Cada 13 de febrero se celebra a las santas Fusca y Maura, amigas entrañables y mártires de la fe

Cada 13 de febrero se celebra a las santas Fusca y Maura, amigas entrañables y mártires de la fe

Buenos Aires, 13 de febrero (PR/26) .- Cada 13 de febrero, la Iglesia conmemora a las santas Fusca y Maura, dos mujeres a las que unió la amistad más especial. Más allá de que pertenecían a estratos sociales diferentes o provenían de mundos distintos, las dos vivieron unidas por la fe, la esperanza y la caridad.

Fusca y Maura fueron contemporáneas de Santa Águeda de Catania y, como ella, sufrieron la terrible persecución organizada por el emperador romano Decio en el siglo III. Ambas entregaron la vida tras negarse a rechazar la fe en Cristo Jesús.

“Dar la fe”

Según la tradición, Fusca nació en el seno de una familia pagana de Rávena, ciudad del antiguo imperio romano, que subsiste hasta hoy como parte de Italia. Maura fue nodriza de Fusca, es decir, fue la mujer que probablemente la amamantó o al menos la cuidó en sus primeros años de vida.

Cuando Fusca alcanzó la edad de 15 años, le confesó en secreto a Maura que había oído hablar del Señor Jesús y que tenía el deseo de convertirse y recibir el sacramento de la iniciación cristiana, el bautismo. Aquella invitación tocó profundamente el corazón de Maura porque ella se consideraba cristiana desde hacía tiempo, aunque todavía no se había bautizado. Es así que ambas mujeres deciden buscar a un sacerdote llamado Hermoloa, quien las instruyó en la fe y las bautizó.

El don de Dios todo lo vale

Cuando el padre de Fusca se enteró de lo que había hecho su hija, montó en cólera contra ella y contra Maura, culpándola de haber deshonrado a su familia.

El hombre, entonces, ordenó que las dos mujeres fueran encerradas en los sótanos de la casa, donde se les dejó tres días sin comida ni bebida. Su intención era darles tal escarmiento, que al salir libres solo les quedaría pedir perdón por haberse bautizado.

Sin embargo, esto no llegó a suceder. El padre, fuera de sí, buscó por otros medios que su hija retornara al culto pagano de la familia. Al ver que no podía doblegar su voluntad, él mismo la denunció al gobernador Quinciano, quien ya había condenado al martirio a Santa Águeda poco tiempo atrás. Fusca, consciente de su destino, tras ser acusada, se encomendó a Dios y declaró que no temía ni a los tormentos ni a la muerte porque confiaba en las promesas de Cristo y creía en la resurrección.

Quinciano envió a sus hombres para que se lleven a Fusca y a Maura, pero un ángel del Señor se paró al lado de ambas para protegerlas. Aquel día los soldados no se atrevieron a ejecutar las órdenes recibidas.

Solo unos días un grupo mucho más grande de milicianos regresó y las dos mujeres fueron forzadas a comparecer ante el tribunal. Sin miedo, enfrente de todos, Fusca y Maura reafirmaron su fe en Jesucristo y la esperanza en su promesa de vida eterna.

    Primicias Rurales
    Fuente: Aciprensa
Cada 27 de enero celebramos a Santa Ángela de Merici, fundadora de la primera Orden dedicada a la educación femenina

Cada 27 de enero celebramos a Santa Ángela de Merici, fundadora de la primera Orden dedicada a la educación femenina

De acuerdo al Papa Benedicto XVI, “en el Renacimiento, Santa Ángela de Mérici propone un camino de santidad también para quien vive en un ámbito laico”, lo que constituyó un importante paso en el camino de comprensión del papel de quienes no están llamados a la vida consagrada dentro de la Iglesia.

La ‘pequeña amiga’ de Santa Úrsula

Santa Ángela nació el 21 de marzo de 1474 en Desenzano del Garda, localidad cercana a Brescia, en el norte de Italia. Pasó su primera infancia en el campo, al lado de sus padres, unos sencillos agricultores que trabajaban en el valle.

Fue su padre, Giovanni Merici, quien gustaba contarle historias de la vida de los santos. Ángela lo disfrutaba muchísimo mientras empezaba, casi sin querer, a desarrollar un sentimiento de cercanía por quienes siguieron los pasos de Jesús. Con mucha naturalidad, la niña empezó a relacionarse con ellos a través de la oración. De ahí el vínculo cordial que tenía con Santa Úrsula, la doncella que murió martirizada en el siglo IV, a quien Ángela terminó profesando un gran cariño y devoción. A través de los santos, o gracias a ellos, en el corazón de Ángela iba naciendo el deseo de entregar la vida a Dios por completo.

