes. Si duplicamos la ventilación solo para diluir NH₃, el gasto eléctrico extra es mínimo (1,6 a 6,3 kWh/día).
Sin embargo, el aire frío entrante hay que calentarlo. Un 25% de ventilación extra demanda entre 164 y 656 kWh/día térmicos (15 a 61 m³ de gas natural por día). Esto representa entre USD 250 y USD 1.000 mensuales extra por sala.
En este escenario, calentar el aire frío cuesta 104 veces más energía que mover los ventiladores. Traducido a facturas, el gas representa 43 veces más dinero que la electricidad: el verdadero costo de diluir está en la calefacción.
En un invierno de 120 días, sobreventilar cuesta entre USD 1.050 y USD 4.220 por sala al año. Para un sitio de recría con 6 salas, el sobrecosto oscila entre USD 6.300 y USD 25.300 anuales quemados para diluir un problema de fosa.
Fuente: cálculo propio (supuestos declarados en el texto: 1.000 animales de 6,5 kg, ventilación base 3,5 m³/h por animal, ventiladores de 0,075 W por m³/h movido, ΔT = 21 °C entre 5 y 26 °C, techo R12 y paredes R5, calefacción a gas natural con 90% de rendimiento). El costo anual supone 120 días con demanda de calefacción equivalente a la del ejemplo y 365 días de consumo eléctrico. En verano, sin demanda de calefacción, el costo se concentra en electricidad y es comparativamente bajo.
Actuar sobre el origen, no solo sobre el síntoma
En lugar del clásico esquema automático «NH₃ alto → más ventilación», la secuencia profesional de trabajo debe ser: medir, identificar la fuente, determinar la causa, actuar en la fosa, verificar resultados y recién ahí ajustar el clima.
Esto requiere evaluar la nutrición (reducir proteína bruta con aminoácidos sintéticos baja 10-12% las emisiones por cada 10 g/kg menos de PB), la frecuencia de extracción de excretas, el pH y la temperatura del purín, y el sellado del edificio.
Conclusión
La ventilación controla la concentración que medimos en el ambiente; el manejo de la fosa controla la fuente directa del problema. Ambas herramientas son indispensables, pero ninguna puede reemplazar a la otra.
Un sistema eficiente nunca debería depender de sobreventilar en forma permanente para enmascarar una liberación excesiva de gases. Atacar la causa raíz en la fosa siempre resulta drásticamente más económico que pagar energía a diario para diluir el aire.
Cuando analizamos los índices productivos de la ganadería argentina, solemos poner el foco en la genética, la alimentación, la disponibilidad forrajera o el manejo reproductivo. Sin embargo, hay un aspecto que continúa relegado y que condiciona directamente los resultados de los establecimientos: la sanidad.
Por Miguel Mejía | Médico veterinario y docente del Programa de Ganadería de AgroEducación.
Buenos Aires, martes 18 de agosto (PR/26) .- En nuestro país tenemos un pendiente sanitario muy importante. Todavía existen prácticas básicas que se realizan por debajo de los niveles deseables. Aproximadamente, solo se efectúa tacto rectal al 60% de las vacas, mientras que la revisión clínica y reproductiva de los toros que ingresan a servicio alcanza apenas entre el 30% y el 40%.
A esto se suma que, frente a determinadas enfermedades, los porcentajes de vacunación continúan siendo considerablemente menores que la población que debería recibir protección.
Estos datos demuestran que no estamos solamente ante un problema técnico. También enfrentamos una dificultad cultural y comunicacional. Muchos productores, especialmente los de menor escala, no reciben la información de manera efectiva o no logran visualizar con claridad cuánto puede costarles no contar con un plan sanitario correctamente diseñado.
La sanidad no es un gasto
Uno de los principales desafíos es modificar la manera en que se interpreta la sanidad dentro de la empresa ganadera. Con frecuencia se la considera un gasto, cuando en realidad debe entenderse como una inversión productiva.
Vacunar no significa simplemente colocar un líquido debajo de la piel del animal. Vacunar es construir inmunidad. Es preparar al rodeo para responder frente a una enfermedad y reducir las posibilidades de pérdidas productivas, abortos, mortandad o tratamientos posteriores.
