El sacerdote argentino Lucio Ruiz, nuevo secretario del Dicasterio para la Caridad

El sacerdote argentino Lucio Ruiz, nuevo secretario del Dicasterio para la Caridad

León XIV lo designó como número dos de la Limosnería Apostólica. Dejará el Dicasterio para la Comunicación el 1 de septiembre para asumir su nueva misión en la Curia Romana.

 

 

Ciudad de Vaticano, jueves 2 julio (PR/26) — El papa León XIV nombró al sacerdote argentino Lucio Ruiz secretario del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, organismo conocido como la Limosnería Apostólica y encargado de impulsar las obras caritativas y los proyectos humanitarios del pontífice.

Monseñor Ruiz asumirá el cargo el 1 de septiembre de 2026, tras desempeñarse durante más de 11 años como secretario del Dicasterio para la Comunicación.

Ordenado para la arquidiócesis de Mercedes-Luján, monseñor Ruiz fue designado en 2015 por el papa Francisco para integrar el entonces naciente organismo encargado de la comunicación de la Santa Sede.

Especialista en informática y comunicación eclesial, desarrolló una intensa labor en América Latina como asesor de la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL), y presidió el Centro de Formación y Desarrollo Nuestra Señora de Guadalupe.

Además, es docente de la Facultad de Comunicación de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz y profesor visitante de la Pontificia Universidad Gregoriana.

«Completamente feliz de seguir al Señor»


Al despedirse del personal del Dicasterio para la Comunicación, monseñor Ruiz manifestó su disponibilidad para la nueva misión encomendada por el Papa.

«Me siento completamente feliz de seguir al Señor dondequiera que nos llame», afirmó, al tiempo que pidió perdón por los errores cometidos y agradeció el camino recorrido junto a sus colaboradores.

También expresó que conserva «la paternidad de un proyecto ya realizado y comenzado», convencido de que ese vínculo «jamás se desvanece».

Otro nombramiento

En la misma jornada, León XIV designó a Massimo Ralli como subsecretario del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, quien también asumirá sus funciones el 1 de septiembre de 2026.

 

Primicias Rurales
Fuente: AICA
El Papa León XIV celebró sus 44 años de sacerdocio

El Papa León XIV celebró sus 44 años de sacerdocio

Esa misma capilla, dedicada a la madre de San Agustín de Hipona, es la iglesia que le fue asignada por el Papa Francisco como título cardenalicio en septiembre de 2023, poco menos de dos años antes de participar en el cónclave que lo eligió Obispo de Roma, el 8 de mayo de 2025.

En la estampa que recuerda el día de su ordenación aparece una frase de San Agustín:  “No puedo alimentarlos con pan ordinario, pero esta Palabra es su porción. Los nutro con la misma mesa que me nutre a mí. Soy su siervo”.

Esa vocación de servicio y entrega en la misión se reflejó durante su sacerdocio, sirviendo pastoralmente en Perú, donde permaneció durante casi dos décadas siendo sacerdote misionero, formador, obispo de Chiclayo y vicepresidente de la Conferencia Episcopal.

En 2023 el Papa Francisco lo nombró prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, y en septiembre de ese año lo creó cardenal.

 

Primicias Rurales

Fuente: ACI Prensa

Hoy celebramos a San Luis Gonzaga, hijo ejemplar y patrono de la juventud

Hoy celebramos a San Luis Gonzaga, hijo ejemplar y patrono de la juventud

San Luis Gonzaga, 21 de junio / ACI Prensa

Buenos Aires, domingo 21 junio (PR/26) — Cada 21 de junio la Iglesia Católica celebra a San Luis (Aloysius) Gonzaga (1568-1591), patrono de la juventud cristiana y protector de los estudiantes; hombre de corazón enorme, quién aunque sufrió incomprensiones y pesares, no perdió jamás su talante alegre ni su espíritu de lucha. Murió muy joven, pero tuvo una vida intensa y feliz.

 

De una vida de privilegios…

San Luis Gonzaga nació en 1568 en Castiglione delle Stiviere, Mantua (Italia), hijo primogénito de la pareja heredera del principado de Castiglione.

Su madre, preocupada por introducirlo en la fe, lo consagró a la Virgen y lo hizo bautizar. Mientras que a su padre, duque y exitoso militar de carrera, sólo le interesaba el éxito y la gloria futura para el hijo primogénito, su heredero.

Luis frecuentó cuarteles desde niño, y si bien aprendió la importancia del valor y el honor, también adquirió ademanes considerados vulgares y rudos, impropios de la estirpe militar. Con ánimo de rectificar aquellos defectos, sus padres lo rodearon de magníficos preceptores y personalidades ejemplares.

Es así como a los trece años conoce al obispo San Carlos Borromeo, quien queda impresionado con su inteligencia y buen corazón; Borromeo será después quien le daría la Primera Comunión y se convertiría en inspiración para la vida espiritual.

Mucho del entorno que rodeaba a Luis -la alta sociedad lombarda- también se caracterizaba por cosas reprobables: fraude, vicio, crimen y lujuria. Luis, que quería vivir como un buen cristiano en medio de la corte, se sometió a penitencias y prácticas de piedad constantes.

