Hoy 18 de septiembre celebramos a San José de Cupertino, el santo que podía volar

Hoy 18 de septiembre celebramos a San José de Cupertino, el santo que podía volar

 

 

Buenos Aires, viernes 18 de septiembre (PR/26) .- Cada 18 de septiembre, la Iglesia celebra a un santo cuyo legado empieza con la virtud de la humildad, la confianza en la oración y la determinación: San José de Cupertino (1603-1663), en italiano, Giuseppe da Copertino, nacido Giuseppe María Desa.

¡No te canses de rezar!

“Rezar, no cansarse nunca de rezar. Que Dios no es sordo ni el Cielo es de bronce. Todo el que le pide, recibe”, decía este gran franciscano, expresando de manera inmejorable cuánto había hecho Dios en su vida gracias a su oración perseverante.

Como muestra, basta este “pequeño” detalle: José nunca fue bueno en los estudios, pero a pesar de esta dificultad, de Dios recibió las fuerzas y la luz necesarias para seguir adelante. Por eso hoy -y no por azar- se le considera patrono de los estudiantes, en especial de los que pasan por problemas académicos.

“Todo lo puedo en aquel que me fortalece» (Fil 4, 13)

Giuseppe María -José María, su nombre de pila- nació en 1603, en el pueblo de Cupertino, región de Lecce (Reino de Nápoles, hoy Italia), en el seno de una familia muy humilde.

A pesar de estos “fracasos”, José se animó a hacer un nuevo intento. Esta vez con los frailes capuchinos, quienes sí lo recibieron en calidad de hermano lego.

Sin embargo, contra lo que podía esperarse después de tanto luchar, José terminó siendo expulsado del convento al cabo de unos meses. La razón: era muy distraído, y sus superiores lo denunciaron por “ineptitud”. Sus biógrafos suelen dar cuenta de su torpeza: dejaba caer constantemente los platos que llevaba al comedor, se olvidaba los encargos asignados y parecía que siempre estaba abstraído, fuera del mundo, pensando en cualquier cosa.

Ser santo es saber ponerse de pie

San José de Cupertino, entonces, buscó refugio en casa de un familiar adinerado. Pese a la acogida inicial, este también terminaría echándolo a la calle, frustrado por sus continuos yerros. Tras esto, José dejó confirmados con creces los rumores que lo señalaban como “un bueno para nada”. Es entonces que su madre intervino y fue a rogarle a un pariente suyo, un fraile franciscano, que recibiera al muchacho como mandadero de su convento.

Esta vez, José sería aceptado como obrero: como no era bueno para los mandados fue enviado a trabajar en el establo. Y, para sorpresa de muchos, no le fue tan mal. Algo había pasado: a golpes, en su todavía corta vida, San José había quedado firmemente sujeto a la cruz, su ancla y su cimiento. A partir de entonces, el muchacho empezaría a desempeñarse cada vez mejor, mostrando incluso destreza para su noble oficio.

Eso le ganó, poco a poco, el aprecio de los religiosos del convento, quienes empezaron a considerarlo como alguien ejemplar. Sus muestras de humildad y amabilidad, adornadas de espíritu de penitencia y presencia constante de Dios merecieron una reconsideración entre los franciscanos, quienes en 1625 -cuando el santo tenía unos 22 años- lo admitieron en el convento por votación unánime.

“Vida eterna a los que perseveran en hacer el bien” (Rom 2, 6)

Al poco tiempo, los frailes mayores determinaron que José estudiase para ser sacerdote. Sin embargo, en los exámenes y evaluaciones, José parecía incapaz de salir airoso. Preso de los nervios por lo poco dotado de claridad para expresarse, la mayoría de veces se quedaba en silencio frente a sus maestros, con la mente en blanco.

Así llegó el día del inicio de las pruebas finales, y el examinador anunció que abriría la Biblia y leería un pasaje al azar para escuchar la interpretación del estudiante. José estaba aterrorizado esperando su turno.

No obstante, la Providencia quiso que el pasaje escogido para examinar a Fray José fuera el único que era capaz de explicar adecuadamente. Fue aquel del Evangelio de Lucas que hace referencia a la Madre de Dios y que rezamos en el Avemaría: “Bendito el fruto de tu vientre, Jesús”.

En la última prueba -el examen definitivo para definir quiénes serían ordenados-, el obispo a cargo de la evaluación comenzó a preguntar a los primeros frailes del grupo en el que estaba José. Como todos fueron respondieron muy bien, el prelado decidió no seguir examinando al resto porque no lo consideró necesario. San José -el siguiente de la lista de candidatos-, se libró, sin pretenderlo, de la prueba.

