San Roberto Belarmino, cardenal, sabio jesuita y Doctor de la Iglesia, es recordado cada 17 de septiembre por su firme defensa de la fe y su profunda sencillez evangélica en tiempos de gran crisis.
Hermanos:
Alguno preguntará: « ¿Y cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?» Insensato, lo que tú siembras no recibe vida si (antes) no muere. Y al sembrar, no siembras el cuerpo que llegará a ser, sino un simple grano, de trigo, por ejemplo, o de cualquier otra planta.
Lo mismo es la resurrección de los muertos: se siembra un cuerpo corruptible, resucita incorruptible; se siembra un cuerpo sin gloria, resucita glorioso; se siembra un cuerpo débil, resucita lleno de fortaleza; se siembra un cuerpo animal, resucita espiritual. Si hay un cuerpo animal, lo hay también espiritual.
Efectivamente, así está escrito: el primer hombre, Adán, se convirtió en viviente. El último Adán, un espíritu vivificante. Pero no fue primero lo espiritual, sino primero lo material. y después lo espiritual. El primer hombre, que proviene de la tierra, es terrenal; el segundo hombre es del cielo. Como el hombre terrenal, así son los de la tierra; como el celestial, así son los del cielo. Y lo mismo que hemos llevado la imagen del hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial.
Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco,
y así sabré que eres mi Dios. R/.
En Dios, cuya promesa alabo,
en el Señor, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temo;
¿qué podrá hacerme un hombre? R/.
Te debo, Dios mío, los votos que hice,
los cumpliré con acción de gracias;
porque libraste mi alma de la muerte, mis pies de la caída;
para que camine en presencia de Dios a la luz de la vida. R/.
La siembra es tiempo de esfuerzo pero sobre todo es un acto de confianza en el futuro. Sembramos porque esperamos que la semilla dé fruto.
Algo de la semilla no llega a dar fruto por “agentes externos” a la misma: los pájaros que la comen, otro poco porque las piedras que la entorpecen, otro poco porque las zarzas le roban la sazón.
A pesar de este algo y estos pocos, la parábola nos revela un verdadero mensaje de esperanza ya que la semilla dará abundante cosecha porque la semilla – la palabra va a ser acogida con fe y alegría entre los “pobres”, los “pequeños”, los “pecadores.
¿Cómo acogemos la Palabra, qué clase de tierra somos, cómo la tratamos, cómo la cuidamos, cómo la defendemos?
La semilla, como la palabra de Dios tiene gran fuerza en sí misma, sembramos un cuerpo humano, un cuerpo terreno, hecho de la tierra; y la fuerza del Espíritu hará fructificar un cuerpo espiritual, pasando de ser imagen del hombre terreno, (el primer Adán) a ser imagen del hombre celestial, imagen de Cristo.
Así por la fuerza del Espíritu adquiriremos un cuerpo resucitado.
Así viviremos la gran novedad de Cristo que no consiste en tener la vida, sino en darnos la vida nueva a todos.
Escucha, Señor, a tu pueblo y aumenta en nosotros el deseo sincero de acoger la semilla de tu palabra; haz que esta simiente sea también sembrada en los surcos de toda la humanidad y fructifique en obras de justicia y paz, para que se manifieste a la humanidad la bendita esperanza de tu Reino. Que mi vida Señor proclame con fidelidad la palabra divina, y que todos los cristianos desde nuestra pertenencia a la Iglesia tengamos un corazón abierto a la palabra de vida y salvación. Amén
Buenos Aires sábado 18 septiembre (PR/26)– La comunidad de fieles ya palpita con profunda emoción la 52da. Peregrinación Juvenil a Luján, que se llevará a cabo durante el próximo sábado 3 y domingo 4 de octubre. Este trayecto de devoción reúne año tras año a cientos de miles de peregrinos que caminan con esperanza.
En esta edición especial, el recorrido hacia el santuario de la Virgen de Luján se transforma en el marco perfecto para preparar el espíritu de todo el pueblo argentino. La cercanía de la travesía genera un clima de renovada fe y fraternidad en cada rincón de la patria.