El objetivo de un programa sanitario no debería ser solamente cumplir con un calendario, sino alcanzar el mayor nivel de protección posible de acuerdo con las necesidades concretas de cada establecimiento.
Por eso resulta fundamental comenzar a trabajar bajo el concepto de medicina productiva. No se trata únicamente de atender al animal enfermo, sino de prevenir, anticiparse, planificar y generar las condiciones necesarias para que la nutrición, la genética y el manejo puedan expresar todo su potencial.
Enfermedades que siguen generando pérdidas
Dentro de la ganadería argentina existen distintas problemáticas sanitarias que requieren atención permanente. Garrapata, tristeza bovina, rabia, sarna, carbunclo, diarrea viral bovina, enfermedades respiratorias, clostridiales y parasitosis gastrointestinales son algunas de las más relevantes.
En el caso de la garrapata, uno de los problemas más preocupantes es el avance de la multirresistencia a diferentes grupos químicos. Esto obliga a abandonar los tratamientos realizados de manera automática y comenzar a trabajar con diagnósticos y evaluaciones más precisas.
Antes de aplicar un producto, es necesario determinar cuáles funcionan realmente en cada establecimiento. De lo contrario, no solo se pierde eficacia, sino que también se acelera el desarrollo de resistencia.
Una situación similar ocurre con los parásitos gastrointestinales durante la recría. Existen estudios que muestran pérdidas de entre 20 y 40 kilos durante el primer invierno como consecuencia de los parásitos, muchas veces sin que los animales manifiesten signos clínicos evidentes.
Estas pérdidas subclínicas suelen pasar inadvertidas, pero impactan directamente en la eficiencia productiva. Además, en una proporción elevada de establecimientos de la provincia de Buenos Aires ya se ha detectado resistencia a ivermectinas y productos relacionados.
Esto demuestra que no podemos continuar aplicando los mismos tratamientos de manera sistemática sin evaluar previamente su eficacia.
↓ RECRIA INTELIGENTE: NUTRICION, SANIDAD Y ESTRATEGIAS ↓
VIERNES 21 DE AGOSTO – 14 HS | CATALINA BOETTO Y MIGUEL MEJIA
Cada establecimiento necesita su propio plan
No existe un plan sanitario universal que pueda aplicarse de la misma manera en todos los campos. Cada establecimiento posee una realidad diferente, determinada por su ubicación geográfica, sus antecedentes sanitarios, el tipo de rodeo, el sistema productivo y sus objetivos empresariales.
Sin embargo, existen algunos lineamientos generales que deberían considerarse.
En los sistemas de recría, es fundamental trabajar sobre la prevención de enfermedades clostridiales, queratoconjuntivitis y enfermedades respiratorias. También resulta indispensable implementar un control parasitario adecuado y garantizar una correcta nutrición mineral.
En los rodeos de cría, el trabajo sanitario debe concentrarse especialmente en las enfermedades reproductivas, la brucelosis, los abortos, la revisión de los toros, el tacto rectal, el ordenamiento del rodeo y el estacionamiento del servicio.
La información obtenida a partir de estas prácticas permite tomar mejores decisiones, identificar tempranamente los problemas y evitar que las pérdidas se manifiesten cuando ya es demasiado tarde.
Medir, prevenir y acompañar
La sanidad no puede continuar ocupando un lugar secundario dentro de la planificación ganadera. Es una condición necesaria para mejorar los índices reproductivos, aumentar la producción de kilos de carne y construir sistemas más eficientes y previsibles.
Las herramientas técnicas existen. El desafío está en utilizarlas correctamente, medir sus resultados y lograr que lleguen de manera concreta a los productores.
Para avanzar, necesitamos fortalecer la extensión, mejorar la comunicación y acompañar a cada establecimiento en el diseño de estrategias sanitarias adaptadas a su realidad.
La ganadería argentina tiene una gran oportunidad para mejorar sus resultados. Pero para que la genética, la nutrición y el manejo puedan expresarse plenamente, primero debemos garantizar una base sanitaria sólida.
Sin sanidad, no hay productividad sostenible.
Fuente: Por Miguel Mejía | Médico veterinario y docente del Programa de Ganadería de AgroEducación.
Garantizar la salud del ganado va mucho más allá del ámbito veterinario. Es la credibilidad internacional la que abre las puertas de los mercados más exigentes y rentables del mundo.
