El Presidente descartó una salida bélica y sostuvo que el Gobierno trabaja en una política de Estado para recuperar las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.
Buenos Aires, martes 22 septiembre (PR/26) – El presidente Javier Milei afirmó que su Gobierno busca recuperar las islas Malvinas por la vía diplomática y descartó de manera terminante una salida bélica para resolver la disputa de soberanía.
“Nada de guerra. No hablamos en absoluto de guerra. Hablamos de recuperar esas islas por la vía diplomática”, expresó Milei durante una entrevista con el periodista Darius Rochebin, de LCI.
El mandatario sostuvo que “las Malvinas son argentinas” y fundamentó el reclamo en razones “históricas, técnicas y geográficas”.
Milei tiene ejes definidos para su discurso en la ONU
En ese sentido, consideró que el Reino Unido, ante los problemas políticos, económicos y demográficos que atraviesa, “debería reconsiderar seriamente devolvernos esas islas por la vía pacífica, porque es un territorio argentino”.
Milei explicó que el Gobierno trabaja en “una política de Estado sobre las Malvinas” y aseguró que ya reunió apoyos para avanzar con el reclamo diplomático.
Además, vinculó esa estrategia con el posicionamiento internacional de la Argentina y con la alianza estratégica que su administración mantiene con Estados Unidos e Israel.
Al ser consultado específicamente sobre una eventual guerra para recuperar el archipiélago, el Presidente reiteró que esa posibilidad no está contemplada y precisó que el reclamo comprende “las islas Malvinas, las Georgias del Sur, las islas Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes”.
Puntos clave de sus declaraciones
Descarte de la vía armada: Expresó «nada de guerra» y ratificó que la resolución del conflicto debe ser pacífica.
Reclamo al Reino Unido: Sostuvo que el Reino Unido, afectado por problemas políticos, económicos y demográficos, debería reconsiderar la devolución de las islas.
Argumentos geopolíticos: Vinculó el valor estratégico del Atlántico Sur con la saturación del canal de Panamá y la economía futura.
Alianzas internacionales: Subrayó que el éxito del reclamo depende de elevar el peso internacional de la Argentina mediante fuertes alianzas con países como Estados Unidos e Israel.
Infidencia, video con Lali Espósito y ofensiva en los medios: la fórmula de la senadora, que cuida su lugar de cara a 2027.
Buenos Aires martes 22 septiembre (PR/26)– “No me tomen por tonta”. Con esa frase, la senadora Patricia Bullrich volvió a hacer lo que mejor sabe: aprovechar un desaire o un desacuerdo para marcar diferencias con el Gobierno, del que todavía se siente parte.
Como la reacción ya es recurrente, vale la pena detenerse en una doble pregunta: ¿qué busca Bullrich? Y, del otro lado del mostrador, ¿qué hará Javier Milei con su aliada principal y la de mejor imagen?
Una pregunta que pesa cada vez más
Esos interrogantes ganan densidad a medida que se acerca 2027, el año en que estará en juego la reelección presidencial, que ya está a solo tres meses y medio de distancia.
Pesa, sobre todo, la incomodidad de buena parte del círculo rojo ante los desbordes de Milei, las restricciones de la economía y un peronismo que aparece como única alternativa. No es casual que la senadora oficialista se haya hecho eco en público de esas observaciones, más en modo apoyo que de crítica.
En mayo, tras una reunión de Gabinete en la que se cruzaron fuerte, habló de la “emocionalidad importante” del mandatario. Y la semana pasada volvió a quejarse por la escasa velocidad de la reactivación económica.
Primero el dardo, después el micrófono
Su método es fácil de reconocer: primero hace trascender un dardo en forma de infidencia y después sale por radio y televisión a “marcar la cancha”. Sus quejas siguen un patrón bastante marcado y se centran, sobre todo, en la comunicación.
Ya lo había hecho antes, cuando fue la única en el oficialismo en plantear que Manuel Adorni debía presentar de manera urgente su declaración jurada para aclarar sus inconsistencias patrimoniales.
Lo dijo frente al respaldo de la hermandad presidencial y al silencio público del universo mileísta. El exjefe de Gabinete todavía evita explicar ante la justicia el crecimiento de su nivel de vida.
Retomó ese método esta semana, cuando el Gobierno envió el proyecto de presupuesto 2027 con nuevos recortes en Discapacidad. Esos ajustes no habían sido acordados en la mesa política oficial, de la que ella participa como jefa del bloque libertario en el Senado.
En su renovado recorrido mediático, que va a continuar, Bullrich dejó la frase con la que arranca esta nota y varias más que sirven para propagar el mensaje. Es, sin dudas, una hábil constructora de zócalos televisivos.
Un video con Lali y un Gobierno que da marcha atrás
Desde el Gobierno, siempre de manera reservada, se transmitió molestia por el tenor de los dardos, sobre todo porque apuntaron directo al Ministerio de Economía, de donde sale el plan presupuestario.
Bullrich respondió a esas réplicas veladas con lo que puede leerse como una estrategia fríamente calculada: un cuidado video en sus cuentas oficiales. La muestra trabajando en su despacho mientras suena de fondo “No me importa”, de Lali Espósito, una artista vapuleada por el Presidente y por el mundo violeta.
La reacción oficial fue rápida. En lo menos importante, Milei le dijo a una periodista de espectáculos que a él también le gustaban algunos temas de Lali. En lo clave, desde el Gobierno se hizo filtrar la voluntad de revisar en comisión los nuevos recortes en Discapacidad. Y Bullrich lo consiguió.
“Soy socia, no empleada”
Está probada la astucia comunicacional de la senadora, tanto como su capacidad para mantenerse en el candelero, más allá de las mutaciones partidarias, en busca de sus objetivos políticos. La diferenciación siempre fue uno de sus caballitos de batalla favoritos.
Ahora mantiene esa estrategia dentro del espacio libertario, donde la observan con una mezcla equivalente de respeto y desconfianza. Que no sea una dirigente propia y que proyecte sobrevivir al mileísmo son pecados capitales para la hermanísima Karina Milei, solo tolerados por las necesidades electorales.
El balotaje de 2023 y la senaduría porteña de 2025 son botones de muestra.
“Soy socia, no empleada”, repite en la intimidad para describir su vínculo político con los Milei, que suelen mirarla de reojo. Karina, en especial.
2027: ¿vicepresidenta, jefa de Gobierno o presidenta?
Y de cara a 2027, ¿qué? Sectores del Gobierno azuzan la posibilidad de que Bullrich acompañe a Milei en la fórmula para intentar la reelección. Son casi los mismos que la impulsan como candidata a Jefa de Gobierno porteña para competir contra Jorge Macri.