La marcha juvenil coincide de manera providencial con la antesala de la llegada del Papa León XIV a la Argentina, confirmada para este mes. Este acontecimiento histórico impulsa un fervor renovado entre las comunidades parroquiales y los movimientos diocesanos.

Los organizadores destacan que la marcha de este año no será una caminata habitual, sino un verdadero mosaico de oración y unidad nacional. Miles de jóvenes ya afinan la logística para portar las imágenes patronales y brindar asistencia a lo largo de la ruta.
Durante todo el fin de semana, los peregrinos recorrerán los casi 60 kilómetros que separan la capital de la basílica, unidos bajo el lema del compromiso solidario y el amor por la tierra patrona.
Diversos puestos de apoyo, sanitarios y de hidratación se están desplegando a lo largo del camino para garantizar la seguridad y bienestar de la marea humana que marchará sin cesar.
Este encuentro anual reafirma la vitalidad del pueblo creyente, que aguarda con viva esperanza las palabras y la bendición de León XIV en su histórica visita pastoral a la nación.
Hermanos:
Si se anuncia que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de entre vosotros que no hay resurrección de muertos?
Pues bien: si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo ha resucitado. Pero si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe; más todavía: resultamos unos falsos testigos de Dios, porque hemos dado testimonio contra él, diciendo que ha resucitado a Cristo, a quien no ha resucitado… si es que que los muertos no resucitan.
Pues si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís estando en vuestros pecados; de modo que incluso los que murieron en Cristo han perecido.
Si hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solo en esta vida, somos los más desgraciados de toda la humanidad.Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto.
Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño. R/.
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha. R/.
Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas escóndeme.
Yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante. R/.
El texto de hoy se enmarca en la situación que vive la comunidad de Corintio en torno a la resurrección de Cristo, entre otras cuestiones.
La comunidad, a la cual se dirige Pablo, estaba formada por cristianos de origen griego y de origen judío.
Corintio, ciudad griega era una ciudad culta e importante económicamente. La corriente filosófica comúnmente aceptada era el dualismo de Platón. El cuerpo es malo en oposición al alma inmortal que es la que resucita.
A esta comunidad de origen griego les resultaba muy difícil creer en la resurrección del cuerpo.
Por otra parte, en esta comunidad también hay judíos, si bien el judaísmo se encontró dividido en cuanto a la resurrección, ya en tiempo de Pablo aceptaban mayoritariamente la resurrección total de la persona, cuerpo y alma.
Pablo quiere comunicarles a los cristianos corintios que creer en la resurrección – la de Cristo y la de creyentes – es parte fundamental de la fe cristiana, ya que a sus oídos llegaron las discusiones entre la comunidad por esta cuestión vital, núcleo de la fe cristiana.
Releyendo de nuevo el texto se entiende todo el esfuerzo de Pablo en su argumentación para que, los más reticentes, “entiendan” bien el significado y las consecuencias de la resurrección de Cristo. “Si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra fe”
Hay un cuerpo de doctrina a creer, es lo que con tanta argumentación explica Pablo. Pero la fe hay que pasarla por el corazón.” Porque confiamos en Ti, Señor”
La fe, que es confianza amorosa en Su Palabra, la fe que cambia nuestra vida es adhesión personal a Jesús, a su Palabra, a su Vida. Por eso la fe es un don, don que da sentido a toda nuestra vida. Don que afecta a la inteligencia, al corazón, a las actitudes y vida de cada cristiano. Don que hay que cuidar con mimo. “Guarda mi fe del enemigo…” dice un himno de la Liturgia de las Horas.
Pues amigos, sigamos agradeciendo y cuidando nuestra fe para que sea una fe viva, alimentada por la formación, el encuentro con Jesús y su Palabra, capaz de transformar nuestra vida y de interpelar a las personas de nuestro entorno.
Y como San Pablo, unas veces será nuestras palabras, otras nuestra vida, las que vaya sosteniendo a los seguidores de Jesús, a nosotros mismos. “Envíame, Señor, tu luz y tu verdad”.