El jovencito estaba convencido de que Cristo no tenía por qué ser un obstáculo para descuidar sus compromisos sociales. Si había algo que deseaba profundamente era honrar a sus progenitores, tal y como señala el cuarto mandamiento de la Ley de Dios. En ese momento, sus sueños estaban centrados en la carrera militar.

 

… a una vida mucho mejor

Llegado el momento, por asuntos concernientes a su padre, Luis tuvo que viajar a España. Estando de visita en la iglesia de los jesuitas en Madrid oyó una voz que le hablaba al corazón: “Luis, ingresa en la Compañía de Jesús”.

Lo que le pedía Dios no podía ser casualidad, ni un arrebatamiento juvenil. Luis, entonces, quiso que sus padres fueran los primeros en enterarse de que deseaba ser religioso. Las subsecuentes reacciones fueron distintas.

Su madre tomó con alegría la noticia, pero su padre montó en cólera y se negó a aceptar semejante proyecto. Luis tomó la decisión de obedecer y honrar la voluntad paterna, así que se mantuvo en la corte.

 

Ser de los que acompañan a Jesús

A Luis no lo persuadieron ni los viajes ni los cargos importantes. Él quería dedicar el resto de su vida al servicio de Cristo. Así que, al final, su padre tuvo que ceder.

En una misiva enviada al general de los jesuitas el Márques de Castiglione, don Ferrante Gonzaga, escribió: “Os envío lo que más amo en el mundo, un hijo en el cual toda la familia tenía puestas sus esperanzas”.

Tras estos acontecimientos, Luis ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús. Se convirtió en un novicio fiel y cuidadoso, observante de las reglas y desprendido de toda vanidad. Habiendo renunciado a ser él mismo marqués algún día -era el mayor de los hermanos y le correspondía- se puso a prueba ejercitándose en los oficios más humildes.

Duro sería el golpe que recibió al enterarse de que su padre había muerto. Sin embargo, Luis no miró atrás, y se concentró en dar consuelo a su madre y aconsejar a su hermano, a quien había cedido todos sus derechos.

 

Quien ama a Dios, honra padre y madre

 

Por ese entonces, la población de Roma se vio afectada por una epidemia -la peste una vez más- y los jesuitas abrieron un hospital en el que ellos mismos se encargaban de cuidar a los enfermos. Luis fue destacado allí como enfermero.

Empezó, a la par, a pedir limosna, víveres y abrigo para los pacientes del nosocomio. Lamentablemente, sirviendo a los más débiles, a quien amó con esmero, contrajo la enfermedad que los asolaba.

El joven santo pudo recuperarse de aquel mal, aunque quedó afectado por una fiebre intermitente que en los meses siguientes lo redujo a un estado de total fragilidad. Acompañado de su confesor, San Roberto Belarmino, Luis fue preparándose para su inminente destino: la muerte.

Con la mirada puesta en el crucifijo y repitiendo el nombre de Jesús, San Luis Gonzaga partió a la Casa del Padre la medianoche del Corpus Christi, el 21 de junio de 1591, a los 23 años de edad. Amó por sobre todo a Dios, y por haberlo hecho en altísima medida, alcanzó la santidad.

Y es que a Dios se le ama amando a quienes Él nos regaló como padres, como a quienes Él nos puso como prójimos. No hay forma más elevada de honrar a quienes nos dieron la vida que amando a Dios primero y, al mismo tiempo, sirviendo a quienes necesitan de nosotros.

Ninguna corona, tesoro, victoria militar, título o cosa de este mundo es capaz de igualar la gloria de encontrar abiertas las puertas del cielo.

San Luis Gonzaga fue canonizado por el Papa Benedicto XIII en el año 1726, siendo declarado ‘patrono de la juventud’. El Papa Pío XI ratificó dicho patronazgo el 13 de junio de 1926.

 

Epílogo: fruto maduro de la Iglesia

 

‘La vida es breve’, se suele decir; y así lo fue, literalmente, para San Luis Gonzaga.

Sus biógrafos coinciden en señalar que el santo admitía con gratitud que “el Señor le había dado un gran fervor para ayudar a los pobres”, y que eso -bien lo sabía el santo- podía guardar relación con un pronto llamado: “Cuando uno tiene que vivir pocos años, Dios lo incita más a emprender tales acciones” (San Luis Gonzaga), refiriéndose al ejercicio de la caridad.

…

Si quieres saber un poco más de San Luis Gonzaga, puedes leer también este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Luis_Gonzaga.

Hoy celebramos la fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen María a su prima Isabel

Hoy celebramos la fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen María a su prima Isabel

Visitación de María, 31 de mayo / ACI Prensa

 

 

Buenos Aires, domingo 31 mayo (PR/26) — Cada 31 de mayo la Iglesia celebra la fiesta de la Visitación de la Virgen María a su prima, Santa Isabel, quien se encontraba también en estado de buena esperanza.

