Oct 20, 2026 | Actualidad, Desarrollo Humano, Espiritualidad, Santo del Día
El 20 de octubre se celebra la festividad de San Pedro de Alcántara, destacado religioso franciscano caracterizado por su rigurosa vida espiritual, sus escritos y por ser confesor de Santa Teresa de Avila.
Buenos Aires, martes 20 octubre (PR/26) — San Pedro de Alcántara, famoso por sus terribles penitencias, nació en 1499 en la comunidad española de Alcántara. Su padre era gobernador de la región y su madre era de muy buena familia, distinguiéndose ambos por su gran piedad y su excelente comportamiento.
Estando estudiando en la Universidad de Salamanca, el santo se entusiasmó por la vida de los franciscanos debido a que los consideraba personas muy desprendidas de lo material y muy dedicadas a la vida espiritual.
Pidió ser admitido como franciscano y eligió para irse a vivir al convento donde estaban los religiosos más observantes y estrictos de esa comunidad.
Vida de mortificación, servicio y protección nocturna

En el noviciado lo pusieron de portero, hortelano, barrendero y cocinero, sufriendo en este último oficio frecuentes regaños por ser bastante distraído en sus tareas cotidianas.
Llegó a mortificarse tan ásperamente en el comer y el beber que perdió el sentido del gusto y así todos los alimentos le sabían exactamente igual.
Dormía sobre un duro cuero en el puro suelo, pasaba horas y horas de rodillas, y si el cansancio le llegaba, apoyaba la cabeza sobre un clavo en la pared para dormir unos minutos arrodillado.
Pasaba noches enteras sin dormir ni un minuto, rezando y meditando, motivo por el cual ha sido elegido protector de los celadores y guardias nocturnos.
Con el tiempo fue disminuyendo estas terribles mortificaciones porque vio que le arruinaban su salud. Fue nombrado superior de varios conventos y siempre era un modelo para todos sus súbditos en cuanto al cumplimiento exacto de los reglamentos de la comunidad.
Predicación, retiro en Lapa y obra sobre la oración
Pero el trabajo en el cual más éxitos obtenía era el de la predicación. Dios le había dado la gracia de conmover a los oyentes, y muchas veces bastaba su sola presencia para que muchos empezaran a dejar su vida llena de vicios y comenzaran una vida virtuosa.
Prefería siempre los auditorios de gente pobre, porque le parecía que eran los que más voluntad tenían de convertirse.
Pidió a sus superiores que lo enviaran al convento más solitario que tuviera la comunidad. Lo mandaron al convento de Lapa, en terrenos deshabitados, y allá compuso un hermoso libro acerca de la oración, que fue sumamente estimado por Santa Teresa y San Francisco de Sales, siendo traducido posteriormente a muchos idiomas.

Santa Teresa de Avila y San Pedro de Alcántara
Fundación de la estricta observancia y colaboración con Santa Teresa
Deseando San Pedro de Alcántara que los religiosos fueran más mortificados y se dedicaran por más tiempo a la oración y la meditación, fundó una nueva rama de franciscanos, llamados de «estricta observancia«. E
l Sumo Pontífice aprobó dicha congregación y pronto hubo en muchos sitios conventos dedicados a llevar a la santidad a sus religiosos por medio de una vida de gran penitencia.
Los últimos años de su vida los dedicó a ayudar a Santa Teresa de Ávila en la fundación de la comunidad de Hermanas Carmelitas que ella había iniciado, actuando como su confesor y logrando muchos éxitos en la extensión de la comunidad carmelita.
Primicias Rurales
Fuentes: Varias
Oct 19, 2026 | Actualidad, Espiritualidad, Santo del Día
En 1713 Pablo Francisco, joven de 17 años, tuvo una experiencia religiosa muy especial que lo llevó a la decisión de vivir como un monje ermitaño, aunque no pertenecía a ninguna Orden
Buenos Aires, domingo 19 de octubre (PR/26) .-Pablo Francisco Danei nació en 1694 en Ovada, un pequeño pueblo de la región piamontesa de Alejandría, y fue el primero de los 16 hijos nacidos en el seno de una familia de origen noble, pero con serias dificultades económicas. Desde muy joven mostró un gran interés por la práctica de las virtudes cristianas y una fe muy sólida, alimentada por la participación diaria en la misa, la frecuencia de los sacramentos y la práctica continua de la oración, pero para ayudar a la familia empezó a trabajar con su padre comerciante. Su vocación, sin embargo, lo llevó a otra parte.
