Lo que comenzó en 2016 con ensayos en dos chacras se convirtió en una experiencia que hoy alcanza a 19 productores. A partir de microorganismos del bosque nativo y recursos locales, el INTA desarrolló siete biopreparados que ayudan a mejorar el suelo y fortalecer distintos cultivos.
Buenos Aires martes 6 octubre (PR/26)– Hace diez años, una investigadora de la Agencia de Extensión Rural del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en El Bolsón empezó a elaborar bioinsumos para proteger los cultivos a través del enriquecimiento del suelo.
Ensayó varias recetas con microorganismos nativos del bosque y logró avanzar en biopreparados que hoy se aplican en decenas de chacras de la región.
¿Para qué sirven? La ingeniera agrónoma Andrea Cardozo explicó que, además de enriquecer el suelo, estos productos permiten que la planta absorba mejor los nutrientes. “Son como un mediador”, describió.
Una beca en Japón que le revolucionó la cabeza
El proceso comenzó en la primavera de 2016. Cardozo, jefa de la agencia del INTA El Bolsón, recordó que en ese momento “surgió una fuerte movida de productores agroecológicos, jóvenes”.
“Surgió un nuevo perfil de agricultores que tenían otra mirada. Provenían de otras ciudades con un capital cultural alto y el foco estaba en producir de forma agroecológica. Todo esto estuvo atado también a la carrera de Agroecología que la Universidad de Río Negro empezó a dictar en Bolsón”, recalcó.
Cardozo obtuvo una beca en la Agencia de Cooperación de Japón que, durante tres meses, le permitió conocer muchas experiencias de productores de cultivos extensivos en pequeñas superficies.
“Desde la práctica, pude ver cómo la gente hacía distintas prácticas de manejo del suelo y la fertilidad, a través del no uso de insumos de síntesis química y, aprovechando los recursos locales”, relató. Volvió al país con “la cabeza revolucionada”, a partir de estas prácticas que se podían replicar en la Patagonia.
“Pensé que si Costa Rica había adoptado estos bioinsumos y bioestimulantes para enriquecer el suelo, a partir de los microorganismos del bosque tropical, nosotros también podíamos. Solo había que adaptarnos a lo que teníamos en nuestro lugar”, dijo.
En El Bolsón no había selva, pero sí bosque nativo. Cardozo, junto a productores, inició los ensayos de recetas. Al proyecto se sumaron una especialista en microbiología del suelo del INTA Bariloche y una investigadora del Instituto Andino Patagónico de Tecnologías Biológicas y Geoambientales (Ipatec).
Del bosque a la receta: residuos locales y costos bajos
En una primera etapa, se aislaron microorganismos del bosque y se evaluaron las formas de reproducirlos. “La experiencia arrancó en dos chacras y el desafío fue buscar microorganismos en los bosques más cercanos”, dijo Cardozo, que también tiene una maestría en Desarrollo Rural.
Ejemplificó que, en Centroamérica, usan la melaza que se extrae de la caña de azúcar como fuente de energía, ya que es un residuo abundante; mientras que en Japón emplean el afrecho de arroz.
“Empezamos a buscar residuos de la zona y nos topamos con el afrecho de trigo o maíz, subproductos de la industria harinera que se usan para darles de comer a los chanchos y las gallinas. Son baratos”, comentó.
Así fueron probando distintas recetas. “La idea era bajar los costos de los insumos comerciales orgánicos que resultaban muy caros. Por eso, este proyecto sigue escalando. Todo esto tiene un bajo costo, se usan recursos locales y los productores ven los cambios concretos en la producción”, celebró orgullosa Cardozo.
Líquidos, fáciles de aplicar y también para los grandes productores
Los bioestimulantes que elaboran son líquidos, lo que facilita aplicarlos a través del sistema de riego. Hoy, acotó Cardozo, no solo los productores agroecológicos sino también los “grandes productores de horticultura” usan estos bioinsumos como complemento.
“El mayor productor de frambuesa de la zona está haciendo 8 mil litros de biopreparados y los aplica en toda su chacra. No es una sustitución de biofertilizantes”, manifestó.
Siete biopreparados, adaptados a cada zona
Hoy se dispone de siete biopreparados, entre biofertilizantes y bioestimulantes que contienen sales minerales, de acuerdo a la necesidad de los cultivos para vigorizar las plantas. Uno de ellos, por ejemplo, cuenta con sal de calcio para evitar el desgranamiento del fruto en la frambuesa.
