De Guadalajara al resto del país, la grave escasez y la contaminación del recurso revelan una profunda problemática que supera lo técnico e interpela directamente a nuestra responsabilidad social.

 

 

Mónica AlcaláPor Mónica Alcalá

Buenos Aires, sábado 31 octubre (PR/26)– Hay días en que la crisis del agua se resume en una escena cotidiana: abrir la llave y recibir agua turbia, con mal olor, o simplemente nada.

Para miles de familias de Guadalajara, bañarse, lavar la ropa o preparar los alimentos cotidianos se ha convertido en una preocupación constante y verdaderamente desgastante.

La situación se agravó drásticamente en octubre de 2026 debido a la severa contaminación del Sistema Antiguo de Abasto Chapala-Guadalajara.

 

La crisis climática es también una crisis hídrica que impacta en las ciudades

 

Por esta razón, las autoridades suspendieron su operación e implementaron tandeos en 627 colonias metropolitanas desde el pasado 15 de octubre.

El 27 de octubre, la Comisión Estatal del Agua identificó 150 puntos de descargas irregulares, logrando inhabilitar 50 de ellos hasta el momento.

Una infraestructura deteriorada, junto a descargas residuales y severas fallas de saneamiento, forman parte de una amenaza directa al acceso al agua limpia.

 

Un problema que México arrastra desde hace décadas

 

Esta compleja realidad no es nueva. En 2022, la Comisión Estatal de Derecho Humanos de Jalisco emitió la Recomendación 10/2022 sobre graves fallas investigadas desde 2020.

Allí se documentaron constantes violaciones al derecho al agua y al saneamiento, evidenciando una problemática profunda que afecta a miles de ciudadanos.

Por su parte, Guadalajara no representa un caso aislado dentro del territorio nacional. Monterrey enfrentó una severa crisis de abastecimiento durante el año 2022.

 

Soluciones integrales para abordar la escasez del agua en México

 

Asimismo, en 2024, la intensa sequía redujo drásticamente las aportaciones del Sistema Cutzamala al Valle de México, complicando aún más el panorama.

Según datos oficiales del INEGI, en 2024 el 80.6% de las viviendas mexicanas contaba con tubería de agua entubada en su interior.

Sin embargo, disponer de una instalación no garantiza en absoluto recibir el líquido diariamente ni que posea la calidad adecuada para el consumo humano.

La desigualdad social agrava aún más la brecha: mientras algunas familias costean pipas particulares, cisternas o agua embotellada, otras sufren grandes carencias.

Muchos hogares vulnerables deben destinar una parte desproporcionada de sus ingresos básicos solo para conseguir el agua indispensable del día a día.

 

Laudato si’: una advertencia ambiental y humana que sigue vigente

 

Hace más de un decenio, el Papa Francisco dedicó un apartado central de su encíclica Laudato si a analizar detenidamente la problemática del agua.

En el numeral 30 remarcó con firmeza que el acceso al agua potable y segura constituye un derecho humano básico, fundamental y universal.

Su planteamiento trasciende una simple exhortación religiosa. En México, el artículo 4° constitucional reconoce formalmente este derecho de manera explícita.

 

Por qué en México hay escasez de agua? - Greenpeace México

 

Dicho precepto fue desarrollado ampliamente en la Ley General de Aguas publicada de forma oficial en diciembre de 2025.

El pontífice advirtió tempranamente que la carencia de agua segura representa una grave deuda social con los sectores más desfavorecidos de la población.

Ahí radica uno de los mayores desafíos éticos actuales: resulta imposible hablar de desarrollo genuino mientras millones vivan en total incertidumbre hídrica.

La encíclica plantea la necesidad de una ecología integral, entendiendo la estrecha relación entre el deterioro ambiental y los problemas sociales.

En el numeral 139 se aclara que no enfrentamos dos crisis separadas, sino una única y compleja crisis socioambiental que requiere respuestas profundas.

Contaminar un cauce natural o un río no es solo dañar la naturaleza; es comprometer la salud, la alimentación y el futuro de comunidades enteras.

 

La Iglesia de Guadalajara pide soluciones urgentes

 

Ante este complejo escenario, el cardenal José Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara, ha expresado su profunda preocupación por la ciudadanía.

El líder religioso defendió decididamente el derecho humano a manifestarse de manera pacífica para exigir respuestas ante la carencia del recurso.

El pasado 18 de octubre reclamó con firmeza una solución pronta, radical, inteligente e integral, evitando disputas o la división política.

Días más tarde, el 26 de octubre, valoró positivamente la inversión federal de 12 mil a 13 mil millones de pesos para atender la emergencia.

No obstante, recalcó la urgente necesidad de coordinar esfuerzos eficientes entre todos los niveles de gobierno para lograr avances reales.

Si bien la infraestructura y los fondos económicos son indispensables, resultan igualmente vitales la vigilancia, la transparencia y el compromiso ético.

Cuidar el agua también es una forma de amar al prójimo

En su encíclica Fratelli tutti (numeral 117), el Papa Francisco reflexiona sobre la madurez moral de quien cuida el agua pensando responsablemente en los demás.

Esta fraternidad auténtica nos recuerda que el vital líquido no es un recurso ilimitado, sino un bien común que debemos proteger colectivamente.

El compromiso ético va mucho más allá de las pequeñas acciones individuales como cerrar la llave para evitar el desperdicio diario.

En Laudato si (numerales 217-219), se convoca a una conversión ecológica capaz de transformar de raíz nuestros hábitos personales y comunitarios.

 

Crisis climática y escasez de agua: se agotó el tiempo

 

Esto implica educar en la sobriedad, resguardar los recursos naturales, acompañar a quienes sufren carencias y participar en la toma de decisiones.

Asimismo, exige demandar que las instituciones públicas garanticen plenamente este derecho, pues la buena voluntad individual no reemplaza las soluciones estructurales.

La crisis hídrica nos recuerda que no somos dueños de la creación, sino custodios de un don recibido para el bienestar colectivo.

Por ello, además de preguntarnos cuándo volverá a salir agua en nuestros hogares, debemos cuestionarnos si nos preocupa el sufrimiento del vecino.

En definitiva, cuidar el agua es cuidar la vida; una comunidad justa y fraterna no puede aceptar la desigualdad en el acceso al recurso básico.

 

Primicias Rurales
Fuente: es.aleteia.org