En la Ciudad, sin embargo, mantienen su apuesta por un acuerdo con LLA que evite la confrontación. “Con Patricia está todo bien”, aseguran en la sede de la calle Uspallata.
Ella prefiere ir por la Presidencia. Resulta una obviedad decirlo, pero, tiempista como es, juega con la oportunidad.
Quienes la rodean transmiten que, en la proyección inmediata, no está en sus planes romper ni competirle a Milei el año próximo, siempre y cuando el Presidente sea competitivo frente al peronismo.
“Dividir el voto del cambio sería suicida y dejaría servido en bandeja un regreso al pasado”, explica un asesor.
Tampoco parecen tentarla los cantos de sirena violetas por las presuntas candidaturas al Gobierno de la Ciudad o a la Vicepresidencia de la Nación. Bullrich barrunta que, en realidad, buscan distraerla —o desgastarla— de sus aspiraciones presidenciales. Igual, por las dudas, rehúsa cualquier negativa a esas posibles postulaciones. Va viendo.
Relegada del armado, con la mira en las listas
Acaso por esa tensión estructural, la senadora ha quedado relegada, a su pesar, de las negociaciones que el Gobierno entabla con gobernadores aliados y el PRO para futuros pactos electorales. Para esa tarea, la hermanísima eligió a Eduardo “Lule” Menem y a Diego Santilli, entre otros.
Habrá que ver si, a medida que se aproxime el calendario electoral, Bullrich multiplica sus discrepancias para que la tengan más en cuenta a la hora del armado de listas. Cree que lo merece, como la primera dadora de sangre PRO al proyecto libertario.
Sin embargo, asume los límites de esa expectativa, al considerar la generosidad selectiva de la hermandad presidencial. También la de ciertos interlocutores del círculo rojo, tentados de patrocinar el lanzamiento de algún outsider.
“Nadie te regala nada, los espacios se conquistan, se ganan”, piensa Bullrich. Lo aplicó durante toda su extensa y cambiante carrera y, a esta altura, es difícil que cambie.
Patricia Bullrich desafía el liderazgo de Javier Milei sin romper la alianza, abriendo una guerra fría política. Un análisis clave sobre el futuro del oficialismo rumbo a 2027.
Por Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva. Ex Titular de la Cátedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia. Autor de varios libros y publicaciones. Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut
El video con Lali Espósito no rompió la alianza con Milei pero terminó con la obediencia. Horas después de manifestar su descontento por los recortes en discapacidad del Presupuesto 2027, la jefa del bloque de LLA en el Senado utilizó la canción “No me importa” para diferenciarse de Casa Rosada
Buenos Aires, lunes 21 septiembre (PR/26) — En política, las rupturas importantes rara vez comienzan con una renuncia. A veces empiezan con una canción. Patricia Bullrich no abandonó a Javier Milei, no creó un nuevo partido ni anunció una candidatura presidencial.
Hizo algo más sutil y, quizá por eso, más peligroso: mostró públicamente que ya no está dispuesta a ser tratada como una subordinada. Eligió para hacerlo una canción de Lali Espósito, la artista a la que el presidente convirtió durante años en emblema de la supuesta cultura subsidiada. La escena fue demasiado preparada para ser inocente: despacho, computadora, café, trabajo, música, cámara y una letra que habla de no cambiar, aunque ladren y de vivir sin miedo a ser controlada.
Eso no fue una distracción de las redes. Fue lenguaje político. Y el mensaje no estaba dirigido solamente a Milei. Estaba dirigido a un electorado que acompañó al presidente para impedir el regreso del kirchnerismo, pero que nunca se volvió libertario; a una franja que aceptó el ajuste, aunque no necesariamente la crueldad; que reclamó orden, aunque no autoritarismo; que votó cambio, aunque no demolición institucional. Ese segmento fue decisivo en 2023 y puede volver a serlo en 2027.
La tesis es sencilla: Bullrich todavía no rompió con Milei, pero comenzó a construir el derecho a sobrevivirlo. Desde esta semana, la alianza continúa formalmente y la confianza terminó políticamente. Lo que viene no será, por ahora, una guerra abierta. Será una guerra fría, hecha de gestos, vetos, operaciones, silencios y posicionamientos. Y, como en toda guerra fría, cada actor del sistema empezará a preguntarse con quién conviene hablar antes de que llegue el momento de elegir.
El voto que Milei recibió prestado
Conviene comenzar por el dato duro. En la primera vuelta presidencial de octubre de 2023, Patricia Bullrich obtuvo 6.379.023 votos, el 23,81 por ciento de los sufragios afirmativos. Javier Milei consiguió 8.034.990. En el balotaje, el candidato libertario llegó a 14.554.560 votos y derrotó a Sergio Massa.
No es metodológicamente correcto afirmar que cada votante de Bullrich pasó automáticamente a Milei. Entre una elección y otra también se movieron votos de Juan Schiaretti, hubo cambios en la participación y existieron transferencias cruzadas. Pero la aritmética política es imposible de ignorar: Milei sumó 6,52 millones de votos entre la primera y la segunda vuelta, una cifra casi equivalente al caudal que había acompañado a Bullrich. Sin esa convergencia antikirchnerista, Milei difícilmente habría llegado a la Casa Rosada.
Ese origen contiene una verdad incómoda para el oficialismo. El 55,65 por ciento del balotaje nunca fue completamente libertario. Fue una coalición electoral negativa: un núcleo propio entusiasta, más millones de argentinos que quisieron terminar con el gobierno de Alberto Fernández y evitar una presidencia de Massa. Milei confundió luego ese préstamo con una escritura de propiedad. Gobernó como si todo aquel voto hubiese aceptado no solo el rumbo económico, sino también el método, los agravios, la concentración de las decisiones y el desprecio por los matices republicanos.
Mientras la inflación descendía y el kirchnerismo continuaba funcionando como amenaza, esa confusión podía resultar electoralmente rentable. Pero cuando la economía cotidiana no acompaña las cifras del laboratorio, el préstamo comienza a vencer. El crecimiento de la morosidad, la fragilidad del empleo, el cierre de empresas y la pérdida de poder adquisitivo en sectores específicos no convierten automáticamente a un votante de Milei en kirchnerista. Lo convierten, primero, en un votante disponible.
Allí aparece la avenida del medio. No como una ideología precisa, sino como un estado de ánimo: argentinos que no quieren regresar al pasado, pero tampoco desean firmar un cheque en blanco al presente. El problema histórico de esa avenida es que suele tener tránsito y no conductor.
