Oct 7, 2026 | Actualidad, Animales, Especial
Es el cánido más grande de Sudamérica y una pieza clave para la salud de los pastizales y humedales, pero en la Argentina está categorizado como vulnerable. La pérdida de hábitat, los atropellamientos y los mitos erróneos lo ponen en riesgo.
Buenos Aires miércoles 7 octubre (PR/26)– El aguará guazú es el cánido más grande de Sudamérica y una de las especies más emblemáticas, y a la vez menos conocidas, de los pastizales, sabanas y humedales del Cono Sur. En la Argentina habita en Corrientes, Formosa, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, Buenos Aires, Santiago del Estero y Misiones. Se cwelebró el día del aguará guazúi
Un día para mirar de cerca a un animal que casi nadie ve
El lunes se conmemoró el Día Internacional del Aguará Guazú, una jornada que invita a poner el foco en una especie emblemática de los ecosistemas sudamericanos. En la Argentina está categorizado como vulnerable y su principal amenaza es la pérdida de hábitat, a la que se suman los atropellamientos y el mascotismo.

A nivel nacional figura como vulnerable y en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) aparece como casi amenazado. Detrás de esa categoría hay dos problemas centrales: la pérdida y fragmentación del hábitat por el avance agrícola y urbano, y los choques en rutas y caminos.
Rutas que se cobran demasiadas vidas
Los números son contundentes. Según datos de la Dirección de Manejo Sustentable de Fauna Silvestre de Santa Fe, en los últimos siete años murieron 211 ejemplares en siniestros viales.
Y las chances de volver a casa son mínimas: apenas el 0,9% de los animales atropellados logra ser rehabilitado y liberado nuevamente en su hábitat.
Cachorros robados y mitos que cuestan caros
A esto se suman el mascotismo y la captura ilegal de cachorros, además de la caza motivada por mitos erróneos sobre su comportamiento. Contra lo que se suele creer, el aguará guazú no ataca al ganado: su dieta se compone principalmente de frutos, insectos, pequeños roedores y anfibios.

Para quienes trabajan con la especie, el panorama es claro. “El aguará guazú es una especie clave para el equilibrio de los ambientes donde vive, y a la vez una de las más golpeadas por los atropellamientos y la pérdida de hábitat. Por eso trabajamos hace más de 20 años combinando investigación, rehabilitación y generación de datos que hoy usamos para tomar mejores decisiones de conservación”, explicó Guillermo Delfino, Coordinador del Programa de Especies Amenazadas.
Cuidarlo es cuidar todo el ecosistema
Proteger al aguará guazú es proteger la salud de los ecosistemas donde habita. Como dispersor de semillas, cumple un rol clave en la regeneración de pastizales y humedales.
Además, es una especie con fuerte arraigo cultural: para pueblos originarios como los tobas y los mocovíes es un animal protector, y en la tradición criolla está relacionado con la leyenda del Lobizón.
Primicias Rurales
Fuente: Agencia NA
Oct 6, 2026 | Actualidad, Aventura y Turismo, Desarrollo Humano, Especial
La iniciativa se presentó en la Casa de Misiones de Capital Federal con una propuesta centrada en el turismo responsable, la conservación de la biodiversidad y el vínculo entre territorio, comunidades y cultura.
Buenos Aires, martes 6 de octubre (PR/26) .- La Casa de Misiones de Capital Federal fue escenario de “Charlas Verdes en la Urbe”, un encuentro destinado a abrir un espacio de diálogo sobre el cuidado del territorio y los desafíos que plantea el crecimiento de la actividad turística.
La propuesta parte de una premisa: Misiones no es solamente un destino turístico, sino un territorio vivo, atravesado por la selva, el agua, la tierra roja, la biodiversidad, sus comunidades, productores, saberes, costumbres y tradiciones.
Durante la presentación se puso el foco en el concepto de turismo responsable y regenerativo, una mirada que busca ir más allá de reducir el impacto ambiental y plantea la necesidad de conservar, fortalecer y regenerar los territorios, generando bienestar tanto para la naturaleza como para las comunidades y la cultura local.
En ese sentido, se destacó la importancia de la Selva Paranaense y de la biodiversidad misionera como parte del patrimonio natural de la provincia. También se planteó el desafío que implica el crecimiento del turismo: durante 2024, Misiones recibió alrededor de 1,45 millones de visitates y cerca de 5 millones de pernoctaciones.

