Hoy 17 de octubre celebramos a San Ignacio de Antioquía, el primero que llamó “católica” a la Iglesia

Hoy 17 de octubre celebramos a San Ignacio de Antioquía, el primero que llamó “católica” a la Iglesia

Cada 17 de octubre, la Iglesia Católica celebra a San Ignacio de Antioquía (35-ca.107), Padre de la Iglesia y discípulo de los apóstoles San Pablo y San Juan, por lo que ostenta también el título de “Padre Apostólico”.

Buenos Aires, sábado 17 de octubre (PR/26) .- Cada 17 de octubre, la Iglesia Católica celebra a San Ignacio de Antioquía (35-ca.107), Padre de la Iglesia y discípulo de los apóstoles San Pablo y San Juan, por lo que ostenta también el título de “Padre Apostólico”.

La Iglesia es “para todos”, sin exclusión

A San Ignacio de Antioquía se le atribuye haber introducido la designación “católica” para referirse a la Iglesia fundada por Jesucristo. En una de sus cartas pastorales más conocidas, escribe: “Donde está Jesucristo, allí está la Iglesia católica”.

El adjetivo femenino “católica” proviene del término griego “katholikós”, que quiere decir “universal”. En otras palabras, la pretensión de Ignacio fue explicitar lo que a todas luces se vivía entre los miembros de la “ekklesia”, la comunidad fundada por Cristo: su carácter “universal” o “para todos”, donde no hay lugar para la exclusión, a la que todos están invitados si desean ser como Jesús.

Todos están llamados a formar parte de ella -una auténtica novedad para la época-: hombres y mujeres, judíos y gentiles, ricos y pobres, poderosos y débiles, libres y esclavos. Es decir, gente de cualquier origen y condición. Para ser parte de la Iglesia bastaba querer seguir los pasos de Cristo, quien pasó por el mundo haciendo bien, liberando al hombre del pecado y la muerte.

Con el término “católica” también se quiere indicar que en la Iglesia subsiste la plenitud del Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza, Dios hecho hombre, lo que supone al mismo tiempo que ella recibe de Él “la plenitud de los medios de salvación”. Por último, es “católica” porque ha sido enviada a predicar la Buena Nueva a todo el género humano, hasta los confines del mundo.

La Iglesia de la gentilidad

Ignacio nació en Siria, probablemente en el año 35, y murió ejecutado en Roma, capital del imperio, posiblemente entre los años 107 y 110.

Fue el tercer obispo de Antioquía (70-107 d.C.), ciudad ubicada en la actual Turquía y, aunque no abundan los detalles sobre su vida antes de ejercer su cargo episcopal, se sabe con certeza de su entrega servicial por quienes se reconocían como cristianos -de acuerdo a los Hechos de los apóstoles (Hch 11, 26) fue en Antioquía donde se empezó a emplear el vocablo “cristiano” o “cristiana” como sinónimos de seguidores de Cristo.

Antioquía, la comunidad cristiana que Dios le encomendó a Ignacio, era una de las más numerosas y sólidas de aquellos tiempos. Solía llamársele la “madre de las iglesias de la gentilidad”; expresión cuyo significado Ignacio comprendió muy bien y que lo condujo a velar no solo por su sede sino por todo seguidor de Jesucristo.

El que lleva a Dios, une

En tiempos del emperador romano Trajano, San Ignacio fue apresado y trasladado a Roma para ser ejecutado allí, debido a su condición de ciudadano romano. De camino a su martirio, Ignacio fue redactando una serie de cartas dirigidas a las diferentes iglesias cristianas, con ánimo de orientarlas y fortalecer su unidad en Cristo.

Al empezar cada epístola, al lado de su nombre, escribe “Teóforo”, que en griego quiere decir “portador de Dios”, como indicación de la manera como entendía su propia misión. En una de esas cartas se describe como “un hombre al que ha sido encomendada la tarea de la unidad”. El Papa Benedicto XVI lo llamó, por eso, “el Doctor de la Unidad”.

Finalmente, en la epístola dirigida a los cristianos de Trales, refuerza bellamente lo expresado anteriormente: “Amaos unos a otros con corazón indiviso. Mi espíritu se ofrece en sacrificio por vosotros, no sólo ahora, sino también cuando logre alcanzar a Dios… Quiera el Señor que en Él os encontréis sin mancha”.