Con esta celebración se cierra el mes de mayo, dedicado a nuestra Madre del Cielo. Este es, pues, un hermoso detalle previsto por la Iglesia para coronar los ejercicios de piedad o las expresiones de amor que hemos ido realizando a lo largo del mes.

Durante mayo hemos acompañado a la Virgen en los jubilosos días de Pascua; la hemos celebrado en la Advocación de la Virgen de Fátima y pronto estaremos a su lado celebrando Pentecostés (8 de junio).

Aunque, quizás, sea mejor decir que fue Ella quien estuvo todo este tiempo a nuestro lado, educándonos en la fe. Cada rezo del Rosario durante este mes, cada Letanía a la Virgen, cada oración frente a su santa imagen ha sido un gesto importante para que la amemos más, la conozcamos mejor y la tengamos más presente el resto del año.

¡Dios nos conceda el don de amar a María como Jesús la amó!

 

Conociendo a nuestra Madre

 

La fiesta de la Visitación constituye esencialmente una invitación del Señor a contemplar a la Virgen María, la Madre de Dios, que salió al encuentro de su pariente Isabel para ponerse a su servicio -recordemos que Isabel estaba embarazada y era una mujer mayor-.

Se trata de una oportunidad renovada para considerar el llamado a vivir el ‘amor generoso’ -amor que brota de nuestro interior cuando en él habita Jesús-.

La Madre de Dios se puso en marcha para servir en las labores domésticas sin hacer alarde de nada; acude con toda sencillez, movida por el amor a su prima, magnificado por Aquél que lleva en su vientre virginal.

 

María viene a visitar tu corazón

 

De acuerdo al relato evangélico, el ángel Gabriel anunció a María que sería la Madre de Jesús, Redentor del mundo.

Luego le revelaría que su prima Isabel estaba encinta a pesar de su edad. Dios, en María, obra con grandeza delante de todos y suscita la respuesta amorosa del ser humano: la Virgen sale en ayuda de su pariente embarazada, la que será madre de Juan el Bautista, y se queda con esta por un periodo de tres meses.

De esta manera, la doncella elegida por Dios se ha hecho ejemplo perfecto de cómo debemos salir también nosotros al encuentro del prójimo –llevando a Jesús en el corazón–.

Aunque pasemos por circunstancias difíciles, no perdamos la esperanza, al contrario: tengamos presente que la primera que quiere ayudarnos a tener a Jesús en nuestro interior es la Virgen. ¡Invoca su nombre sin reparos! ¡Recíbela en tu casa! Una madre como Ella jamás ha de negarse.

 

María, maestra de oración

 

Así como la Virgen nos invita a servir, así también nos invita a orar. De los textos correspondientes al episodio de la Visitación surgen dos importantes oraciones: la segunda parte del Avemaría y el canto del Magníficat.

Cuando Isabel oyó el saludo de María, “el niño saltó en su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a grandes voces: ‘¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! Pero ¿cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme? Porque en cuanto oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno’” (ver Lc 1, 39-56).

María, sierva del Señor, responde alabando a Dios por sus maravillas: “Proclama mi alma la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava…” (Lc 1, 47-48).

 

‘Canal de la Gracia’

 

San Bernardo de Claraval, a propósito de los pasajes bíblicos que acabamos de considerar, señala que “desde entonces María quedó constituida como un ‘canal inmenso’ por medio del cual la bondad de Dios envía hacia nosotros las cantidades más admirables de gracias, favores y bendiciones”.

Entre los más prolíficos devotos de la Madre de Dios está San Bernardo.

 

Evangelio del día (Lc 1, 39-56)

 

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.

Entonces dijo María:

“Mi alma glorifica al Señor
y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador,
porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.
Santo es su nombre
y su misericordia llega de generación en generación
a los que lo temen.

Ha hecho sentir el poder de su brazo:
dispersó a los de corazón altanero,
destronó a los potentados
y exaltó a los humildes.
A los hambrientos los colmó de bienes
y a los ricos los despidió sin nada.

Acordándose de su misericordia,
vino en ayuda de Israel, su siervo,
como lo había prometido a nuestros padres,
a Abraham y a su descendencia,
para siempre”.

María permaneció con Isabel unos tres meses, y luego regresó a su casa.

…

Para revisar todas las lecturas del día puedes hacer clic aquí. Si quieres profundizar en el sentido de la Visitación de la Virgen María, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Visitación_de_la_Santísima_Virgen_María

 

 

“ El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor ”

“ El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor ”

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 32-45

 

En aquel tiempo, los discípulos estaban subiendo por el camino hacia Jerusalén y Jesús iba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que lo seguían tenían miedo. Él tomó aparte otra vez a los Doce y empezó a decirles lo que le iba a suceder:
«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará».

Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:
«Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir».

Les preguntó:
«¿Qué queréis que haga por vosotros?».

Contestaron:
«Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda».

Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?».

Contestaron:
«Podemos».

Jesús les dijo:
«El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado».

Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.

Jesús, llamándolos, les dijo:
«Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».

 

Palabra del Señor