Quisiera terminar con la aclamación del salmo responsorial que expresa fe y confianza en las palabras de Jesús. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor
Todos nosotros que escuchamos, profundizamos e intentamos vivir la Palabra, no nos sorprenderá ver, una vez más, cómo el evangelista Lucas destaca en su evangelio la presencia de algunas mujeres que siguen a Jesús, anotando las distintas tareas que ellas realizaban dentro de la comunidad.
Jesús estableció un orden nuevo rompiendo la visión del mundo cerrada y legalista. Su mirada y sus acciones a favor de los pobres, débiles, discriminados de la sociedad, las mujeres, escandalizan a sus contemporáneos.
Frente a una sociedad que marginaba a la mujer, Él les otorgó dignidad y las reconoció como iguales, incluyéndolas como discípulas itinerantes, encomendándoles diferentes tareas en la misión. Esta actitud de Jesús hacia las mujeres le enfrentaba con las costumbres de su tiempo.
Recojo unas palabras del Papa Francisco pronunciadas en una audiencia en abril de 2015. “Es indudable que debemos hacer mucho más a favor de la mujer, si queremos dar más fuerza a la reciprocidad entre hombres y mujeres. Es necesario de hecho, que la mujer no solamente sea más escuchada, sino que su voz tenga un peso real, un prestigio reconocido en la sociedad y en la iglesia. Jesús la considera de una manera que da una luz potente que ilumina un camino que lleva lejos, del cual hemos recorrido solamente un tramo. Aún no hemos entendido en profundidad cuales son las cosas que nos puede dar el genio femenino de la mujer en la sociedad. Es un camino que es necesario recorrer con más creatividad y más audacia«. (Audiencia de S.S. Francisco, 15 de abril de 2015).
Sin duda ninguna somos conscientes del camino que se va recorriendo en la Iglesia, continuado, con nuevo impulso, por León XIV, incorporar la visión y el modo de hacer, en el seno de estructuras de gobierno y reflexión dentro de la Iglesia.
Hoy, y a lo largo de los siglos, no podemos olvidar dentro del camino del seguimiento de Jesús, el papel que las mujeres han desempeñado, sirviendo al Señor, a los hermanos, anunciando su Palabra, desde la sencillez, la ternura, la valentía, la proximidad.
Testimonio de entrega, de servicio, de luz y testimonio, sin importar demasiado el reconocimiento, pero si con un grado grande de generosidad y humildad, acompañando a Jesús en los pobres, a veces en contextos difíciles. ¡Gracias!
En este camino recorrido la Iglesia, cómo me siento: ¿agradecido, receloso?
Señor ayúdame a descubrir tu verdad, guía mis pasos, purifica mi mirada para avanzar en la misión evangelizadora a la cual nos llamas.
Buenos Aires jueves 17 septiembre (PR/26)– En la Iglesia católica, la Santísima Virgen María es objeto de una profunda veneración, ya que fue elegida para ser la Madre de Dios, aquella que dio a luz al Mesías. Su papel se considera una parte esencial de la Historia de la Salvación.
Tras su Asunción al Cielo, los cristianos continuaron recurriendo a su ayuda y a su intercesión. Por eso conviene aclarar por qué sus numerosos títulos funcionan, en cierto modo, como apodos cariñosos. Entender esto ayuda a despejar una confusión bastante frecuente entre quienes se acercan por primera vez a la fe católica.
Al principio, los cristianos simplemente la invocaban por su nombre, María, o por Madre, tal como la conocía la gente de la época. El propio Jesús pidió a sus seguidores que la llamaran de esa manera, según recoge el Evangelio de Juan. «Entonces dijo al discípulo: “¡He aquí a tu madre!”» (Juan 19, 27).
Sin embargo, no tardaron en surgir lo que podríamos considerar apodos, es decir, títulos con los que los fieles empezaron a venerarla. Algunas personas podrían pensar, erróneamente, que cada título se refiere a una María diferente.