A partir de estos datos, el encuentro propuso cambiar la pregunta: ya no se trata solamente de cuánto turismo puede generar un destino, sino de qué puede devolverle el turismo al territorio.
“Charlas Verdes” nace así como un punto de encuentro para conversar, compartir conocimientos y generar preguntas sobre las formas de cuidar el territorio que sostiene a las comunidades. La iniciativa busca reunir las miradas de investigadores, productores, emprendedores, conservacionistas y quienes tienen responsabilidades en la toma de decisiones.
Durante la jornada también se destacó la relación entre los conocimientos científicos y los saberes de los pueblos originarios, bajo la idea de que todo forma parte de un mismo entramado. Desde esta perspectiva, la naturaleza no es entendida como un simple escenario para la actividad turística, sino como parte de una “Casa Común” que requiere compromiso y cuidado.

La presentación estuvo a cargo de Miuki Madelaire, Embajadora Social y Cultural de la Provincia de Misiones, quien puso en valor la necesidad de generar espacios que permitan reflexionar e inspirar nuevas formas de relacionarse con el territorio.
El encuentro se completó con una degustación de gastronomía regional y sorteos, sumando una experiencia vinculada a los sabores y expresiones culturales de Misiones.
La propuesta busca instalar una conversación que vincule turismo, biodiversidad, cultura y desarrollo, con una pregunta de fondo: qué territorio se quiere dejar a las próximas generaciones.
Primicias Rurales
Fuente: Gerardo Grosso
Oct 5, 2026 | Animales, Aventura y Turismo
Cada 25 de septiembre la Argentina celebra el Día Nacional de la Ballena Franca Austral, una fecha que nació en 2002 en Puerto Pirámides, cuando toda una comunidad se unió para liberar a un juvenil atrapado en las cadenas del fondeo de un catamarán.
Buenos Aires lunes 6 octubre (PR/26)– Detrás del Día Nacional de la Ballena Franca Austral hay una historia que todavía habla de la relación entre las personas y los gigantes del mar. La fecha se conmemora cada 25 de septiembre y nació en Puerto Pirámides, en Chubut, a partir de un rescate que movilizó a toda una comunidad.
El día que Garra quedó atrapado
Todo ocurrió el 25 de septiembre de 2002, cuando Garra, un juvenil de ballena franca austral, quedó enredado en las cadenas del fondeo de un catamarán de avistaje en la bahía de Puerto Pirámides.

Los primeros en intentar ayudarlo fueron los guías balleneros y los buzos locales. Sin embargo, las cadenas estaban bajo el agua y no era posible llegar hasta ellas con seguridad.
Una decisión tan riesgosa como necesaria
Entonces tomaron una decisión difícil: varar intencionalmente a la ballena para poder cortar las cadenas desde la playa. Era una maniobra peligrosa, que exigía mucho conocimiento y experiencia, pero no había otra manera de liberarlo.
El juvenil tenía unas manchas particulares sobre el lomo, parecidas a las marcas de una garra, y de ahí le vino el nombre. Mientras esperaban la marea alta, los equipos mantuvieron frescas las cadenas cortadas para evitar que lastimaran al animal.

En el rescate participaron guías, buzos, guardafaunas y miembros de la comunidad vinculada al avistaje. También colaboró personal de la Armada Argentina, que realizaba relevamientos aéreos junto al Instituto de Conservación de Ballenas.
Un regreso al mar con final feliz
Al atardecer, cuando la marea volvió a cubrirlo y recuperó su flotabilidad, Garra pudo regresar al mar. A lo lejos, otra ballena lo esperaba.