“Buscamos adaptar estos productos a cada zona. En El Manso, tomamos microorganismos de ese bosque; para la zona del Valle de El Bolsón concurrimos a la reserva de la Loma del Medio y del Río Azul. Nuestra idea es aportar el conocimiento; por eso promovemos talleres de elaboración para que los productores los apliquen en sus chacras”, expresó.
Talleres, becarios y un proyecto europeo
Hoy, valoró, hay 19 productores que aplican estos biopreparados y más de 30 han participado en talleres en la zona de la Comarca, San Martín de los Andes, Villa La Angostura e incluso Uruguay.
“En este momento, se avanza con becarios para medir el efecto en las frutillas, papas, frambuesas, lechugas, zanahorias”, puntualizó.
El sistema agroecológico de la Comarca Andina fue elegido por Acropics, un proyecto internacional financiado por la Unión Europea que busca reducir el uso de pesticidas químicos mediante la implementación de prácticas agrícolas sustentables.
Cada 8 de septiembre el país celebra a quienes trabajan la tierra. Pero este año la fecha llega con un mensaje de fondo: producir más ya no alcanza, hay que producir cuidando el suelo. La biotecnología, dice Rafael Jurado (Biofilm), es la llave para lograrlo.
Buenos Aires, jueves 10 de septiembre (PR/26)– Todos los 8 de septiembre, Argentina se detiene un instante para recordar a sus agricultores y productores. La fecha no es azarosa: ese día, en 1856, nació Esperanza, en Santa Fe, la primera colonia agrícola organizada del país.
Aquel hito marcó también el arranque de un modelo agroexportador que puso a la Argentina en el mapa alimentario mundial. Desde entonces, el campo no dejó de ser uno de los grandes motores de la economía nacional.
Un pasado de vaivenes que dejó marcas en el suelo
Sin embargo, el camino no fue lineal. Décadas de políticas inestables y regulaciones restrictivas, sumadas a modelos productivos que priorizaron la extracción por sobre el cuidado, frenaron buena parte del potencial del sector.
Esa lógica también dejó huella en la tierra: hoy los suelos argentinos enfrentan procesos de degradación y pérdida de fertilidad que ya no se pueden ignorar.
El campo vuelve a ser protagonista
La buena noticia es que el sector agropecuario está recuperando el lugar que le corresponde. Según el INDEC, la economía argentina cerró 2025 con un crecimiento del 4,4% anual, impulsado en gran parte por la recuperación del agro.
Ese protagonismo también se nota en el comercio exterior. Durante 2025, el país exportó cerca de USD 87.076 millones, y USD 52.900 millones de esa cifra —el 61% del total— salieron del complejo agroindustrial.
El suelo, el recurso que no podemos seguir descuidando
Ahora bien, sostener ese liderazgo y garantizar la seguridad alimentaria depende de un factor clave: el suelo. La FAO estima que alrededor del 95% de los alimentos que consumimos se producen, directa o indirectamente, en la tierra.
Y no es solo una cuestión productiva: los suelos también albergan más del 25% de la biodiversidad del planeta. Cuidarlos es, ni más ni menos, cuidar la base de todo el sistema.
Frente a ese desafío, la agricultura regenerativa propone un cambio de fondo: recuperar la salud biológica de los suelos, aumentar la materia orgánica y promover la biodiversidad, sin perder de vista la rentabilidad de largo plazo.
La biotecnología, la herramienta que acelera el cambio
En ese proceso, la biotecnología juega un papel central. Un estudio de Pampas Group y Somera muestra que 1 de cada 2 campos en Argentina ya utiliza insumos biológicos, sobre una superficie que supera las 18 millones de hectáreas.
El avance de los bioestimulantes, biofertilizantes y biocontroladores confirma una tendencia clara: el productor busca potenciar la relación entre el suelo y la planta, reducir la huella química y aprovechar los procesos biológicos naturales, sin resignar eficiencia.
Ciencia argentina, lista para escalar
Argentina, además, cuenta con un ecosistema científico e industrial de primer nivel. El primer Censo Argentino de Empresas Bio y Nano identificó más de 340 empresas biotecnológicas, un dato que ubica al país entre los diez primeros del mundo en el sector.
