Hoy celebramos a Santa Rafaela María del Sagrado Corazón, modelo de humildad en la vida religiosa

Hoy celebramos a Santa Rafaela María del Sagrado Corazón, modelo de humildad en la vida religiosa

 

 

Buenos Aires, lunes 18 mayo (PR/26) — Cada 18 de mayo la Iglesia Católica celebra a Santa Rafaela María del Sagrado Corazón, religiosa española a quien hermosamente llamaban ‘la humildad encarnada’ o ‘la humildad hecha carne’, en virtud a su sencillez y actitud siempre agradecida con todos, sin importar cómo fuera tratada.

Expresión de su manera de ser fue esa suerte de lema con el que Santa Rafaela María solía animar a sus hijas espirituales, integrantes de la congregación que fundó: “Dentro de Dios hemos de estar y de Él recibirlo todo”. Resulta comprensible que quien viva intentando realizar un ideal así, habrá de servir al Señor con paz interior y una alegría indestructible, a prueba de dolores y amarguras.

Santa Rafaela María fue fundadora de un Instituto religioso de derecho pontificio, la Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, cuyas integrantes son conocidas como ‘esclavas del Sagrado Corazón’.

El Papa San Pablo VI, quien canonizó a Santa Rafaela María, resaltó un rasgo distintivo en ella, modélico para toda religiosa o consagrada: “La vida y la obra de la santa, si las observamos por dentro, son una apología excelente de la vida religiosa, basada en la práctica de los consejos evangélicos, calcada en el esquema ascético-místico tradicional, del que España ha sido maestra con figuras tan señeras como Santa Teresa, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, Santo Domingo, San Juan de Ávila y otras” (Homilía de la Misa de canonización de Rafaela Porras y Ayllón).

 

Al amparo de nuestra madre, la Iglesia

Rafaela Porras y Ayllón -nombre de pila de la santa- nació el 1 de marzo de 1850 en el pueblo español de Pedro Abad, en Córdoba (España). Sus padres la llevaron a bautizar al día siguiente. Su padre, don Ildefonso Porras, fue alcalde de Pedro Abad, mientras que su madre, doña María Ayllón Castillo, era una generosa y laboriosa dama proveniente de una de las familias acomodadas de la ciudad.

A los tres años Rafaela María quedó huérfana de padre, y al cumplir los catorce, también perdió a su madre. Junto a su hermana inició el camino del discernimiento vocacional con la ayuda de las hermanas clarisas de Córdoba; y al año siguiente ingresaría a la Congregación de las Hermanas de María Reparadora. Fue en esta congregación donde tomó el nombre de Rafaela María del Sagrado Corazón.

La Hermana Rafaela se dedicaba a la oración y al cuidado de los enfermos y necesitados. Su familiares consideraban que su vocación era excesivamente temprana o precipitada; sin embargo, ella perseveró y se las arregló para vencer aquella resistencia inicial y mostrar que su amor al Señor brotaba de su madurez y no de un capricho.

Amor agradecido

Años más tarde, ya consolidada en la vida religiosa, fundó, junto con su hermana Dolores, el Instituto de Adoradoras del Santísimo Sacramento e Hijas de María Inmaculada, que sería la base de la futura Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón. Las hermanas contaron desde el inicio con el apoyo del obispo local.

El Instituto estaba integrado por dieciséis religiosas, con las que Santa Rafaela María se trasladó a Madrid. Allí le fue concedida la aprobación diocesana en 1877. Diez años más tarde, el Papa León XIII aprobaría la nueva congregación, bajo el nombre de ‘Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús’. La Madre Rafaela María sería elegida superiora general y realizaría su profesión perpetua el 4 de noviembre de 1888.

 

Exiliada en su propia patria

 

Durante 30 años la Madre Rafaela María vivió una suerte de exilio al interior de su propia comunidad religiosa, convirtiéndose en un miembro casi anónimo de la institución que ella misma había fundado. Por tres décadas, la santa asumió los trabajos más duros y las ocupaciones más sencillas; pasó por constantes humillaciones y, al final, sufrió la aridez del aislamiento. Y así vivió hasta que Dios la llamó a su presencia.