Era muy probable que se hubiera separado de su madre apenas unos días o semanas antes. Es que, durante su primer año de vida, los ballenatos permanecen junto a sus madres, de quienes dependen para alimentarse y aprender a desenvolverse en el océano.
Lo que descubrió la ciencia
Con el tiempo, la investigación permitió reconstruir parte de la historia de aquel juvenil. A través de la foto-identificación se determinó que Garra había nacido en 2001 y que era hijo de Victoria, una ballena conocida por el programa de investigación de Ballena Franca Austral desde sus primeros registros.
También se pudo establecer que tenía apenas un año cuando quedó atrapado y que probablemente acababa de comenzar su vida independiente. La historia tuvo además un final alentador: Garra sobrevivió a las heridas y al estrés provocado por el accidente, y volvió a ser observado en 2006.
Su caso, sin embargo, dejó una advertencia que sigue vigente: redes, sogas, cadenas, fondeos y otros elementos utilizados en actividades humanas pueden convertirse en trampas mortales para las especies marinas.
Una especie que vuelve cada año al Golfo San Matías
Más de dos décadas después de aquel rescate, las ballenas francas australes siguen llegando cada año a las costas de la Patagonia. En Río Negro, durante el invierno y la primavera, el Golfo San Matías forma parte del territorio que utilizan para completar distintas etapas de su ciclo de vida.
La especie es Monumento Natural Nacional y de Río Negro, un reconocimiento a su importancia para la conservación. Su presencia, además, forma parte de una de las grandes experiencias de naturaleza que ofrece la costa rionegrina.
Ciencia y conservación en la costa rionegrina
En las Áreas Naturales Protegidas de la provincia, equipos técnicos y Guardas Ambientales realizan tareas de observación, registro y seguimiento de la fauna marina.
Este trabajo se complementa con campañas científicas junto a organizaciones especializadas, que permiten conocer mejor la presencia, distribución y comportamiento de las especies del Golfo San Matías.
El monitoreo forma parte además del Corredor de los 5 Grandes, una estrategia provincial que integra investigación científica, conservación marina y desarrollo sostenible en más de 150 kilómetros de costa, entre El Cóndor y San Antonio Este. La iniciativa incluye a otras especies emblemáticas como orcas, delfines, lobos marinos y tiburones.

Toda esa información permite mejorar las herramientas de conservación y gestión de las Áreas Naturales Protegidas, y también ayuda a que el turismo de naturaleza crezca de manera responsable.
Para quienes llegan a la costa, la recomendación es respetar las distancias establecidas, cumplir las normas vigentes, no arrojar residuos y elegir prestadores habilitados.
Una historia que sigue inspirando
La historia de Garra quedó como un recuerdo de lo que puede ocurrir cuando una comunidad conoce, valora y se involucra con la fauna que la rodea. La ballena sobrevivió y volvió al mar.
Y cada septiembre, cuando se celebra su día, aquella historia vuelve a poner en primer plano la importancia de cuidar un océano que todavía guarda muchas vidas por conocer.
Primicias Rurales
Fuente: Diario Río Negro
Versión en inglés
The southern right whale day: the story of Garra, science and conservation to protect the giants of the sea
Every September 25, Argentina commemorates National Southern Right Whale Day. The date originated from an incident in Puerto Pirámides in 2002, when a young whale became trapped in the mooring chains of a catamaran and an entire community mobilized to save it. Today, the species is a National and Río Negro Natural Monument, and every year it returns to the San Matías Gulf during the winter and spring.
Buenos Aires lunes 6 octubre (PR/26)– There is a story behind this date that still speaks to the relationship between people and whales. It took place on September 25, 2002, when Garra, a juvenile southern right whale, became entangled in the mooring chains of a whale-watching catamaran in Puerto Pirámides Bay, Chubut.
The first to attempt the rescue were local whale-watching guides and divers. But the chains were underwater, and they could not reach them safely. They therefore made a decision that was as risky as it was necessary: intentionally beaching the whale so that the chains could be cut from the shore. It was a dangerous maneuver that required knowledge and experience, but there was no other way to free the animal.
The juvenile had distinctive markings on its back, resembling claw marks, which is why it was given that name. While they waited for the high tide, the teams kept the severed chains wet to prevent them from injuring the animal. The rescue involved guides, divers, wildlife rangers, members of the local whale-watching community, and even Argentine Navy personnel who were assisting with aerial surveys alongside the Whale Conservation Institute.
At sunset, when the rising tide covered him again and he regained his buoyancy, Garra was able to return to the sea. In the distance, another whale was waiting for him. It was highly likely that he had been separated from his mother only days or weeks earlier. During their first year of life, calves remain with their mothers, on whom they depend for nourishment and to learn how to navigate life in the ocean.
Over time, research helped reconstruct part of the juvenile’s history. Through photo-identification, researchers determined that Garra had been born in 2001 and was the offspring of Victoria, a whale known to the Southern Right Whale research program since its earliest records. Researchers were also able to establish that he was only one year old when he became trapped and had probably just begun his independent life.
The story also had an encouraging ending. Garra survived the injuries and stress caused by the accident and was sighted again in 2006. His case, however, left a warning that remains relevant today: nets, ropes, chains, mooring systems and other equipment used in human activities can become deadly traps for marine species.
A Species That Returns to the San Matías Gulf Every Year
More than two decades after that rescue, southern right whales continue to arrive every year along the Patagonian coast. In Río Negro, during the winter and spring months, the San Matías Gulf forms part of the habitat they use to complete different stages of their life cycle.
The species is designated a National Natural Monument and a Río Negro Natural Monument, in recognition of its importance for conservation. Its presence is also part of one of the great nature experiences offered along the Río Negro coast.
In the province’s Protected Natural Areas, technical teams and Environmental Rangers carry out observation, recording and monitoring activities involving marine wildlife. This work is complemented by scientific campaigns conducted in partnership with specialized organizations, helping researchers gain a better understanding of the presence, distribution and behavior of species in the San Matías Gulf.
The monitoring is also part of the Five Giants Corridor, a provincial strategy that integrates scientific research, marine conservation and sustainable development along more than 150 kilometers of coastline, between El Cóndor and San Antonio Este. The initiative also includes other emblematic species such as orcas, dolphins, sea lions and sharks.
All this information helps improve conservation and management tools for Protected Natural Areas, while also helping nature tourism grow responsibly. For visitors arriving on the coast, the recommendation is to respect established distances, comply with current regulations, avoid littering and choose authorized tourism operators.
Garra’s story has remained as a reminder of what can happen when a community knows, values and becomes involved with the wildlife around it. The whale survived and returned to the sea. And every September, when his day is celebrated, that story once again brings to the forefront the importance of protecting an ocean that still holds many lives waiting to be discovered.
Traducción al inglés por: María Marta Cafiero