Amor y unidad selladas con sangre

De acuerdo a la tradición, San Ignacio de Antioquía murió devorado por las fieras hacia el año 107, junto a muchos otros cristianos, en la ciudad de Roma, poco después de haber concluído su traslado desde oriente.

La iconografía recoge el momento del martirio y hace aparecer al santo generalmente al lado de dos leones, que en muchas imágenes, aparecen mordiéndolo: “Para ser trigo de Dios, molido por los dientes de las fieras y convertido en pan puro de Cristo”. (Ignacio de Antioquía, Ad Rom. 4, 1).

¡San Ignacio de Antioquía, intercede por la fidelidad de todos nuestros pastores!

Primicias Rurales
Fuente: EWTN
“ He oído hablar de vuestra fe en Cristo ”

“ He oído hablar de vuestra fe en Cristo ”

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 8-12

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios, pero si uno me niega ante los hombres, será negado ante los ángeles de Dios.

Todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre podrá ser perdonado, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.

Cuando os conduzcan a la sinagoga, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué razones os defenderéis o de lo que vais a decir, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir».

 

 

Palabra del Señor
Evangelizar no es solo predicar: las cinco dimensiones de la misión de la Iglesia

Evangelizar no es solo predicar: las cinco dimensiones de la misión de la Iglesia

La misión de la Iglesia va mucho más allá del púlpito: abarca el testimonio, la oración, la formación, el servicio y la comunidad. Ninguna pesa menos que otra y, juntas, sostienen todo el edificio cristiano.

 

 

 

Por Dariusz Dudek

Buenos Aires Viernes 16 octubre (PR/26)– La evangelización no se reduce a predicar desde el púlpito. Abarca la vida y la misión de la Iglesia en su conjunto, y ninguna de sus dimensiones, ya sea el testimonio, la liturgia, el servicio, la formación o la comunidad, es menos importante que las demás: todas juntas forman un fundamento coherente del cristianismo.

 

Una Iglesia que existe para evangelizar

 

La frase nos acompaña desde los tiempos del papa San Pablo VI, quien completó la obra del Concilio Vaticano II. Al cumplirse diez años de su clausura, publicó la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, que resume lo que los obispos pensaron sobre cómo debería ser la evangelización en el mundo contemporáneo.

¿Significa esto que la misión de la Iglesia se agota en dar sermones, homilías y retiros, o en salir a las misiones? ¿Acaso la educación o la ayuda caritativa valen menos, o ni siquiera son tareas propias de la Iglesia? Por supuesto que no.

 

La Misión de la Iglesia: ¿EVANGELIZACIÓN O POLÍTICA?

 

Lo que sí se quiere decir es que toda actividad que emprenda la Iglesia debe tener como horizonte la evangelización: el anuncio de la Buena Nueva de que Dios se hizo hombre, murió, resucitó y envió al Espíritu Santo a todos los hombres, invitándolos a formar parte de la comunidad de la Iglesia.

Todas las dimensiones de esta misión excepcional están estrechamente relacionadas entre sí. No hay entre ellas elementos más o menos importantes. Se parecen a unos cimientos bien nivelados y a unas paredes sólidamente erigidas, que mantienen todo el edificio en plena estabilidad.

 

Martyria: dar testimonio con la vida

 

Una de las tareas fundamentales de la Iglesia es la martyria, una palabra griega que significa dar testimonio. De ella deriva el término mártir: aquel que dio testimonio de Jesús hasta el final, entregando su vida.

Ese testimonio se manifiesta de muchas formas. Está en vivir el día a día de tal manera que otras personas, al observarnos, empiecen a preguntar por Jesús. Está en la labor de los religiosos y del clero que predican, imparten retiros y pronuncian homilías.

Hoy también es la misión de los misioneros digitales, que prestan servicio en Internet y comparten en la red su testimonio y su experiencia de fe.

Un elemento muy importante sigue siendo la proclamación del kerigma, la verdad más fundamental de la vida cristiana: Dios creó al hombre por amor, el hombre pecó y Dios envió a su Hijo al mundo para redimirlo mediante su muerte y resurrección.

 

La misión esencial de la Iglesia es evangelizar. Este verbo otorga acción al sustantivo Evangelio. Esto quiere decir anunciar, proclamar, pregonar, gritar y testimoniar con todas nuestras fuerzas “que

 

Jesús nos da el Espíritu Santo para que podamos vivir. Depende de nosotros aceptarlo como Señor y Salvador y, al recibir el Espíritu Santo, formamos la Iglesia y nos convertimos nosotros mismos en evangelizadores.