Buenos Aires, Sabado 15 agosto (PR/26)–Argentina tiene una oportunidad concreta para fortalecer su presencia internacional frente a una demanda global de proteínas que no detiene su crecimiento. Nuestro país reúne condiciones productivas privilegiadas, conocimiento técnico de vanguardia y una trayectoria reconocida para responder con éxito a este gran desafío.
Sin embargo, existe un factor tan determinante como la calidad de la carne: la confianza sanitaria. Los mercados más exigentes evalúan la capacidad de prevención, la solidez de los controles y el cumplimiento de estándares rigurosos, demostrando que exportar requiere procesos confiables, previsibles y sostenibles.
Un escudo estratégico para la economía nacional
En este nuevo escenario, la sanidad animal dejó de ser una labor exclusivamente veterinaria para convertirse en un eje estratégico del desarrollo. Los programas de vacunación, la vigilancia epidemiológica y la inversión preventiva son herramientas indispensables para proteger el estatus sanitario y resguardar la reputación internacional.
Para lograrlo, la articulación público-privada entre el Estado, el sistema científico y los laboratorios especializados resulta fundamental. Cuando la innovación tecnológica y las políticas públicas convergen, es posible anticipar riesgos sanitarios, proteger nuestros rodeos y garantizar alimentos seguros para el mundo.
Innovación y prevención: la mejor inversion
Los laboratorios veterinarios nacionales juegan un rol central al desarrollar vacunas de calidad, incorporar tecnología de punta y fortalecer la autonomía sanitaria del país. Esta industria innovadora permite reaccionar con agilidad y eficacia ante cualquier emergencia, consolidando a la Argentina como un proveedor altamente confiable.
Asimismo, la prevención sanitaria sigue siendo la estrategia más eficiente y económica. Evitar la aparición de enfermedades preserva la productividad de los campos, reduce pérdidas financieras, favorece el bienestar animal y aporta una indispensable previsibilidad a toda la cadena agroindustrial.
El verdadero valor de la credibilidad
Consolidar el liderazgo exportador exige sostener de manera continua la inversión en ciencia, tecnología y capacidades de control. La verdadera competitividad agropecuaria se construye tanto en las mangas de los establecimientos como en los laboratorios de investigación y los sistemas de vigilancia.
En un planeta hiperconectado que exige calidad, previsibilidad y transparencia, la seguridad sanitaria constituye nuestra ventaja más decisiva. Cuidar la salud del rodeo no es solo proteger la producción actual, sino asegurar el futuro de las exportaciones y el desarrollo productivo argentino.
Primicias Rurales
Fuente: Fernando Matticoli, Director Comercial de CDV
La medida fue publicada en el Boletín Oficial. Qué casos están exceptuados.
Buenos Aires, miércoles 12 agosto (PR/26) — El Gobierno reglamentó el procedimiento para que los extranjeros que no tengan residencia permanente deban pagar por la atención médica en hospitales nacionales. El nuevo régimen ya establece cómo se cobrará cada prestación y qué pacientes quedarán exceptuados.
La medida fue formalizada mediante la Resolución 1066/2026 del Ministerio de Salud, publicada este martes 11 de agosto en el Boletín Oficial, y reglamenta los cambios introducidos en la Ley de Migraciones por el Decreto 366/2025.
Reglamentaron el pago de los extranjeros no residentes por la atención en hospitales nacionales
La normativa diferencia entre extranjeros con residencia permanente y quienes no cuentan con esa condición. Además, determina en qué hospitales públicos se aplicará el nuevo esquema y garantiza que las emergencias médicas sean atendidas independientemente de la situación migratoria o la capacidad de pago del paciente.
Qué extranjeros deberán pagar por la atención médica
El nuevo “Procedimiento Operativo para la Atención Sanitaria de Personas Extranjeras en los Establecimientos Sanitarios Administrados por el Estado Nacional” alcanza a quienes no tengan residencia permanente en la Argentina.
Para esos pacientes habrá dos mecanismos. Si el extranjero no residente dispone de un seguro de salud válido, el hospital deberá conformar un legajo, notificar a la aseguradora dentro de las 24 horas y emitir la factura electrónica correspondiente para recuperar el costo de la atención.
