Hoy celebramos a San Cristóbal de Licia, patrono de los viajeros y peregrinos

Hoy celebramos a San Cristóbal de Licia, patrono de los viajeros y peregrinos

 

Buenos Aires, viernes 10 julio (PR/26) — Cada 10 de julio se recuerda a San Cristóbal de Licia, figura prominente en la historia del cristianismo de los primeros siglos. Y aunque las dificultades para conocerlo y entender su papel histórico son reales, se sabe con bastante certeza que vivió durante el gobierno de Decio, tercer emperador romano, alrededor del año 250.

La historia

Una famosa leyenda, bien conocida en Occidente y que podría haberse inspirado tanto en historias reales de mártires cristianos como en algún personaje de la mitología griega, cuenta cómo Reprobus, al que la tradición bautizaría como “Cristóbal”, llevó sobre sus hombros a un niño desconocido a través de un río caudaloso. El niño le había pedido ayuda para cruzar las aguas puesto que la corriente era muy fuerte.

Cristóbal andaba siempre cerca del río dado que ayudaba habitualmente a cualquiera que quisiera cruzarlo. Este era un servicio que hacía a sugerencia de un ermitaño al que le había preguntado cómo podía servir a Cristo, su Señor.

A la gran mayoría de viajeros le era imposible sobreponerse al caudal, mientras que a Cristóbal le resultaba más fácil cruzar que al resto, dada su fuerza y altura -se dice que medía más de dos metros-. Así que Cristóbal se la pasaba yendo, una y otra vez, de un lado al otro.

Una vez que dejó al niño en la orilla contraria, antes de desaparecer, este le reveló que era Cristo, a quien él intentaba ayudar, ayudando a otros.

Portador de Cristo

 

 

Al considerar esta historia, uno puede comprender por qué la tradición bautizó a este santo como “Cristóbal”. El nombre proviene del vocablo griego “Christophoros”, que quiere decir “portador de Cristo”, o “el que lleva a Cristo”. Por eso, desde el siglo IV, San Cristóbal ha sido representado generalmente como un hombre de gran altura y fuerza, con el niño Jesús sobre los hombros, mientras cruza las aguas de un río apoyado en un bastón.

En la baja Edad Media se popularizó la creencia de que bastaba mirar la imagen del santo y encomendarse a él para verse libre de todo peligro durante una travesía; y es así como San Cristóbal devino en patrón de peregrinos, viajeros, navegantes, motoristas y transportistas en general.

Mártir

 

La tradición señala, además, que tras haberse encontrado con Dios hecho niño, San Cristóbal fue bautizado en Antioquía y se dirigió a consolar a los cristianos perseguidos de Licia y Samos. Precisamente, en una de sus estancias en Licia, habría sido tomado prisionero por el rey Dagón, quien, bajo órdenes del emperador Decio, lo mandó torturar. Al resistirse a abdicar de su fe a pesar de ser torturado, se ordenó degollarlo. Según un relato atribuido a un tal Gualterio de Espira, la nación Siria y el mismo Dagón se convirtieron a Cristo gracias a este santo.

 

San Cristóbal en la memoria de los pueblos

 

San Cristóbal es un personaje muy popular tanto en Oriente como en Occidente. Y su devoción ha trascendido el paso de los siglos.

Lo es en tal medida que el arte, las costumbres y la fe de los que viajan lo invocan aquí y allá. Incluso poetas considerados contemporáneos como Federico García Lorca y Antonio Machado lo han cantado con inspirados versos. Su imagen, sea esculpida o pintada, casi siempre colosal y gigantesca, decora muchísimas catedrales del mundo, como es el caso de la Catedral de Toledo en España.

Si deseas conocer más sobre San Cristóbal, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Cristóbal.