Oct 4, 2026 | Actualidad, Animales, Aventura y Turismo, Recursos Pesqueros
María Emilia Bravo bajó 4907 metros en Alaska y lideró la campaña que halló en el mar Argentino una medusa fantasma gigante, un arrecife enorme y 28 presuntas especies.
Buenos Aires domingo 4 octubre (PR/26)– El océano cubre el 70% del planeta, tiene una superficie de unos 360 millones de kilómetros cuadrados y alberga más vida que cualquier otro lugar de la Tierra.
Sin embargo, apenas conocemos una pequeña porción de él, y por eso el trabajo de exploradoras como la argentina María Emilia Bravo resulta fundamental.
Bravo es bióloga marina e investigadora científica del IGeBA (CONICET) y de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (FCEN-UBA).

Fue pionera en los primeros descubrimientos de ecosistemas quimiosintéticos del mar argentino y es una incansable exploradora del fondo marino, con trabajos clave para entender los misterios del océano profundo.
Doce horas y casi 5000 metros bajo el agua
En 2024, en el marco del proyecto científico Methanosphere, Bravo se sumergió 4907 metros durante 12 horas frente a Alaska. Para dimensionar la hazaña: el cachalote, considerado uno de los mejores buceadores del reino animal, puede alcanzar profundidades de unos 2000 metros.
Lo hizo a bordo de Alvin, un sumergible tripulado que también exploró los restos del Titanic, acompañada por otro investigador y un piloto. El objetivo era estudiar ecosistemas quimiosintéticos en uno de los rincones más remotos y desconocidos del planeta.
Entre diciembre de 2025 y enero de 2026 llegó su siguiente gran desafío: liderar la expedición “Vida en los Extremos”. La campaña recorrió el mar Argentino a bordo del buque Falkor (too) y permitió ver, en vivo y por streaming, ecosistemas quimiosintéticos del talud continental argentino.

