Desde el bosque costero de Claromecó hacia mercados de Europa, un emprendedor local logró convertir la recolección y procesamiento de piñones en un negocio exportador con valor agregado y proyección internacional.
Claromecó, domingo 1 marzo (PR/26) — Con más de 30.000 árboles implantados, tres exportaciones consecutivas de 6.000 kilos y un mercado internacional con precios que alcanzan los 100 euros por kilo, un emprendimiento forestal en Claromecó posiciona al piñón argentino como una alternativa productiva estratégica para el Cono Sur.
Desde un pequeño pueblo de la Costa Atlántica bonaerense, un ingeniero forestal convirtió una plantación sobre dunas en un proyecto exportador que hoy abastece al mercado europeo.
Con producción 100% artesanal y visión a largo plazo, Alejandro Camporini apuesta al piñón como nuevo fruto estrella del Cono Sur.
En Claromecó, localidad balnearia de apenas 2.500 habitantes en el partido de Tres Arroyos, el sonido del mar convive con otro paisaje menos conocido: un extenso pinar plantado sobre dunas que hoy posiciona al pueblo en el mapa internacional de los fruTos secos.
“Allí planté yo cada uno de estos pinos”, dice Alejandro Camporini, ingeniero forestal egresado de la Universidad Nacional de La Plata, mientras recorre la estación forestal que ayudó a forestar a fines de los años 90.
Fueron 6.000 ejemplares de Pinus pinea, el tradicional pino piñonero de copa en forma de paraguas que produce uno de los frutos más valorados del mundo gastronómico: el piñón.
Lo que comenzó como un recuerdo de infancia -juntar piñas con su abuela y pelar semillas a martillazos para el pan dulce y el pesto- se transformó en una apuesta productiva de largo aliento.
Tras años de intentos fallidos de otros productores, en 2023 Camporini logró concretar la primera exportación argentina de 6.000 kilos de piñones a España. La operación se repitió en 2024 y 2025 con volúmenes similares.
La producción es tan artesanal como desafiante. Entre mayo y octubre, las piñas se cosechan a mano, trepando árbol por árbol con una vara con gancho en la punta para hacerlas caer. Luego se acopian y, durante el verano, se secan naturalmente al sol hasta que se abren. Una máquina separa la semilla y finalmente se obtiene el piñón.
“De 100 kilos de piña salen apenas dos o tres kilos de piñón pelado listo para consumir. Por eso es un producto costoso y tan valorado”, explica el emprendedor. En Europa, el kilo de piñón puede alcanzar entre 70 y 100 euros, ubicándolo entre los frutos secos más caros del mercado.
La calidad del producto argentino ya fue reconocida por el mercado español. Agustí Nogueras, empresario del sector en Cataluña y primer comprador de la producción de Claromecó, destaca que las características organolépticas son equivalentes a las europeas. Además, señala una ventaja estratégica clave: mientras Europa enfrenta desde los años 90 la plaga del Leptoglossus occidentalis, que redujo drásticamente el rendimiento de los pinares, Argentina aún está libre de ese insecto.
En un contexto global de escasez y demanda insatisfecha, el Cono Sur aparece como una región con enorme potencial productivo. Chile ya trabaja en la intensificación del cultivo, y especialistas internacionales coinciden en que el hemisferio sur puede convertirse en un nuevo polo exportador.
Sin embargo, el piñón no es un cultivo de resultados inmediatos.
Un plantín tarda entre uno y dos años en desarrollarse; luego se foresta en invierno y recién a los ocho, nueve o diez años comienza a dar sus primeras piñas. Es una inversión que exige paciencia y visión de futuro.
“Quizá ya no pueda subirme a los árboles como lo hago ahora. Esto lleva tiempo y tal vez no llegue a verlo. Pero que la producción evolucione y que se siga plantando, aunque sea sin mí, sería un sueño”, reflexiona Camporini.
Desde un pequeño pueblo costero donde la economía gira en torno al turismo y la pesca artesanal, este proyecto abre la puerta a una nueva matriz productiva basada en el bosque, el valor agregado y la exportación. Del pinar a Europa, el piñón argentino empieza a escribir su propia historia.