 

Fuente: Aci Prensa
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Hoy celebramos a Santa Paulina del Corazón Agonizante de Jesús, la primera santa de Brasil

Hoy celebramos a Santa Paulina del Corazón Agonizante de Jesús, la primera santa de Brasil

Buenos Aires, jueves 9 de julio (PR/26) .- Cada 9 de julio se celebra a Santa Paulina del Corazón Agonizante de Jesús, fundadora de la Congregación de las Hermanitas de la Inmaculada Concepción; santa nacida en Italia pero que emigró a Brasil, en cuyas tierras se santificó ayudando a los más necesitados.

Inmigrante

Amábile Lucia Visintainer nació en Trento (Italia) el 16 de diciembre de 1865. Sus padres, Napoleón y Ana, fueron don cristianos muy devotos quienes, sumidos en la miseria, decidieron emigrar a América en busca de mejores condiciones de vida. El destino elegido fue Brasil, país al que llegaron en 1875. Los Visintainer se establecieron en el estado de Santa Catarina, donde se integraron a una comunidad italiana llamada Nova Trento.

Al poco tiempo de su llegada, Amábile conoció a Virginia Rosa Nicoldi, quien llegaría a ser su gran amiga. Ambas compartían un amor muy grande por Cristo y solían juntarse para rezar juntas. Incluso hicieron la primera comunión en la misma ceremonia, cuando las dos habían cumplido los 12 años.

Al servicio del que sufre

Durante su adolescencia, Amábile comenzó a participar del apostolado parroquial brindando catequesis a los niños, cuidando a los enfermos y ancianos del pueblo, limpiando el templo todas las semanas. Amábile se consagró en cuerpo y alma a estas labores que, casi sin darse cuenta, fueron perfilando poco a poco su futura vocación a la vida religiosa.

Las Hermanas de la Inmaculada Concepción

El 12 de julio de 1890 se produjo, al amparo del Espíritu Santo, la fundación de la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción, la primera congregación femenina fundada en Brasil. La nueva comunidad empezaba su existencia sostenida casi exclusivamente por la labor que Amábile y Virginia hacían en la pequeña cabaña.

El apostolado de las hermanas atrajo muchas vocaciones. A sus obras de caridad, se sumó la apertura de una pequeña industria de seda con la que pretendían sortear las dificultades económicas.

Esclava de los esclavos

En 1903 Paulina fue invitada por el obispo a residir en São Paulo. Allí se estableció en el barrio de Ipiranga donde fundó “la Sagrada Familia”, institución dedicada a acoger a los ex esclavos y a sus hijos. En 1918 la iglesia brasileña le concedió un reconocimiento por su labor, entrega y ejemplo vocacional.

Enfermedad y muerte

Hacia 1938 la Madre Paulina empezó a sentirse indispuesta y fue diagnosticada de diabetes. Ese año empezó su calvario. Le fue amputado el brazo derecho y fue perdiendo la vista paulatinamente hasta quedar ciega.

La Madre Paulina murió el 9 de julio de 1942. Fue beatificada en 1991 por el Papa San Juan Pablo II durante su visita a Brasil y él mismo la canonizó en el año 2002. Santa Paulina es la primera santa de Brasil.

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Fuente: Aciprensa
Hoy 3 de julio celebramos a Santo Tomás Apóstol

