En apenas cinco meses, el establecimiento San Ignacio pasó de un sistema convencional a un ordeñe voluntario con tres robots, logrando duplicar la producción de leche, mejorar el bienestar animal y transformar por completo la calidad de vida de todo el equipo de trabajo.

 

 

Buenos Aires, viernes 6 noviembre (PR/26)– El establecimiento San Ignacio, ubicado en la localidad cordobesa de Arroyo Algodón, protagonizó una transformación radical al dejar atrás el sistema convencional para adoptar el ordeñe voluntario con tres equipos Lely.

 

Una vida recuperada fuera del tambo

 

Antes, Nélida Andrada (foto destacada en el titular)  ni siquiera podía quedarse tranquila en una fiesta familiar sin tener que regresar corriendo al tambo. Hoy esa exigencia extrema quedó atrás, permitiéndole disfrutar plenamente de momentos personales y descansar sin la constante presión del reloj.

Esta profunda evolución no solo se reflejó en los litros producidos, sino también en la dinámica diaria, la gestión sanitaria y la visión de un futuro mucho más prometedor para la lechería moderna.

 

 

Para dar a conocer esta experiencia, el establecimiento abrió recientemente sus tranqueras, reuniendo a numerosos productores interesados en comprobar en primera persona los beneficios de la robotización.

 

El salto hacia un sueño postergado

 

Álvaro Vasco Ugartemendía reconoció que la iniciativa comenzó como un sueño que en su momento parecía lejano y difícil de alcanzar. El proyecto se concretó gracias al respaldo financiero del Banco de Inversión y Comercio Exterior junto con un programa provincial de reintegro de tasas.

 

El «vasco» Ugartemendía abrió las tranqueras del tambo para mostrar su evolución con los robots de ordeñe

Actualmente, el campo opera con un rodeo de 170 vacas manejadas mediante un sistema compuesto por tres robots, logrando un notable incremento en la eficiencia general.

 

Más leche, mejores sólidos y animales libres

 

Los resultados productivos superaron las expectativas iniciales al pasar de un promedio de 17 litros diarios por animal a un rango de 29 a 30 litros estables.

Asimismo, los sólidos totales experimentaron un salto cualitativo muy importante, superando los 800 gramos, un factor estratégico para la producción quesera de su propia pyme láctea.

El bienestar animal cumple un rol fundamental, ya que cada vaca decide cuándo concurrir al ordeñe mientras equilibra su alimentación con pastoreo, silo y balanceado individual.

 

Tecnología al servicio de la prevención y el trabajo

 

El sistema aporta información detallada directo al celular, facilitando un riguroso seguimiento sanitario y la detección temprana de patologías o la inminencia de partos.

Lejos de reemplazar al personal, la tecnología permitió reorganizar las tareas y volcar el tiempo libre hacia nuevas oportunidades productivas, como la elaboración propia de reservas forrajeras.

Con un balance sumamente positivo en sus primeros cinco meses, San Ignacio confirma que la robotización representa un camino sin escalas hacia la sostenibilidad y calidad de vida.

 

 

Primicias Rurales
Fuente: www.todolecheria.com.ar