Aun cuando las circunstancias le fueron adversas, la santa se condujo con humildad y obediencia, sin exigir trato especial alguno, a pesar de ser la fundadora. Murió el día de Epifanía, el 6 de enero de 1925, en la ciudad de Roma (Italia). Sus restos descansan en la Casa Generalicia de su congregación en esa ciudad.

 

“Muchos últimos serán primeros” (Mt 20, 16)

 

El Papa Pío XII beatificó a Rafaela María en mayo del año 1952. Años más tarde fue canonizada por el Papa San Pablo VI, el 23 de enero de 1977.

Rafaela María murió el día de Epifanía -fecha inamovible en el calendario litúrgico de muchos países-, razón por la cual su fiesta se celebra el 18 de mayo, día de su beatificación y del traslado de sus restos.

Primicias Rurales

Fuente: ACI Prensa

“Tened valor: yo he vencido al mundo”

“Tened valor: yo he vencido al mundo”

«Eran en total unos doce hombres», precisa Lucas, autor de los Hechos de los Apóstoles, dando a entender –en el símbolo del número– que es la misma Iglesia de Jesucristo la que nace nueva en cada lugar por el Espíritu Santo. Es una misma Iglesia y, a la vez, siempre renovada.

 

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 19, 1-8

 

Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó:
«¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?».

Contestaron:
«Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo».

Él les dijo:
«Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?».

Respondieron:
«El bautismo de Juan».

Pablo les dijo:
«Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen en el que iba a venir después de él, es decir, en Jesús».

Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres.

Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses hablaba con toda libertad del reino de Dios, dialogando con ellos y tratando de persuadirlos.

 

Salmo de hoy

Salmo 67, 2-3. 4-5ac. 6-7ab R/. Reyes de la tierra, cantad a Dios

 

Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios. R/.

En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad a su nombre;
su nombre es el Señor. R/.

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R/.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 29-33

 

En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios».

Les contestó Jesús:
«¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».

 

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

“Vino sobre ellos el Espíritu Santo”

Estamos en la última semana de Pascua, semana en la que la Iglesia vive la espera de Pentecostés.

En la primera lectura, la acción evangelizadora de la Iglesia llega hasta Éfeso a través de la misión de Pablo y la fuerza del Pentecostés experimentado por la comunidad de Jerusalén se revive en los creyentes de Éfeso que reciben el evangelio de Jesús.

Según el texto, apenas el apóstol impone las manos el Espíritu se derrama efusivamente sobre los creyentes con la misma fuerza que en la primera comunidad. Como si Dios estuviera atento al primer atisbo o gesto de receptividad humanos para entregarse a manos llenas en la vida de las personas.

«Eran en total unos doce hombres», precisa Lucas, autor de los Hechos de los Apóstoles, dando a entender –en el símbolo del número– que es la misma Iglesia de Jesucristo la que nace nueva en cada lugar por el Espíritu Santo. Es una misma Iglesia y, a la vez, siempre renovada.

A los cristianos occidentales de hoy nos cuestiona esta frase: «Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo». Y me recuerda a un libro que escribiera nuestro hermano, el p. Royo Marín: “El gran desconocido: El Espíritu Santo y sus dones”. Es que los cristianos podemos vivir nuestra fe sin tomar conciencia del papel fundamental del Espíritu en nuestra vida. Seguir a Jesús no se consigue, simplemente, por nuestro esfuerzo, pues “si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles” (Salmo 127/126), sino por la apertura y libertad con que dejemos obrar al Espíritu de Dios en nosotros.

No se trata solo de saber sino de dejarle obrar. Podemos saber recitar el Credo y conocer teóricamente quién es el Espíritu Santo, pero podemos no saber cómo darle espacio y cabida en nuestra vida.

¿Estaremos siendo más discípulos de Juan que de Jesús? Es decir, ¿estaremos más atentos al esfuerzo de la Ley, al perfeccionismo de las penitencias, a lo estrictamente justo…? ¿o más bien, nos dejamos animar por el “derroche del perfume” de la caridad: perdonar 70 veces 7 a los hermanos, acompañar la milla extra, asumir los últimos puestos, lavar los pies…? ¿Qué prima en nosotros?