 

Liturgia: la oración que se vive en comunidad

 

Otro pilar de la actividad evangelizadora es la liturgia, es decir, la oración comunitaria. Su expresión máxima y más elevada es la Eucaristía y los demás sacramentos. Allí, en los signos sacramentales, se hace presente el misterio salvífico de Jesucristo ofrecido al hombre.

La liturgia se complementa con todas las demás formas de oración comunitaria, con los servicios religiosos y con la oración individual de cada fiel.

 

Mistagogia: entrar de a poco en el misterio de la fe

 

El término mistagogia significa la iniciación gradual del ser humano en el misterio de la fe. En la práctica, se refiere a la formación de los fieles, es decir, a la catequesis en su sentido más amplio.

Hoy la Iglesia enfrenta una enorme tarea: la catequesis de los adultos. No se trata solo de profundizar su relación viva y personal con Cristo, sino también de desarrollar el conocimiento de las verdades de la fe.

Gracias a ello, los creyentes son capaces de comprender de forma madura, de explicarse a sí mismos y a los demás en qué y por qué creen, así como de defender sus convicciones cuando sea necesario.

 

Diakonia: servir sin perder el Evangelio

 

Otro elemento es la diaconía, es decir, el servicio. En esta dimensión se engloban las actividades caritativas, el servicio a los pobres, la educación y la ayuda a los que sufren y a los moribundos. Esa actitud dio lugar a las obras de muchos santos en el mundo, entre ellos Santa Madre Teresa de Calcuta.

A veces, sin embargo, un amplio compromiso social lleva a acusar a la Iglesia de reducir su papel al de una organización no gubernamental o filantrópica. Y es cierto que, si en la diaconía faltan el Evangelio y la referencia a Dios, este servicio se queda, efectivamente, en una mera actividad caritativa.

 

Koinonia: una comunidad con Cristo en el centro

 

El último elemento, pero no por ello menos importante, es la koinonia, es decir, la construcción de la comunidad. La comunidad cristiana se caracteriza por tener a Cristo en su centro: todos sus miembros se refieren a Él y, en relación con Él, establecen vínculos auténticos y profundos entre ellos.

 

Evangelizar a los pobres»: Aporte bíblico a una mística vicentina - Somos Vicencianos

 

Los obispos polacos, en su Carta con motivo de la XVI Semana de la Educación (del 13 al 19 de septiembre), subrayaron que la parroquia debe ser, ante todo, un lugar para construir relaciones auténticas. Es precisamente entonces cuando se realiza plenamente esta dimensión de la misión: la de una Iglesia que vive para evangelizar.

 

Primicias Rurales
Fuente: es.aleteia.org
Hoy 16 de octubre se celebra al Santo Cura Brochero, ‘el sacerdote callejero de la fe’

Hoy 16 de octubre se celebra al Santo Cura Brochero, ‘el sacerdote callejero de la fe’

Cada 16 de marzo la Iglesia Católica celebra al Rev. P. José Gabriel del Rosario Brochero, conocido popularmente como el ‘Cura Brochero’ o el ‘Cura gaucho’.

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, viernes 16 de octubre (PR/26) .- Cada 16 de marzo la Iglesia Católica celebra al Rev. P. José Gabriel del Rosario Brochero, conocido popularmente como el ‘Cura Brochero’ o el ‘Cura gaucho’.

San José Gabriel del Rosario fue canonizado el 16 de octubre de 2016 por el Papa Francisco, compatriota suyo. Aquel día, este noble y generoso sacerdote cordobés se convirtió en el segundo argentino en ser canonizado después de Héctor Valdivieso Sáenz (San Benito de Jesús F.S.C.).

Años después, en 2020, el Ordinario Militar de Argentina, Mons. Santiago Olivera, aprobaba la solicitud para proclamar al Cura Brochero «Patrono de las Fuerzas Armadas”, especialmente de la «Fuerza de Despliegue Rápido» (FDR) del ejército argentino.

“La gracia de Dios es como la lluvia, que a todos moja” (San José Gabriel del Rosario Brochero).

Modelo de sacerdote para nuestro tiempo

En 2016, poco antes de la canonización de Brochero, los obispos argentinos hicieron un pronunciamiento destacando la sencillez y cercanía del santo, preocupado por llevar a Cristo a los lugares más recónditos. Lo expresado en aquel documento permanece firme en la memoria del pueblo católico argentino.