Mar de Cobo está ubicado a media hora de la Ciudad Feliz y se destaca por sus playas tranquilas.
Mar de Cobo, un lugar ideal para descansar en la costa. Así es parte de su fisonomía. Foto: Agencia NA (@zonaprop)
Buenos Aires, jueves 29 enero (PR/26) –En la Costa Atlántica hay un lugar que parece detenido en el tiempo y sacado de un cuento de hadas: Mar de Cobo, un pequeño pueblito del partido de Mar Chiquita donde viven apenas 3 mil personas de forma estable durante el año.
Está ubicado a media hora de Mar del Plata y a 395 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, lo que lo convierte en una escapada ideal para la temporada de verano 2026.
Según supo la Agencia Noticias Argentinas, Mar de Cobo es un pueblito apacible y tranquilo donde se concentran unos pocos comercios, restaurantes y hasta un hotel en su avenida principal. Su diseño urbano es en semírculo, por lo que es muy fácil llegar a todas las zonas de este paraje costero que tiene muchas calles de tierra y es ideal para andar en bicicleta.
Así se ve la playa en Mar de Cobo. Foto: Agencia NA (@lodevictoria)
En los últimos años Mar de Cobo se ha vuelto más popular, pero viene creciendo de una forma controlada y todavía está muy alejado del turismo masivo, por lo que es una opción para quienes desean desconectarse lejos de los grandes centros urbanos.
Tiene playas amplias surcadas por médanos, que se combinan con una abundante vegetación, fundamentalmente pinos y cipreses. Este entorno está protegido por una reserva forestal, y los propios vecinos se organizaron en una asociación para custodiar el patrimonio ambiental de la zona.
Qué hacer en Mar de Cobo
Este pueblito de la Costa Atlántica bonaerense invita a descansar y ofrece opciones para quienes disfrutan del aire libre: caminatas por la playa, salidas en bicicleta, pesca deportiva o simplemente tardes bajo el sol con el ruido del mar de fondo.
También se puede visitar la Albufera de Mar Chiquita, una reserva natural cercana que alberga más de 200 especies de aves y es uno de los humedales costeros más importantes del país.
En el centro se destaca la plaza principal y suele haber ferias artesanales, espectáculos callejeros y actividades culturales que tienen lugar especialmente en verano y fines de semana largos.__IP__
Cómo llegar a Mar de Cobo
Desde Mar del Plata, son solo 35 minutos en auto por la Ruta Provincial 11, en un trayecto costero escénico y de fácil acceso. También hay opciones de transporte público.
Desde la Ciudad de Buenos Aires, el recorrido total es de 398 kilómetros. Se toma la Avenida 9 de Julio, luego la Autopista Buenos Aires-La Plata, se continúa por la Ruta Provincial 2 y, a la altura de Vivoratá, se accede al desvío que lleva directamente a Mar de Cobo.
En resumen:
Mar de Cobo forma parte del Partido de Mar Chiquita, un distrito costero conocido por combinar balnearios y reservas naturales, algo que lo diferencia de otros puntos más urbanizados de la Costa Atlántica.
La cercanía con la Albufera de Mar Chiquita, declarada Reserva de Biósfera por la UNESCO, lo convierte en un punto estratégico para el turismo de naturaleza y el avistaje de aves.
Es un destino elegido por quienes buscan turismo slow: menos tránsito, playas amplias y sin grandes edificios, con predominio de casas bajas integradas al paisaje.
Su trazado en semicírculo y muchas calles de arena responden a un diseño pensado para respetar el entorno de médanos y bosque costero.
En verano crece la actividad cultural con ferias artesanales, música en vivo y propuestas comunitarias, muy ligadas a productores locales.
Por su ubicación sobre la Ruta Provincial 11, también funciona como base para recorrer otros puntos cercanos como La Caleta, Santa Clara del Mar y Mar Chiquita.
La zona es valorada por pescadores por la presencia de corvina, pejerrey y variada costera, según la época.
A diferencia de centros turísticos masivos, no tiene grandes complejos hoteleros, lo que mantiene su perfil residencial y de descanso.