Hoy celebramos a San Wenceslao, quien se santificó en medio de las conspiraciones políticas

Hoy celebramos a San Wenceslao, quien se santificó en medio de las conspiraciones políticas

San Wenceslao de Bohemia, soberano justo y santo mártir, es recordado cada 28 de septiembre por su defensa del cristianismo y su gobierno inspirado en el Evangelio, enfrentando conspiraciones políticas con fe y justicia.

 

Buenos Aires, lunes 28 septiemb re (PR/26) — Cada 28 de septiembre la Iglesia celebra a San Wenceslao de Bohemia (907-935), soberano checo que evangelizó a su pueblo y se convirtió en gran defensor del cristianismo.

Gobernó con virtud y justicia, modificó el sistema judicial de su nación y, entre otras reformas inspiradas en el Evangelio, puso límites a las condenas, especialmente a aquellas relativas a la pena capital o a la tortura.

Dice de él el Martirologio romano: “Fue severo consigo, pacífico en la administración del reino y misericordioso para con los pobres, redimiendo para ser bautizados a esclavos paganos que estaban en Praga para ser vendidos”.

Nieto de una santa

Wenceslao nació en Stochov en 907, en la región histórica de Bohemia, hoy parte de República Checa (antes Checoslovaquia). Vivió durante las primeras décadas del siglo X. Fue hijo de Bratislao I de Bohemia y de la reina Drahomira. Su abuela, Santa Ludmila (860-921), esposa del primer duque cristiano de Bohemia, fue quien se encargó de su educación y le enseñó a amar y servir a Dios.

De joven, Wenceslao perdió a su padre de manera inesperada, lo que precipitó que su madre, Drahomira, asumiera el poder. Una vez instalada en el trono, la nueva reina empezó a gobernar en contra de la Iglesia y de los cristianos de la nación.

Ciertamente, la mayoría de los nobles de Bohemia la apoyaba, pues detestaban lo que consideraban una religión foránea, contraria a sus tradiciones. Wenceslao entonces buscó refugio con su abuela Ludmila.

 

Santo en medio de las conspiraciones políticas

Drahomira, madre de Wenceslao gobernó con mano de hierro y sumió al ducado en la miseria moral. Dada la situación, Ludmila persuade a Wenceslao de que recupere el poder que legítimamente le correspondía y detenga el hostigamiento en contra de los cristianos. Apenas se enteró de esto la reina Drahomira, organizó una conspiración para asesinar a su suegra. La orden de matarla portaba cierto detalle: Ludmila debía ser estrangulada.

Providencialmente, antes de que el crimen fuera consumado, el descontento generalizado entre el pueblo forzó a la reina a abandonar el trono. Así, Wenceslao encontró el camino limpio para ser proclamado rey con el apoyo popular.

En los meses siguientes, Wenceslao, a pesar de su juventud, encaró con prudencia la división entre sus súbditos. Gobernó con un elevado sentido de la justicia y firmeza, pero con claros gestos de misericordia. Mientras él ocupó el trono, impulsó una serie de reformas para fortalecer la paz y la unidad de su reino, reformas inspiradas en principios morales extraídos del Evangelio.

Víctima de la ambición desmedida por el poder

Lamentablemente, Boleslao, hermano de Wenceslao, ambicionaba el poder, así que conspiró arteramente en contra del buen gobernante. Aprovechando la realización de las festividades de Bohemia y el descuido de la guardia a consecuencia del ambiente festivo, se presentó en el aposento de su hermano y lo asesinó de una puñalada.

El Martirologio posee un relato diferente sobre su muerte: “Después de sufrir muchas dificultades en gobernar a sus súbditos y formarles en la fe, traicionado por su hermano Boleslao fue asesinado por sicarios en la iglesia de Stara Boleslav, en Bohemia (929/935)”.

Tres años más tarde, el mismo Boleslao, a quién después de su traición apodaban “el cruel”, se arrepintió de su crimen y mandó trasladar los restos de Wenceslao a la catedral de San Vito.

