Buenos Aires, 14 diciembre (PR/17) — La Iglesia católica celebra
hoy la figura de San Juan de la Cruz, doctor eclesial, poeta y
místico, señero de la Orden carmelita.
La agencia Zenit.org difundió una semblanza del santo efectuada
por la especialista Isabel Orellana Vilches quien lo definió como
"gran asceta, místico y poeta, insigne doctor de la Iglesia.
Admirado por creyentes y no creyentes. Juan Pablo II lo eligió
para realizar su tesis doctoral y lo declaró patrono de los
poetas.
Junto con Santa Teresa de Avila reparó la orden Carmelita en su
tiempo, el siglo XVI y así "creyó a pies juntillas que todo aquel
que ofrece su vida por Cristo la salva, y no se arredró haciendo
de su acontecer un admirable compendio de renuncias y sacrificios
amén de sufrir el desdén de algunos de los suyos. Dios le alumbró
siempre, y en particular, en el momento más álgido de su
oscuridad", sostuvo la biógrafa.
Sus padres, Gonzalo de Yepes y Catalina Álvarez, tejedores de
profesión y residentes en Fontiveros, Ávila, España, recibieron
con gozo a este segundo de los tres hijos que conformarían la
familia, cuando nació en 1542.
Su padre y su hermano sucumbieron a causa del hambre; una gran
y trágica escuela para el santo y al enviudar Catalina, quedaron
en una situación económica de gran precariedad.
Gracias a la caridad ajena, Juan pudo formarse en el colegio de
los Niños de la Doctrina, a cambio de prestar su ayuda en la misa,
entierros, oficios, y pedir limosna.
En 1551 la generosidad de otras caritativas personas le
permitió continuar estudios en el colegio de los jesuitas, hasta
que decidió convertirse en carmelita.
El año 1564 fue significativo en su vida, aparte de haber sido
prefecto de estudiantes, fue ordenado sacerdote y conoció a santa
Teresa de Jesús.
Ya llevaba grabado en su espíritu la preciada convicción que
legó: "A la tarde te examinarán en el amor; aprende a amar como
Dios quiere ser amado y deja tu condición".
La santa de Ávila, que había oído hablar de su virtud, lo
reclamó para que le ayudase en la reforma carmelitana que pensaba
llevar a cabo.
Él, que había tomado el nombre de Juan de Matías, lo reemplazó
entonces por Juan de la Cruz; muy impresionada al conocerlo,
Teresa no tuvo duda de que estaba ante un santo.
Fundó Carmelos en Valladolid, Duruelo, Mancera y Pastrana,
ostentando oficios de subprior y maestro de novicios.
Fue rector en Alcalá de Henares, vicario y confesor de las
carmelitas del monasterio abulense de la Encarnación, a petición
de santa Teresa, entre otras misiones relevantes.
Sus propios hermanos se levantaron contra el celo apostólico
del santo, resistiéndose a una reforma que sólo pretendía
conquistar una mayor fidelidad al carisma.
En un entramado de secretas ambiciones y resentimientos, fue
apresado y recluido en un minúsculo e inhóspito lugar durante
nueve meses, manteniéndole en inenarrables y pésimas condiciones.
Sufrió de forma indecible física y espiritualmente, la soledad
y la oscuridad en su espíritu, combatida con férrea confianza en
la divina Providencia, fueron el germen del incomparable Cántico
Espiritual.
Enfermó y lo trasladaron a Úbeda, donde fue tratado con
impávida frialdad por su prior, siendo mal atendido desde el punto
de vista médico.
De modo que murió a los 49 años la madrugada del 14 de
diciembre de 1591: Clemente X lo beatificó el 25 de enero de 1675.
Benedicto XIII lo canonizó el 27 de diciembre de 1726; Pío XI
lo declaró doctor de la Iglesia en 1926 y Juan Pablo II patrono de
los poetas en 1993.
Su obra es materia de estudio, el Cántico Espiritual, la Noche
oscura, Llama de amor viva y Subida del Monte Carmelo, entre otros
textos.
PRIMICIAS RURALES
NA



















