Entre las calles medievales de Old Town y los jardines de New Town, la capital escocesa revela la vitalidad de una ciudad histórica donde la literatura, la piedra y la niebla se cruzan a cada paso.

 

 

 

Buenos Aires sábado 10 octubre (PR/26)– Decía Robert Louis Stevenson al hablar de Edimburgo que «en una palabra y, sobre todo, es una curiosidad». No le faltaba razón. Nacido en la capital de Escocia en 1850, el autor de La isla del tesoro es hoy una de las personalidades honradas en el Museo de los Escritores.

Se trata de una mansión construida en 1622 a la que se accede casi en secreto, por uno de los callejones o closes de la Old Town. Apenas se conservan medio centenar de esos pasajes, aunque llegaron a existir hasta 300. Son tan estrechos que se pueden tocar ambas fachadas con las manos a la vez.

 

La Royal Mile, la arteria de la ciudad medieval

 

Conectando todos esos callejones, atraviesa la ciudad vieja la Royal Mile, la avenida más famosa de toda Escocia. En realidad no es una calle en sí misma, sino la sucesión de cuatro: Castlehill, Lawnmarket, High Street y Canongate.

 

VICTORIA STREET, EDIMBURGO

 

Se le dio ese nombre en el siglo XVI por pura lógica: mide una milla de longitud y une los dos edificios más importantes vinculados a la corona. Uno es el Palacio de Holyrood, residencia actual de la familia real británica en la capital escocesa; el otro, el Castillo de Edimburgo.

 

Un castillo levantado sobre una roca volcánica

 

La gran fortaleza del reino de Escocia se alzó sobre una roca de origen volcánico durante el siglo XII. Fue prisión, sede de sus tropas y residencia real hasta 1633. Pasearse entre sus muros resulta fascinante.

 

Castillo de Edimburgo

 

Allí se descubre, entre otras cosas, la capilla románica de Santa Margarita, el edificio más antiguo de la ciudad. Además, se pueden admirar las joyas de la corona con más historia de toda Europa.

 

Un viaje de ida y vuelta en el tiempo

 

Así es el paseo por la Old Town, un recorrido por el pasado que gana en encanto y comodidad a primera hora de la mañana, cuando todavía no hay demasiados visitantes. Y no pierde su embrujo ni siquiera cuando la niebla y la lluvia se adueñan de la ciudad, algo bastante habitual.

Caminando por su pavimento empedrado, uno llega a sentirse parte de un escenario mágico. La zona logró mantener su esencia a pesar de estar repleta de tiendas de souvenirs, prendas de cachemir y tartanes a cuadros de todos los clanes escoceses.

 

Catedrales, plazas y supersticiones con suerte

 

Pero nada puede robarles el protagonismo a sus imponentes construcciones, como la catedral de St. Giles, que lleva más de 900 años en pie. Escondida tras ella se halla Parliament Square, la plaza donde se ubicaba el antiguo Parlamento escocés y que hoy es sede de la Corte Suprema. La actual asamblea se encuentra en el otro extremo de la Royal Mile, en un edificio de 2004, obra del arquitecto barcelonés Enric Miralles.

Frente a la entrada de St. Giles, unas losas de granito de colores dibujan el Corazón de Midlothian, el lugar exacto donde se levantaba la antigua prisión, demolida a inicios del siglo XIX. Se dice que es el único tramo de pavimento de la ciudad donde está permitido escupir sin ser multado.

 

calton hill edimburgo escocia

 

Ahí mismo está también la estatua del filósofo David Hume, con el dedo del pie brillantemente pulido por los miles de estudiantes que lo tocan para pedirle que los ayude a aprobar los exámenes.

Avanzando un poco más se suceden el Museo de Edimburgo, la sede de la Universidad de Edimburgo y el mítico The World’s End. Allí se encontraba una de las puertas de la antigua muralla, la que conectaba con lo desconocido, de ahí su nombre.

 

Los lands, rascacielos de otra época

 

Entre esas construcciones representativas se encajan los lands, los edificios de viviendas característicos de Edimburgo. Algunos llegaron a tener doce plantas.

La razón fue una ley que impedía crecer en extensión a las ciudades amuralladas, que por lo tanto debían hacerlo en altura.

 

Rincones con vistas y con leyendas

 

Que nadie se vaya sin recorrer las coloridas casas de Victoria Street ni visitar The Vennel, el rincón con una de las vistas más fotografiadas y sugerentes del castillo de Edimburgo.

 

kelpies edimburgo

 

Vale la pena detenerse también en la plaza de Grassmarket, donde tenía lugar el mercado de ganado y se llevaban a cabo las ejecuciones públicas, y en el fascinante cementerio de Greyfriars, repleto de leyendas.

 

Calton Hill, la Atenas del Norte

 

Para apreciar todo ello con suficiente perspectiva, nada como subir a la colina de Calton Hill. La zona es conocida como la «Atenas del Norte» por los edificios de estilo neoclásico levantados allí en el siglo XIX, aunque no todos están terminados.

Desde este mirador resulta fácil imaginar la grandiosidad que debían de sentir quienes llegaban a la ciudad. Además, es un lugar perfecto para entender su posterior desarrollo con el puente North Bridge, principal nexo entre la Old Town y la New Town, ambas declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

 

New Town, la cara aristocrática

 

Los planes para ampliar la ciudad solo podían pasar por drenar el lago Nor Loch. Así, en 1772 se construyó North Bridge, que permitió a las clases acaudaladas levantar sus mansiones en la New Town. Junto al nuevo puente surgieron los Jardines de Princess Street, la Royal Academy y las National Galleries of Scotland.

 

walter scott edimburgo escocia

 

Entre los rosales de los jardines sobresale el Monumento a Walter Scott, una aguja neogótica de 61 metros de altura inaugurada en 1846 en honor al autor de Ivanhoe y Rob Roy.

El paseo por la New Town puede terminar en el edificio de la marca de whisky Johnnie Walker. Desde el restaurante de su azotea se contempla una ciudad que, como dijo R. L. Stevenson, «gusta como un coleccionista de antigüedades adora sus vitrinas».

 

 

 

Primicias Rurales
Fuente: Viajes National Geographic