Una secuencia y no un episodio
El video de Lali solo puede comprenderse si se lo coloca dentro de una secuencia. Bullrich reclamó explicaciones patrimoniales al entonces jefe de Gabinete Manuel Adorni; objetó el retiro de un pliego judicial promovido por el Ejecutivo; tomó distancia de la respuesta presidencial frente a la morosidad; defendió expresamente la libertad de prensa y cuestionó los límites del Poder Ejecutivo. Finalmente, explotó cuando descubrió que el proyecto de Presupuesto 2027 modificaba aspectos sensibles de la ley de emergencia en discapacidad sin que ella, presidenta del bloque oficialista en el Senado e integrante de la mesa política, hubiese sido informada.
Su frase fue brutal porque describió algo más grave que un desacuerdo técnico: «A mí no me tomen de tonta». Bullrich no estaba discutiendo solamente una partida presupuestaria. Estaba denunciando que el Gobierno la utilizaba para negociar en el Congreso sin permitirle conocer lo que realmente iba a defender. Una jefa parlamentaria que se entera por los diarios de una decisión capaz de incendiar la negociación con los aliados deja de ser jefa y se convierte en vocera involuntaria de una estructura que no la respeta.
El video apareció inmediatamente después. Duró más de un minuto, fue producido, editado y publicado con una frase elegida de la canción. Cerca de Bullrich dijeron que buscaba mostrarla activa y llamar la atención. Es posible. También es insuficiente. En política, cuando se elige deliberadamente el símbolo que más irrita al líder propio, la forma es el contenido.
Milei reaccionó con una serenidad poco habitual. Dijo que no veía problema en que Bullrich escuchara a Lali, sostuvo que era una tontería politizar el arte y hasta admitió que había oído canciones de la artista que le gustaron. Fue una respuesta inteligente. Desactivó el escándalo, evitó regalarle a Bullrich el papel de víctima y permitió revisar las partidas cuestionadas sin admitir una derrota personal.
Pero bajar el volumen no elimina el conflicto. Solo impide que se escuche desde afuera. La lógica de poder construida alrededor de Javier y Karina Milei ha demostrado poca tolerancia frente a la autonomía: quien se diferencia suele ser disciplinado, congelado o expulsado. Bullrich, sin embargo, no es un funcionario más. Tiene votos propios, reconocimiento nacional, experiencia, presencia en el Senado y un vínculo histórico con sectores que el mileísmo necesita. Castigarla tiene costo. Tolerarla también.
Patricia no busca irse sino dejar de obedecer
En el entorno de la senadora aseguran que no romperá con Milei. Esa afirmación puede ser sincera y, al mismo tiempo, incompleta. Bullrich no necesita romper hoy. Le conviene permanecer dentro, conservar capacidad institucional, acompañar las medidas que comparte y marcar diferencias en aquellos asuntos que le permiten hablarle a su electorado original.
Su objetivo inmediato parece menos ambicioso que una candidatura y más importante que un cargo: recuperar identidad. Después de integrarse al Gobierno, abandonar la presidencia del PRO y afiliarse a La Libertad Avanza, Bullrich quedó expuesta al riesgo de desaparecer dentro de una marca ajena. Si todo sale bien, el mérito es de Milei. Si todo sale mal, ella carga con el costo de haberlo acompañado. Diferenciarse es su seguro de vida político.
También es una forma de negociación. Bullrich puede buscar participación real en las decisiones, mejores condiciones para las listas de 2027 o la posibilidad de representar el ala republicana del oficialismo. Pero existe una cuarta hipótesis que nadie debería descartar: que marque límites esperando que el mileísmo haga lo que ella todavía no quiere hacer. Si la expulsan, obtiene un relato. Ya no sería la dirigente que abandonó el Gobierno, sino la aliada leal que fue echada por pedir sensatez, coordinación y sensibilidad.
Por eso la respuesta de Milei fue tan calculada. El presidente comprendió que una pelea abierta podía convertir una canción en acta de nacimiento. Prefirió no firmarla.
Las PASO como campo de batalla
La discusión sobre las PASO puede alterar por completo el tablero. El Gobierno envió en abril de 2026 un proyecto para eliminar las primarias obligatorias y convertir la selección de candidatos en un asunto interno de los partidos. Mientras esa reforma no sea aprobada por ambas cámaras, el régimen nacional continúa vigente.
Ahora bien, la sola existencia de las PASO no le garantiza a Bullrich una competencia presidencial contra Milei. Para disputar dentro del oficialismo debería existir una misma alianza electoral que admitiera ambas candidaturas, o una estructura partidaria capaz de sostener su postulación. La Libertad Avanza controla su marca y el mileísmo no suele abrir aquello que puede ordenar desde arriba. Por eso, si las PASO sobreviven, crean una oportunidad, pero no fabrican por sí solas el vehículo.
Si el Congreso las elimina, la consecuencia tampoco será necesariamente favorable al presidente. Se cerraría el camino para una competencia interna regulada, pero se empujaría a cualquier disidente relevante a construir por fuera. En otras palabras: sin PASO podría haber menos discusión dentro del oficialismo y más fragmentación en la elección general.
La paradoja es notable. El Gobierno quiere suprimir una herramienta que considera costosa e inútil. Bullrich podría terminar convirtiendo esa discusión institucional en la decisión que determine si su futuro está dentro o fuera de La Libertad Avanza.
La avenida del medio existe, pero todavía no es una coalición
Distintos sondeos registran desgaste presidencial. El relevamiento regional atribuido a CB Global Data ubicó a Milei con 35,5 por ciento de imagen positiva y 60,6 por ciento de negativa; otras mediciones recientes lo situaron alrededor del 36,8 por ciento de aprobación. Ninguna encuesta aislada predice una elección que ocurrirá dentro de más de un año. Pero la coincidencia en un nivel de apoyo cercano al tercio muestra que el presidente conserva un núcleo significativo y, al mismo tiempo, ha perdido la comodidad de la mayoría del balotaje.
Ese deterioro abre espacio, aunque no entrega automáticamente el poder. Entre el descontento social y una opción presidencial competitiva existen organización, gobernadores, fiscales, financiamiento, candidatos provinciales, programa económico y conducción. La Argentina está llena de terceros espacios que fueron enormes en las encuestas y diminutos cuando se abrieron las urnas.
Hoy pueden escucharse tonos parecidos en economistas que acompañaron a Juntos por el Cambio, dirigentes del PRO, sectores radicales, gobernadores aliados, peronistas no kirchneristas y figuras externas a la política. Pero compartir una crítica a Milei no equivale a compartir un gobierno. Una foto con todos ellos puede parecer amplitud o zoológico. Para transformarse en alternativa deben acordar tres cuestiones que suelen evitar: qué parte del programa económico conservarían, cómo reconstruirían autoridad sin violencia verbal y quién aceptaría ubicarse detrás de otro.
