En la Misa de apertura del Año Académico, el Papa pidió a estudiantes, docentes e investigadores de las Universidades Pontificias que cuiden su corazón, cultiven la amistad y vivan el estudio como un servicio a la fe y a la verdad.
Buenos Aires domingo 11 octubre (PR/26)– Llevar la vida al estudio y el estudio a la vida, abrir las puertas y no encerrarse. Ese fue el hilo conductor de la homilía que el Papa León XIV pronunció en la Basílica de San Pedro, en la Misa de inauguración del Año Académico de las Universidades Pontificias.
El Pontífice advirtió que, cuanto más nos alejamos de la realidad que el Hijo de Dios encarnado asumió y habitó, menos tenemos para decir y menos posibilidades de entender. Lo dijo ante cientos de estudiantes, docentes e investigadores, muchos de ellos sacerdotes y religiosos llegados de todo el mundo.
Abrir la inteligencia al soplo creador del Resucitado
Para León XIV, un nuevo año académico es mucho más que retomar las clases o los trabajos de investigación. Es, dijo, “abrir la inteligencia y las relaciones educativas al soplo creador del Resucitado, que da paz y unidad”.
![]()
Se trata, explicó, de asumir la propia tarea para responder a Dios que llama y a una humanidad que espera. Y de dejar que el Señor alimente una misión común: ninguno enseñará, estudiará ni investigará solo para sí mismo, sino con los demás, para los demás y, sobre todo, con el Señor y para el Señor.
Memoria y sentido crítico
El Papa se apoyó en las palabras del Apóstol Pablo a los gálatas. Con un tono vibrante y encendido, y no de reproche, el apóstol los llama a la inteligencia, a la memoria y al sentido crítico.
Según advirtió el Santo Padre, en cualquier época han existido falsos maestros que tratan de guiar el sentimiento religioso de los creyentes hacia sus propios intereses. Incluso los animan a radicalizar algunas enseñanzas en detrimento de las de Cristo y su Evangelio.
Frente a eso, fue claro: “Estimen el estudio como servicio a la fe y a la verdad, por su bien y el de tantos hermanos y hermanas por quienes el Señor ha entregado su vida”.
León XIV explicó que la alegría y el entusiasmo que nacen del encuentro con el Señor no consisten en quedar “fascinados” o “encantados”. El camino de fe en el seguimiento de Jesucristo pasa por la razón, por “preguntarse y preguntar” a la luz de la Palabra de Dios.
Eso es lo que lleva a la Iglesia a custodiar “el tesoro de la Revelación” a través de la inteligencia orante, la reflexión científica, la mediación cultural y su traducción en la práctica. Y lo resumió con una frase contundente: “¡Es una misión! Diversas son nuestras vocaciones, pero la misión es única”.
Más que datos y algoritmos, la memoria de lo vivido
El Papa subrayó que nunca hay que olvidar cuál es el principio y el final de las cosas, como sugiere San Pablo en su carta. Es decir, la inteligencia debe hacer memoria, y no solo volcar datos, como lo hace un algoritmo.
Hacer memoria, explicó, es recordar las experiencias vividas y las “resonancias” del alma humana. Es entrar “en contacto” con la propia bondad, con el aliento y el dinamismo del corazón.
Porque la rutina, las ambiciones, las rivalidades y otros factores negativos pueden distraer, con el tiempo, atención y energía. Nos dejan enjutos y débiles, irascibles y tristes. Por eso, concluyó: “Hace falta que volvamos al corazón”.
Custodien su corazón, cultiven la amistad
Tras insistir en que estudiantes, investigadores y docentes deben custodiar su corazón, para que cada edad y responsabilidad sean vividas con la señal del Espíritu, el Pontífice destacó la importancia de cultivar la amistad en la universidad. La definió como “un don precioso, tanto más cuando es vivida en la búsqueda común de la verdad en Cristo”.
“Lleven la vida al estudio y el estudio a la vida, según la lógica de la Encarnación”, les dijo el Santo Padre. Los invitó a compartir aquello que los alimenta, a abrir la puerta y a no encerrarse.
Retomando un pasaje de su encíclica Magnifica humanitas, recordó que quienes trabajan con la fragmentación del saber y con el impacto de las nuevas tecnologías sobre la mente humana invitan a promover ritmos que incluyan silencio, reflexión, lectura y análisis ponderado. Sin estos elementos, advirtió, “la libertad interior puede verse comprometida”.
La teología ilumina, la amistad enriquece
Al concluir, León XIV se refirió al estudio de la teología, el denominador común de las universidades pontificias. Sostuvo que su investigación contribuye a iluminar el trabajo de todos, porque se ubica como encrucijada de los distintos saberes.
Explicó además que en los ateneos pontificios de Roma se cruzan múltiples sensibilidades, culturas y tradiciones, y que allí “el Evangelio revela sus tesoros inagotables”. De ahí su invitación a mirar alrededor: en esas aulas está el mundo entero, con personas de África, de Asia, de América, de Europa y de Oceanía.
Y cerró con un pedido muy concreto: “No se limiten a sentarse al lado: encuéntrense, hablen entre ustedes, escúchense, cuéntense sus experiencias de Iglesia, recen juntos, compartan momentos de ocio y hagan nacer amistades que les acompañarán durante toda la vida”.





