La Cruz en el corazón y el alma
En 1713 Pablo Francisco, joven de 17 años, tuvo una experiencia religiosa muy especial que lo llevó a la decisión de vivir como un monje ermitaño, aunque no pertenecía a ninguna Orden. A la edad de 26 años el obispo le permitió instalarse en una celda detrás de la iglesia de Castellazzo Bormida. Allí maduró la idea de fundar una nueva Congregación, llamada «los Pobres de Jesús». Dentro de la celda, durante más de un año, se dedicó a escribir la Regla que estaría marcada por el amor a la Cruz de Jesús. Esta, de hecho, será la típica espiritualidad de los religiosos que Pablo guiará: en una época de fe débil, para abrazar la elección más impopular, la que pasa por la oblación de sí mismos y el costoso desapego de la propia comodidad. Comenzó a llamarse a sí mismo «Hermano Pablo de la Cruz» y a ayudar a los pobres y enfermos en los que pudo contemplar el rostro de Jesús crucificado.
La Pasión se Jesús, el amor de Dios por el hombre
Finalmente en 1727 Benedicto XIII autorizó a Pablo a reunir a su alrededor algunos compañeros para ayudarlo. El primero sería su hermano carnal, Juan Bautista: los dos fueron ordenados sacerdotes en el mismo año. Así nació el primer núcleo de la Orden de los Clérigos Descalzos de la Santa Cruz y la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, más tarde llamados Pasionistas. En la base se hallaba una pertenencia radical a la Cruz de Jesús; pertenencia personal que contemplaba la pasión de Cristo no tanto como si el sufrimiento fuera el requisito necesario para «pagar el infinito precio de la redención del pecado», como se decía en aquel entonces, sino al contrario, pertenencia que honraba y agradecía la pasión de Jesús como «la más alta expresión del amor de Dios por el hombre». Los primeros religiosos fueron preparados para ser fervientes predicadores: no lucharán contra los turcos con armas, pero con la palabra de Dios y la acción educativa vencerán la ignorancia, la irreligiosidad y el abandono de la práctica del Evangelio.
Llegar hasta «los más lejanos»
Pablo de la Cruz habló y escribió mucho: tal vez diez mil cartas o más; su predicación durante el Jubileo de 1750 fue histórica. Su vida, sin embargo, transcurrió en su mayor parte en soledad, en el retiro del Monte Argentario donde se trasladó y donde fundó el primer convento. Desde allí partió para las misiones dirigidas a las zonas más pobres de la Maremma y a las islas más remotas del archipiélago toscano, donde era muy difícil hacer llegar la Palabra de Dios. En 1771, gracias a la colaboración de la Madre Crocefissa Costantini, fundó en Tarquinia la rama femenina de la Congregación: las monjas de clausura que se convertirían en las Hermanas Pasionistas de San Pablo de la Cruz, una congregación de vida apostólica consagrada a la misión educativa, especialmente de las mujeres víctimas de la violencia y la explotación. Pablo murió en Roma en 1775; fue canonizado por Pío IX en 1867.
Primicias Rurales
Fuente: Vatican News
Oct 19, 2026 | Actualidad, Espiritualidad, Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 13-21
En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús:
«Maestro, dije a mi hermano que reparta conmigo la herencia».
Él le dijo:
«Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».
Y les dijo:
«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».
Y les propuso una parábola:
«Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose:
“¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”.
Y se dijo:
“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.
Pero Dios le dijo:
“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.
Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».
Palabra del Señor
Oct 18, 2026 | Actualidad, Desarrollo Humano, Espiritualidad
Cada 18 de octubre, la comunidad católica global conmemora el nacimiento del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, una espiritualidad mariana centrada en la Alianza de Amor, la santificación cotidiana y el compromiso apostólico.