Bullrich tiene ventajas para encabezar ese mundo. Posee conocimiento público, carácter, credenciales en seguridad y la capacidad de hablarle al votante antikirchnerista sin pedirle perdón por haber votado a Milei. Tiene también debilidades evidentes: carece hoy de una estructura territorial propia comparable con las grandes fuerzas, su trayectoria de cambios de pertenencia puede ser utilizada contra ella y su 23,81 por ciento de 2023 fue un piso importante, pero también un techo que no logró perforar.
La avenida del medio, por lo tanto, no necesita solamente una figura. Necesita una razón para existir que sea algo más que «Milei no» y «Cristina tampoco». Si no construye esa razón, la polarización volverá a tragársela.
Cuatro escenarios hacia 2027
El primer escenario, y hoy el más probable, es la convivencia con autonomía. Bullrich permanece en La Libertad Avanza, vota el núcleo del programa, conserva la presidencia del bloque y se reserva el derecho a objetar excesos. Milei acepta esa heterodoxia porque la necesita para negociar en el Senado y para retener al votante de 2023. Sería una sociedad incómoda, pero funcional. Su límite aparecerá cuando llegue el cierre de candidaturas: allí ya no alcanzarán las canciones ni los comunicados.
El segundo escenario es una competencia interna. Solo será viable si continúan las PASO, si Bullrich consigue reglas que le permitan participar y si la economía mantiene niveles altos de desaprobación. En ese caso podría presentarse como continuidad del cambio económico con corrección institucional y sensibilidad política. No ofrecería volver atrás, sino bajar la temperatura. Para Milei sería el desafío más peligroso, porque vendría desde el mismo electorado y no desde el kirchnerismo que necesita como antagonista.
El tercer escenario es la ruptura por expulsión o asfixia. Karina Milei puede bloquear candidaturas, vaciar su poder parlamentario o reducirla a una presencia decorativa. Si Bullrich concluye que quedarse significa desaparecer, buscará un vehículo propio o una coalición con gobernadores, radicales, restos del PRO y peronistas moderados. Esa alternativa tendría capacidad para disputar el acceso a una segunda vuelta, pero correría el riesgo de repetir la vieja enfermedad del centro argentino: demasiados generales y ningún ejército.
El cuarto escenario es la reconciliación táctica. Si la economía mejora de manera visible, el empleo se recupera y el Gobierno llega a 2027 con expectativas favorables, Bullrich puede decidir que su mejor futuro es acompañar una reelección y negociar la sucesión para 2031. La política suele llamar convicción a aquello que los resultados vuelven conveniente. En ese caso, el video de Lali quedará como una advertencia exitosa y no como el comienzo de una rebelión.
Existe, por supuesto, un quinto desenlace: que ni Bullrich ni Milei controlen el centro de la escena. Una crisis económica, una fractura del peronismo, la aparición de un gobernador competitivo o un outsider con recursos podría reorganizar toda la oferta. Falta demasiado para clausurar el tablero. Pero ya no falta tanto para que cada dirigente deba elegir casillero.
Lo que habrá que mirar
Las próximas señales no estarán en las declaraciones de amistad. Estarán en los hechos. Habrá que observar si Bullrich participa realmente en las decisiones del Presupuesto, si logra corregir los cambios en Discapacidad, qué posición adopta frente a la eliminación de las PASO, cómo se distribuyen las candidaturas nacionales y provinciales, quiénes comienzan a visitarla y si sus diferencias se concentran en la gestión o avanzan sobre el liderazgo presidencial.
También habrá que mirar a los gobernadores. Son ellos quienes poseen territorio, legisladores y necesidad de construir una salida que no los obligue a elegir eternamente entre el látigo libertario y la restauración kirchnerista. Si empiezan a reconocer en Bullrich una interlocutora, la avenida del medio habrá encontrado una estación. Si solo la elogian mientras negocian individualmente con la Casa Rosada, seguirá siendo una avenida sin destino.
Finalmente, habrá que mirar la economía real. No la planilla del Ministerio ni el festejo de las redes, sino el salario, la deuda familiar, el comercio que abre o cierra y el empleo que se crea o se pierde. Las elecciones de 2027 no se resolverán por una canción. La canción apenas reveló quién empezó a prepararse por si la economía cambia la música.
Una alianza que ya no será igual
Bullrich ayudó a Milei a llegar al poder y luego aceptó formar parte de un gobierno que absorbió buena parte de su identidad política. Durante un tiempo, la sociedad funcionó porque ambos necesitaban lo mismo: derrotar al kirchnerismo, consolidar autoridad y sostener el rumbo económico. Ahora sus intereses comienzan a separarse. Milei necesita obediencia para reelegir. Bullrich necesita autonomía para no desaparecer.
La escena de esta semana no prueba que Patricia sea candidata. Prueba algo anterior: quiere conservar la posibilidad de serlo. Tampoco demuestra que exista una conspiración con gobernadores, economistas o empresarios. Demuestra que, desde ahora, todos ellos tienen motivos para llamarla.
El presidente hizo bien en no reaccionar con furia. Pero su moderación no reconstruyó la confianza. Apenas evitó el incendio. Debajo de las cenizas quedó una pregunta que llegará, tarde o temprano, a cada despacho del oficialismo: ¿qué ocurrirá si Milei deja de ser la única garantía contra el regreso del pasado?
Falta mucho para 2027.
En la Argentina, eso significa que falta casi nada.
La guerra todavía no comenzó porque ninguno de los dos quiere disparar primero.
Pero Patricia ya eligió la música para marchar. Y Milei, por primera vez, decidió fingir que no escuchaba.
PISA 2025 dejó a la Argentina en su peor marca en dos décadas y una dirigencia que, antes de que nadie terminara de leer el informe, ya sabía a quién echarle la culpa. Nadie preguntó, en cambio, si seguimos tomando el examen correcto.
“Las ideas no se degüellan.” — Domingo Faustino Sarmiento
Por Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva. Ex Titular de la Cátedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia. Autor de varios libros y publicaciones. Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut
Buenos Aires, miércoles 16 septiembre (PR/26) — Esta semana, mientras un funcionario explicaba por radio que la responsabilidad de doce años de aprendizajes perdidos correspondía a gestiones que ya no gobiernan, en algún dormitorio del conurbano o de esta Patagonia un chico de trece años le pedía a una aplicación gratuita que le resolviera exactamente el tipo de ecuación que ese funcionario acababa de citar como prueba del desastre nacional. La aplicación tardó cuatro segundos.
