Reina de la Paz: «Hijitos, sean diferentes a los demás y sean personas positivas de oración y de amor a Dios»

Reina de la Paz: «Hijitos, sean diferentes a los demás y sean personas positivas de oración y de amor a Dios»

Mensaje de la Virgen de Medjugorje

 

El nuevo mensaje de la Virgen de Medjugorje invita a los fieles a “ser oración” y “ser bendición”, proponiendo una vida transformada en signo del amor de Dios, con una espiritualidad concreta que se vive en lo cotidiano y se traduce en paz, esperanza y conversión permanente.

Buenos Aires, miércoles 28 enero (PR/26) — La Virgen María por medio de sus mensajes como la Reina de la Paz desde Medjugorje, aldea croata en Bosnia Herzegovina,  nos presenta de un modo cercano y maternal un programa de trato con Dios a través de la oración y los sacramentos.

Estos mensajes marianos son, sobre todo, mensajes de paz y de esperanza para cada uno de nosotros y para el mundo. Abarcan desde el inicio de las apariciones, en el año 1981, cuando se dirige especialmente a la Parroquia de Medjugorje, hasta la actualidad.

Este es el último mensaje de Nuestra Madre,  la Reina de la Paz a través de Marija, que dio el domingo 25 de enero de 2026, dirigido expresamente a toda la Humanidad.

25 de enero de 2026

ÚLTIMO MENSAJE DE LA VIRGEN DE MEDJUGORJE

«¡Queridos hijos! Hoy los invito a ser oración y bendición para todos aquellos que no han conocido el amor de Dios. Hijitos, sean diferentes a los demás y sean personas positivas de oración y de amor a Dios, para que con sus vidas sean signo del amor de Dios para los demás. Los bendigo con mi bendición maternal e intercedo por cada uno de ustedes ante mi Hijo Jesús. Gracias por haber respondido a mi llamado.»
(Con aprobación eclesiástica)

 

Reflexión del P. Gustavo Jamut al mensaje del 25 de enero de 2026

¡Queridos hermanos reciban hoy y siempre la paz y la alegría de Jesús y de María!

Hoy volvemos a entrar a un nuevo curso, taller o clase magistral que nuestra Madre la Virgen Santísima nos da en su “escuela” a través de este mensaje. De nosotros depende ser buenos alumnos (es decir discípulos) o no.

A continuación intentaré desglosar algunas reflexiones en base a las apreciaciones que esta bendita “clase maternal” quiere ser para nosotros.

Como estas reflexiones suelen llegar a personas que vienen recorriendo este camino espiritual desde hace muchos años, así como también a quienes recién inician, me parece adecuado comenzar recordando o explicando que se puede entender como entrar a “la escuela de María”.

Entrar en la “escuela de María” significa -a mi entender- aceptar un camino de formación espiritual guiado por la Virgen, donde se aprende a vivir en gracia, oración, paz, construyendo fraternidad, y santidad, con la confianza puesta en Dios y en su misericordia. Es una invitación a dejarnos educar por el Espíritu Santo con la ayuda e intercesión María como Madre, para crecer en la fe y responder con firmeza a su llamado. Esto se produce cuando en nosotros se desarrolla la conciencia de que necesitamos tender a una conversión permanente (a un cambio de mentalidad) para albergar en nosotros los pensamientos, sentimientos, palabras y acciones de Dios y de María.

Para esto quiero proponerte que, si ya has leído el mensaje de este mes, vuelvas a leerlo. Pero que en esta ocasión lo hagas mucho más lentamente, con pausas, y estando más atento. Esto es necesario para llegar a percibir que palabra resuena en lo más íntimo de tu alma; pues a través de ese “resonar interior”, el Espíritu Santo te estará hablando. El quiere formar tu corazón y tu pensamiento en la escuela de María. Luego pregúntate y pregúntale al Señor: “¿qué puedo hacer para incorporar esa palabra, idea o pedido de María a mi vida concreta?”.