Hoy 3 de julio celebramos a Santo Tomás Apóstol

Buenos Aires, viernes 3 de julio (PR/26) .- Santo Tomás Apóstol era judío, pescador de oficio. Tuvo la bendición de seguir a Cristo, quien lo hizo apóstol el año 31.
Se le conoce a Santo Tomás por su incredulidad después de la muerte del Señor. Jesús se apareció a los discípulos el día de la resurrección para convencerlos de que había resucitado realmente.
Tomás, que estaba ausente, se negó a creer en la resurección de Jesús: «Si no veo en sus manos la huella de los clavos y pongo el dedo en los agujeros de los clavos y si no meto la mano en su costado, no creeré». Ocho días más tarde, cuando Jesús se encontraba con los discípulos, se dirigió a Tomás y le dijo: «Pon aquí tu dedo y mira mis manos: dame tu mano y ponla en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente.» Tomás cayó de rodillas y exclamó: «Señor mío y Dios mío!» Jesús replicó: «Has creido, Tomás, porque me has visto. Bienaventurados quienes han creído sin haber visto.»
El Martirologio Romano, que combina varias leyendas, afirma que Santo Tomás predicó el Evangelio a los partos, medos, persas e hircanios, y que después pasó a la India y fue martirizado en «Calamina». Conmemora el 3 de julio la traslación de las reliquias de Santo Tomás a Edesa. En el Malabar y en todas las iglesias sirias dicha fecha es la de la fiesta principal, pues el martirio tuvo lugar el 3 de julio del año 72.
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Fuente: Aciprensa
Cada 28 de junio se celebra a San Ireneo, obispo y Padre de la Iglesia, amigo y defensor de la verdad

Cada 28 de junio se celebra a San Ireneo, obispo y Padre de la Iglesia, amigo y defensor de la verdad

 

 

Buenos Aires, domingo 28 junio (PR/26) — Cada 28 de junio, la Iglesia Católica celebra a San Ireneo, Padre de la Iglesia, obispo de la ciudad francesa de Lyon y una de las figuras más importantes de los primeros siglos de la cristiandad.

Ireneo fue un autor prolífico y sus obras contribuyeron a forjar los cimientos de la teología, en gran medida como parte del esfuerzo por confrontar y corregir los errores del gnosticismo del siglo II, así como de otras doctrinas que tergiversaban el mensaje de Cristo.

Ireneo fue discípulo de San Policarpo, quien a su vez fue discípulo del Apóstol San Juan.

Su escrito principal lleva el nombre de Contra las herejías, texto que compila en cinco volúmenes las refutaciones a las principales tesis gnósticas.

Gnosis y el gnosticismo del siglo II

 

El gnosticismo es una herejía muy antigua que plantea, en líneas generales, que la salvación del alma se obtiene a través de cierto “conocimiento”, proveniente de la mezcla de diversas doctrinas, tradiciones y creencias religiosas -en las que están incluidas verdades del cristianismo- acerca de los misterios del universo y de la naturaleza humana.

Sobre la base de esta amalgama, el gnosticismo alienta a alcanzar la perfección, pero sobre la base de posturas que son, en el fondo, claramente incompatibles o contradictorias. Los gnósticos pretendieron “articular” indebidamente un camino de perfección sin el Dios verdadero, sin auténtica conversión de la mente y el corazón, y, además, en medio de su error, relegaban a todos aquellos que considerados “no iniciados”; de manera muy semejante a como los movimientos de la Nueva Era (New Age) han venido operando en las últimas décadas.

El Papa Benedicto XVI, en su catequesis sobre San Ireneo del 28 de marzo de 2007, recordaba las particularidades del gnosticismo que conoció este santo: “La Iglesia del siglo II estaba amenazada por la gnosis, una doctrina que afirmaba que la fe enseñada por la Iglesia no era más que un simbolismo para los sencillos, que no pueden comprender cosas difíciles; por el contrario, los iniciados, los intelectuales —se llamaban «gnósticos»— comprenderían lo que se ocultaba detrás de esos símbolos y así formarían un cristianismo de élite, intelectualista”. Ireneo denunció ese “cristianismo dualista” contaminado por la división -”iniciados” versus “legos”- y peligroso para la unidad de la Iglesia en torno a la verdad que le había sido confiada.

Heredero de los Apóstoles

San Ireneo nació en Asia Menor en la primera mitad del siglo II. Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, pero se conviene en que fue alrededor del año 125. Recibió una educación esmerada y alcanzó un gran conocimiento de las Sagradas Escrituras y el saber de su tiempo, centrado en la búsqueda filosófica. San Policarpo, obispo de Esmirna, fue su maestro y formador.