En realidad, todos esos nombres remiten a una única mujer: la Madre de Dios. Por eso resulta útil pensar en ellos como apodos, del mismo modo en que solemos ponerle a las personas que queremos nombres cariñosos, casi siempre por admiración o por afecto.
Cada uno de los títulos marianos que se fueron desarrollando a lo largo de los siglos suele encajar en alguna de dos grandes categorías. La primera reúne aquellos que hacen referencia a la relación única que María mantiene con Jesús o con la Iglesia que él fundó.
Entre ellos se incluyen nombres como Madre de Dios, Madre de la Iglesia, Madre de la Misericordia, Reina de los Ángeles, Reina de los Patriarcas, Reina de los Profetas y Reina de los Apóstoles. Todos reflejan un vínculo concreto que ella mantiene con los fieles o con su propio Hijo.
La segunda gran categoría, quizás la más conocida, agrupa los títulos que hacen referencia a lugares concretos donde, según la tradición, se ha aparecido la Virgen. Nuestra Señora de Guadalupe, Nuestra Señora de Fátima, Nuestra Señora de Lourdes y Nuestra Señora de Knock son algunos de los ejemplos más populares.
Estos nombres vinculan a María con un punto específico del mapa y ponen de manifiesto su cercanía con cada comunidad local. Así, lejos de tratarse de “Marías” distintas, cada título es una forma más de nombrar el mismo amor maternal.
Solo hace unos años, en 2021, se celebró el cuarto centenario de su muerte, acontecida el 17 de septiembre de 1621; así como los 90 años desde que fue incluído en la lista de Doctores de la Iglesia, el 17 de septiembre de 1931.
“Considera auténtico bien para ti lo que te lleva a tu fin, y auténtico mal lo que te impide alcanzarlo”, escribió alguna vez Belarmino, dejando entrever la importancia de buscar siempre los designios de Dios para la propia vida, de manera que el alma pueda recorrer el camino dispuesto por Dios para alcanzar la felicidad, la plenitud y la santidad.
San Roberto fue un valiente defensor de la Iglesia Católica ante quienes quisieron destruirla o dañarla. Eran los tiempos de la Revuelta Protestante, y, contra lo que generalmente se piensa, puede que los enemigos más peligrosos no estuvieran “fuera de la Iglesia” sino dentro. Una profunda crisis del clero y de buena parte de la jerarquía debilitaba el catolicismo desde su propio centro.
Ya ordenado, se desempeñó como profesor y formador de novicios. Belarmino se sentía muy a gusto como jesuita pues le permitía dedicarse a sus dos grandes pasiones: la oración y el estudio. Pensaba, para sus adentros, que así podría evitar pesados cargos eclesiales o jerárquicos; aunque, como después quedaría en evidencia, ya Dios tenía pensado otro camino para él.
El joven Padre Belarmino amaba profundamente el saber y gustaba mucho de la prédica. Dadas sus dotes naturales para esos menesteres, se afanaba por hacer de sus escritos y homilías auténticas piezas de erudición -manejaba muy bien a los clásicos y era un gran conocedor de la Biblia- hasta que descubrió que la riqueza del mensaje de la Iglesia no reside en los adornos o exuberancias retóricas, sino en mostrar con sencillez y profundidad a la persona de Cristo. Precisamente, con ese espíritu humilde escribió algunas de las versiones más acabadas que existen del catecismo.
San Roberto combatió varias herejías y se convirtió en uno de los más fuertes impulsores del movimiento de la Contrarreforma. Lo suyo no fue precisamente lo que hoy llamaríamos “corrección política”: a los protestantes los trataba simplemente de “herejes”; mientras que sus afanes por dar a conocer la recta doctrina no brotaron ni del desprecio del otro, ni de una falsa conciencia superior. Belarmino solo tenía un “problema”: al error le llamaba “error”, sin ambages ni escrúpulos.
