La misión de la Iglesia va mucho más allá del púlpito: abarca el testimonio, la oración, la formación, el servicio y la comunidad. Ninguna pesa menos que otra y, juntas, sostienen todo el edificio cristiano.

 

 

 

Por Dariusz Dudek

Buenos Aires Viernes 16 octubre (PR/26)– La evangelización no se reduce a predicar desde el púlpito. Abarca la vida y la misión de la Iglesia en su conjunto, y ninguna de sus dimensiones, ya sea el testimonio, la liturgia, el servicio, la formación o la comunidad, es menos importante que las demás: todas juntas forman un fundamento coherente del cristianismo.

 

Una Iglesia que existe para evangelizar

 

La frase nos acompaña desde los tiempos del papa San Pablo VI, quien completó la obra del Concilio Vaticano II. Al cumplirse diez años de su clausura, publicó la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, que resume lo que los obispos pensaron sobre cómo debería ser la evangelización en el mundo contemporáneo.

¿Significa esto que la misión de la Iglesia se agota en dar sermones, homilías y retiros, o en salir a las misiones? ¿Acaso la educación o la ayuda caritativa valen menos, o ni siquiera son tareas propias de la Iglesia? Por supuesto que no.

 

La Misión de la Iglesia: ¿EVANGELIZACIÓN O POLÍTICA?

 

Lo que sí se quiere decir es que toda actividad que emprenda la Iglesia debe tener como horizonte la evangelización: el anuncio de la Buena Nueva de que Dios se hizo hombre, murió, resucitó y envió al Espíritu Santo a todos los hombres, invitándolos a formar parte de la comunidad de la Iglesia.

Todas las dimensiones de esta misión excepcional están estrechamente relacionadas entre sí. No hay entre ellas elementos más o menos importantes. Se parecen a unos cimientos bien nivelados y a unas paredes sólidamente erigidas, que mantienen todo el edificio en plena estabilidad.

 

Martyria: dar testimonio con la vida

 

Una de las tareas fundamentales de la Iglesia es la martyria, una palabra griega que significa dar testimonio. De ella deriva el término mártir: aquel que dio testimonio de Jesús hasta el final, entregando su vida.

Ese testimonio se manifiesta de muchas formas. Está en vivir el día a día de tal manera que otras personas, al observarnos, empiecen a preguntar por Jesús. Está en la labor de los religiosos y del clero que predican, imparten retiros y pronuncian homilías.

Hoy también es la misión de los misioneros digitales, que prestan servicio en Internet y comparten en la red su testimonio y su experiencia de fe.

Un elemento muy importante sigue siendo la proclamación del kerigma, la verdad más fundamental de la vida cristiana: Dios creó al hombre por amor, el hombre pecó y Dios envió a su Hijo al mundo para redimirlo mediante su muerte y resurrección.

 

La misión esencial de la Iglesia es evangelizar. Este verbo otorga acción al sustantivo Evangelio. Esto quiere decir anunciar, proclamar, pregonar, gritar y testimoniar con todas nuestras fuerzas “que

 

Jesús nos da el Espíritu Santo para que podamos vivir. Depende de nosotros aceptarlo como Señor y Salvador y, al recibir el Espíritu Santo, formamos la Iglesia y nos convertimos nosotros mismos en evangelizadores.

 

Liturgia: la oración que se vive en comunidad

 

Otro pilar de la actividad evangelizadora es la liturgia, es decir, la oración comunitaria. Su expresión máxima y más elevada es la Eucaristía y los demás sacramentos. Allí, en los signos sacramentales, se hace presente el misterio salvífico de Jesucristo ofrecido al hombre.

La liturgia se complementa con todas las demás formas de oración comunitaria, con los servicios religiosos y con la oración individual de cada fiel.

 

Mistagogia: entrar de a poco en el misterio de la fe

 

El término mistagogia significa la iniciación gradual del ser humano en el misterio de la fe. En la práctica, se refiere a la formación de los fieles, es decir, a la catequesis en su sentido más amplio.

Hoy la Iglesia enfrenta una enorme tarea: la catequesis de los adultos. No se trata solo de profundizar su relación viva y personal con Cristo, sino también de desarrollar el conocimiento de las verdades de la fe.

Gracias a ello, los creyentes son capaces de comprender de forma madura, de explicarse a sí mismos y a los demás en qué y por qué creen, así como de defender sus convicciones cuando sea necesario.

 

Diakonia: servir sin perder el Evangelio

 

Otro elemento es la diaconía, es decir, el servicio. En esta dimensión se engloban las actividades caritativas, el servicio a los pobres, la educación y la ayuda a los que sufren y a los moribundos. Esa actitud dio lugar a las obras de muchos santos en el mundo, entre ellos Santa Madre Teresa de Calcuta.

A veces, sin embargo, un amplio compromiso social lleva a acusar a la Iglesia de reducir su papel al de una organización no gubernamental o filantrópica. Y es cierto que, si en la diaconía faltan el Evangelio y la referencia a Dios, este servicio se queda, efectivamente, en una mera actividad caritativa.

 

Koinonia: una comunidad con Cristo en el centro

 

El último elemento, pero no por ello menos importante, es la koinonia, es decir, la construcción de la comunidad. La comunidad cristiana se caracteriza por tener a Cristo en su centro: todos sus miembros se refieren a Él y, en relación con Él, establecen vínculos auténticos y profundos entre ellos.

 

Evangelizar a los pobres»: Aporte bíblico a una mística vicentina - Somos Vicencianos

 

Los obispos polacos, en su Carta con motivo de la XVI Semana de la Educación (del 13 al 19 de septiembre), subrayaron que la parroquia debe ser, ante todo, un lugar para construir relaciones auténticas. Es precisamente entonces cuando se realiza plenamente esta dimensión de la misión: la de una Iglesia que vive para evangelizar.

 

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Fuente: es.aleteia.org