Conocemos su vida y obra gracias a las notas biográficas transmitidas por Eusebio de Cesarea en el quinto libro de su Historia eclesiástica, cuya fuente es el mismo Ireneo.

No hay plena certeza de cómo ni por qué dejó el Asia Menor y llegó a las Galias (Francia). Hay seguridad sí, de que estuvo allí en calidad de presbítero. Durante la persecución de Marco Aurelio, fue enviado con una carta para el Papa a Roma, por lo que probablemente se salvó de ser ajusticiado como muchos otros. Tras el martirio de San Potino, obispo de Lyon, Ireneo lo sucede como obispo de la ciudad.

Como pastor su labor fue notable. Se propuso dos cosas: “Defender de los asaltos de los herejes la verdadera doctrina y exponer con claridad las verdades de la fe” (Papa Benedicto XVI, audiencia del 28 de marzo de 2007).

 

Teólogo eminente

Durante la paz religiosa que siguió a la persecución de Marco Aurelio, el obispo repartió  esfuerzos entre la sede episcopal y su labor de intelectual cristiano. Dos grandes obras suyas han llegado a nuestras manos: Contra las herejías y La exposición de la predicación apostólica. Especialmente, esta última puede ser considerada una suerte de primer catecismo de la doctrina cristiana. En el mismo sentido, el aporte del santo ha sido crucial para el establecimiento y delimitación de la denominada «regla de la fe» -lo que se expresa en el símbolo de la fe o Credo- y de su transmisión, centro de la doctrina de la Iglesia.

La tradición de la Iglesia lo cuenta entre los mártires.

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Si quieres conocer más de San Ireneo de Lyon, te recomendamos el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Ireneo.

Más información:

 

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Fuente: ACI Prensa
Hoy es la fiesta de Santo Tomás Moro, patrono de los gobernantes, políticos y abogados

Hoy es la fiesta de Santo Tomás Moro, patrono de los gobernantes, políticos y abogados

Al conmemorarse la fiesta litúrgica de Santo Tomás Moro, patrono de los gobernantes, políticos y abogados, la Iglesia resalta su valiente testimonio de fidelidad a la fe y la primacía de la conciencia, frente a los abusos del poder temporal.
Santo Tomás Moro, 22 de junio / ACI Prensa

 

 

Buenos Aires, lunes 22 junio (PR/26) — Cada 22 de junio la Iglesia Católica celebra a Santo Tomás  Moro (1478 -1535), político, humanista multifacético, hombre de leyes, traductor.

Se desempeñó como canciller del rey Enrique VIII de Inglaterra, quien fue su amigo por muchos años, pero quien finalmente lo mandaría matar.

Moro pensaba que no hay posibilidad de que una comunidad política ande bien si sus miembros no son respetuosos de la fe, la ética y la moral, empezando por el rey, quien es el que detenta el poder y quien debe dar el ejemplo.

«El hombre no puede estar separado de Dios, ni la política de la moral», afirmaba el santo, sugiriendo que así como el ser humano si se aparta de Dios está condenado a la perdición, de la misma manera, el ‘ámbito de los asuntos humanos’ (la organización social y política) desconectados de los límites y frenos morales se convierte en abuso, tiranía, injusticia e infelicidad generalizada.

Tiempos aciagos como los que hoy vive el mundo hacen que sentencias como la de Moro cobren actualidad inusitada.

Tiempos recios: ser creyente y hacer política

 

Lamentablemente, en los tiempos de Moro se multiplicaban las formas de pensamiento que se remontaban al pasado precristiano buscando fuentes de inspiración que susciten originalidad y renovación, no todas ellas compatibles con el cristianismo y algunas ciertamente anticristianas.

Por otro lado, la cristiandad padecía una crisis real que habría de desembocar en la Reforma Protestante y la proliferación del rechazo a la autoridad secular del Papa y la Iglesia en su conjunto.