Programas como Camino AR, la plataforma digital de Aapresid para el autodiagnóstico, seguimiento y certificación de prácticas regenerativas, o las distintas iniciativas de trazabilidad de carbono, demuestran que la ciencia aplicada al suelo ya está lista para dar el salto de escala.
De la ciencia al campo: el desafío de bajar la tecnología a tierra
Aprovechar esta oportunidad, de todos modos, exige una mirada estratégica. Desde Biofilm trabajamos hace 10 años en el desarrollo de soluciones biotecnológicas integrales, y aprendimos que la investigación y el desarrollo tienen sentido cuando se transforman en soluciones concretas y rentables para el productor.
Por eso es clave adoptar una mirada amplia, que vaya más allá del laboratorio y permita entender las necesidades reales del campo, en diálogo permanente con productores, asesores y referentes del sector.
La pregunta ya no es si va a pasar, sino quién va a liderarlo
La transformación del agro ya empezó. La pregunta que queda abierta no es si va a ocurrir, sino qué países van a liderarla.
Argentina tiene los recursos naturales, el talento científico y la experiencia productiva para estar entre ellos. Si logra consolidar un ecosistema que una ciencia, empresa y producción, no solo va a producir más alimentos: también va a poder exportar tecnología, conocimiento e innovación al mundo.
Ensayos del INTA en Tucumán demostraron que combinar biofertilizantes con la nutrición tradicional incrementa hasta 7 toneladas por hectárea el rinde de la papa. Una innovación clave para la rentabilidad y el cuidado del suelo.
Tucumán, miércoles 20 mayo (PR/26) — Ensayos realizados por especialistas del INTA en Tucumán demostraron que la incorporación de un biofertilizante formulado con Azospirillum sp., como complemento de la fertilización convencional, incrementó hasta 7 toneladas por hectárea el rendimiento del cultivo de papa.
Se trata de una tecnología que mejora la absorción de nutrientes y optimiza el uso de insumos.
En Tucumán, la producción de papa temprana ocupa un lugar estratégico dentro de las economías regionales.
Por lo tanto, sostener los rendimientos y preservar la calidad de los suelos el manejo de la fertilización se convirtió en uno de los principales desafíos.
En este contexto, especialistas del INTA evaluaron durante tres campañas el comportamiento de biofertilizantes aplicados en combinación con esquemas tradicionales de nutrición en lotes comerciales de la variedad Spunta, cultivada en la zona del pedemonte tucumano.
Los ensayos permitieron analizar el aporte de microorganismos promotores del crecimiento vegetal —a base de Azospirillum sp.— incorporados al momento de la plantación, en un sistema productivo caracterizado por altas dosis de fertilizantes químicos y condiciones de manejo intensivo propias del cultivo de primicia.
“En una provincia como Tucumán, donde el cultivo de papa ocupa miles de hectáreas y tiene fuerte impacto económico, este tipo de innovaciones representan una oportunidad concreta para avanzar hacia modelos productivos más eficientes y rentables”, destacó Rolando Quiroga, especialista del INTA Aguilares.
Las evaluaciones, desarrolladas durante tres campañas en Los Sarmientos, registraron incrementos productivos de hasta 6,9 toneladas por hectárea. Resultados preliminares consolidan el potencial de los insumos biológicos como estrategia de intensificación sostenible.
Estos insumos biológicos favorecen la absorción de nutrientes y reducen pérdidas por lixiviación o volatilización, lo que contribuye a una mayor eficiencia en el uso de insumos.
En un contexto donde el uso intensivo de fertilizantes de síntesis química puede afectar la calidad del suelo y su microbiología, los biofertilizantes emergen como una herramienta estratégica. “Este tipo de tecnologías se enmarca en los enfoques de intensificación sostenible, orientados a producir más, pero con menor impacto”, señaló Quiroga.
Más rendimiento con biofertilizantes
El ensayo se realizó en la localidad de Los Sarmientos —departamento Río Chico—, y los datos obtenidos muestran que, en las tres campañas evaluadas, los lotes tratados con biofertilizantes registraron rendimientos superiores respecto al testigo.
En términos generales, la incorporación de esta tecnología permitió incrementos de entre 4,8 y 6,9 toneladas por hectárea, lo que representa un impacto económico relevante para los productores.