Si el paciente no cuenta con seguro de salud, el establecimiento deberá elaborar un presupuesto y cobrar la prestación antes de realizarla. Este procedimiento se aplicará a las atenciones habituales que no estén comprendidas dentro de las excepciones por emergencia.
No todos los extranjeros deberán pagar por atención médica en los hospitales públicos.
Los extranjeros con residencia permanente, en cambio, podrán seguir accediendo al sistema público nacional en igualdad de condiciones que los ciudadanos argentinos.
Para acreditar esa condición deberán presentar el DNI para extranjeros vigente, donde figure expresamente la categoría de “residente permanente”. En caso de extravío o renovación, se admitirá temporalmente la Constancia de Residencia Permanente en Trámite emitida digitalmente por la Dirección Nacional de Migraciones mediante Radex, junto con el pasaporte vigente o documento de identidad del país de origen.
En qué hospitales públicos se aplicará la medida}
El nuevo procedimiento no implica que todos los hospitales públicos del país comiencen automáticamente a cobrarles a los extranjeros no residentes. La Resolución 1066/2026 regula específicamente la atención en los establecimientos sanitarios administrados por el Estado nacional.
Entre los centros alcanzados se encuentran:
Hospital Nacional Profesor Alejandro Posadas, ubicado en El Palomar, provincia de Buenos Aires.
Hospital Nacional Baldomero Sommer, ubicado en General Rodríguez, provincia de Buenos Aires.
Hospital Nacional Ramón Carrillo, ubicado en la provincia de Buenos Aires.
Instituto Nacional de Rehabilitación Psicofísica del Sur, ubicado en Mar del Plata.
Hospital Nacional en Red Especializado en Salud Mental y Adicciones Lic. Laura Bonaparte, ubicado en la Ciudad de Buenos Aires.
El Ministerio de Salud explicó que el objetivo es establecer un criterio uniforme para los establecimientos dependientes de Nación y fijar un mecanismo para recuperar los costos de las prestaciones brindadas a personas que no tengan residencia permanente.
La decisión se suma a antecedentes registrados en distintas jurisdicciones del país que avanzaron con esquemas propios para la atención sanitaria de extranjeros.
Qué atenciones están exceptuadas del pago previo
La principal excepción contemplada por la reglamentación son las emergencias médicas. En estos casos, la atención no podrá ser negada, restringida ni demorada por trámites administrativos, cualquiera sea la situación migratoria del paciente.
La norma considera emergencia a una condición que represente un riesgo cierto e inminente para la vida, para un órgano o una función, o que requiera una intervención inmediata para evitar daños graves o irreversibles.
Entre las situaciones contempladas se encuentran:
Paro cardiorrespiratorio o insuficiencia respiratoria aguda grave.
Obstrucción aguda de la vía aérea o compromiso respiratorio severo.
Shock hipovolémico, cardiogénico, séptico, distributivo, obstructivo o anafiláctico.
Síndrome coronario agudo, infarto agudo de miocardio y otras emergencias cardiovasculares.
Accidente cerebrovascular (ACV) isquémico o hemorrágico y otras emergencias neurológicas tiempo-dependientes.
Estado epiléptico o convulsiones persistentes con compromiso del estado de conciencia.
Traumatismos graves y politraumatismos, incluidos traumatismos craneoencefálicos severos y lesiones medulares.
Hemorragias masivas o activas con compromiso hemodinámico o riesgo de shock.
Quemaduras extensas, profundas, eléctricas o químicas, o aquellas que comprometan las vías respiratorias.
Sepsis, shock séptico y otras infecciones graves con compromiso sistémico.
Intoxicaciones agudas, envenenamientos o sobredosis con compromiso de las funciones vitales.
Abdomen agudo quirúrgico, ruptura de aneurisma y otras patologías quirúrgicas con riesgo inmediato para la vida.
Emergencias obstétricas, como parto inminente, hemorragia obstétrica, embarazo ectópico complicado, eclampsia, preeclampsia grave o desprendimiento prematuro de placenta.
Emergencias pediátricas o neonatales con compromiso respiratorio, circulatorio o neurológico.
Cualquier otra condición clínica que, según el criterio médico, implique un riesgo inminente para la vida o una función orgánica vital.
Será el profesional de la salud responsable quien determine si el cuadro corresponde a una emergencia o a una atención habitual.