El que menos diría que se trató de un “golpe de suerte”, pero quizás no fue así. Pareció, más bien, que Dios quiso aligerarle el día al santo, quien había hecho todos los esfuerzos posibles para llegar bien preparado.

Patrono de los estudiantes

Por su compromiso con el estudio, y no por algún resultado brillante, este santo es considerado el patrón de los estudiantes, especialmente de aquellos que se encuentran en dificultades académicas.

El 18 de marzo de 1628, Fray José fue ordenado sacerdote, muy consciente de que no tenía cualidades especiales para predicar ni enseñar, pero sí el amor debido a la Eucaristía. Decidió también por eso, de manera especial, apuntalar su sacerdocio con penitencias y oraciones por los pecadores.

“¡Quién me diera alas como de paloma!” (Sal 55, 6)

Fue en esa ruta espiritual como San José llegó a abrazar la vida mística. Caía en éxtasis constantemente y en ocasiones sus hermanos lo vieron levitar. Incluso fue visto volando como si de un ave se tratase, yendo de un lado a otro para atender necesidades espirituales de los fieles.

En el libro de la causa de canonización de San José de Cupertino consta que fueron numerosos los testigos que presenciaron los hechos sobrenaturales mencionados. Entre estos se cuenta el del Papa Urbano VIII (p. 1623-1644) y el del príncipe protestante Juan Federico, duque de Brunswick-Luneburgo (1625-1679), quien gracias a Fray José se convirtió al catolicismo.

“Volaría y hallaría reposo” (Sal 55, 6)

San José de Cupertino partió a la Casa del Padre el 18 de septiembre de 1663. Fue beatificado en 1753 por Benedicto XIV y canonizado en 1767 por Clemente XIII.

Es el santo patrono de los viajeros de avión, de los aviadores, de los que tienen alguna discapacidad mental y de los estudiantes que rinden exámenes.

Si quieres saber más sobre este gran santo, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Jos%C3%A9_de_Cupertino.

 

 

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Fuente: Aciprensa
Hoy celebramos a San Juan Crisóstomo, patrono de los predicadores

Hoy celebramos a San Juan Crisóstomo, patrono de los predicadores

 

 

 

Buenos Aires, domingo 13 septiembre (PR/26) — Cada 13 de septiembre la Iglesia Católica celebra a San Juan Crisóstomo (347-407), «Boca de oro», patriarca de Constantinopla, Padre y Doctor de la Iglesia, patrono de los predican el Evangelio.

El apelativo “crisóstomo” empezó a usarse para hablar de Juan de Antioquía -nombre con el que se le conocía al santo- aproximadamente un siglo después de su muerte, como un reconocimiento a su elocuencia, a la belleza y profundidad de su predicación, y a la potencia retórica de sus escritos.

 

‘Boca de oro’

“Crisóstomo” puede traducirse como “boca de oro” (yuxtaposición de dos términos griegos: chrysós, ‘oro’, y stoma, ‘boca’). San Juan de Antioquía fue obispo (patriarca) de Constantinopla y es considerado uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia de Oriente. Al mismo tiempo, se le ha reconocido habitualmente como uno de los más excelsos oradores de todos los tiempos.

Pastor recto y solidario

San Juan Crisóstomo nació en Antioquía en el año 347, y se bautizó a los 23 años.

Animado por la buena reputación de Juan, Arcadio -emperador romano de Oriente- solicitó a Teófilo, Patriarca de Alejandría, que lo nombrara obispo de Constantinopla. Como pastor se dedicó a enseñar la recta doctrina, con el celo y cuidado debidos, al tiempo que criticó duramente las formas judaizantes del cristianismo, así como los lujos e indiferencia de los emperadores frente a los pobres. Se deshizo de bienes superfluos adquiridos irresponsablemente por algunos miembros de la Iglesia, y con las riquezas obtenidas atendió las necesidades de muchos postergados.

Exigió vestir con sencillez a los sacerdotes y monjes, así como comer con moderación; pidió recato a las mujeres y, a todos, piedad dentro de los templos. Asimismo, se preocupó por la formación catequética de los fieles.

