Un informe del IERAL de la Fundación Mediterránea advierte que durante el tercer trimestre de 2026 los márgenes de las granjas porcinas se redujeron considerablemente. Mientras los establecimientos de alta eficiencia todavía conservan resultados positivos, los de menor productividad ya trabajan a pérdida. El costo de los granos, la alimentación y la ubicación geográfica aparecen como factores determinantes para sostener la actividad.

 

 

 

Buenos Aires, martes 3 de noviembre (PR/26) .- La producción porcina argentina atraviesa un escenario económico cada vez más exigente. Aunque algunos costos de producción disminuyeron en términos reales durante el tercer trimestre de 2026, esa reducción no fue suficiente para evitar un fuerte deterioro de la rentabilidad de las granjas, especialmente de aquellas que presentan menores niveles de eficiencia productiva.

Así lo señala un relevamiento del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), de la Fundación Mediterránea, que analiza la evolución de los ingresos, los costos y los márgenes económicos de establecimientos porcinos intensivos, considerando diferentes niveles de eficiencia y localizaciones geográficas.

Uno de los principales resultados del trabajo es que una granja de eficiencia media obtuvo durante el tercer trimestre un margen neto promedio de apenas $107 por kilo vendido, frente a los $226 registrados en igual período de 2025. La diferencia también resulta significativa cuando se compara con el promedio histórico de los terceros trimestres de la última década, que alcanzó los $391 por kilo.

La situación se agravó hacia septiembre. En ese mes, el margen neto descendió a solamente $48 por kilo, un valor cercano a los mínimos históricos del período analizado.

Ingresos que no alcanzan para recuperar rentabilidad

El comportamiento de los ingresos muestra una realidad diferente según la moneda utilizada para medirlos. Durante el tercer trimestre de 2026, los ingresos de una granja de eficiencia media disminuyeron un 7% en pesos constantes respecto del mismo período del año anterior. En dólares constantes, en cambio, registraron una suba del 6,3%.

Sin embargo, en ambas monedas los ingresos permanecieron por debajo de los promedios de la última década.

Este comportamiento refleja una dificultad central para los productores: los precios de venta no están permitiendo recuperar los niveles de rentabilidad que históricamente tuvo la actividad.

 

La alimentación sigue siendo el principal componente de los costos

 

La estructura de costos permite comprender buena parte de las dificultades que enfrenta el sector. La alimentación representa aproximadamente el 60% del costo total de producción, por lo que cualquier variación en los precios del maíz y de la soja tiene un impacto directo sobre los resultados económicos.

En las granjas de eficiencia media, el costo total alcanzó un promedio de $2.327 por kilo producido durante el tercer trimestre de 2026, medido en pesos constantes de septiembre.

Este valor representó una disminución real del 3% frente al mismo trimestre de 2025 y se ubicó un 11% por debajo del promedio histórico de los terceros trimestres de la última década.

No obstante, la evolución más reciente muestra señales de alerta. Después de dos trimestres consecutivos de bajas, los costos volvieron a aumentar un 3% respecto del trimestre anterior.

En la comparación interanual, el gasto en alimentación descendió un 1%, mientras que otros componentes también registraron reducciones: los fletes y las guías bajaron un 19%, la genética un 7% y la sanidad un 9%. La mano de obra, por su parte, permaneció prácticamente sin cambios.

Si se compara con los promedios históricos, la alimentación se ubicó un 14% por debajo de los valores habituales para ese período. También mostraron menores costos los fletes y la genética. En cambio, la mano de obra se situó un 7% por encima de su promedio histórico y la energía un 13% por encima.

La comparación en dólares presenta otro panorama: los costos promediaron USD 1,53 por kilo producido, un 11,3% más que en el tercer trimestre de 2025 y ligeramente por encima del promedio de la última década.

 

La eficiencia productiva marca la diferencia entre ganar y perder 

 

Uno de los aspectos más importantes del informe es la comparación entre establecimientos con distintos niveles de eficiencia.

Los resultados demuestran que, ante condiciones similares de mercado, la productividad puede determinar si una granja obtiene ganancias o termina trabajando a pérdida.

Durante el tercer trimestre de 2026, las granjas de eficiencia alta consiguieron un margen neto promedio de $348 por kilo, mientras que las de eficiencia media alcanzaron $107. En el extremo opuesto, los establecimientos de eficiencia baja registraron un resultado negativo de $297 por kilo.

La diferencia también se observa al medir la rentabilidad en relación con los costos totales.

Las granjas de alta eficiencia obtuvieron una rentabilidad equivalente al 16,8% de sus costos. Las de eficiencia media alcanzaron apenas el 4,6%, mientras que las de baja eficiencia registraron pérdidas equivalentes al 10,8% de sus costos.

