Hoy celebramos a San Gil, conocido también como San Egidio, abad y eremita

Hoy celebramos a San Gil, conocido también como San Egidio, abad y eremita

Cada 1 de septiembre la Iglesia celebra a San Gil, también conocido como San Egidio, un abad, eremita y monje benedictino de origen griego recordado por su gran misericordia.

 

 

Buenos Aires, martes 1 septiembre (PR/26) — Entre los “auxiliadores”.San Gil (en latín: Aegidius, en francés: Gilles, en italiano: Egidio), a veces llamado Egidio el Eremita, fue un monje benedictino de origen griego que vivió entre los siglos VI y VII.

La tradición lo ha erigido como ejemplo de bondad y espíritu misericordioso. Sus biógrafos suelen destacar en él la delicadeza y sabiduría con la que trataba a todo aquel que acudía a su presencia, así como su ánimo constante para llamar a todos a la conversión.

Una antigua devoción germánica lo coloca entre los «catorce santos auxiliadores», es decir, entre aquellos bienaventurados famosos por “su eficacia” para responder a las solicitudes de sus devotos.

 

Francia, tierra de santidad

 

Egidio nació en Atenas (Grecia, en ese momento parte del Imperio Bizantino) en el seno de una familia noble y rica. La fecha exacta de su nacimiento es incierta, pero se cree que fue alrededor del año 640.

De acuerdo a una antigua tradición, el santo realizó allí muchos milagros: sanó enfermos de parálisis, curó a gente con mordeduras de serpientes, o a enfermos de fiebres; convirtió tierras estériles en fértiles y -según la leyenda- hasta resucitó muertos. Como esto le acarreó fama y veneración pública, decidió retirarse al bosque cercano a la desembocadura del río Ródano. Una vez establecido allí, vivió como eremita.

Dios perdona todos los pecados, todos

Un día en que el rey Childeberto I andaba de cacería –algunos señalan que en realidad se trató de Carlos Martel– vio a Egidio (San Gil) cerca de la ermita en la que vivía, alimentándose de la leche de una cierva que él pretendía cazar.

Entonces se produjo un encuentro entre los dos: un diálogo que devino en el inicio de la conversión del rey. Este le confesó un pecado gravísimo -se cree que incesto-, pero llegó a encontrar consuelo en las palabras de Egidio.

El monarca decidió reparar en la medida de lo posible el mal cometido y, como consecuencia de verse amado por Dios a pesar de su iniquidad, decidió brindar su ayuda al eremita. El rey mandó construir un monasterio en ese mismo paraje -conocido después como el “Bosque de San Egidio”-, en el que el santo sería nombrado primer abad. La regla que acogió el monasterio fue la benedictina.

 

Llevando la misericordia de Dios

Pronto el lugar empezó a llenarse de peregrinos que buscaban al santo para que los cure de sus males, sean del cuerpo o del alma. San Gil permaneció en aquel monasterio por muchos años, acogiendo a quien lo necesitaba y, cada vez que podía, volviendo al silencio y la soledad en las que encontraba a Dios.

Ya anciano, se dirigió al Pirineo catalán donde, a los 84 años de edad, murió santamente (c. 720-725).

Veneración

San Egidio es llamado “abogado de los pecadores”; “protector de pobres, tullidos y arqueros” (según un relato medieval él mismo fue herido por una flecha alguna vez, se dice, porque unos cazadores quisieron matar a la cierva que le servía de compañía); “defensor contra las enfermedades”, especialmente contra el cáncer y la epilepsia -llamada por algunos el «mal de San Gil»-. Muchos lo consideran, también, patrono de los leprosos.

Este santo goza de gran devoción en Europa. Iglesias, hospitales, altares e imágenes hechas en su honor pueden encontrarse en países como Francia, España, Inglaterra, Polonia, Italia y Alemania. Hermosos lugares del Viejo Continente y de América llevan su nombre.

Ecos en nuestro tiempo

Hoy se ha hecho conocida la Comunidad de San Egidio, institución fundada por el historiador italiano Andrea Riccardi en la ciudad de Roma en 1968.

Sus miembros, laicos todos, se organizan para llevar a cabo obras de gran impacto social: han luchado por la abolición de la pena de muerte, por el trato justo y adecuado a los enfermos de HIV/sida, o por la protección de la ancianidad abandonada. Su labor ha sido reconocida por los Papas San Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco.

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Si deseas conocer un poco más sobre San Gil, te recomendamos el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Giles.