 

Protector de los pobres, las mujeres y las familias

Recordaba el Papa Benedicto XVI en audiencia general del 26 de septiembre de 2007:

“Por su solicitud en favor de los pobres, San Juan fue llamado también ‘el limosnero’. Como administrador atento logró crear instituciones caritativas muy apreciadas. Su espíritu emprendedor en los diferentes campos hizo que algunos lo vieran como un peligroso rival…

… Sin embargo, como verdadero pastor, trató a todos de manera cordial y paterna. En particular, evidenció un profundo respeto a la mujer y dedicaba una atención especial al matrimonio y a la familia. Invitaba a los fieles a participar en la vida litúrgica, que hizo espléndida y atractiva con creatividad genial”.

La firme actitud de Crisóstomo y su celo pastoral le causaron roces con gente influyente e incomprensiones entre los propios cristianos. Es verdad que se hizo de enemigos poderosos -entre los que estuvo Eudoxia, esposa del emperador Arcadio-, pero fundamentalmente del cariño y el respeto del pueblo cristiano. Vivió sus últimos días en el destierro y murió el 14 de septiembre de 407.

Quienes lo acompañaron en su agonía testificaron sus últimas palabras: “Sea dada gloria a Dios por todo”.

 

Un mensaje para el sacerdote de hoy: “¡Tu servicio es el más grande!”

Dijo San Juan Crisóstomo:

“Si te encuentras en el camino con un sacerdote y un ángel, ve a besar la mano del sacerdote, ya que los ángeles, aunque quieren ser capaces de administrar el Sacramento de la Eucaristía, no pueden; ya que esto es propio sólo de seres humanos”.

Querido San Juan Crisóstomo, ¡ruega por nosotros! ¡Intercede por todos tus hijos sacerdotes!

…

Si deseas profundizar en la vida y obra de San Juan Crisóstomo, te recomendamos leer este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Juan_Cris%C3%B3stomo.

 

Hoy es la Fiesta del Santísimo Nombre de María, “que nos da valentía para seguir adelante”

Hoy es la Fiesta del Santísimo Nombre de María, “que nos da valentía para seguir adelante”

Fiesta del Santísimo Nombre de María / ACI Prensa

 

 

Buenos Aires, sábado 12 septiembre (PR/26) — Cada 12 de septiembre la Iglesia Católica celebra el Santísimo Nombre de la Madre de Dios: “María”.

Su santo nombre, como nos lo recordaba el Papa Benedicto XVI en 2009, “está totalmente unido a su Hijo, a Cristo, y… nos da valentía para seguir adelante”, en un mundo que anda sumido “en las tinieblas y en los sufrimientos”. En ese mundo, el nombre de María nos mueve a la contemplación del “rostro de la Madre”.

“El nombre de la virgen era María” (Lc. 1, 27)

Contra lo que alguno podría pensar, no se trata de un asunto trivial, en lo absoluto.

Es cierto que el nombre de María, por sus raíces etimológicas y sentido bíblico, recuerda al de Eva, la primera ‘mujer’; sin embargo, lo hace por radical contraste.

A diferencia de Eva, quien pecó apartándose de Dios y condenando a sus hijos, María fue hecha ‘Puerta del Cielo’ y mediadora de todas las gracias concedidas a la humanidad.

“María”, en consecuencia, es el nombre que evoca la obra salvadora de Dios. Por eso, quien pronuncia con amor esa sencilla palabra, “María”, sabe que en ella está referido el gran misterio del amor de Dios para con sus creaturas, los hombres.

 

 

“¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!” (Lc 1, 42)

Con prodigiosa sencillez, el Espíritu Santo, a través de San Lucas, proclama tamaña verdad para gozo y veneración de todo cristiano: “El nombre de la virgen era María” (Lc. 1, 27).

 

“Ave, María…”

En el libro El secreto admirable del Santísimo Rosario, San Luis María Grignion de Montfort (1673-1716) relata cómo la Virgen se le apareció a Santa Matilde (896-968), llevando sobre el pecho la salutación angélica escrita en letras de oro. Luego le dijo a la santa: “El nombre de María, que significa Señora de la luz, indica que Dios me colmó de sabiduría y luz, como astros brillantes, para iluminar los cielos y la tierra”.

Desde antiguo, y a lo largo de la historia de la salvación, siempre hubo un respeto especial por la manera como una persona es “nombrada”. El nombre que identifica a una persona es considerado como algo lleno de significado, tal y como la Madre de Dios dejó en claro a Santa Matilde.