La misión fue fruto de una colaboración entre el Schmidt Ocean Institute y la FCEN-UBA.
Según informó el equipo científico, documentó una rara medusa fantasma de aguas profundas del tamaño de un autobús escolar, el arrecife de coral de Bathelia candida más grande conocido en el océano mundial y 28 presuntas nuevas especies.
El arrecife, además, tiene un tamaño cercano al de la Ciudad del Vaticano. Un hallazgo que, como veremos más adelante, ayuda a entender mejor cómo se distribuyen estos ecosistemas y por qué es tan importante cuidarlos.
Un océano que casi no conocemos
Hasta junio de 2025, solo se había cartografiado el 27,3% del fondo marino global con tecnología moderna de alta resolución, según la Oficina de Exploración e Investigación Oceánica de la NOAA, de Estados Unidos.
La propia NASA asegura que existen mejores mapas de la superficie lunar que del fondo oceánico terrestre.
“Dado que más del 90% del océano es profundo, es decir, tiene más de 200 metros de profundidad, una gran parte de él aún queda por explorar”, reconoce la NOAA. Hasta ahora, los exploradores han visto menos del 0,001% del fondo marino profundo.

Si a eso se suma que las mujeres siguen infrarrepresentadas en la ciencia, el trabajo de Bravo gana todavía más relevancia.
Según la ONU, en 2022 solo el 31,1% de los investigadores eran mujeres y, de acuerdo con la Unesco, apenas 1 de cada 10 líderes en STEM es mujer.
Por eso, National Geographic conversó con la científica para conocer su historia, su experiencia estudiando el océano y la manera en que su investigación contribuye al conocimiento de las profundidades marinas.
Vida sin luz solar: qué son los ecosistemas quimiosintéticos
Bravo explica que los ecosistemas quimiosintéticos son ambientes en los que las formas de vida obtienen energía de una manera alternativa a la energía solar. Se nutren sobre todo de compuestos químicos que salen del fondo marino y que son metabolizados por microorganismos.
Esos microorganismos pueden ser de vida libre o simbiontes, es decir, organismos que mantienen interacciones estrechas y, a menudo, prolongadas con otras especies.

Es una fuente de alimento esencial en el mar profundo, donde la energía que baja desde la superficie a través de la fotosíntesis puede ser muy escasa.
Este tipo de alimentación también existe en ambientes costeros, aunque reciben menos atención.
La razón, cuenta la investigadora, es que en la zona costera la cantidad de alimento disponible por fotosíntesis suele ser tan alta que los animales dominantes de la comunidad dependen de ella y no de la quimiosíntesis.
¿Qué la atrajo de estos espacios? Para Bravo son ambientes muy complejos, donde la vida depende de muchísimos factores.
Le interesa saber por qué ciertas especies están ahí y otras no, cómo viven, cómo toleran esas condiciones y cómo responden a la creciente presión ambiental que ejercemos los humanos.
Le preocupa, sobre todo, identificar dónde están estos ecosistemas y cómo los cambios ambientales pueden afectarlos. Su meta es comunicar esa información a quienes toman decisiones para ayudar a conservarlos.
En el laboratorio principal del Falkor (too), la científica jefa trabajó junto al estudiante de Biología Lisandro Scarrone, de la UBA, sobre una muestra biológica. Desde la sala de control de la misión, además, dirigió las inmersiones del vehículo operado remotamente ROV SuBastian.
Una inmersión que parecía irreal
Sobre su descenso en Alaska, Bravo cuenta que representaba la posibilidad de ver con sus propios ojos ese mundo fascinante y casi surreal, de estar en persona en ambientes que estudia desde hace muchos años. Pudo observar el mar profundo desde adentro.
Estuvo entre especies quimiosintéticas y otras de mar profundo que hasta ese momento solo había visto en papers, y las vio en su estado natural. “Fue alucinante”, recuerda, y admite que todavía se sorprende al pensar que fue algo real.
El proyecto, llamado Metanósfera, buscaba entender el rol del gas metano en la biodiversidad y en las funciones ecológicas de los ecosistemas.

