Nicolás Cassese publicó una novela de amor y guerra inspirada en el pintor James Peck y reflexiona sobre Malvinas y la identidad argentina.
Buenos Aires lunes 12 octubre (PR/26)– ¿Qué pasa en una comunidad aislada cuando la guerra llega de golpe? Esa es la pregunta que atraviesa “Puerto Stanley, 1982”, la novela de amor y guerra de Nicolás Cassese que cuenta el conflicto de Malvinas desde la mirada de sus habitantes.
La historia arranca con un adolescente cuya vida se da vuelta: la guerra transforma sus vínculos familiares, sus amistades y todo el mundo que conocía. Lo contó el propio autor, periodista y escritor de La Nación, en diálogo con Carolina Amoroso en Cadena 3.

Cassese explicó que el libro nació de sus viajes al archipiélago y de sus charlas con el pintor malvinense James Peck, en quien se inspira el protagonista. “Esta es una novela que recupera el punto de vista de los isleños”, señaló.
Su objetivo fue explorar una experiencia poco conocida en la Argentina: qué les ocurrió durante la guerra a quienes vivían en las islas. Conoció a Peck en su primer viaje a Malvinas, en el año 2000, y después lo entrevistó en varias oportunidades.
Esas conversaciones le dieron la base para imaginar una novela coral sobre una comunidad cuya vida cotidiana se ve alterada por la guerra. Desde el principio quiso contar cómo la atravesó alguien que habitaba las islas, una mirada con menos presencia en los relatos argentinos sobre el conflicto.
Por qué Stanley y no Puerto Argentino
El título responde a esa misma perspectiva. Stanley es el nombre que usan los isleños para la ciudad que en la Argentina se llama Puerto Argentino. El autor reconoció que sabía que podía generar controversia, pero sostuvo que también le permitía interrogar el conocimiento argentino sobre Malvinas.
Cassese recordó además que Stanley también era una denominación usada en el país antes de la guerra y en las primeras crónicas periodísticas de abril de 1982. Según explicó, la dictadura cambió varias veces el nombre de la ciudad hasta adoptar Puerto Argentino.

Hubo otra razón para elegirlo: recuperar los lazos históricos. Antes del conflicto existía una relación intensa entre las islas y el continente, un circuito que unía Stanley con Ushuaia, Río Gallegos y Punta Arenas, en Chile, atravesado por la actividad ovina, las migraciones y los intercambios entre comunidades.
Mencionó la presencia de británicos, escoceses, croatas y españoles en la Patagonia austral, el traslado de ovejas desde Malvinas hacia Santa Cruz y la llegada de pastores anglicanos desde las islas a Ushuaia. “Me parecía que era una manera de recuperar nuestra rica historia patagónica en relación a ese pueblo”, explicó.
Una guerra que aterriza en un lugar aislado
En la trama, James vive en una localidad aislada, con una economía en decadencia. La guerra trastoca todas sus relaciones: su madre mantiene un vínculo amoroso con un argentino que se rompe, y su padre, un exjefe de la policía, debe escapar porque lo buscan las fuerzas argentinas.
Uno de sus amigos, mientras tanto, se prepara para regresar a Inglaterra. “Esto es una guerra que aterriza en un lugar absolutamente aislado”, describió el autor.
Cassese también recordó la relación compleja de Peck con la Argentina: tuvo dos hijos con una argentina, solicitó un documento argentino y más tarde lo rompió, en un recorrido que el escritor definió como una relación intensa de idas y vueltas.
Malvinas después del Mundial
La novela es el resultado de un proyecto de muchos años. El manuscrito ya estaba entregado cuando se decidió lanzar el libro después del Mundial, en agosto. Sin embargo, la renovada presencia de Malvinas en la conversación pública le dio una repercusión que no había previsto.
Cassese recordó el cruce de la selección argentina con Inglaterra, los goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez y la aparición de la bandera vinculada con la causa malvinense. Luego, las referencias de Donald Trump y Javier Milei ampliaron el debate.