 

El nombre, imagen de la persona

 

El Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 2158-2159) señala lo siguiente: “El nombre de todo hombre es sagrado. El nombre es la imagen de la persona. Exige respeto en señal de la dignidad del que lo lleva… El nombre recibido es un nombre de eternidad. En el reino de Dios, el carácter misterioso y único de cada persona marcada con el nombre de Dios brillará a plena luz”.

En consecuencia, si el nombre de todo hombre o mujer merece respeto, con mayor razón los cristianos estamos llamados a honrar los santos nombres de Jesús y de María.

Así lo ratificaba el Papa Emérito Benedicto XVI:

«En el calendario de la Iglesia se recuerda hoy el Nombre de María. En ella, que estaba y está totalmente unida al Hijo, a Cristo, los hombres han encontrado en las tinieblas y en los sufrimientos de este mundo el rostro de la Madre, que nos da valentía para seguir adelante…
… A menudo entrevemos sólo de lejos la gran Luz, Jesucristo, que ha vencido la muerte y el mal. Pero entonces contemplamos muy próxima la luz que se encendió cuando María dijo: «He aquí la sierva del Señor». Vemos la clara luz de la bondad que emana de ella. En la bondad con la que ella acogió y siempre sale de nuevo al encuentro de las grandes y pequeñas aspiraciones de muchos hombres, reconocemos de manera muy humana la bondad de Dios mismo. Con su bondad trae siempre de nuevo a Jesucristo, y así la gran Luz de Dios, al mundo. Él nos dio a su Madre como Madre nuestra, para que aprendamos de ella a pronunciar el «sí» que nos hace ser buenos» (Homilía del Santo Padre Benedicto XVI, Fiesta litúrgica del Dulce Nombre de María, sábado 12 de septiembre de 2009).
¡Que el nombre de María no se aparte jamás de nuestros labios, de nuestra mente y corazón!

 

El poder del nombre de María

 

  • Terror para el mal: Santos como San Bernardo y San Antonio de Padua afirmaban que los demonios huyen o caen al escuchar el nombre de María.
  • Humillación del demonio: En la teología católica, el nombre de la Virgen representa la derrota continua del mal y del orgullo.
  • Auxilio inmediato: Se recomienda invocarla con frases breves como «María, ayúdame» cada vez que aparezca una tentación.
Cómo practicar esta protección
  • Repetición constante: Decir el nombre con fe en momentos de miedo, duda o prueba difícil.

 

Oración al Santo Nombre de María

(Atribuida a San Alfonso María de Ligorio)
«¡Oh excelsa Madre de Dios y Madre mía María!
No permitas que me mueva a compasión de mí mismo, sino compadécete tú de mi alma.
Tu Nombre santísimo es la alegría de mi corazón, la defensa de mi vida y la esperanza de mi salvación. Cada vez que lo pronuncio, mi alma se llena de paz y de confianza.
Te ruego, Señora, que en todas mis necesidades, en mis dudas y, sobre todo, en los momentos de tentación y de combate espiritual, tu nombre sea el escudo que me defienda. Que nunca me canse de llamarte, porque sé que invocando tu nombre, el enemigo no puede tocarme.
Haz que el último aliento de mi vida sea la pronunciación de tu dulce nombre: ¡María! Amén.»

Jaculatorias breves de protección

Si necesitas una respuesta rápida en un momento de miedo, angustia o tentación, puedes repetir estas frases cortas (jaculatorias) a modo de escudo:
  • «¡María, sé mi salvación!»
  • «¡Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía!»
  • «¡Por tu santo nombre, María, defiéndeme del enemigo!»

 

 

Hoy la Iglesia Católica celebra la festividad de San Zacarías, profeta del Antiguo Testamento que anunció ya la llegada de Jesús 500 años antes del nacimiento del Salvador

Hoy la Iglesia Católica celebra la festividad de San Zacarías, profeta del Antiguo Testamento que anunció ya la llegada de Jesús 500 años antes del nacimiento del Salvador

Hoy la Iglesia Católica conmemora la festividad de San Zacarías, el penúltimo profeta menor de la Biblia, quien alentó la reconstrucción del Templo de Jerusalén y anticipó la llegada de Jesús, 500 años antes.

 

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, domingo 6 de septiembre (PR/26) La Iglesia Católica celebra hoy la festividad de San Zacarías, profeta del Antiguo Testamento que anunció ya la llegada de Jesús 530 años antes del nacimiento del Salvador
¿Quién es el profeta Zacarías?
  • Es el penúltimo de los profetas menores de la Biblia.
  • Su nombre en hebreo significa «Yahveh se ha acordado».
  • Comenzó su ministerio alrededor del año 520 a. C.
  • Alentó al pueblo de Israel a terminar la reconstrucción del Templo de Jerusalén tras el exilio.
  • Anunció la llegada de un rey pacífico que entraría triunfante a Jerusalén (profecía cumplida por Jesús).