El funcionario, cuatro párrafos, para decir lo mismo que dice cualquier funcionario desde hace veinte años: yo no fui. Esa simultaneidad es la fotografía exacta de la Argentina que hoy discute su fracaso educativo, y también, aunque todavía no lo sepa, de la Argentina que viene.
Conviene mirar la cifra desnuda antes de que la política la vista con su relato preferido. La Argentina obtuvo 367 puntos en Matemática, 389 puntos en Lectura y 393 puntos en Ciencias, reflejando el peor resultado desde que el país participa de la evaluación internacional. La caída representa un desplome de entre once y trece puntos respecto de 2022, configurando la baja más pronunciada en veinte años de mediciones continuas.
El 76% de los adolescentes de quince años no logra resolver un problema matemático elemental, mientras que apenas el 7,8% alcanza el piso mínimo de competencia en las tres áreas evaluadas de forma simultánea. En el plano regional, el país quedó ubicado en el puesto octavo entre trece países latinoamericanos, quedando por detrás de naciones como Uruguay, Chile, Costa Rica, México, Colombia, Brasil y Perú.
Espejos internacionales: Lo que otros países sí resolvieron
Vale la pena resistir la tentación de la fatalidad, porque no estamos ante un problema irresoluble ni de carácter exclusivamente argentino. Estonia, con un gasto por alumno bastante inferior al de buena parte de Europa occidental, se consolidó en la década pasada como el sistema educativo mejor evaluado del continente.
Portugal, que a comienzos de siglo compartía con nosotros un diagnóstico de estancamiento y desigualdad territorial, revirtió la tendencia en poco más de diez años con alfabetización temprana, evaluación docente sostenida y, sobre todo, con la voluntad de no reinventar la política educativa cada vez que cambiaba el color del gobierno.
Ninguno de los dos países hizo un milagro. Hicieron, con disciplina aburrida, lo que la Argentina lleva veinte años prometiendo en cada campaña y abandonando apenas asume el que prometió lo contrario. El modelo estonio combina una alta exigencia curricular con una autonomía de aula que en la Argentina sonaría completamente revolucionaria.
Por su parte, Portugal logró revertir un diagnóstico idéntico de estancamiento y desigualdad territorial mediante alfabetización temprana y evaluación docente sostenida.
Mucho más que la pandemia: Un cuarto de siglo de estancamiento
El reflejo más cómodo de la política consiste en fechar absolutamente todos los males en el año 2020 y las restricciones sanitarias. Si bien la pandemia agravó los daños al erosionar la presencialidad, los hábitos de estudio y el vínculo escolar, la crisis responde a una tendencia estructural previa.
La serie histórica oficial resulta implacable y muestra 388 puntos en Matemática en el año 2000, 388 en 2012, 378 en 2022 y los actuales 367 puntos. Se trata de un cuarto de siglo de parálisis coronado por un final previsible donde, históricamente, se cuestiona la medición antes que la propia realidad.
La velocidad de la culpa y la trampa del relato oficial
Lo verdaderamente notable no es que el Gobierno nacional haya respondido con rapidez, sino que lo hizo antes de que nadie terminara de leer el informe. La Secretaría de Educación atribuyó el colapso a una cultura instaurada por los gobiernos kirchneristas, apuntando contra dos décadas de distribucionismo.
Aritméticamente los funcionarios tienen razón, ya que la trayectoria escolar evaluada en 2025 atravesó distintas administraciones nacionales. Sin embargo, el discurso oficial evita cuidadosamente asumir el tramo temporal propio, el recorte al financiamiento universitario y los persistentes conflictos presupuestarios.
La descentralización de las excusas y la responsabilidad gremial
Limitar la responsabilidad a quien ocupa circunstancialmente un despacho nacional es exactamente la trampa que debemos evitar. Los distintos espacios políticos comparten el defecto de no haber construido jamás un acuerdo educativo capaz de sobrevivirle a los cambios de gobierno.
Además, la educación obligatoria es estrictamente provincial, por lo que los gobernadores administran los colegios, pagan sueldos y toleran el ausentismo sin consecuencias. Por su parte, una parte de la dirigencia sindical redujo el debate al plano salarial, resistiendo los mecanismos de evaluación y protegiendo un estatuto que iguala al docente sacrificado con el ausente.
Inclusión ficticia y la estafa de certificar lo que no existe
El dato más incómodo de todos no es la caída en los puntajes, sino la alarmante convivencia con una matrícula que se mantiene alta. La Argentina contemporánea ya no expulsa masivamente a los chicos de las escuelas, sino que los retiene, los promociona de año y les entrega un título formal.
El verdadero problema radica en que una porción creciente de esos títulos certifica saberes que no existen, configurando una inclusión ficticia. Cuando la institución escolar certifica aprendizajes vacíos, no está solucionando nada, sino administrando la desigualdad social con los papeles formalmente en regla.
Autor: Sergio Mammarelli
La velocidad de la culpa
Lo notable no es que el Gobierno haya respondido rápido. Es que respondió antes de que nadie terminara de leer el informe. La Secretaría de Educación, dependiente del Ministerio de Capital Humano, salió el mismo mediodía a sostener que “el estado de la educación es consecuencia directa de una cultura educativa instaurada durante años por los gobiernos kirchneristas, que deterioraron cada sector del sistema”, y el secretario Carlos Torrendell habló de dos décadas de “distribucionismo” antepuesto al aprendizaje. Aritméticamente tienen razón: la trayectoria escolar de un chico evaluado en 2025 empezó en 2013 y atravesó a Cristina Fernández de Kirchner, a Mauricio Macri, a Alberto Fernández y, en su tramo final, a Javier Milei.
Lo curioso es que la explicación oficial se detiene exactamente dónde empieza a incomodar: el propio Torrendell aclaró que la prueba se tomó “un año y medio” atrás, es decir, ya bajo esta gestión, y ni el comunicado ni el discurso mencionaron el recorte al financiamiento universitario ni el conflicto con las universidades públicas que este mismo Gobierno protagonizó en el tramo que sí le pertenece. Hasta un aliado mediático de la Casa Rosada, Eduardo Feinmann, se salió del libreto para calificar el resultado de “una tragedia” y advertir, con una frase que vale más que diez discursos ministeriales, que “Sarmiento se vuelve a morir”. Cuando la propia tribuna abandona el operativo clamor, es porque el operativo clamor ya no alcanza.
