A lo largo de casi ocho mil kilómetros, una ambiciosa iniciativa busca regenerar suelos, frenar la desertificación y transformar el futuro económico de África mediante un cambio clave en la flora utilizada.

 

 

 

jose-a-lizana Por José A. Lizana

Buenos Aires, jueves 29 octubre (PR/26)– A lo largo de los casi 8.000 kilómetros que separan Senegal de Yibuti, el continente africano está inmerso en uno de los proyectos de ingeniería ecológica y adaptación climática más ambiciosos conocidos hasta la fecha: la llamada Gran Muralla Verde. Su objetivo oficial fijado por la ONU para 2030 contempla restaurar 100 millones de hectáreas de tierra degradada, capturar 250 millones de toneladas de carbono y generar diez millones de empleos.

 

Un giro clave impulsado por la ciencia

 

Cuando este mega proyecto vio la luz hace casi dos décadas, la estrategia central consistía en la plantación masiva de árboles en líneas rectas para levantar una barrera física contra el avance directo de la arena. Sin embargo, la evidencia científica terminó demostrando que esta visión partía de un concepto sumamente obsoleto sobre la verdadera naturaleza de la desertificación en la región.

Diversos estudios e investigaciones confirmaron con el tiempo que sembrar especies arbóreas de gran tamaño en zonas semiáridas traía graves complicaciones indeseadas. Entre los principales inconvenientes destacaron una baja tasa de supervivencia, el progresivo agotamiento de la humedad del suelo e incluso un severo descenso en los acuíferos locales.

 

África está levantando una de las obras ecológicas más impresionantes del planeta 🌍🌱 Esta es “muralla verde” de 8 mil kilómetros hecha de árboles, arbustos y vegetación para frenar el avance del d

 

Frente a este complejo panorama lleno de desafíos técnicos y ambientales, los expertos decidieron redirigir el rumbo por completo. La nueva estrategia abandonó el diseño rígido para apostar firmemente por un enfoque de mosaico adaptado, el cual toma en cuenta de manera minuciosa la realidad de cada zona geográfica del Sahel.

 

De los grandes árboles a los arbustos y la tradición

 

En esta renovada etapa, los especialistas eligieron priorizar la siembra de arbustos sostenibles, una alternativa que demostró ser infinitamente más efectiva y adaptable a las duras condiciones climáticas. De forma paralela, las acciones se enfocaron en respaldar activamente la agricultura tradicional gestionada día a día por las comunidades locales del Sahel.

 

El Sahara se está comiendo pueblos enteros. África lleva casi 20 años intentando frenarlo con una muralla verde de 8.000 kilómetros

 

Las evaluaciones sobre el terreno confirmaron que las parcelas agrícolas atendidas directamente por los pobladores poseen una mayor cobertura leñosa que las propias sabanas colindantes. A pesar de no lograr una altísima densidad de bosque espeso, los especímenes que logran arraigarse aportan invaluables servicios ecosistémicos esenciales para la vida.

Entre los beneficios más palpables que reciben los pobladores destacan la provisión de sombra, el constante fomento de la retención de agua y el aporte fundamental de valiosos nutrientes al suelo. Todos estos factores resultan indispensables para garantizar el sustento y la supervivencia cotidiana de las comunidades que habitan el territorio.

 

Los desafíos del impacto real y la financiación

 

Evaluar los resultados exactos de un plan a escala continental representa un auténtico reto estadístico que durante años arrojó datos dispares. Por ejemplo, hacia 2020 se estimaba la existencia de cerca de 18 millones de hectáreas restauradas, una cifra donde Etiopía aportaba de forma individual más de 12 millones.

Para otorgar mayor rigor y transparencia, la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación implementó un sistema de medición mucho más riguroso. Bajo esta nueva métrica oficial, se determinó la presencia de 1,66 millones de hectáreas en proceso activo de restauración y la creación de 4,6 millones de empleos.

 

África quiso construir una muralla viva de 8.000 kilómetros para detener al Sahara. Dieciocho años después,

 

En cuanto al aspecto económico, alcanzar con éxito las metas pautadas para 2030 requiere una inversión global estimada en 33.000 millones de dólares. Aunque la comunidad internacional asumió importantes compromisos financieros, la llegada efectiva del dinero a las comunidades suele chocar contra densas trabas burocráticas.

Un claro ejemplo ocurrió en 2023, cuando de los 19.000 millones de dólares prometidos por diversos actores globales, el 80 % ya se encontraba programado pero únicamente un 13 % del capital había desembarcado físicamente en el terreno. Entre las entidades más comprometidas destaca el Banco Africano de Desarrollo, aportando más de 3.320 millones de dólares.

 

Geopolítica e inseguridad: los mayores obstáculos

 

La Gran Muralla Verde constituye una ineludible carrera contra el tiempo para la subsistencia económica de la región. De acuerdo con proyecciones del Banco Mundial, la falta de medidas urgentes de adaptación climática para 2050 empujaría a 13,5 millones de personas a la pobreza extrema en el G5 Sahel.

Estas severas alteraciones climáticas provocarían caídas dramáticas del Producto Interno Bruto que alcanzarían hasta un 11,9 % en Níger y un 6,8 % en Burkina Faso. No obstante, los especialistas enfatizan que el impedimento más severo para lograr el reverdecimiento de las tierras no radica en las condiciones climáticas o la aridez.

 

Plantar la "Gran Muralla Verde" africana, ¿cambiaría el clima global?

 

El verdadero freno estructural proviene directamente del complejo escenario geopolítico. De los 28 millones de hectáreas identificadas en el Sahel con viabilidad económica para ser restauradas, solo 14 millones están disponibles en la práctica, mientras la otra mitad permanece bloqueada por conflictos armados e inseguridad crónica.

 

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Fuente: www.xataka.com