Más información:

 

Primicias Rurales
Fuente: ACI Prensa

 

 

Hoy se celebran los santos mártires Timoteo, Sinforiano y Felipe Benizi, sacerdote

Hoy se celebran los santos mártires Timoteo, Sinforiano y Felipe Benizi, sacerdote

 

El santoral de hoy recuerda a san Timoteo, mártir romano en la vía Ostiense; a san Sinforiano, mártir de Autún; y a san Felipe Benizi, sacerdote y gran propagador de la orden de los Siervos de María.

 

 

 

Buenos Aires, sábado 22 agosto (PR/26) — El Santo del día es una reseña diaria de los santos guardados en la memoria de la Iglesia. Historias de maestros de vida cristiana de todas las épocas que como faros luminosos orientan nuestro camino.

 

s. Timoteo, mártir romano en la via Ostiense

Confundido con el homónimo y más conocido discípulo de S. Pablo, de Timoteo mártir en Roma en la vía Ostiense se tienen pocas pruebas históricas. Un relato tomado de los “Hechos de Silvestre Papa” lo describe como ferviente anunciador del Evangelio, a quien el prefecto Tarquinio mandó a matar.

s. Sinforiano, mártir de Autun

Hijo del noble Fausto, Sinforiano fue educado en la fe cristiana. Vivió en la ciudad de Autún, bajo la dominación de la Roma pagana. En una fiesta de Cibeles, en vez de rendir honor a la diosa de la Madre Tierra, prefirió confesar su fe en Cristo y por eso fue encarcelado. Murió como mártir en 257.

s. Felipe Benizi, sacerdote, de los Siervos de María

Felipe entró con las Siervos de María como laico y durante 5 años hizo los servicios mas humildes. Luego fue consagrado sacerdote y maestro de novicios. En 1267 fue Prior General y gran propagador de la Orden. Escribió su Constitución. Murió en Todi en 1285 y fue canonizado en 1671 por Clemente X.

 

Fuente: Vatican News

Primicias Rurales

Hoy se celebra al Papa San Pío X, quien nos llama a instaurarlo todo en Cristo

Hoy se celebra al Papa San Pío X, quien nos llama a instaurarlo todo en Cristo

Cada 21 de agosto se recuerda al Papa San Pío X, un pontífice guiado por el lema «Instaurar todo en Cristo», recordado por su impulso a la Eucaristía, la catequesis y la defensa de la doctrina.

Papa San Pío X, 21 de agosto / ACI Prensa

Buenos Aires, viernes 21 agosto (PR/26) — Cada 21 de agosto la Iglesia Católica celebra al Papa San Pio X, pontífice entre los años 1903 y 1914, en los albores del siglo XX. Gobernó en tiempos de profundos cambios que sirvieron, tristemente, de antesala de auténticos fracasos para la humanidad, como es el caso de la Revolución Rusa y la Primera Guerra Mundial.

Precisamente, en este duro contexto Pio X supo enrumbar a la Iglesia dentro de los cauces de la fidelidad al Evangelio, de manera que esta pudiese afrontar con esperanza los grandes retos de los nuevos tiempos.

“Instaurar todo en Cristo”

Pio X asumió la sede de San Pedro tras la muerte del Papa León XIII en 1903. Inmediatamente se abocó a promover un compromiso mayor de los fieles con la Eucaristía. Animó a que estos se acerquen asiduamente a ella, si es posible que cultiven la costumbre de la misa diaria.

Por ahí empezó su “reforma”, muy acorde con el lema que escogió para su pontificado: “Instaurar todo en Cristo”; es decir, para transformar el mundo -cada vez más alejado de Dios- hay que construir sobre el más seguro de los cimientos: Cristo. Sin Él toda empresa humana está condenada a fracasar.

Un hijo de su tiempo

Giuseppe Melchor Sarto nació el 2 de junio de 1835, en Riese, Italia; hijo de un cartero e integrante de una familia humilde. Fue un niño que creció bajo las condiciones de la clase trabajadora italiana de fines del s. XIX. A pesar de las dificultades siempre fue un chico alegre, sensible e inteligente.

Mientras crecía, su inquieto espíritu lo fue moviendo a profundizar en su fe y vocación. Lo que más deseaba era amar a Dios y a los hermanos, así que llegó el momento más serio: se planteó ser sacerdote.

Años más tarde, a los 23, recibiría el orden sacerdotal en la provincia de Treviso, Venecia (Italia).

 

Vertiginosa carrera eclesiástica

En 1867 fue nombrado arcipreste de Salzano, un importante municipio de la diócesis de Treviso, donde restauró la iglesia y ayudó a la ampliación y mantenimiento del hospital. A la par, trabajó para que los estudiantes de las escuelas públicas pudieran recibir instrucción religiosa.