Según contó, también recibió consultas de medios como El País y la BBC sobre la relación de los argentinos con las islas.
La “triple M” de la argentinidad
Para Cassese, las islas ocupan un lugar central en la identidad nacional, junto con figuras como Diego Maradona y Lionel Messi. Pero esa presencia simbólica no siempre viene acompañada de conocimiento sobre su historia y su población. “De Messi y Maradona sabemos todos. De Malvinas, la verdad es que en la Argentina hay bastante ignorancia”, expresó.
Malvinas, dijo, es una presencia constante que atraviesa momentos de mayor y menor intensidad y cambia de significado con el tiempo. “Malvinas me parece un gran lugar para explicar muchas cosas de la argentinidad”, sostuvo.
Como ejemplo de esas transformaciones, mencionó la mirada crítica sobre la guerra de la película “Iluminados por el fuego”, dirigida por Tristán Bauer, y la contrastó con lo que hoy interpreta como una reivindicación de tono más nacionalista.
El escritor dijo que valora el orgullo argentino, pero cuestionó que ciertas formas de reivindicación del conflicto dejen poco espacio para discutirlo. A su entender, hablar de la “gesta” de Malvinas requiere matices y no debería impedir una mirada crítica sobre la guerra.
También observó un resurgimiento nacionalista entre los jóvenes y lo relacionó con un fenómeno más amplio, presente en otros países. En su interpretación, Malvinas forma parte de esa simbología, junto con Maradona y Messi, a la que llamó la “triple M” de la argentinidad reciente.
Del silencio a la empatía: los soldados de Darwin
Cassese recordó, además, el silencio que sufrieron los veteranos después de la guerra y destacó otra etapa de la posguerra: el trabajo para identificar a los soldados enterrados sin nombre en el cementerio de Darwin.
Mencionó especialmente al coronel británico Geoffrey Cardozo, al excombatiente argentino Julio Aro y al Comité Internacional de la Cruz Roja. El proyecto humanitario permitió identificar restos de soldados sepultados en tumbas con la inscripción “Soldado argentino solo conocido por Dios”.
Para el autor, ese proceso representó un acercamiento basado en la empatía, la memoria y la hermandad. Lo contrapuso con el tono que percibe en el debate actual, al que calificó como más belicoso, y consideró que el gobierno de Milei busca capitalizar ese clima.
La zanahoria y el garrote
En su análisis de la relación con las islas, distinguió dos estrategias históricas argentinas: la construcción de vínculos y la presión. Para explicar la diferencia recurrió a la imagen de “la zanahoria y el garrote”.
Ubicó en la primera los intercambios, las comunicaciones y los servicios que la Argentina brindaba a los habitantes de Malvinas antes de 1982. Recordó, por ejemplo, que Peck viajaba a Comodoro Rivadavia para recibir atención odontológica. La guerra, sostuvo, interrumpió ese acercamiento y fue la expresión más clara de la segunda estrategia.
Cassese argumentó que, desde la perspectiva de los isleños, los momentos de mayor dureza argentina podían favorecer la continuidad de la situación existente, al congelar las posibilidades de negociación. El acercamiento, en cambio, generaba un escenario diferente para la diplomacia británica.
El Atlántico Sur y el factor Trump
Sobre el contexto internacional, consideró que los dichos de Trump, su afinidad con Milei y los intereses estratégicos en el Atlántico Sur podrían modificar ese equilibrio. Planteó, como hipótesis, que una presión argentina acompañada por Washington tendría un peso distinto al de las tensiones anteriores.
No obstante, advirtió que todavía debe verse si un eventual cambio en la posición estadounidense se sostendría más allá de Trump. “Las tormentas en el Atlántico Sur, sabés cómo arrancan, pero no se sabe cómo terminan”, expresó.





















