Mateo Salvatto, cofundador de Grondplek, defiende la impresión 3D de hormigón como una vía para reducir plazos, costes y residuos en la construcción. Una máquina de gran formato levanta la estructura en dos días y la casa terminada llegaría en una semana.

 

 

 

Buenos Aires lunes 12 octubre (PR/26)– Cuando Mateo Salvatto, un emprendedor de 27 años, asegura que una casa de hormigón de 120 metros cuadrados puede levantarse en 48 horas, la frase suena más a feria tecnológica que a obra.

Pero la clave no está en imaginar una vivienda lista para mudarse en dos días, sino en entender qué parte del proceso cambia de verdad la impresión 3D aplicada al hormigón.

Salvatto, cofundador de Grondplek, le explicó al diario La Nación que una vivienda de 120 m² puede tener la obra gris lista en 48 horas gracias a una impresora 3D de gran formato.

El matiz es importante: la máquina no entrega una casa terminada, con instalaciones, carpintería, pintura, cocina y baños funcionando. Lo que imprime es la estructura de hormigón, es decir, muros, paredes, escaleras, canteros e incluso mesadas. Después llegan las terminaciones, los detalles finales y todo aquello que convierte un volumen construido en un hogar habitable.

Así funciona la impresión 3D de hormigón

 

El sistema de Grondplek utiliza una máquina de grandes dimensiones, de aproximadamente 11 metros por 11 metros y 7 metros de alto, capaz de imprimir con una mezcla de cemento y aditivos.

La operación se apoya en una planta mezcladora compacta, una bomba y una manguera especial que alimenta el cabezal de impresión. A partir de ahí, el material se deposita capa por capa, con cortes entre capas para permitir el fragüe y mantener la estabilidad del conjunto.

 

Mateo, emprendedor de 27 años, soluciona el problema de la vivienda: “En 48 horas se construyen casas de hormigón de 120 m²”

 

La imagen es casi inversa a la obra tradicional. En lugar de levantar encofrados, rellenar, esperar, retirar moldes y corregir imperfecciones, el sistema busca colocar sólo el material necesario allí donde el diseño lo requiere.

Según Salvatto, ese control permite reducir desperdicios y acelerar una fase crítica de la construcción. La empresa sostiene que sus viviendas pueden incorporar doble pared con cámara de aire, una solución pensada para mejorar el aislamiento térmico y acústico, y también defiende que las estructuras resultantes pueden ser antisísmicas.

 

Una casa terminada en una semana y hasta 30% más barata

 

El emprendedor resume la promesa con una idea contundente: una casa terminada en una semana y con una posible rebaja de hasta el 30% respecto al coste de mercado. La cifra, como siempre en construcción, depende del terreno, del proyecto, de la escala, de las terminaciones y de las condiciones de cada obra.

Pero el interés de la propuesta no está sólo en abaratar una vivienda concreta, sino en automatizar una parte pesada, lenta y repetitiva del proceso.

Una tecnología que no elimina al trabajador

 

Salvatto insiste en que la impresión 3D de hormigón no busca reemplazar a los trabajadores, sino desplazar parte de su labor hacia tareas de operación, supervisión y terminación.

 

Mateo, emprendedor de 27 años, soluciona el problema de la vivienda: “En 48 horas se construyen casas de hormigón de 120 m²”

 

La máquina puede reducir esfuerzos físicos duros y repetitivos, pero necesita planificación, control humano, técnicos que ajusten la mezcla y operarios que completen todo lo que queda fuera del hormigón impreso. La casa del futuro, al menos en esta fase, no se imprime sola.

 

De Dinamarca a Argentina, con Techint como socio

 

Grondplek nació de una búsqueda que llevó a Salvatto y sus socios a Europa, donde encontraron en la danesa COBOD la tecnología que querían traer a Argentina.

La compañía se presenta como distribuidora y operadora de impresión 3D de hormigón en Argentina, Uruguay y Paraguay, y ha vinculado su desembarco a una alianza con Techint Ingeniería y Construcción, uno de los nombres relevantes de la ingeniería civil en la región.

 

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La primera aplicación, de hecho, no se limita a viviendas: también apunta a piezas industriales, muros, cámaras, drenajes, elementos de infraestructura y soluciones para obras de mayor escala.

 

Mucho más que casas rápidas: una fábrica portátil

 

La impresión 3D de hormigón no debe leerse únicamente como una forma llamativa de vender casas rápidas, sino como una herramienta industrial que puede cambiar la logística de la obra.

Salvatto la define como una “fábrica de premoldeados portátil”, una máquina que puede trasladarse, nivelarse sobre el terreno y empezar a producir de una forma mucho más ágil que la tradicional.

 

Lo que todavía falta para convencer

 

La promesa todavía necesita escala, regulación, costes reales comparables y proyectos terminados que demuestren su rendimiento más allá del impacto inicial.

Pero la dirección es clara: la construcción, uno de los sectores más resistentes al cambio, empieza a mirar hacia el futuro. En una industria donde el tiempo casi siempre se pierde antes de ganarse, imprimir la obra gris de una casa en 48 horas y tenerla lista en una semana sería una auténtica revolución.

 

 

 

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Fuente: as.com