Veinte años sin firma
Pero limitar la responsabilidad a quien ocupa hoy un despacho es exactamente la trampa que este editorial se niega a pisar. Kirchnerismo, Macrismo, el breve interregno de Alberto Fernández y ahora el Mileísmo comparten algo más profundo que la alternancia: los cuatro gobernaron conociendo los números y ninguno construyó lo único que un problema de veinte años necesita, que es un acuerdo capaz de sobrevivirlos. Y hay un tercer actor que nunca figura en la conferencia de prensa: los gobernadores.
La educación obligatoria es provincial. Cada mala PISA genera una declaración presidencial y ninguna pregunta a los ministros de Educación de Buenos Aires, Chubut, Santa Cruz o San Luis, que administran las escuelas, pagan los sueldos y deciden cuántos días de clase se dictan de verdad, cuánto ausentismo docente se tolera y qué establecimientos llevan una década fracasando sin consecuencia alguna.
La descentralización educativa argentina terminó siendo, en la práctica, una descentralización de las excusas: la Nación culpa a las provincias, las provincias a la Nación, los sindicatos al presupuesto y el presupuesto a los sindicatos. Mientras el círculo gira, nadie adentro de ese círculo aprende nada, salvo a girar mejor.
La responsabilidad que nadie factura
Hay una cuota de responsabilidad más, incómoda por motivos distintos, que rara vez entra en el editorial de nadie. Una parte de la dirigencia sindical docente redujo durante años la discusión educativa casi exclusivamente al salario y al conflicto laboral, resistiendo cualquier mecanismo de evaluación como si medir fuera, en sí mismo, un acto de hostilidad hacia el gremio.
La distinción hay que hacerla con cuidado, porque simplificarla sería injusto: la inmensa mayoría de los docentes argentinos sostiene, en condiciones muchas veces heroicas, escuelas que el Estado abandonó, contiene emergencias sociales y familiares que exceden largamente su función, y no tiene responsabilidad alguna en el diagnóstico de hoy. Pero un sistema que iguala en el mismo estatuto al maestro que se desvive y al que falta sistemáticamente termina castigando al primero y protegiendo al segundo, y eso también es una forma de fracaso.
Detrás de ambos hay, además, un eslabón que nadie audita: los institutos de formación docente, miles en todo el país, con niveles dispares y escaso control de resultados, que forman a los maestros de mañana con las mismas carencias en comprensión lectora y matemática que esos maestros terminarán heredándoles, sin saberlo, a sus propios alumnos.
No se puede enseñar con solvencia lo que uno mismo nunca terminó de aprender. Ese eslabón no genera un titular, pero es el que explica por qué los diagnósticos bien escritos de cada gestión rara vez sobreviven al primer año de aula.
Incluidos, no educados
El dato más incómodo de todos no es la caída: es con qué convive la caída. Una matrícula que sigue siendo alta. La Argentina no expulsa chicos del sistema con la brutalidad de otras épocas; los retiene, los pasa de año, les entrega un título. El problema es que una porción creciente de esos títulos certifica algo que no existe.
Bajar la exigencia, multiplicar las instancias de recuperación y flexibilizar la evaluación puede evitar la deserción, pero sin tutorías reales, produce lo que hay que llamar por su nombre: una inclusión ficticia. Eso no es una estafa contra las familias que pueden pagar una escuela privada de calidad o una maestra particular cuando el boletín falla.
Es una estafa específicamente contra las que no pueden, porque la escuela pública era, por diseño, la única institución encargada de compensar lo que esos hogares no podían ofrecer. Cuando esa institución certifica sin enseñar, no está fallando: está administrando la desigualdad con los papeles en regla.
El gimnasio que nadie pidió
Y acá aparece el giro que ningún comunicado de ayer se animó a nombrar. La palabra escuela viene del griego skholé, que no significa instrucción: significa tiempo libre, el rato que una sociedad decidía sustraer a la urgencia de producir y regalarle, por igual, a cada chico —un teorema, un poema, una célula—, para que el mundo se volviera, por un momento, interesante.
Ese fue siempre el contrato original, mucho antes de que la escuela se convirtiera en la cañería por la que baja información escasa y el docente en el único grifo del saber.
La inteligencia artificial no rompió ese contrato: rompió la cañería, que ya estaba vieja y oxidada. Una IA puede responder cualquier pregunta, pero no puede lograr que a un chico le importe la pregunta; satisface el interés que ya existe, jamás lo enciende. Confundir las dos cosas —creer que alcanza con administrar mejor el flujo de respuestas correctas— es la trampa en la que puede caer hasta la reforma mejor intencionada.
Supongamos, por un segundo, el milagro: que gobernadores, gremios, institutos de formación y los cuatro últimos presidentes firman mañana el acuerdo educativo que se deben desde hace veinte años. Estarían arreglando, con dos décadas de atraso, una máquina que sus propios usuarios ya empezaron a jubilar. Según la encuesta Kids Online de UNICEF, dos de cada tres estudiantes argentinos ya usan inteligencia artificial para resolver sus tareas: no están esperando ninguna reforma, la hicieron solos, en sus teléfonos, sin pedirle autorización a ningún ministerio.
Un estudio del MIT Media Lab sobre escritura asistida encontró que el 83% de quienes redactan un texto con ayuda de una IA no puede, minutos después, recordar una sola frase de lo que “escribió”: le llamaron deuda cognitiva, la versión mental de comer sin masticar.
Nadie va al gimnasio porque falten máquinas capaces de levantar el peso por uno; va precisamente porque delegar ese esfuerzo lo dejaría débil. La escuela argentina, mientras discute cómo mejorar la puntería en un examen de 2025, ni siquiera empezó a preguntarse cómo se construye el criterio de un adolescente que ya tiene, en el bolsillo, una respuesta correcta para cada pregunta y ninguna razón propia para desconfiar de ella.
PISA mide si un chico puede resolver un problema sin ayuda. Todavía nadie mide si puede querer resolverlo. Y ahí está el verdadero peligro, que no es de ciencia ficción ni tiene fecha de estreno: no que la máquina reemplace a la escuela, sino que una sociedad hipnotizada por la eficiencia termine decidiendo que la parte más cara de educar —la humana, la que forma criterio, la que tarda años y no acepta atajos— es prescindible, y quede reservada a quien pueda pagarla, mientras el resto recibe una sucesión infinita de respuestas correctas y ningún adulto que le enseñe a desconfiar de ellas.
La desigualdad que la vieja escuela pública nació para corregir podría volver, siglo y medio después, disfrazada de innovación y actualización tecnológica, entrando por la puerta discreta del algoritmo.