Un ejemplo de esto nos lo da un querido hermano de la CEMP (Comunidad Evangelizadora Mensajeros de la Paz), quien al leer y meditar el mensaje de este veinticinco de enero, escribió en el chat de la comunidad como sintió que una de las palabras en particular: «Diferentes», resonaba en su corazón; y compartía lo siguiente: “«Diferentes»: palabra que quizás haga ruido no? reconozco que al principio eso sentí, pero al seguir tratando de comprender lo que nos dice la Madre, sentí que nos sigue llamando a la conversión, a seguir convirtiendo nuestro corazón y a salir del pensamiento «ahora esto somos» y que con amor, valentía y  creatividad podamos ser signos del Amor de su Hijo… y para ello debemos intentar y esforzarnos para ser «diferentes» cada día… Diferentes nosotros mismos”.

En mi caso particular las palabras o frases que en primer lugar sentí que me invitaban a dejarme discipular por el Señor fueron “ser oración” y “ser bendición”. Lo cual me llevó a preguntarme ¿que significa ser oración? y ¿cuál es la diferencia con hacer oración?; y ¿que significa ser bendición? y ¿cuál es la diferencia con bendecir?

Para quienes (siguiendo el llamado de María) participan de grupos de oración, y comparten fraternalmente cada mes alguna reflexión o idea acerca del mensaje, tal vez pueda servirles la respuesta que yo encuentro al respecto.

“Hacer oración”, es una acción concreta: dedicar un tiempo específico a rezar, hablar con Dios, leer la Biblia, meditar, etc. Es una práctica intencional, ya que se trata de un acto que comienza y termina, como rezar el Rosario, participar en la liturgia o elevar una súplica. Es un momento de encuentro con Dios dentro de la jornada.

“Ser oración” en cambio, es un estado permanente, ya que no se limita a un momento, sino que toda la vida, gestos y actitudes se convierten en diálogo con Dios. Es la existencia ofrecida, pues la persona misma se vuelve oración, porque su ser, su trabajo, su descanso, su sufrimiento y su alegría están unidos a Dios.

La Madre no sólo nos pide “hacer oración”, sino “ser oración”. Esto nos compromete a una transformación interior permanente, pues ya no es sólo “rezar”, sino vivir en constante presencia y comunión con el Señor. Un ejemplo bíblico al respecto lo hallamos en San Pablo, cuando nos exhorta: “Oren sin cesar” (1 Tes 5,17). Esto no significa repetir palabras todo el día, sino que la vida entera se convierta en oración.

Existe una frase de Santa Teresa de Ávila muy conocida: “el Señor camina entre las ollas y sartenes” (Obras Completas de Santa Teresa de Ávila, Vol III, p. 120). Otras traducciones serían: “Dios está entre las cacerolas” (“entre los pucheros anda el Señor”) Estas palabras nos recuerdan que Dios se encuentra no sólo en el silencio y la oración, sino también en nuestros deberes diarios; en las tareas y actividades más cotidianas, no solo en lo extraordinario.

En este sentido, “ser oración” nos recuerda que la santidad se encuentra en vivir el día a día con amor y conciencia de su presencia, incluso en la cocina. Esta idea promueve una espiritualidad que integra lo sagrado en lo ordinario, haciendo de cada momento una oportunidad para el encuentro con Dios.

Cuando alguien “es oración”, incluso su silencio, su mirada, su servicio y su manera de amar se convierten en plegaria viva. Es como si la persona se transformara en un sacramento de la presencia de Dios en el mundo. Es por eso que podríamos decir que: “hacer oración” es como encender una vela, pero “ser oración” es convertirse en la misma luz que ilumina, siempre encendida en el corazón. De este modo el 100% de tu vida puede ser el momento o lugar donde encontrar a Dios, lo cual te conducirá a una profundidad y libertad únicas.

Cuando “somos oración” nuestra vida se encarna en la realidad cotidiana de manera radical, pues experimentamos (como leemos en los evangelios que lo vivía María), que Dios no solo se encuentra en los templos, sino en los pequeños detalles, en las decisiones diarias, en los encuentros, e incluso en los conflictos y hasta en las heridas de la vida.

Ahora bien, ¿qué podemos decir acerca de la afirmación de “ser bendición para todos”? prácticamente -a mi entender- es similar a lo anterior.