 

Un gobernante amado por su pueblo

El pueblo proclamó al rey asesinado “mártir de la fe”. Y es que en Bohemia -y fuera de ella- todos reconocían la piedad y profunda espiritualidad de Wenceslao. El rey había hecho de la corona un puesto para servir y no para servirse. Muy pronto, su tumba se convertiría en lugar de peregrinación.

San Wenceslao es por antonomasia el patrón de Bohemia, por lo que su patronazgo es reconocido hoy tanto por la República Checa como por Eslovaquia.

 

 

 

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Fuente: ACI Prensa
Hoy celebramos a San Juan Nepomuceno, mártir del sacramento de la Reconciliación

Hoy celebramos a San Juan Nepomuceno, mártir del sacramento de la Reconciliación

Buenos Aires, sábado 16 mayo (PR/26) — Cada 16 de mayo la Iglesia Católica celebra a San Juan Nepomuceno, modelo preclaro del buen confesor, especialmente de lo que significa la protección que el sacerdote debe dar al secreto de confesión, o ‘sigilo sacramental’.

A Nepomuceno se le considera el primer mártir en honrar el sacramento de la Reconciliación con su vida. Es decir, prefirió morir antes que traicionar la promesa hecha a Cristo de administrar la misericordia divina sin condición ni presión externa alguna.

Dice el No. 2490 del Catecismo de la Iglesia Católica: «El secreto del sacramento de la Reconciliación es sagrado y no puede ser revelado bajo ningún pretexto. “El sigilo sacramental es inviolable; por lo cual está terminantemente prohibido al confesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por ningún motivo” (CIC can. 983, § 1)».

El poder del sacerdote viene de lo alto y no hay poder humano que pueda someterlo

 

Juan Nepomuceno nació en Nepomuk -de ahí el apelativo ‘Nepomuceno-’, antiguo Reino de Bohemia, región de Pilsen (actual República Checa) alrededor del año 1340. Se graduó primero en la Universidad de Praga y luego se doctoró en Derecho Canónico por la Universidad de Padua (norte de Italia). En 1380 fue nombrado párroco en Praga. Años más tarde, en 1393, ocuparía el puesto de Vicario General del Arzobispo de la ciudad, Juan de Jenštejn, quien le guardaba gran aprecio y confianza.

Jan Nepomucký -por su nombre en checo- llegó a confesor de Sofía de Baviera, reina consorte de Wenceslao, rey de Praga. Señala la historia que este, en uno de sus habituales ataques de cólera y celos, ordenó al sacerdote que le revelara los pecados de su mujer.

La negativa del santo enfureció tanto a Wenceslao que lo amenazó con la pena de muerte si no se sometía a su voluntad. San Juan se negó rotundamente, ganándose el resentimiento del rey, aunque de primera intención no cumpliría su amenaza.

Una segunda fuente de tensiones alejaría aún más a Wenceslao de Nepomuceno: el monarca quería apoderarse de un monasterio que, según sus informantes, encerraba tesoros históricos, que el rey deseaba entregar a uno de sus parientes. El santo le prohibió siquiera que se acerque al recinto religioso, encarándolo con valentía.

 

Dios respeta el corazón del ser humano

 

Wenceslao no cesó en su acecho al presbítero y decidió deshacerse de él sin mayor escrúpulo. Ante la nueva negativa de Nepomuceno a revelar lo que había escuchado en confesión, lo mandó encerrar y que fuera torturado hasta morir. El cruel pedido incluyó la orden de que su cuerpo fuera arrojado al río Moldava para escarnio público. El crimen se consumó el año de 1393.

El cadáver de San Juan Nepomuceno fue recogido y sepultado cristianamente pocos días después.

En vista de su heroica actitud de  preferir la muerte antes que revelar un secreto de confesión, San Juan Nepomuceno es considerado patrono de los confesores. También se pide su intercesión como protector contra las calumnias; y se invoca su auxilio en las inundaciones.

…Si deseas saber más sobre San Juan Nepomuceno, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Juan_Nepomuceno. Y, para quienes deseen profundizar en la importancia del secreto de confesión, el respeto a la verdad y la intimidad de las personas, sugerimos revisar los artículos 2488-2492.

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Fuente: ACI Prensa