El origen fundacional en el valle de Vallendar
Buenos Aires, domingo 18 octubre (PR/26) — El Movimiento Apostólico de Schoenstatt (Schönstatt-Bewegung en alemán) es una corriente de renovación espiritual dentro de la Iglesia Católica nacida el 18 de octubre de 1914. Su nombre evoca un «lugar hermoso» situado en el valle cercano al río Rin, en la localidad de Vallendar, Alemania.
En esa jornada histórica, dentro de la pequeña capilla de San Miguel conocida como el Santuario Original, el padre José Kentenich y un grupo de jóvenes seminaristas sellaron un pacto espiritual decisivo que dio inicio a una corriente de gracia extendida hoy a más de cien países.


Durante aquella reunión, el padre José Kentenich pronunció una plática considerada formalmente como el documento de fundación del movimiento.
En dicho encuentro, los jóvenes ofrecieron un pacto espiritual con la Santísima Virgen María, pidiéndole solemnemente que se estableciera de manera permanente en el santuario para convertirlo en un refugio de gracias.
Asimismo, solicitaron la guía maternal de la Virgen para acompañar el crecimiento interior del grupo y liderar la renovación moral y religiosa del mundo en momentos de profunda incertidumbre histórica.
El compromiso asumido fue profundamente recíproco y se sintetizó formalmente bajo la máxima «Nada sin ti, nada sin nosotros». Los jóvenes seminaristas ofrecieron su esfuerzo sincero de santidad personal, su entrega en la oración diaria y la fidelidad en sus deberes cotidianos, alimentando lo que denominaron el Capital de Gracias.
Aquel gesto inicial trascendió la época y hoy cada persona que sella la Alianza de Amor se inserta en ese mismo acto fundacional, asumiendo la misión de ser protagonista activo dentro de la historia viva de la Iglesia.

La Alianza de Amor: el corazón de la espiritualidad
La Alianza de Amor constituye la dimensión esencial y el verdadero corazón latente de Schoenstatt. Se trata de un auténtico intercambio de corazones entre los fieles y la Madre y Reina Tres Veces Admirable de Schoenstatt, mediante el cual los creyentes entregan sus vidas, luchas y anhelos. A cambio, la Virgen María actúa como madre educadora que protege, transforma y acompaña el camino espiritual, fundamentado todo en una profunda fe práctica en la Divina Providencia que impulsa a buscar la voluntad de Dios en cada acontecimiento de la vida.
Esta vivencia espiritual se proyecta a través de la denominada piedad instrumental mariana, según la cual los miembros se entregan plenamente a la Virgen poniéndose a su entera disposición.
Confían plenamente en que Ella actúe como guía a través de sus vidas, transformándolos en verdaderos colaboradores para la renovación del mundo con Cristo. De esta forma, la fe deja de ser una idea abstracta para transformarse en un estilo de vida en comunidad, encarnado en lo cotidiano y puesto de manera incondicional al servicio de la Iglesia.

La santificación de la vida diaria une fe y cotidianidad al proponer el desafío de hacer lo ordinario de manera extraordinaria, con la mayor entrega y amor posibles. A través de este estilo de vida mariano, la espiritualidad se expresa en la fidelidad diaria, la oración constante y el compromiso comunitario.
Cada 18 de octubre —y de manera conmemorativa el día 18 de cada mes— miles de peregrinos en todo el mundo recuerdan, agradecen y renuevan su Alianza de Amor en los diversos santuarios filiales distribuidos globalmente.
Oct 18, 2026 | Actualidad, Espiritualidad, Santo del Día
San Lucas registró muchos más pasajes de la vida de María que cualquiera de los otros evangelistas. Esto puede deberse a su cercanía con el apóstol San Juan, el discípulo amado, quien se hizo cargo de la Madre de Dios por encargo del mismo Jesús, hecho explícito mientras agonizaba en la cruz (Jn 19, 27).