Para Santo Tomás Moro el rechazo de la moral, o la ruptura entre esta y lo político representaba, paradójicamente, el más grave de los errores políticos, equiparable, en el ámbito espiritual, a la ruptura con Dios.

Tomás Moro nació en Londres en 1477. Se graduó en la Universidad de Oxford como abogado e hizo una carrera exitosa que terminó llevándolo al parlamento inglés.

Contrajo matrimonio con Jane Colt, con quien tuvo un hijo varón y tres hijas mujeres. A la muerte de la madre de sus hijos, Lady Colt, el santo se casó por segunda vez, con una dama de nombre Alice Middleton.

 

 

La esperanza, el “motor” del político

 

Aquel texto ha quedado perennizado en la historia del pensamiento occidental por su riqueza filosófica, política y teológica, así como por su valor literario -que terminó definiendo al género denominado utópico-. La obra fue bien recibida en su tiempo y llamó la atención del monarca inglés, Enrique VIII, quien convocó a Moro a ser parte de la administración pública.

 

Amigo sí, pero más de la verdad

 

Enrique VIII y Tomás cultivaron cierta amistad y una relación de confianza. Sin embargo, el deseo del rey de querer repudiar a su esposa y contraer nuevas nupcias, yendo en contra de lo prescrito por la Iglesia y la naturaleza intrínseca del matrimonio, terminó por enfrentarlos.

Moro, en calidad de consejero del rey, pretendió disuadirlo, pero el capricho del monarca comenzó a tornarse en obsesión, al punto de estar dispuesto a desobedecer al mismísimo Papa.

El episodio es harto conocido, como conocido es el desenlace: la ruptura definitiva de la corona británica con Roma y el surgimiento de la Iglesia anglicana como Iglesia cismática. Esta situación, contraria a la profunda fe católica de Tomás, lo hizo renunciar a todos sus cargos.

Posteriormente, Moro se dedicó a la defensa de la ortodoxia católica, y junto a su amigo, el Obispo San Juan Fisher, se opusieron al rey, ahora autodenominado “cabeza” de la Iglesia (anglicana). Ambos santos, fieles a Cristo, serían acusados de traición a la corona y llevados a prisión. Meses después, San Juan Fisher sería ejecutado y, a los pocos días, Santo Tomás seguiría el mismo destino.

 

Cristo es quien nos da la libertad

 

¿La “culpa” por la que Tomás Moro murió decapitado? Oponerse a la postura del rey que decidió desoír la negativa papal a anular el matrimonio real. Mientras para Enrique era un asunto de ‘fueros’ -el Papa no podría ejercer más autoridad sobre él-, para Tomás la decisión de la corona era una afrenta al sacramento y una incitación a la división de la Iglesia de Cristo.

El rey -autoridad política- se había autoerigido en autoridad moral y religiosa. En el patíbulo, antes de ser ejecutado, el excanciller del rey gritó ante la multitud: «Muero como buen servidor del rey, pero primero servidor de Dios».

Santo Tomás Moro murió martirizado el 6 de julio de 1535. Su fiesta se celebra cada 22 de junio, junto a San Juan Fisher.

 

 

“La historia de Santo Tomás Moro ilustra con claridad una verdad fundamental de la ética política. En efecto, la defensa de la libertad de la Iglesia frente a indebidas injerencias del Estado es, al mismo tiempo, defensa, en nombre de la primacía de la conciencia, de la libertad de la persona frente al poder político. En esto reside el principio fundamental de todo orden civil de acuerdo con la naturaleza del hombre” (San Juan Pablo II).

Santo Tomás Moro fue declarado patrono de los gobernantes y los políticos por el Papa San Juan Pablo II en el año 2000.

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Si quieres saber más sobre Santo Tomás Moro, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santo_Tomás_Moro.

 

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Fuente: ACI Prensa