Quiroga remarcó que “los resultados obtenidos confirman que la aplicación de biofertilizantes no solo mejora los rendimientos del cultivo de papa, sino que también contribuye a optimizar el uso de nutrientes y a preservar la salud del suelo”.
El trabajo se realizó por especialistas de la Agencia de Extensión Rural Aguilares junto con investigadores de la Estación Experimental Agropecuaria Famaillá. Este abordaje permitió validar la tecnología en condiciones reales de producción.
La agricultura del futuro no sólo está en las manos de los agricultores, sino en los diminutos habitantes invisibles del suelo.
Por Ing Agr Pedro A Lobos
Buenos Aires, martes 17 de diciembre (PR/25) — El microbioma, una red compleja de bacterias, hongos y virus, ha emergido como el verdadero motor detrás de una revolución silenciosa que está redefiniendo la forma en que cultivamos nuestros alimentos.
En este nuevo paradigma agrícola, los microbios no sólo son aliados, sino protagonistas clave en la creación de cultivos más saludables y resilientes.
1. Bioestimulantes y Biofertilizantes: El Poder de los Microorganismos
A diferencia de los fertilizantes químicos tradicionales, los bioestimulantes y biofertilizantes se basan en microorganismos vivos para optimizar la absorción de nutrientes y mejorar la salud de las plantas.
Entre ellos, las rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal (PGPR) destacan por su capacidad para fijar nitrógeno del aire y solubilizar el fósforo en el suelo. Esta acción reduce la dependencia de fertilizantes sintéticos, favoreciendo una agricultura más sostenible y menos contaminante.
Empresas como Bioceres Crop Solutions están a la vanguardia de este cambio, ofreciendo soluciones innovadoras que aprovechan el poder de la microbiología para mejorar los cultivos.
2. Biocontrol: Los Microbios como Guardianes Naturales
Los microbios no sólo alimentan a las plantas, también las defienden. En un mundo cada vez más preocupado por los efectos nocivos de los pesticidas químicos, hongos como Trichoderma y bacterias como Bacillus thuringiensis se están posicionando como los “guardaespaldas” naturales de los cultivos. Estos organismos actúan de manera selectiva para combatir patógenos y plagas, evitando la toxicidad de los pesticidas convencionales y, de paso, protegiendo a los polinizadores esenciales para la biodiversidad.
3. Resistencia al Cambio Climático: Microbios que Salvan Cultivos
Con el cambio climático intensificando fenómenos como sequías y olas de calor, la investigación científica de 2025 está centrada en descubrir microbios que ayuden a las plantas a resistir estos extremos.
Ciertas comunidades microbianas tienen la capacidad de inducir tolerancia al estrés hídrico y térmico, permitiendo que los cultivos mantengan su productividad incluso bajo condiciones climáticas adversas. Esta innovación no solo promete incrementar la seguridad alimentaria, sino también hacer la agricultura más resiliente frente a un futuro incierto.
4. Salud del Suelo y Secuestro de Carbono: Microbios Contra el Calentamiento Global
El suelo no solo es la base de la agricultura; también juega un papel crucial en la lucha contra el cambio climático. Un suelo microbiológicamente activo no solo es más fértil, sino que actúa como un sumidero de carbono eficiente, atrapando dióxido de carbono y ayudando a mitigar el calentamiento global.
Las simbiosis entre las raíces de las plantas y los hongos micorrícicos, por ejemplo, expanden el sistema radicular, mejorando la estructura del suelo y aumentando su capacidad para almacenar carbono. De esta manera, los microbios no solo impulsan la productividad agrícola, sino que también ayudan a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
En este escenario de innovación y sostenibilidad, los microbios se presentan como los verdaderos héroes invisibles de la agricultura moderna.
Para los interesados en profundizar en los avances científicos y las investigaciones más recientes, los recursos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ofrecen un panorama detallado de estos desarrollos que están cambiando el rumbo de la agricultura a nivel global.
Especial por Ing. Agr. Pedro A. Lobos, director de Primicias Rurales
La compañía convierte los efluentes de su criadero en energía eléctrica y biofertilizantes, en un sistema integrado que mejora la eficiencia, reduce emisiones y devuelve nutrientes al suelo. PROVIMI, aliado en nutrición y bienestar animal, destaca el impacto del proyecto.