Sarmiento no prometió más escuelas coloniales: miró el sistema de su tiempo, lo declaró insuficiente en voz alta y construyó otro. Ciento cuarenta y dos años después de la Ley 1420, la dirigencia argentina volvió a hacer ayer lo único que domina con destreza olímpica frente a una mala noticia educativa: repartir el pasado entre los presentes y declararse, una vez más, inocente por comparación.
Nadie preguntó qué examen deberíamos estar tomando en 2026. Esa pregunta, la única que importaba, quedó afuera del comunicado, afuera de la radio, afuera de la nota. Esta misma noche, en algún dormitorio, un chico de trece años va a volver a preguntarle a una máquina lo que hace rato dejó de preguntarse.
Entre las agudas contradicciones del discurso oficial y la crisis global de la educación, Editorial Perfil impulsa una valiosa iniciativa pedagógica para devolver el diario impreso a los hogares y recuperar el pensamiento crítico.
Buenos Aires lunes 14 septiembre (PR/26)– Me pregunto seriamente si Javier Milei es consciente de sus marcadas contradicciones cotidianas o si aprovecha la paulatina pérdida de pensamiento crítico en las audiencias actuales.
Resulta desconcertante si el Presidente no siente vergüenza frente a sí mismo o si la sociedad ha perdido por completo la capacidad de relacionar mensajes y sostener ideas fundamentadas.
Las contradicciones del discurso oficial
Aunque su reciente nacionalización sobre la causa Malvinas busque hipotéticos beneficios electorales, la alevosa exposición a la contradicción roza límites llamativos.
Agradecer en el Día del Maestro a los docentes por su empresa civilizatoria, siendo el mandatario que más los ha perjudicado, causa una profunda vergüenza ajena.
Utilizar además un video generado con inteligencia artificial donde Domingo Faustino Sarmiento aparenta aprobar su gestión representa una falta total de pudor institucional.
Esa desfachatez pudo resultar atractiva durante su campaña electoral, pero en el ejercicio real de la primera magistratura se vuelve un factor sumamente contraproducente con los años.
Una acción pedagógica y cívica de Perfil
Más allá del panorama político, Editorial Perfil anuncia una fuerte acción pedagógica para contribuir de forma directa al proceso educativo del país.
La propuesta coincide simbólicamente con el aniversario del relanzamiento de nuestro diario en papel, iniciado el 11 de septiembre de 2005.
A partir del martes 3 de noviembre, y durante un año escolar completo, el diario se imprimirá de lunes a viernes para ser entregado gratis a padres con hijos en edad escolar.
Buscamos alcanzar a lectores de entre 30 y 40 años, inmersos en lo digital, para que el ejemplo familiar de lectura impresione e irradie hacia los más chicos.
Los beneficios del papel frente a las pantallas
Diversos estudios científicos confirman que la lectura en papel ofrece beneficios cognitivos muy superiores a los de las pantallas táctiles.
Investigaciones publicadas en el Journal of Research in Reading demuestran que el soporte físico logra una mayor retención de la memoria y una comprensión más profunda.
Asimismo, organismos oficiales del Reino Unido destacan que leer textos no ficcionales en papel mejora sustancialmente los resultados de aprendizaje respecto a los entornos digitales.
Con la consigna “Que el algoritmo no te imponga qué leer, elegí papel”, esta iniciativa busca combatir la hegemonía y los perjudiciales efectos de las plataformas.
La tangibilidad del formato impreso rescata una interacción única: permite ser guardado, reutilizado y compartido, fomentando una vital sensibilidad táctil y ocular.
Queremos educar un paladar lector exigente que funcione como puerta de entrada a otros libros, frenando el alarmante proceso de desalfabetización actual.
Modelos internacionales para la alfabetización
Iniciativas similares son llevadas a cabo por reconocidas organizaciones internacionales en países desarrollados, como SembraMedia y Reading is Fundamental en Estados Unidos.
Dichas entidades distribuyen libros gratuitos en comunidades de bajos recursos y estimulan el hábito de la lectura en múltiples escuelas y centros juveniles.
Como no existen herramientas semejantes en Argentina, celebramos los 50 años de Editorial Perfil impulsando una acción que trascienda un festejo y beneficie verdaderamente al país.
La crisis global revelada por las pruebas PISA
Los preocupantes datos de las pruebas PISA 2025 encendieron las alarmas al confirmar severos retrocesos de aprendizaje en todo el mundo occidental.
La principal causa detectada se vincula directamente a la continua distracción digital generada por los celulares en las aulas, lo que destruye la concentración.
Sin embargo, naciones como Japón, Corea del Sur, Singapur y diversos países escandinavos han demostrado con éxito que la caída del nivel no es inevitable.
El caso de Suecia es muy claro: tras impulsar una fuerte digitalización, su gobierno resolvió reinstalar el libro físico como eje central del aula.
De forma idéntica, en Finlandia los docentes exigieron el retorno de materiales impresos al verificar que las pantallas generaban aprendizajes sumamente superficiales.
Por su parte, Dinamarca destinó 540 millones de coronas para sustituir pantallas por libros físicos y reducir drásticamente el uso de dispositivos digitales.
Regulaciones estatales frente al abuso de pantallas
Actualmente la contienda dejó de ser tecnológica para volverse estrictamente pedagógica: debemos evaluar qué soporte estimula mejor la memoria y la atención.
Un reporte reciente de la Unesco señala que el 58% de las naciones ya aplicó prohibiciones nacionales al uso de celulares dentro de las escuelas.
Mientras en la OCDE un 25% de alumnos se distrae por pantallas de compañeros, esa cifra desciende al 4% en Japón debido a severas regulaciones.
En China, la red TikTok funciona bajo un estricto modo juvenil de 40 minutos diarios que prioriza contenidos culturales y educativos por norma legal.
En contraste, la empresa Meta afronta multas de 17 mil millones de dólares en Estados Unidos por crear deliberadamente mecanismos adictivos para adolescentes.
El desafío cultural de la educación argentina
La constante caída educativa en la Argentina no obedece solo a la tecnología, sino a décadas de desinversión, severa desigualdad provincial y profundas crisis económicas.
Pese a ello, el mayor desafío actual supera lo financiero: la escuela debe responder con inteligencia ante la fulminante llegada de las redes sociales e IA.
No basta con prohibir de forma tajante la tecnología, sino con enseñar a utilizarla sin sacrificar la lectura profunda ni el debate analítico.
El regreso del diario impreso a las familias propone construir una sólida infraestructura cívica que promueva el hábito transformador de la lectura diaria.
La nueva estructura buscará articular las acciones de los organismos estatales que puedan afectar la política exterior y el reclamo de soberanía argentino.