El enfoque fue interdisciplinario: se rastreó buena parte del recorrido del metano desde su ingreso al ambiente marino y sus efectos, integrando aspectos químicos, alimentarios y simbióticos.
En síntesis, la misión abarcó desde la escala microscópica, donde se observa cómo los microorganismos transfieren la energía de esos gases al animal que los hospeda, hasta la biodiversidad de toda la comunidad.
Llegar al fondo, explica la científica, es un desafío tecnológico que se viene superando desde hace años con sumergibles capaces de tolerar presiones aplastantes. Permiten operar viendo directamente los objetivos de investigación y elegir dónde tomar las muestras.
En esa campaña ayudó que ya existieran investigaciones previas, por lo que se sabía, al menos a gran escala, cuáles eran los sitios de mayor interés.
Además, se usaron vehículos submarinos automatizados, los AUV, que siguen una ruta delimitada y vuelven al buque con información obtenida por sensores e imágenes.
Gracias a ellos se mapeó rápidamente una extensa superficie de estos hábitats en alta resolución, lo que permitió encontrar más filtraciones de metano en un área muy amplia.
El estudio, liderado por la profesora Lisa Levin, reveló ecosistemas quimiosintéticos con distintas configuraciones de biodiversidad a escala de paisaje. El tipo de animales y sus asociaciones cambiaban según la profundidad, la cantidad de gas que emanaba, el tipo de fondo y la cantidad de oxígeno.

También quedó en evidencia una enorme complejidad de interacciones entre animales, metano y microorganismos a escalas menores, que todavía se investigan. Bravo colaboró dentro del grupo de ecología y del Scripps Institution of Oceanography, y sigue trabajando con esos hallazgos.
Los tesoros del mar profundo argentino
Para Bravo, uno de los grandes valores de “Vida en los Extremos” es haber mostrado la heterogeneidad de paisajes del mar profundo argentino, que tiene una gran diversidad de ambientes y de formas de vida.
Según los lineamientos globales, muchos de estos ecosistemas se consideran ecosistemas marinos vulnerables. El equipo priorizó los quimiosintéticos y los arrecifes de corales de agua fría, que cumplen un rol muy importante en la preservación de la biodiversidad y de las funciones ecológicas del fondo marino.
También se trabajó de manera multidisciplinaria para avanzar en un estudio de base sobre cómo son estos ecosistemas y cómo interactúan las formas de vida con las características ambientales. La idea es informar a quienes deciden sobre el uso de estos ambientes.
Se investigaron áreas desde los 500 metros hasta los 4200 metros en la zona más septentrional.
Se considera mar profundo a partir de los 200 metros, y el equipo buscó abarcar ese rango y compararlo a lo largo de un gradiente latitudinal, en línea con estándares internacionales.
Sobre el arrecife del tamaño del Vaticano, los hallazgos de diciembre y enero permitieron ver cómo se forma esta estructura calcárea. En esos arrecifes aparecieron varias especies de peces, y entenderlas mejor ayuda a planificar el uso de estos ambientes para no alterarlos.
Una de las actividades que más los puede dañar es la pesca de arrastre. Sus redes generan un “efecto de arado” que hace perder la tridimensionalidad del arrecife y, con ella, su rol ecológico como sostén de otras especies.
Los científicos comprobaron además que no se trata de un arrecife continuo: se asocia a ciertos lugares del fondo y a determinadas características de las masas de agua. Conocer esas preferencias ayuda a predecir su distribución con más precisión en el mar profundo argentino.
Otro dato clave: el sistema de arrecifes se extiende hasta 600 kilómetros más al sur de lo que se había documentado antes.
Los corales de aguas profundas son de crecimiento lento y longevos, y suelen clasificarse como ecosistemas marinos vulnerables por su alta biodiversidad y su amenaza ante actividades como la pesca de arrastre.
Entre las imágenes más llamativas de la expedición, los pilotos del ROV filmaron a 250 metros una Stygiomedusa gigantea, la medusa fantasma gigante, con peces juveniles (Centrolophus niger) nadando alrededor de su campana.

Esa campana puede medir hasta 1 metro de diámetro y sus cuatro brazos, hasta 10 metros de largo.
Carece de tentáculos urticantes, pero usa sus brazos para atrapar presas como plancton y peces pequeños.
También se registraron estrellas de mar rojas y rosadas (Gorgonocephalus chilensis) posadas sobre corales duros blancos, principalmente Bathelia candida y Solenosmilia sp., que se alimentan capturando partículas y pequeños organismos del agua.