“Ser bendición” y “bendecir” están íntimamente relacionados, pero no son exactamente lo mismo. Te lo explico del siguiente modo: “Bendecir” es una acción concreta: pronunciar palabras o realizar gestos que invocan la gracia de Dios sobre alguien o algo. Un ejemplo bíblico de esto es Jesús cuando bendice a los niños imponiéndoles las manos (Mc 10,16). Es un acto que se realiza en un momento específico: rezar por alguien, hacer la señal de la cruz, dar una bendición litúrgica.

En cambio “Ser bendición”, como nos pide la Gospa, es un estado permanente, ya que no se limita a un acto, sino que la persona misma se convierte en fuente de gracia y paz para los demás.

El ser bendición está representada en la existencia ofrecida como oblación: tu vida, tus pensamientos acerca de los otros, tus conversaciones, tus gestos, tu manera de amar y servir transmiten la presencia de Dios. El ejemplo bíblico más explícito es cuando Dios le dice a Abraham: “Serás bendición” (Gn 12,2). No solo recibirá bendiciones, sino que su vida entera será canal de bendición para otros.

Por lo tanto, debes recordar que “Ser bendición” es un modo de ser, donde tu existencia misma irradia la bondad y misericordia de Dios. De este modo “ser bendición” es “ser bien”, es decir, que tu vida se convierta en un signo vivo del amor de Dios, es el irradiar la bondad de Dios.

Finalizo esta reflexión con la siguiente imagen: “Bendecir”, es como abrir una ventana para que entre la luz. “Ser bendición” es como ser tú mismo esa luz que ilumina, sin necesidad de abrir nada. En definitiva “Ser bendición” debería ser nuestra identidad.

El mensaje de Nuestra Señora de este mes aun nos da muchos elementos más para meditar, pero siento que es mejor hacerlo más adelante, en otra reflexión… especialmente porque las frases “sean diferentes a los demás y sean personas positivas de oración y de amor a Dios” servirían -aunque fuesen sólo ellas- para todo un retiro espiritual.

Le pido a Dios que te bendiga, y te pido que me lleves en tu oración. Hasta pronto, si Dios quiere.

Padre Gustavo E. Jamut

Oblato de la Virgen María

 

 

Oración

María, Reina de la Paz, Madre que nos conduces a tu Hijo, haz de nuestra vida una oración constante, que cada gesto, cada silencio y cada palabra sea un diálogo de amor con Dios.

Enséñanos a ser bendición, a irradiar la luz de Cristo en medio de la oscuridad, para que quienes aún no conocen su amor puedan descubrir en nosotros un reflejo de su misericordia.

Toma nuestras manos, nuestros pasos y nuestro corazón, y conviértelos en instrumentos de paz, para que allí donde haya indiferencia, nazca la ternura; donde haya rechazo, florezca la acogida; y donde haya vacío, resplandezca la plenitud del Espíritu.

María, Madre y Maestra, haznos oración viva y bendición constante, para que el mundo entero se abra al abrazo del Padre y a la alegría de tu Hijo Jesús. Amén.

Fuente: https://centromedjugorje.org/

Primicias Rurales

«Oren especialmente por mis planes que deseo cumplir para el mundo y para ustedes», dice la Reina de la Paz

«Oren especialmente por mis planes que deseo cumplir para el mundo y para ustedes», dice la Reina de la Paz

Buenos Aires, martes 20 enero (PR/26) — El vidente Ivan Dragičević quien recibe hace más de 40 años a la Virgen como Reina de la Paz tuvo un nuevo encuentro con hispano parlantes el sábado 17 de enero pasado y Nuesstra Madre pidió a los presentes que se rece por su intenciones.

Dijo IVán al término de la reunión espiritual.

«Queridos sacerdotes, queridos amigos en Cristo nuevamente deseo saludarlos cordialmente en este encuentro de oración.
Nuestra intención de oración de hoy era la de orar por los sacerdotes y por la Iglesia; Por la fe firme en los sacerdotes, como la Virgen los llama: «Sus amados «.

 

Nuevamente hoy la Virgen vino a nosotros muy feliz y contenta y nos saludó con su saludo materno:

«Sea alabado Jesús queridos hijos míos «.