El Gobierno crea un sistema en Cancillería para coordinar la política sobre Malvinas.
Foto: Agencia NA / Damian Dopacio
Buenos Aires, jueves 10 septiembre (PR/26) – El Gobierno de Javier Milei anunció la creación de un Sistema de Articulación de la Política Exterior en el ámbito de la Cancillería, con el objetivo de coordinar las acciones de los distintos organismos del Estado vinculadas con el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.
La medida fue comunicada este jueves por la Oficina del Presidente, que explicó que el nuevo sistema tendrá como objetivo implementar mecanismos de información, coordinación y asesoramiento para aquellas actividades estatales que puedan afectar la política exterior o los intereses internacionales de la Argentina.
De acuerdo con el comunicado oficial, al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, la Cancillería tendrá la función de asegurar que las actividades vinculadas con las relaciones exteriores sean “coherentes, compatibles y uniformes” con los lineamientos generales de la política exterior argentina.
El mecanismo tendrá especial alcance sobre las cuestiones relacionadas con los derechos soberanos argentinos sobre Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, además de los espacios marítimos e insulares correspondientes.
COMUNICADO OFICIAL
OFICINA DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA ARGENTINA
Ciudad de Buenos Aires, 10 de septiembre de 2026.- La Oficina del Presidente informa que en el marco de las medidas adoptadas por el Estado Nacional para la recuperación del ejercicio pleno de la soberanía de la República Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, se creará el Sistema de Articulación de la Política Exterior en el ámbito de la Cancillería.
Este Sistema tendrá como objeto implementar mecanismos de información, coordinación y asesoramiento para actividades estatales que puedan afectar la política exterior o los intereses internacionales de la Argentina. Asimismo, permitirá a la Cancillería asegurar que toda actividad vinculada a las relaciones exteriores de la República Argentina sea coherente, compatible y uniforme con los lineamientos generales de la política exterior, en lo relativo a los derechos soberanos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes.
La recuperación del ejercicio pleno de la soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur exige una acción estatal coordinada que integre dimensiones diplomáticas, jurídicas y políticas. Esta coordinación permite sostener una postura firme y coherente en el tiempo, fortalecer los reclamos de la República Argentina ante la comunidad internacional y adoptar las medidas necesarias para defender nuestros legítimos derechos e intereses nacionales, reafirmando el compromiso irrenunciable con la recuperación de los territorios usurpados.
El Gobierno Nacional continuará articulando todos los medios disponibles para fortalecer el accionar coordinado de sus organismos para defender nuestra soberanía.
Javier G. Milei
Presidente de la Nación.
La administración de Milei sostuvo que la recuperación del ejercicio pleno de la soberanía sobre esos territorios requiere una acción estatal coordinada que contemple aspectos diplomáticos, jurídicos y políticos.
Según la Casa Rosada, esa articulación permitirá mantener una posición argentina “firme y coherente en el tiempo”, fortalecer los reclamos ante la comunidad internacional y adoptar medidas destinadas a defender los intereses nacionales.
En ese sentido, el comunicado reafirmó el “compromiso irrenunciable” del Gobierno con la recuperación de los territorios que calificó como “usurpados”.
“El Gobierno Nacional continuará articulando todos los medios disponibles para fortalecer el accionar coordinado de sus organismos para defender nuestra soberanía”, concluyó el documento firmado por el presidente Javier Milei.
Fuente: Agencia NA / Primicias Rurales
Traducción al inglés:
The Government creates a system within the Foreign Ministry to coordinate policy on the Malvinas
The new structure will seek to articulate the actions of state agencies that may affect foreign policy and the Argentine sovereignty claim.
Sep 10, 2026 | Current Affairs, Malvinas, Politics
Buenos Aires, Thursday, September 10 (PR/26) – The Government of Javier Milei announced the creation of an External Policy Articulation System within the Foreign Ministry, with the objective of coordinating the actions of different State agencies related to the sovereignty claim over the Malvinas, South Georgia, and South Sandwich Islands.
The measure was communicated this Thursday by the Office of the President, which explained that the new system will aim to implement information, coordination, and advisory mechanisms for state activities that could affect Argentina’s foreign policy or international interests.
According to the official statement, accessed by the Argentine News Agency (Agencia Noticias Argentinas), the Foreign Ministry will be tasked with ensuring that activities linked to the foreign relations of the Argentine Republic are «coherent, compatible, and uniform» with the general guidelines of Argentine foreign policy.
The mechanism will have special scope over issues related to Argentine sovereign rights over the Malvinas, South Georgia, and South Sandwich Islands, as well as the corresponding maritime and insular areas.
OFFICIAL STATEMENT
OFFICE OF THE PRESIDENT OF THE ARGENTINE REPUBLIC
City of Buenos Aires, September 10, 2026.- The Office of the President informs that, within the framework of the measures adopted by the National State for the recovery of the full exercise of sovereignty of the Argentine Republic over the Malvinas, South Georgia, and South Sandwich Islands and the corresponding maritime and insular spaces, the External Policy Articulation System will be created within the scope of the Foreign Ministry.
This System will aim to implement information, coordination, and advisory mechanisms for state activities that may affect foreign policy or the international interests of Argentina. Likewise, it will allow the Foreign Ministry to ensure that all activity linked to the foreign relations of the Argentine Republic is coherent, compatible, and uniform with the general guidelines of foreign policy regarding sovereign rights over the Malvinas, South Georgia, and South Sandwich Islands and the corresponding maritime and insular spaces.
The recovery of the full exercise of sovereignty over the Malvinas, South Georgia, and South Sandwich Islands requires coordinated state action that integrates diplomatic, legal, and political dimensions. This coordination makes it possible to maintain a firm and coherent stance over time, strengthen the claims of the Argentine Republic before the international community, and adopt the necessary measures to defend our legitimate rights and national interests, reaffirming the unrenounceable commitment to the recovery of the usurped territories.
The National Government will continue to coordinate all available means to strengthen the coordinated actions of its agencies to defend our sovereignty.
Javier G. Milei
President of the Nation
The Milei administration maintained that the recovery of the full exercise of sovereignty over those territories requires coordinated state action that encompasses diplomatic, legal, and political aspects.
According to Casa Rosada, this coordination will allow Argentina to maintain a stance that is «firm and coherent over time,» strengthen claims before the international community, and adopt measures aimed at defending national interests.
In that regard, the statement reaffirmed the Government’s «unrenounceable commitment» to the recovery of the territories it described as «usurped.»
»The National Government will continue to coordinate all available means to strengthen the coordinated action of its agencies to defend our sovereignty,» concluded the document signed by President Javier Milei.