Las mujeres que abrieron camino
Una de las mayores es Lisa Levin, bióloga criada en Los Ángeles y profesora emérita del Instituto Scripps de Oceanografía, UC San Diego, a quien describe como un ejemplo de dedicación y determinación en la construcción de una carrera científica.
Admira también su esfuerzo por generar comunidad y ayudar a otras mujeres a tener voz, no solo en foros científicos sino también en espacios de discusión de políticas ambientales.
Levin luchó incansablemente para incluir el mar profundo en las agendas internacionales de conservación y de cambio climático.
Bravo destaca además a todas las mujeres que trabajan en la ciencia del mar Argentino.
Sin ellas, dice, muchas de las oportunidades de las generaciones más jóvenes no existirían: enfrentaron realidades mucho más difíciles, en las que subir a un buque oceanográfico no era habitual para una mujer.
Otra gran inspiración argentina es la doctora Frida Armas Pfirter, abogada especialista en derecho internacional y derecho del mar, clave en la iniciativa COPLA (Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental). Hoy es jueza en el Tribunal Internacional del Derecho del Mar.

Su trabajo fue fundamental para coordinar esfuerzos entre científicos y tomadores de decisiones en Argentina y contribuyó de manera decisiva a la construcción de nuestra soberanía marítima.
Primicias Rurales
Fuente: National Geographic
Sep 29, 2026 | Aventura y Turismo
Con más de 2000 especies, seis senderos y reconocimiento mundial como sitio Ramsar, la Reserva Ecológica Costanera Sur es el mayor espacio verde porteño y una de las reservas más importantes de la región, a metros de Puerto Madero.
Buenos Aires martes 29 septiembre (PR/26)– Con sus 350 hectáreas, la Reserva Ecológica Costanera Sur es el mayor espacio verde de la Ciudad de Buenos Aires y una de las reservas más importantes de la región. Es también uno de los paseos preferidos para caminar, andar en bicicleta, trotar, hacer senderismo o pasar el día en familia durante el fin de semana.

Bosques, pastizales, lagunas y bañados forman un espacio único y una propuesta inigualable para conocer la flora y fauna nativas en plena ciudad. Tan valioso es este ecosistema que en 2005 fue declarado sitio Ramsar por su importancia mundial como humedal.
Un recorrido pensado para que todos lo disfruten
Desde 2023, las nuevas pasarelas interpretativas se extienden sobre los antiguos senderos peatonales. Garantizan un recorrido seguro y crean un ambiente propicio para que visitantes de edad avanzada, personas con discapacidad y niños puedan disfrutar de la reserva.

Parte de una gran ruta verde
La Reserva forma parte de la Ecoruta del Río de la Plata, un circuito de más de 100 kilómetros que conecta los espacios verdes y áreas protegidas del AMBA y alrededores. Entre ellos se destacan la Reserva de la Biósfera Delta del Río Paraná, el Parque Nacional Ciervo de los Pantanos y la Reserva Natural Municipal del Pilar.

Más de 2000 especies y un valioso entorno patrimonial
Como si le hiciera falta algún plus, sus seis senderos permiten conocer más de 2000 especies: plantas, animales, hongos, insectos, tortugas, lagartos y coipos. A eso se suma su valor patrimonial. Ubicada a metros de Puerto Madero y muy cerca del casco histórico, la reserva está circundada por obras artísticas y arquitectónicas emblemáticas.

Un paraíso para el avistaje de aves
Párrafo aparte merece el avistaje de aves. Especialistas de todo el mundo se acercan a la Reserva Ecológica para contemplar las más de 343 especies que vuelan su cielo. En apenas dos horas, se pueden avistar al menos 50 distintas.

Un reconocimiento histórico y un imperdible
En 1986, la Reserva Ecológica Costanera Sur fue declarada Parque Natural y Zona de Reserva, un reconocimiento que hoy sigue más vigente que nunca. Y un imperdible: contemplar desde los miradores el paisaje a la sombra de los ceibos, la flor nacional argentina.
Primicias Rurales
Fuente: Turismo Buenos Aires (turismo.buenosaires.gob.ar