Brochero -se subraya en el documento- puede ser considerado un modelo de vida para todo cristiano y en especial para los sacerdotes gracias a su “celo misionero, su predicación evangélica y su vida pobre y entregada… [él] es modelo para todos”. Además, la figura de este santo resulta propicia para estos tiempos en los que la Iglesia quiere ponerse a tono con las necesidades de los fieles que están en “las periferias”, tal y como pedía el Papa Francisco. Los obispos argentinos enfatizaban en este pronunciamiento que el Santo Cura Brochero era la “imagen viva de lo que hoy el Papa Francisco nos invita a ser como Iglesia en salida”.
El Santo Cura Brochero y el Papa Francisco

Es claro que, precisamente, el Papa Francisco siente especial admiración por su connacional, tal y como lo evidencia en una misiva del año 2013: “El Cura Brochero tiene la actualidad del Evangelio, es un pionero en salir a las periferias geográficas y existenciales para llevar a todos el amor, la misericordia de Dios… No se quedó en el despacho parroquial, se desgastó sobre la mula y acabó enfermando de lepra, a fuerza de salir a buscar a la gente, como un sacerdote callejero de la fe”, reseñó el Santo Padre.

En la homilía de la ceremonia de canonización en 2016, el Pontífice asimismo destacó que el santo está entre aquellos que “han alcanzado la meta, han tenido un corazón generoso y fiel, gracias a la oración: rezaron con todas sus fuerzas, lucharon y vencieron”.

 

 

Sacerdote a lomo de mula, pobre con los pobres

José Gabriel del Rosario Brochero nació el 16 de marzo de 1840, en el paraje Carreta Quemada, cerca de Santa Rosa de Río Primero, en el norte de Córdoba (Argentina). Fue ordenado sacerdote el 4 de noviembre de 1866.

Más adelante, San José Gabriel jugó un papel decisivo en la asistencia a la población durante la epidemia de cólera que se desató en Córdoba (1867). “Se le veía correr de enfermo en enfermo, ofreciendo al moribundo el religioso consuelo, recogiendo su última palabra y cubriendo las miserias de sus deudos. Este ha sido uno de los períodos más ejemplares, más peligrosos, más fatigantes y heroicos de su vida”, señaló uno de sus amigos, Ramón J. Cárcano, como parte de uno de los testimonios recogidos para el proceso de canonización.

El cura gaucho murió ciego, contagiado de lepra, por los propios enfermos a los que atendía. El P. Guido Ricotti, actual párroco de Villa Cura Brochero (Córdoba) afirmó: “[El padre] Murió de la forma en que vivió, con mucha humildad y sencillez”.

Hasta los altares

El Santo Cura Brochero fue declarado venerable en febrero de 2004 por San Juan Pablo II. El 20 de diciembre de 2012, Benedicto XVI firmó el decreto de beatificación que validaba el milagro que hizo posible este paso: la recuperación total, sin explicación médica o científica, de un niño con diagnóstico de daño neurológico masivo, que lo había dejado en estado vegetativo tras un grave accidente vial.

El Santo Cura Brochero sería beatificado el 14 de septiembre de 2013 en la Villa Cura Brochero, ubicada en Córdoba, en una Misa multitudinaria presidida por el enviado del Santo Padre, el Cardenal Angelo Amato, en ese entonces prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos (hoy, Dicasterio para las Causas de los Santos).

En enero de 2016, el Papa Francisco aprobó el milagro que posibilitó su canonización: la curación y recuperación de la niña Camila Brusotti, natural de San Juan (Argentina), quien había quedado al borde de la muerte tras ser víctima de una golpiza feroz. De manera similar al caso anterior, el daño corporal era de tal magnitud que una recuperación era imposible desde el punto de vista médico o científico. La gracia de Dios, obtenida por intercesión de este santo, hizo posible el restablecimiento total de la niña.

 

 

Primicias Rurales
Fuente: EWTN 
“ No tengáis miedo ”

“ No tengáis miedo ”

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 1-7

 

En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos:
«Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse.
Por eso, lo que digáis en la oscuridad será oído a plena luz, y lo que digáis al oído en las recámaras se pregonará desde la azotea.
A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más.
Os voy a enseñar a quién tenéis que temer: temed al que, después de la muerte, tiene poder para arrojar a la “gehenna”. A ese tenéis que temer, os lo digo yo.
¿No se venden cinco pájaros por dos céntimos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios.
Más aún, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. No tengáis miedo: valéis más que muchos pájaros».

 

 

Palabra del Señor