Entre otras responsabilidades, el P. Belarmino sirvió en la curia romana como consultor y prefecto en varios dicasterios. De hecho, debido a sus cargos tomó parte en los procesos que se les siguieron a Galileo Galilei (1564-1642) y Giordano Bruno (1548-1600), en los que actuó con prudencia, caridad y celo por la verdad.
Las enseñanzas de su madre en torno a la humildad y la sencillez repercutieron en su forma de ser, especialmente cuando Roberto entendió de veras que su tesoro estaba en Cristo y no en el reconocimiento o el aplauso de la gente.
Si desde un punto de vista humano podría decirse que sus talentos lo ubicaron en una posición ‘ascendente’ o ‘expectante’ -formado por el mismísimo San Francisco de Borja, luego ordenado con celeridad y, a pedido del Papa, puesto a cargo de la preparación de los sacerdotes de Roma para que aprendieran a enfrentarse a los enemigos de la fe-, sobre su corazón siempre pesaron más las invocaciones de su madre para que pusiera todo de sí, al servicio de quien más lo necesita.
Como fruto del encargo papal, Belarmino publicó Controversias, libro que llegó a ser de lectura obligatoria para apologistas y teólogos deseosos de esclarecer las confusiones doctrinales que la expansión de las Iglesias protestantes trajo consigo. Entre quienes se reconocieron influenciados por este notable texto estuvo nada menos que San Francisco de Sales (1567-1622).
San Roberto dirigió una edición revisada de la Biblia (Vulgata) y redactó dos versiones del Catecismo de la Iglesia Católica: el Catecismo resumido y el Catecismo explicado. Ambos textos fueron traducidos a varios idiomas y se les consideró de uso común hasta el siglo XIX. Asimismo, el santo se desempeñó como director espiritual por años sirviendo a distintos tipos de personas. Quizás el más célebre de sus dirigidos haya sido San Luis Gonzaga (1568-1591).
Por razones como esta, San Roberto Belarmino, a pesar de pertenecer a la Compañía de Jesús y haber prometido no aspirar a cargos eclesiales, fue nombrado arzobispo; y no solo eso, sino que años más tarde llegaría a ser creado cardenal.
El Papa Clemente VIII, el 3 de marzo de 1599, declaraba frente a la curia: “Hemos elegido a este hombre porque no hay en la Iglesia de Dios alguien que se le iguale en deseo de aprender”.
Belarmino le había rogado a sus superiores que impidieran que los deseos papales se realicen, pero el Papa no se dejó persuadir y le ordenó -cuenta la leyenda, bajo amenaza de excomunión- que permaneciera callado durante la ceremonia en la que fue creado cardenal.
“He combatido el buen combate” (2 Tim 4, 7)
Poco antes de morir, el santo escribió en su testamento que sus pertenencias deberían ser repartidas entre los pobres; aunque la verdad era tan poco lo que tenía que al final lo dejado solo alcanzó para costear su funeral. Al momento de su muerte, San Roberto se hallaba retirado en el noviciado de San Andrés en Roma. Desde allí partió a la Casa del Padre el 17 de diciembre de 1621.
El Papa Pío XI lo beatificó en 1923 y lo canonizó en 1930. El 17 de septiembre de 1931 -un año después de su canonización- fue declarado Doctor de la Iglesia por el mismo Pontífice.
La obra de San Roberto Belarmino es extensísima, solo comparable con la de santos como San Agustín de Hipona o Santo Tomás de Aquino.
No obstante, al margen de tan llamativa consideración, el santo escribió en su libro De ascensione mentis in Deum (Sobre la elevación de la mente a Dios): “El sabio no debe ni buscar acontecimientos prósperos o adversos, riquezas y pobreza, salud y enfermedad, honores y ultrajes, vida y muerte, ni huir de ellos de por sí. Son buenos y deseables sólo si contribuyen a la gloria de Dios y a tu felicidad eterna; son malos y hay que huir de ellos si la obstaculizan”.
¡San Roberto Belarmino, ruega por nosotros!
Si deseas conocer más sobre San Roberto Belarmino, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Roberto_Bellarmine.
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