Zacarías no profetizó durante la época de los reyes independientes de Israel o Judá, sino mucho después, en el periodo post-exílico (bajo el control del Imperio Persa), aproximadamente entre los años 520 y 518 a.C.

    • El retorno del exilio: El pueblo judío acababa de regresar a Jerusalén tras décadas de cautiverio en Babilonia. Encontraron la ciudad destruida y el Templo en ruinas.
    • El gobierno local: En esta época ya no existía una monarquía independiente. La región estaba gobernada por Zorobabel (un gobernador civil de linaje real pero subordinado a Persia) y por Josué (el Sumo Sacerdote). Las profecías se enmarcan específicamente bajo el reinado del emperador Darío I de Persia.

Biografía de Zacarías

 

    • Origen: Pertenecía a una familia de sacerdotes que regresó en la primera oleada desde Babilonia. Al ser tanto sacerdote como profeta, unía la autoridad del culto del templo con la inspiración divina.
    • Su misión: Trabajó de forma simultánea con el profeta Hageo. Mientras Hageo usaba un lenguaje directo para exigir la reconstrucción material del Templo, Zacarías recurría a visiones místicas para levantar el ánimo espiritual de una comunidad pobre, desanimada y rodeada de naciones hostiles.

 

Las ocho visiones nocturnas y su significado

El mensaje de Zacarías se estructura inicialmente a través de una serie de imágenes simbólicas que recibió en una sola noche para consolar a su pueblo:
    • Los caballos entre los mirtos: Mensajeros celestiales que vigilan la Tierra y anuncian que Dios no se ha olvidado de Jerusalén, a pesar de que los imperios extranjeros parezcan estables y poderosos.
    • Los cuatro cuernos y los artesanos: Los cuernos representan a las naciones que dispersaron a los judíos, y los artesanos simbolizan las fuerzas que Dios envía para derribar a esos opresores.
    • La cuerda de medir: Un hombre intenta medir Jerusalén, pero se le revela que la ciudad crecerá tanto que no tendrá murallas físicas; la presencia divina será su protección y su muralla de fuego.
    • La purificación del Sumo Sacerdote: Se muestra al líder religioso vestido con ropas sucias (que representan las faltas del pueblo) y acusada por un adversario. Dios ordena cambiarle los vestidos por ropas de gala, simbolizando el perdón y la restauración de la comunidad.
    • El candelabro de oro y los dos olivos: Representa que la obra de reconstrucción no dependerá de la fuerza militar ni del poder humano, sino del impulso del Espíritu divino que sostiene a los líderes civil y religioso.
    • El rollo que vuela: Un pergamino gigante que recorre la tierra para limpiar la sociedad de la mentira y el robo.
    • La mujer en la vasija: Una figura que representa la maldad del pueblo, la cual es sellada dentro de un contenedor de plomo y trasladada lejos, hacia Babilonia, para purificar la tierra santa.
    • Los cuatro carros: Carros de guerra que salen hacia los cuatro puntos cardinales para ejecutar los designios divinos y traer paz definitiva.

Mensajes y enseñanzas principales

  • Justicia por encima del ritual: El mensaje enfatiza que los ayunos y las ceremonias no tienen valor si no van acompañados de compasión real. Exige defender a los huérfanos, las viudas, los extranjeros y los pobres, prohibiendo además desear el mal al prójimo en el corazón.
  • El Rey de Paz: Anuncia la llegada de un monarca justo y salvador que no vendrá en un caballo de guerra, sino con total humildad, montado sobre un asno, trayendo un mensaje de paz universal.
  • El pastor rechazado y el sacrificio: El mensaje describe la entrega de un pastor cuyo valor es tasado con un precio miserable de treinta piezas de plata, dinero que termina arrojado en la casa del alfarero. Asimismo, alude a una figura que es traspasada y por la cual el pueblo llorará con profundo dolor, anticipando un proceso de purificación espiritual para toda la nación.

Además hoy 6 septiembre se conmemora a :

Santos Donaciano y Cleto: Mártires del siglo V que entregaron su vida defendiendo la fe católica frente a la persecución de los vándalos y la imposición del arrianismo en el norte de África.