Buenos Aires, miércoles 26 noviembre (PR/25) — En Roque Pérez, provincia de Buenos Aires, el criadero de cerdos PACUCA se consolidó como uno de los casos más innovadores de economía circular en el país: la compañía transforma los efluentes de su producción en biogás, genera energía eléctrica, obtiene biofertilizantes y devuelve nutrientes a la tierra en un ciclo productivo donde nada se pierde y todo se reutiliza.
Desde 2020, la planta PACUCA Bioenergía procesa diariamente alrededor de 400.000 litros de purines provenientes de unas 50.000 cabezas porcinas en ciclo completo.
A través de tres biodigestores y tecnología de origen alemán y español, los residuos se convierten en biogás que alimenta un grupo electrógeno capaz de generar 1 MW/hora de forma continua.
La producción abastece a más de 5.000 personas mediante el sistema interconectado nacional, superando los 8.000 MWh anuales.
Pero la energía es sólo una parte del círculo virtuoso: el proceso también produce biofertilizante líquido, utilizado en fertirriego, y sólidos compostados que se aplican en más de 300 hectáreas, mejorando la estructura del suelo y reduciendo el uso de insumos químicos.
El sistema evita emisiones que antes se liberaban desde lagunas de tratamiento, genera valor a partir de un residuo y fortalece la sostenibilidad del modelo productivo porcino.
“Ambientalmente mejoramos al 100%: ahora evitamos emisiones, generamos energía y producimos fertilizantes orgánicos”, destaca Daniel Fenoglio, presidente de PACUCA Bioenergía.
Un aliado clave: PROVIMI y la visión integral de la nutrición porcina
Aunque el proyecto energético es liderado por PACUCA, la compañía sostiene que los avances en sostenibilidad no pueden separarse de una producción porcina eficiente, saludable y basada en el bienestar animal.
En este sentido, PROVIMI – Cargill Animal Nutrition & Health acompaña al criadero en el desarrollo de soluciones nutricionales diseñadas para optimizar el desempeño productivo, mejorar la eficiencia del sistema y promover animales más sanos y resilientes.
La compañía aporta tecnología, investigación aplicada y fórmulas de alto valor nutricional, integrando criterios de sustentabilidad en cada etapa del proceso: desde la nutrición de las madres hasta el crecimiento de los capones.
Este enfoque contribuye a una producción más estable, predecible y compatible con modelos de economía circular, en los que la calidad del efluente —y por lo tanto su potencial para generar biogás— también depende de una nutrición adecuada.
“La sostenibilidad de la producción porcina necesita de decisiones integrales: nutrición, bienestar animal y manejo responsable. Ver casos como PACUCA demuestra cómo el sector puede ser parte activa de la solución”, señala Gastón Britos, médico veterinario, referente del agro y embajador de PROVIMI.
Britos visitó recientemente las instalaciones de PACUCA Bioenergía, donde registró el funcionamiento del sistema, su impacto productivo y ambiental, y el modo en que la tecnología permite convertir un problema histórico en una oportunidad de desarrollo para la región.
Un modelo replicable para el agro argentino
La experiencia de PACUCA se suma a una tendencia global en plena expansión: hoy existen alrededor de 20 plantas de biogás operando en Argentina con distintos orígenes de biomasa. Sin embargo, el caso de Roque Pérez se destaca por la integración completa entre producción animal, gestión de efluentes, generación de energía y aprovechamiento de nutrientes.
Además del impacto ambiental positivo —reducción de GEI, reemplazo de fertilizantes sintéticos, mejor suelo—, el proyecto cuenta con un contrato de energía a 20 años que asegura su viabilidad económica y habilita nuevas oportunidades de inversión, incluyendo el aprovechamiento del calor excedente para usos productivos como calefacción de lechones.
PACUCA y PROVIMI: una visión compartida
La articulación entre innovación, ciencia y manejo responsable convierte a PACUCA en un ejemplo tangible de cómo la producción porcina argentina puede avanzar hacia sistemas circulares, eficientes y sustentables.
Para PROVIMI, acompañar este tipo de iniciativas es parte de su misión: ofrecer soluciones nutricionales de calidad, basadas en la investigación y en el compromiso con el bienestar animal, para impulsar modelos productivos donde la eficiencia, la rentabilidad y el cuidado del ambiente conviven.