En noviembre de 1884 fue nombrado obispo de Mantua, una sede muy difícil. Al asumir el cargo, su principal preocupación era la formación del clero, por lo que empezó a trabajar en el seminario, encargándose personalmente de enseñar teología dogmática.

Más adelante, para su sorpresa, el Papa León XIII lo creó cardenal en consistorio secreto de junio de 1893, otorgándole el título de “San Bernardo de las Termas”. Tres días después, en consistorio público, fue preconizado “Patriarca de Venecia”, conservando el título de Administrador Apostólico de Mantua.

Sin embargo, el ahora Cardenal Sarto tuvo que esperar 18 meses para poder tomar posesión de su diócesis, ya que el gobierno italiano se negaba a concederle reconocimiento oficial. Una vez que pudo ser erigido como Patriarca de Venecia, concentró su atención nuevamente en el seminario, donde organizó la facultad de derecho canónico.

 

Espíritu renovador

Años después, ya como pontífice, hizo importantes reformas a tono con los tiempos y las necesidades de los fieles. Una de ellas fue publicada mediante decreto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, “Quam Singulari” (Cuán singular). El Papa recomendaba allí que la Primera Comunión sea administrada a los niños pequeños apenas tuviesen uso de razón.

Por el quincuagésimo aniversario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, Pio X publicó la encíclica “Ad diem Illum laetissimum” (Hasta aquel alegre día) en el marco del congreso mariano en el que coronó la imagen de la Inmaculada Concepción que está ubicada en la Basílica de San Pedro. A través de esta encíclica, el Papa le dio un nuevo impulso a la devoción a María Madre de Dios.

En relación a la enseñanza de la doctrina cristiana publicó la encíclica “Acerbo nimis” (Demasiado amargo), en la que planteaba que la catequesis fuera dirigida también a los adultos. Además promovió la publicación de un nuevo catecismo para la diócesis de Roma.

Igual que cuando fue obispo, siempre preocupado de la formación de los sacerdotes, como Papa intervino a través del magisterio: publicó la encíclica «Pieni l’animo» (Lleno el ánimo), dirigida al Episcopado italiano (1906), en donde hacía énfasis en la necesidad de tener mayor cuidado en la ordenación de sacerdotes, llamando la atención de los obispos sobre el hecho de que, entre los clérigos más jóvenes, se manifestaba cada vez con mayor frecuencia un espíritu de independencia poco compatible con la disciplina eclesiástica.

Por otra parte, ordenó que los seminarios italianos fueran visitados frecuentemente por los obispos.

Cristianismo y modernidad

Otra de sus grandes preocupaciones fue preservar la pureza de la fe, por eso, en 1907, publicó el decreto “Lamentabili” (llamado también el “Syllabus de Pío X”), en el que 65 proposiciones modernistas fueron condenadas. La mayor parte de ellas se referían a las Sagradas Escrituras y su inspiración, la doctrina de Jesús y los apóstoles; mientras que otras se relacionaban con el dogma, los sacramentos y la primacía del Obispo de Roma.

Poco después, el 8 de Septiembre de 1907, publicó la encíclica “Pascendi Dominici gregis” (Apacentar la grey del Señor), en donde exponía y condenaba el sistema del modernismo, destacando sus peligros en relación con la filosofía, apologética, exégesis, historia, liturgia y disciplina, y muestra la contradicción entre esa corriente de pensamiento y la fe.

El Papa teólogo

Durante toda su vida, San Pio X había sido un gran enamorado de la música sacra, por lo que siendo pontífice publicó un motu proprio para el empleo de la música sacra en las iglesias. Ordenó que el canto gregoriano se utilizara en todas partes y dispuso que los libros de cantos se imprimieran con el mismo tipo de fuente que se usa en el Vaticano, bajo la supervisión de una comisión especial.

Como el estudio de la Biblia es importantísimo para la teología, el Papa Pío X deseaba fundar en Roma un centro especial para dichos estudios, que diera garantía de ortodoxia y valor científico. Finalmente, con el apoyo de los jesuitas, fundó el Pontificio Instituto Bíblico de Roma.

Bajo su pontificado se actualizó y completó el Código de Derecho Canónico en el que colaboraron autoridades en la materia de todo el mundo. La característica del nuevo reglamento es la completa separación de los aspectos judiciales de los administrativos; mientras que las funciones de algunos departamentos fueron determinadas con mayor precisión y sus trabajos más equilibrados.

Hizo una serie de importantes cambios en la curia vaticana y publicó un motu proprio con 19 proposiciones -especialmente para la Iglesia en Italia- con las que buscó confrontar ciertas tendencias inclinadas hacia el socialismo, que promovían un espíritu de insubordinación a la autoridad eclesiástica.

