Un informe técnico del INTA revela fuertes incrementos en instalaciones ganaderas, mientras que los productores de CREA muestran mayor predisposición a invertir y la Bolsa de Comercio de Rosario proyecta una cosecha récord para 2026/27.

 

 

 

Buenos Aires, domingo 25 octubre (PR/26)– La infraestructura rural comienza a ocupar un lugar cada vez más relevante en las decisiones de inversión del agro argentino.

En un sector donde las perspectivas productivas conviven con costos elevados y diferencias de rentabilidad, instalaciones como alambrados, corrales, galpones y caminos internos adquieren una nueva dimensión económica.                                  

Ya no se trata únicamente de construir o mantener instalaciones tradicionales: el desafío actual es diseñar espacios eficientes capaces de mejorar el funcionamiento operativo de los establecimientos.

El escenario presenta señales contrapuestas para los productores. Por un lado, la Bolsa de Comercio de Rosario estimó en septiembre de 2026 una producción nacional de 155,8 millones de toneladas para la campaña 2026/27.

Esta cifra representaría el segundo mayor volumen de la historia, siempre que las condiciones climáticas acompañen la campaña agrícola.

La entidad también proyectó exportaciones agroindustriales por US$ 42.200 millones, un eventual récord en valor que dimensiona la importancia del sector y sus requerimientos de infraestructura. Por otro lado, los costos de construcción de determinadas instalaciones rurales muestran incrementos significativos que encienden las alarmas presupuestarias.

Un informe del INTA Santa Cruz publicado el 21 de agosto de 2026 indicó que construir un alambrado tradicional de siete hilos demandaba $11.784 por metro lineal a junio.

 

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Frente a los $8.304 registrados en 2025, la diferencia representa un aumento interanual del 41,92% en la región patagónica.

Aunque el relevamiento utiliza precios de Río Gallegos y no puede extrapolarse a todo el país, evidencia la necesidad de evaluar todos los componentes de la inversión. Factores como materiales, instalación, traslado, mano de obra y mantenimiento resultan determinantes para calcular el costo real a lo largo de la vida útil.

Para Marcelo Pascual, presidente de Herpaco, empresa especializada en acero para la construcción y el agro, el desafío pasa por cambiar la forma de evaluar estas obras.

 

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   Marcelo Pascual- presidente de HERPACO

Durante mucho tiempo, las instalaciones rurales se consideraron gastos necesarios para mantener funcionando un campo , señala Marcelo Pascual. Hoy tenemos que analizarlas como activos productivos. Un alambrado o una estructura metálica bien planificada ayuda a ordenar procesos y reducir intervenciones , destaca el especialista.

 

El verdadero costo de la infraestructura rural

 

El estudio del INTA permite profundizar sobre una variable clave que suele quedar relegada frente al precio de insumos: el costo total de ejecución. Según el organismo, la mano de obra representa el 37% del presupuesto de construcción de 1.000 metros lineales de alambrado tradicional.

Asimismo, las varillas de curupay registraron un alza interanual del 63,04%, los postes de quebracho un 51,56% y el alambre calibre 8 un 8,09%.

Estas diferencias demuestran que el encarecimiento de una obra no depende únicamente de un insumo, sino de la composición del presupuesto.

 

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La elección de materiales debe formar parte de una evaluación más amplia que considere resistencia, exposición ambiental y frecuencia de mantenimiento. Una alternativa con menor precio inicial no necesariamente será la opción más económica durante toda su vida útil en el campo.

No todo es precio cuando hablamos de infraestructura productiva. Es fundamental entender las exigencias que deberá soportar cada material , explica Pascual.

Una decisión basada solo en el presupuesto inicial puede dejar afuera costos futuros que terminan afectando seriamente la rentabilidad del establecimiento. Esta mirada introduce el concepto de costo del ciclo de vida, analizando las instalaciones por su comportamiento operativo, mantenimiento y reposición.

Una inversión eficiente depende de seleccionar soluciones acordes a las condiciones de trabajo y la capacidad económica de cada empresa agropecuaria.

 

Invertir en un contexto de oportunidades y restricciones

 

Las expectativas de la ganadería aportan otra dimensión importante al debate sobre la modernización de las instalaciones.

De acuerdo con la Encuesta SEA CREA de julio de 2026, el 76% de los empresarios ganaderos consideraba que era un buen momento para realizar inversiones.

 

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Por su parte, el Monitor de CONINAGRO de agosto de 2026 identificó mejoras en la capacidad de compra para la ganadería vacuna y los principales cultivos. En julio de 2026, adquirir un tractor demandaba 44.725 kilogramos de novillito, un 22% menos que el año anterior.

Para comprar una sembradora, un productor de soja necesitaba 313 toneladas, lo que representó una reducción interanual del 27,8%.

Esta heterogeneidad obliga a diferenciar entre capacidad de inversión, prioridades productivas y disponibilidad de financiamiento en cada región. Cuando una empresa agropecuaria decide invertir, necesita tener claridad sobre el objetivo. No siempre la respuesta es construir más , sostiene Pascual.

A veces, reorganizar instalaciones, mejorar accesos o reemplazar componentes defectuosos resulta más conveniente que encarar una obra de gran magnitud.

 

Arquitectura rural: diseñar para producir mejor

 

La creciente complejidad de las operaciones agropecuarias exige considerar de manera integrada la circulación, logística, seguridad y posibilidades de ampliación. Un galpón agrícola no debe evaluarse solo por su superficie cubierta, sino también por su altura, ventilación y adaptabilidad.

En establecimientos ganaderos, el diseño de corrales, callejones y puntos de agua condiciona de forma directa las rutinas de manejo diario.

La incorporación de estructuras metálicas, perfiles, chapas y caños permite desarrollar diversas configuraciones constructivas de alta durabilidad. Esta integración entre diseño y producción adquiere mayor relevancia frente a la variabilidad climática y los eventos meteorológicos extremos.

El INTA Balcarce advirtió sobre la necesidad de preparar los espacios de almacenamiento con silobolsas ante posibles períodos húmedos por El Niño.

 

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Entre las recomendaciones figuran evaluar el drenaje del terreno, mantener accesos firmes y asegurar espacio suficiente para la inspección de granos.

El diseño de una instalación rural tiene consecuencias directas sobre su funcionamiento y sobre la eficiencia operativa del campo , afirma Pascual. Esta planificación conecta la infraestructura rural con la arquitectura industrial: flexibilidad, facilidad de mantenimiento y previsión de riesgos.

 

Del campo tradicional a un sistema productivo integrado

 

La transformación tecnológica suma exigencias a las estructuras físicas. Un informe de BBVA Research indica que el 79% de los productores usa monitores de siembra. Además, el 63% emplea pilotos automáticos y el monitoreo en tiempo real alcanza a 18 millones de hectáreas en el país.

La digitalización requiere una infraestructura física sólida que facilite el tránsito de maquinaria sofisticada y la gestión de almacenamiento.

En esta cadena de valor, empresas como Herpaco, fundada en 1989, aportan soluciones en acero, alambres, tejidos metálicos y postes. La planificación estratégica a largo plazo permite transformar el potencial del sector en resultados sostenibles y mayor competitividad.

Infraestructuras como alambrados, galpones y accesos son el capital invisible que sostiene la productividad del agro argentino.

 

 

 

 

Primicias Rurales
Fuente: HERPACO