Buenos Aires, domingo 18 de octubre (PR/26) .- Cada 18 de octubre la Iglesia celebra a San Lucas Evangelista, autor del tercero de los evangelios y de los Hechos de los apóstoles.
Para conocer y amar a María
Gracias al relato de Lucas sobre la vida de Jesús, plasmado en su evangelio, los cristianos podemos conocer mejor a la Virgen María, la Madre de Dios.
San Lucas registró muchos más pasajes de la vida de María que cualquiera de los otros evangelistas. Esto puede deberse a su cercanía con el apóstol San Juan, el discípulo amado, quien se hizo cargo de la Madre de Dios por encargo del mismo Jesús, hecho explícito mientras agonizaba en la cruz (Jn 19, 27).
Médico de cuerpos y almas
La fecha de nacimiento de San Lucas es incierta, aunque hay más consenso sobre dónde nació, Antioquía. Su nombre, Loukas,alude a una región que hoy forma parte de Italia, Lucania, y parece guardar relación con el término griego Leukos que quiere decir ‘blanco’ o ‘luminoso’. Se convirtió a la fe en Jesucristo alrededor del año 40 y se sabe que no conoció personalmente al Señor, pero sí a San Pablo, de quien fue discípulo.
Lucas fue un hombre instruido -a diferencia de la mayoría de los apóstoles- y de amplia cultura. Se dice que fue médico y conocía de algunas artes como la pintura; su lengua materna fue el griego.
En su evangelio, San Lucas pone de relieve a quienes sufren en el cuerpo o en el alma, especialmente a los pobres y los pecadores arrepentidos. Además, nos recuerda constantemente la necesidad de la oración.
Portador de la Buena Noticia a los gentiles
Lucas es el único autor del Nuevo Testamento que no tuvo origen judío y cuyos escritos estuvieron pensados para llevar la Buena Nueva a los pueblos gentiles. De hecho, Lucas empleó el griego koiné, es decir, la variante de la lengua griega más extendida de la antigüedad, junto al latín.
De acuerdo a la tradición, Lucas habría predicado en Macedonia, Acaya, Galacia y Beocia.
Sobre su destino final, ocurrido con posterioridad a la muerte de Pedro y Pablo, no se dispone de certeza suficiente. Se debate si murió martirizado o si, de acuerdo al Prefatio vel argumentum Lucae [Prefacio o defensa de Lucas], murió siendo anciano. Existe, por otro lado, una tradición basada en Gaudencio (PL 20, 962) según la cual Lucas habría sido martirizado junto a Andrés, el apóstol, en la tierra de Patras, provincia romana de Acaya. De acuerdo a esta misma tradición, Lucas habría muerto colgado de un árbol.
El toro o buey
Generalmente, a Lucas se le representa con un libro en las manos, al lado de un toro o novillo. La figura del novillo o buey está inspirada en un pasaje del Libro de Ezequiel (Ez 1, 10) y en un pasaje del libro del Apocalipsis. En ambos casos se hace alusión a cuatro seres vivientes que están en presencia de Dios. En el libro del Apocalipsis ‘los cuatro’ aparecen delante del trono del Cordero (Ap 4).
La tradición ha identificado a esos cuatro seres con los cuatro evangelistas a través de lo que se conoce como el Tetramorfos [cuatro imágenes o formas], estilo habitual de la iconografía de los siglos VII-VIII. Una de esas cuatro imágenes corresponde a Lucas, a quien se representa en forma de toro o becerro (Ap 4, 6-7).
San Lucas es el patrono de médicos, cirujanos, carniceros, encuadernadores, escultores, notarios y artistas, esto último debido a que se asegura que pintó una imagen de la Virgen María.
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Si quieres saber más sobre San Lucas y su Evangelio, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Evangelio_de_San_Lucas.
Más información:
Primicias Rurales
Fuente: EWTN
Oct 18, 2026 | Actualidad, Espiritualidad, Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo
Mateo 22, 15-21
En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.
Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran: «Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?»
Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó: «Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo». Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?» Le respondieron: «Del César». Y Jesús concluyó: «Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».
Palabra del Señor