Marcando la pauta a los futuros pontífices

En virtud de todos estos elementos, queda claro que Pío X fue un gran protector de la doctrina y disciplina católicas. La brillantez de su trabajo doctrinal fue reconocida incluso fuera de la Iglesia. A la vez, a San Pío X se le reconoce por su espíritu apostólico, la fortaleza de su carácter, la precisión de sus decisiones y el celo por la recta formación de los católicos.

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Si quieres saber más sobre este gran santo, te recomendamos leer este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Papa_San_Pío_X.

 

 

 

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Fuente: ACI Prensa
Consagración a la Inmaculada, compuesta por San Maximiliano Kolbe

Consagración a la Inmaculada, compuesta por San Maximiliano Kolbe

«OH Inmaculada, reina del cielo y de la tierra,
refugio de los pecadores y Madre nuestra amorosísima,
a quien Dios confió la economía de la misericordia.
Yo……. pecador indigno, me postro ante ti,
suplicando que aceptes todo mi ser como cosa y
posesión tuya.

A ti, Oh Madre, ofrezco todas las dificultades
de mi alma y mi cuerpo, toda la vida, muerte y eternidad.
Dispón también, si lo deseas, de todo mi ser, sin ninguna reserva,
para cumplir lo que de ti ha sido dicho:

«Ella te aplastará la cabeza» (Gen 3:15), y también:
«Tú has derrotado todas las herejías en el mundo».
Haz que en tus manos purísimas y misericordiosas
me convierta en instrumento útil para introducir y aumentar tu gloria
en tantas almas tibias e indiferentes, y de este modo,
aumento en cuanto sea posible el bienaventurado
Reino del Sagrado Corazón de Jesús.

Donde tú entras oh Inmaculada, obtienes la gracia
de la conversión y la santificación, ya que toda gracia
que fluye del Corazón de Jesús para nosotros,
nos llega a través de tus manos».

Ayúdame a alabarte, OH Virgen Santa
y dame fuerza contra tus enemigos.»

 

 

Fuente: www.corazones.org
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Hoy 5 de agosto se recuerda a San Abel, quien respondió a los ataques de sus enemigos con humildad y oración

Hoy 5 de agosto se recuerda a San Abel, quien respondió a los ataques de sus enemigos con humildad y oración

Buenos Aires, miércoles 5 de agosto (PR/26) .-  Cada 5 de agosto se conmemora a San Abel de Lobbes (Abel de Reims), monje benedictino, arzobispo de Reims (Francia) entre los años 743 y 748.

Nacido en Escocia (Reino Unido) emigró a la Europa continental donde recibiría el encargo de regentar a la Iglesia en Francia, dañada por las intromisiones del poder político.

Un ramillete de enemigos de la Iglesia

Carlos Martel (688-741), líder de los francos y abuelo de Carlomagno, de la misma manera como gozó de enorme prestigio por haber vencido en 732 a los musulmanes en Poitiers (lo que le valió detener la expansión árabe en Europa), así también se convirtió en un personaje cuestionable, amante del poder y constante interventor en asuntos eclesiales. Martel quería controlar a los obispos galos y se las arregló para favorecer el nombramiento de quienes le eran afines y la destitución de los que le resultaban incómodos. Cosa similar hizo con los abades de muchos monasterios. Además, no ocultaba su interés en apoderarse de los bienes y posesiones de la Iglesia, causando fricciones frecuentes e indignación entre los católicos.

A la muerte de Martel, Pipino el Breve (714-768), su hijo, quiso enmendar el daño hecho por su padre y nombró obispo de Reims a Abel, quien vivía en un monasterio en Bélgica. El deseo de Pipino era que la Iglesia en Galia recuperase su fortaleza espiritual.

Por su parte, el arzobispo depuesto de Reims, llamado Milo, mantendría una postura hostil contra Abel y conspiraría una y otra vez para sacarlo. Abel ni siquiera había logrado ser bien recibido en su sede episcopal, todo lo contrario, pues los líderes francos -tanto políticos como religiosos- no le eran afines. Lamentablemente, Pipino no le pudo dar el respaldo necesario, pues andaba inmiscuido en sus sucesivas campañas militares.

Después de tres años en su sede, San Abel se retiró a su monasterio sin haber logrado cumplir con la tarea encomendada, mientras que Milo se hizo de la sede de Reims nuevamente. A pesar de este revés -tal y como lo señala el portal de la Conferencia Episcopal Francesa-, Abel “dio a la Iglesia su oración para compensar lo que no pudo dar a través de su ministerio episcopal”.

El santo nacido en Lobbes partió a la Casa del Padre el 5 de agosto de 770.

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    Fuente: Aciprensa