Mística precoz

Sin embargo, poco después, la hermana mayor moriría de manera intempestiva. Esto produjo una gran desazón en Ángela porque su hermana había muerto sin haber recibido los sacramentos. Grande sería el sufrimiento de la niña al no saber cuál había sido la suerte de su hermana frente a Dios.

En esas circunstancias, la santa se aferró a la intercesión de la Virgen María y a la figura de San Francisco de Asís. Se refugió por completo en la oración y en la práctica de la penitencia. En su corazón de niña, había brotado un deseo cada vez más grande de agradar a Dios y pedir su misericordia, en caso Él dispusiese conceder la salvación eterna a su hermana.

Terciaria franciscana

A los 13 años Ángela se hace terciaria franciscana. Previamente había hecho saber a sus tíos, quienes querían casarla, que ella deseaba permanecer virgen y ser religiosa.

A la muerte de su tío, cuando tenía 20 años, Santa Ángela vuelve a su tierra natal, Desenzano, donde se dedica a asistir a los pobres y a catequizar a las niñas. Convierte su casa en una suerte de escuela, convencida de que la instrucción es la mejor ayuda para quienes poseen poco o nada, de que era la herramienta más adecuada para una vida feliz, ayudar a la Iglesia y, por supuesto, obtener la vida eterna.

Ángela no era religiosa en ese momento, como corresponde a todo miembro de una tercera orden, pero había encontrado un camino de entrega total al Señor y de servicio a sus hijos más necesitados. Sin duda, un maravilloso precedente, tal como lo señalaba el Papa Benedicto XVI.

En 1516, los franciscanos le pidieron a la santa que fuera a Brescia a acompañar a una mujer que había perdido a su esposo e hijos en la guerra, y que pasaba por una experiencia de tristeza indecible. Ángela permanece dos años con ella, ayudándola material y espiritualmente. Luego decide permanecer en esa ciudad, hasta que en 1524 parte a Jerusalén con un grupo de peregrinos que se sentían convocados por su testimonio de santidad. Estando de paso en Creta, sufre de una ceguera temporal, que la obliga a ser guiada a Tierra Santa, a donde logra llegar. Milagrosamente, durante el viaje de regreso recupera la vista.

En 1525, parte a Roma y se entrevista con el Papa Clemente VII, quien la invita a hacerse cargo de un grupo de enfermeras; Ángela rechaza la oferta: «Es en Brescia donde Dios me quiere».

La santa le confiesa al Papa que había tenido una visión en la que unas doncellas ascendían al cielo en una escalera de luz. En la visión, las santas vírgenes estaban acompañadas por ángeles que tocaban dulces melodías. Todas portaban coronas con piedras preciosas. De pronto, la música cesó y Jesús la llamó por su nombre y le pidió que creara una sociedad de mujeres. De esta manera, el Santo Padre le otorgó el permiso para formar una comunidad de vida consagrada.

En una nueva visión, Santa Úrsula, su mayor inspiración, se le aparece a la santa y la nombra patrona de la fundación.

El 25 de noviembre de 1535, en la Iglesia de San Afra en Brescia, Ángela y 28 compañeras  consagraron sus vidas al servicio de la educación de las niñas. El nombre de la nueva familia espiritual fue “Compañía de Santa Úrsula”, que con el tiempo terminaría aglutinando varios institutos de vida activa y contemplativa.

El 27 de enero de 1540, Santa Ángela partió a la Casa del Padre. Las ursulinas recibieron el reconocimiento pontificio en 1544 por voluntad del Papa Pablo III. Posteriormente se establecieron como congregación en 1565. Tres años más tarde, en 1568, San Carlos Borromeo convocó a las ursulinas a Milán, persuadiéndolas de formar una rama de clausura, siguiendo la inspiración del Concilio de Trento (1545-1563).

Herederas de Santa Ángela de Mérici, sus hijas espirituales se han dedicado a la formación y educación de la juventud femenina a lo largo de los siglos.

Si deseas conocer más sobre Santa Ángela de Merici, puedes consultar la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santa_Angela_Merici.

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Fuente: aciprensa