Estos números muestran que la eficiencia no constituye solamente una cuestión técnica: es un factor decisivo para la supervivencia económica de los establecimientos.

Mejorar la conversión alimenticia, reducir desperdicios, optimizar la sanidad, manejar adecuadamente la genética y aprovechar mejor las instalaciones son aspectos fundamentales para producir más kilos con una menor utilización de recursos.

 

La ubicación geográfica también influye en el negocio

 

El informe incorpora otro elemento que muchas veces no recibe suficiente atención: la localización de las granjas y su distancia respecto de los principales centros de comercialización de granos.

Para analizar esta variable, el IERAL comparó establecimientos ubicados en Malena, Marcos Juárez y Rosario, manteniendo iguales los parámetros de eficiencia y los ingresos por ventas.

La explicación es sencilla: las granjas situadas en regiones agrícolas alejadas de los puertos pueden acceder a materias primas a precios más convenientes cuando existe una producción local importante de maíz y soja y los excedentes permiten descontar parte del costo de transporte.

En el tercer trimestre de 2026, una granja de eficiencia media ubicada en Malena registró un costo de $2.327 por kilo producido y un margen neto de $107.

En Marcos Juárez, el costo subió a $2.381 y el margen se redujo a $53 por kilo. En Rosario, donde el modelo no contempla descuentos por flete en las materias primas, el costo llegó a $2.434 y el margen prácticamente desapareció.

La diferencia entre Malena y Rosario alcanzó aproximadamente el 5% del costo por kilo producido.

En septiembre, la situación fue todavía más significativa: mientras Malena conservó un margen positivo de $48 por kilo, Marcos Juárez registró una pérdida de $5 y Rosario una pérdida de $57.

El análisis demuestra que disponer de granos en las cercanías puede representar una ventaja competitiva importante, aunque depende de la relación entre producción y consumo local. Estar lejos de los puertos no garantiza automáticamente materias primas más baratas: también es necesario que exista una oferta regional suficiente.

 

Pagar más caros los granos puede transformar una ganancia en pérdida

 

El peso de la alimentación queda todavía más claro cuando el informe simula diferentes escenarios de precios para el maíz y la soja.

Tomando como referencia los valores de septiembre de 2026 en Rosario, el estudio calculó qué sucedería si una granja de eficiencia media pagara los granos un 10% más caros o un 10% más baratos.

Con precios de paridad Rosario, el establecimiento registró un costo total de $2.482 por kilo y un margen negativo de $57.

Si los granos costaran un 10% más, el costo ascendería a $2.582 por kilo y la pérdida aumentaría a $157.

Por el contrario, si pudiera comprarlos un 10% más baratos, el costo bajaría a $2.382 y el resultado se transformaría en un margen positivo de $44 por kilo.

La diferencia es contundente: una variación del 10% en el precio de las principales materias primas puede modificar el resultado económico en aproximadamente $100 por kilo.

Esto confirma que la capacidad de compra, los acuerdos comerciales, la logística y el abastecimiento regional son elementos centrales para la competitividad de la producción porcina.

 

Un sector que necesita eficiencia, previsibilidad y mejores márgenes

 

El diagnóstico del IERAL deja una conclusión importante: la reducción de algunos costos no alcanza, por sí sola, para garantizar la rentabilidad de las granjas porcinas.

El deterioro de los márgenes responde a una combinación de ingresos que permanecen por debajo de sus referencias históricas, costos que muestran nuevas presiones y diferencias cada vez más determinantes entre establecimientos según su eficiencia productiva.

Las cifras también advierten que las granjas menos eficientes son las más expuestas, mientras que las de mayor productividad tienen mejores herramientas para soportar escenarios adversos.

Para el productor, el desafío pasa por mejorar la conversión alimenticia, controlar los gastos, fortalecer el manejo sanitario, optimizar la genética y asegurar el abastecimiento de granos a precios competitivos.

En definitiva, el futuro económico de la producción porcina no dependerá exclusivamente de cuánto se produzca o del precio al que se venda cada animal. También será determinante cuánto cuesta transformar los alimentos en kilos de carne y qué capacidad tiene cada establecimiento para administrar sus recursos.

El informe pone sobre la mesa una advertencia: con márgenes tan reducidos, cualquier aumento en los costos o deterioro en los precios de venta puede llevar rápidamente a una granja de resultados positivos a una situación de pérdidas.

 

Fuente: IERAL de la Fundación Mediterránea. Análisis de costos y márgenes económicos de granjas porcinas durante el tercer trimestre de 2026.

 

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