Y después de esto extendió sus brazos sobre todos nosotros y en su lengua aramea oró sobre todos nosotros por algún tiempo. Oró especialmente por sus familias y sus intenciones, las intenciones que llevan en sus corazones, porque la Virgen conoce muy bien lo que hay en nuestros corazones.
Oró de manera especial sobre los sacerdotes presentes y sobre los enfermos presentes y sobre ustedes que están enfermos.
Luego se dirigió a nosotros con estas palabras :

“Queridos hijos, también hoy deseo decirles: ¡gracias por haber respondido a mi llamado! Oren, queridos hijos, y sean perseverantes en la oración. Oren especialmente por mis planes que deseo cumplir para el mundo y para ustedes. Oren de un modo especial por este mundo sin paz, donde ya no hay paz. Oren, oren, oren. ¡Gracias por haber respondido también hoy a mi llamado!”.

Después de esto la Virgen nos bendijo con su bendición maternal y bendijo los artículos que trajeron para ser bendecidos.
Le presenté a todos ustedes, todas sus intenciones, sus necesidades y sus familias, y especialmente todas las intenciones que recibí a través de e-mail.
Después de esto la Virgen oró por la Paz en el mundo y en esta oración se fue bajo el signo de la luz y de la cruz con las palabras:

«Vayan en paz queridos hijos míos».

Así qué queridos amigos, esto sería un resumen de los puntos más importantes del encuentro de hoy con la Virgen.

 

 

Primicias Rurales

Oración para bendecir en familia tu nacimiento navideño, la Mesa de Noche Buena y para rezarle a María, Madre del Adviento

Oración para bendecir en familia tu nacimiento navideño, la Mesa de Noche Buena y para rezarle a María, Madre del Adviento

El nacimiento – pesebre o belén – está instalado y espera recibir a Jesús el 25 de diciembre: Esta oración de bendición puede ser rezada por toda la familia

España y Buenos Aires, miércoles 24 diciembre (PR/25) — La presencia del nacimiento, pesebre o belén en los hogares marca el periodo de Adviento y recuerda la espera de la Navidad. Es momento para hacer oración con la familia.

Su bendición puede ser realizada por cualquier miembro de la familia. A continuación, se presenta una oración específica propuesta por la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos:

Reunidos en familia

El que bendice reza con las manos juntas.

Dios de todas las naciones y de todos los pueblos,
desde el principio de la creación,
has manifestado tu amor: cuando nuestra necesidad de un Salvador era grande,
enviaste a tu Hijo para que naciera de la Virgen María.
En nuestras vidas, él nos trae alegría y paz, justicia, misericordia y amor.
Señor, bendice a todos los que contemplan este pesebre;
que nos recuerde el humilde nacimiento de Jesús
y eleve nuestros pensamientos hacia él, que es Dios con nosotros y Salvador de todos,
y que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

Independientemente de cómo se integre también el árbol en la celebración de la Navidad, invocar la bendición de Dios sobre nacimiento nos permite recordar la humilde llegada de Jesús y elevar nuestros pensamientos hacia él.

Bendición de la Mesa de Noche Buena: oración

 

“Bendícenos, Señor,
a nosotros y a estos alimentos
que vamos a recibir de tu generosidad.
Que nunca falte el pan,
la fe, la esperanza y el amor en este hogar.
Dales el pan a los más necesitados!
Amén”.
¡Ah! Y no nos olvidemos de invocar a María. Aquí va una oración para esta noche: 

Oración a María, Madre del Adviento, para la Nochebuena

Oh, Santísima Virgen María, Madre del Adviento y de la Nochebuena,
Tú que esperaste con fe y paciencia la llegada del Salvador,
Acogiste en tu seno virginal al Hijo de Dios, hecho hombre por amor,
Y nos trajiste la luz y la esperanza al mundo.
En esta noche santa, junto a tu regazo maternal,
Queremos prepararnos para recibir a Jesús, nuestro Rey y Señor.
Enséñanos, Madre querida, a vivir como tú,
Con un corazón humilde y dispuesto a decir un «sí» a la voluntad de Dios.
Que nuestro corazón sea como un pesebre,
Un lugar donde el Niño Jesús pueda nacer y reinar,
Libre de todo egoísmo, miedo y distracción.
Ayúdanos a ser como tú: pequeñas, sencillas y llenas de amor.
Acompáñanos, Madre de la Esperanza, en esta Nochebuena,
Para que, al contemplar a tu Hijo,
Sintamos la paz que Él trae al mundo,
Y podamos llevar esa paz y ese amor a todos los que nos rodean.
Ruega por nosotros, Madre de la Iglesia,
Para que crezcamos en bondad, en fe y en servicio,
Y caminemos siempre cerca de Jesús, tu Hijo Amado.
Amén.
Primicias Rurales
Fuente: Aleteia / IA
“ Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra ”

“ Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra ”

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 1-14

 

Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio.

Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad.

También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.

De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor.

El ángel les dijo:
«No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»

De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
«Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad».

Palabra del Señor
San José, el hombre justo que enseña a esperar: El Papa León XIV invitó a vivir la Navidad desde la misericordia, la fe y el abandono confiado en Dios

San José, el hombre justo que enseña a esperar: El Papa León XIV invitó a vivir la Navidad desde la misericordia, la fe y el abandono confiado en Dios

Ciudad del Vaticano, lunes 22  diciembre (PR/25) — En el umbral de la Navidad y en el cuarto domingo de Adviento, el papa León XIV ofreció una meditación breve, profunda y luminosa sobre la figura de san José, durante el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro, colmada de peregrinos y familias.

Retomando una tradición que había quedado en segundo plano en años recientes, el Santo Padre bendijo las figuras del Niño Jesús que cientos de niños llevaron consigo, un gesto sencillo que preparó el clima espiritual para una catequesis centrada en la humildad y la grandeza silenciosa del custodio de la Sagrada Familia.


Un protagonista discreto de la historia de la salvación

El Papa invitó a contemplar a san José tal como lo presenta el evangelio de Mateo: un hombre frágil y falible como todos, pero al mismo tiempo “valiente y fuerte en la fe”. Recordó que el evangelista lo define como “hombre justo”, es decir, un creyente fiel a la Ley, asiduo a la sinagoga y profundamente enraizado en la tradición de Israel.

Sin embargo —subrayó León XIV—, la justicia de José no se reduce a la observancia exterior. Se manifiesta sobre todo en su corazón misericordioso y en su modo humano de enfrentar una situación desconcertante y dolorosa.

La misericordia antes que la condena

Antes de conocer el origen divino del embarazo de María, José se encuentra ante un dilema difícil de comprender. Lejos de elegir el escándalo o la condena pública, opta por el camino discreto y compasivo del repudio en secreto.

En ese gesto silencioso, señaló el Papa, José revela haber comprendido el sentido más profundo de la fe: la misericordia. Una religiosidad auténtica que no aplasta, sino que cuida; que no juzga, sino que protege.

Navegar mar adentro: la fe que suelta seguridades

Cuando Dios le revela en sueños su misión —ser el esposo de la Virgen Madre del Mesías—, José da un paso decisivo. Con un gran acto de fe, abandona sus seguridades y se entrega por completo a un futuro que ya no controla, pero que está en manos de Dios.

Citando a san Agustín, el Papa recordó que fue de la piedad y la caridad de José que nació de María el Hijo de Dios, subrayando así la grandeza escondida de un consentimiento dado sin palabras, pero pleno de confianza.

Virtudes para preparar el corazón en Adviento

Misericordia, piedad, caridad y abandono confiado: estas son las actitudes que la liturgia propone en los últimos días de Adviento, destacó León XIV. Virtudes que no solo preparan para celebrar la Navidad, sino que educan el corazón para el encuentro con Cristo y con los hermanos.

El Papa animó a vivir este tiempo de gracia practicándolas en lo concreto: perdonando, alentando, sembrando esperanza en la vida cotidiana y renovando en la oración la confianza filial en la Providencia.

Ser pesebre para los demás

En el cierre de su alocución, el Santo Padre dejó una imagen tan sencilla como exigente: dejarnos transformar para ser, los unos para los otros, “pesebre acogedor, casa confortable, signo de la presencia de Dios”.

Encomendando este camino a la Virgen María y a san José —los primeros en acoger a Jesús con fe y amor—, el Papa León XIV invitó a entrar en la Navidad con un corazón disponible, silencioso y confiado, al estilo del justo de Nazaret.

Primicias Rurales

Fuente: IA/Zenit