 

Primicias Rurales
Fuentes: Varias / IA
Hoy recordamos al Beato Bartolomé Gutiérrez, mártir, blanco de burlas por su sobrepeso

Hoy recordamos al Beato Bartolomé Gutiérrez, mártir, blanco de burlas por su sobrepeso

 

 

Buenos Aires, miércoles 2 septiembre (PR/26Cada 2 de septiembre la Iglesia recuerda al Beato Bartolomé Gutiérrez, sacerdote agustino del siglo XVI, nacido en México y quien fuera llamado a la presencia de Dios a través del martirio, siendo misionero en Japón.

Fray Bartolomé Gutiérrez Espinosa fue beatificado el 7 de julio de 1867 por el Papa Pío IX.

Un chico ‘grande’ e ingenioso

Bartolomé nació el 4 de septiembre de 1580 en Ciudad de México (Virreinato de Nueva España). Con 16 años, en 1596, ingresó a la Orden de San Agustín (agustinos). Bartolomé era un joven corpulento y con evidente sobrepeso. Por ese motivo los frailes que vivían con él solían gastarle bromas, a las que él respondía con una paciente sonrisa.

Su más grande deseo era ser misionero, viajar hasta los confines del mundo y proclamar la Palabra del Señor; lamentablemente, no eran pocos entre sus hermanos agustinos los que veían esa posibilidad con escepticismo. No creían que Bartolomé fuera capaz de emprender un viaje a tierras lejanas y sobrevivir en medio de la geografía agreste o el clima adverso.

No obstante, el beato se las arregló para dejar atónitos a sus detractores en una. En cierta ocasión, Bartolomé se permitió responder a las burlas sobre su peso haciendo gala de ingenio y fina ironía. A los que se mofaban de su gordura les dijo: “Tanto mejor, así habrá más reliquias que repartir cuando muera mártir, porque algún día iré a Filipinas y de allí a Japón donde moriré por la fe de Cristo”.

Grandeza de espíritu

Tras concluir los estudios eclesiásticos, Bartolomé fue ordenado sacerdote y enviado a Puebla. En 1606 fue alistado junto a otros misioneros para la misión a Filipinas. Una vez llegado a la isla, se le designó el puesto de maestro de novicios.

Bartolomé tenía una gran habilidad para aprender otras lenguas, así que llegó a dominar el tagalo (la lengua filipina por antonomasia) y luego se introdujo en el japonés.

En 1612 se embarcó rumbo a Japón y un año después fue nombrado prior del convento de Osaka, desde donde se entregó de lleno a la evangelización, haciéndose cargo de una gran comunidad de fieles cristianos.

 

“Sean mansos como palomas y astutos como la serpiente” (Mt 10, 16)

En 1615 se decretó la expulsión de todos los religiosos del Japón, y el Beato Bartolomé se vio obligado a regresar a Filipinas. Sin embargo, el provincial le pidió que volviera a Japón, en compañía del P. Pedro de Zúñiga -también futuro beato-. Los misioneros arribaron a la tierra de misión el 12 de agosto de 1618.

De ahí en adelante, el P. Bartolomé ejerció un ministerio ejemplar entre los japoneses, predicando y administrando los sacramentos de manera clandestina, desafiando a la autoridad en pos del bien de las almas. Por más de 12 años enfrentó los peligros de la persecución: vivió entre los campos de cultivo y el bosque; pasó hambre, miseria y soportó las inclemencias del clima.

 

Valeroso guerrero como el Señor a quien sirvió

En 1629 fue tomado prisionero en Omura y, dos años más tarde, en 1631, trasladado con sus compañeros a Nagasaki, donde permaneció en cautiverio tres años más, hasta que, finalmente, se le condenó a muerte. Tras ser torturado sumergido en aguas hirvientes, fue quemado vivo el 3 de septiembre de 1632 junto con otros misioneros. Su cuerpo quedó reducido a cenizas, las que fueron recogidas y arrojadas al mar.

El Beato Bartolomé Gutiérrez formó parte del grupo de 205 mártires del Japón encabezados por el también Beato Alfonso Navarrete. Ellos fueron elevados a los altares el 7 de julio de 1867 por el Papa Pio IX.

En México la fecha para su conmemoración es el 2 de septiembre, con el rango de memoria opcional. Ese día, las oraciones de la misa y la liturgia de las horas están dedicadas a él.

 

 

Primicias Rurales
Fuente: ACI Prensa