“Os he hablado … para que encontréis la paz en mí”

Si bien el contexto literario del evangelio de hoy es la Última Cena, en realidad, este discurso de despedida de Jesús a los discípulos se comprende mejor desde un trasfondo pascual. Como si Jesús Resucitado anticipara los acontecimientos por venir y enseñara a los discípulos a enfrentar las dificultades, cruces y persecuciones que estarán en nuestra historia.

¿Cómo seguir experimentando hoy la presencia del Resucitado? La Ascensión no lo aleja de nosotros, pero, de alguna manera, lo esconde.

Lo que no se esconden de nuestra vista son las luchas que vivimos en el mundo: las guerras y sus consecuencias de muerte, destrucción y pobreza, la desorientación por tantas voces que niegan o desvirtúan el Evangelio, la polarización y sus grietas que tachan de ingenuidad los sueños de un mundo unido, la creciente desigualdad social entre los seres humanos, la persecución a la fe cristiana y el desprecio a la dignidad humana en tantos países, etc.

Tened valor, nos dice el Maestro, que Él ha vencido al mundo. Pero, ¿ y nosotros? ¡Nosotros También!

Las arras del Espíritu que hemos recibido y que siempre renovamos en Pentecostés, nos asientan en el ancla de la Esperanza, y nos hacen confiar en que al final, el mal se disipará como el humo, y se derretirá como la cera ante el fuego (Sal 67, 5).

Es que la vida del Espíritu que podemos reconocer, al menos como semilla en nosotros, es ya un testimonio de que el Siervo Humilde ha vencido al mundo. Por eso es tan imperioso hacerle sitio al Espíritu para que siga y progrese en y a través nuestro, pacificando al mundo y venciendo al mal.

Aprendiendo a encontrar la paz en Jesús, nos convertiremos en artesanos de paz dentro de nuestros ambientes. ¿No es ese el servicio más actual que los cristianos podríamos ofrecer hoy al mundo?

 

Fray Germán Pravia O.P.

Fray Germán Pravia O.P.
Real Convento de Predicadores (Valencia, España)

Dominicos.Org

Hoy recordamos a San Pascual Bailón, el santo protector de todos aquellos que trabajan en la cocina

Hoy recordamos a San Pascual Bailón, el santo protector de todos aquellos que trabajan en la cocina

 

Buenos Aires, domingo 17 mayo (PR/26) — Cada 17 de mayo la Iglesia celebra a San Pascual Bailón, fraile franciscano del siglo XVI que destacó por su inmenso amor a Jesús Eucaristía, alimento del alma. Fue tan grande ese amor y tal la dedicación que Pascual le tuvo a Cristo sacramentado -a cuya contemplación consagraba largas horas- que el Papa León XIII, el 28 de noviembre de 1897, lo declaró “Patrono de los Congresos Eucarísticos y de las asociaciones eucarísticas”.

 

Tiempos recios

Aunque el buen Pascual apenas sabía leer y escribir, fue capaz de expresarse con gran elocuencia en torno a la presencia de Jesús en la Eucaristía. Esto ha de ser subrayado doblemente, puesto que sus tiempos fueron los de la expansión de las ideas de la Reforma Protestante.

El Protestantismo, queriendo liberar el espíritu humano de supuestas cargas innecesarias, impuestas por hombres, se dejó seducir por la ola de escepticismo que brotó a causa de la infidelidad de muchos, pero que no tenía por qué acabar con el misterio que Cristo confió a la Iglesia que Él mismo fundó. Lamentablemente, la Reforma Protestante arrasó con dones preciadísimos, indispensables para la salvación, como los relacionados a los sacramentos, empezando por la Eucaristía y la Presencia Real del Señor en las formas de pan y vino.

 

Dios se muestra a los más pequeños y sencillos

 

En lo que a Pascual respecta, siendo solo un hermano lego, confirmó a sus hermanos en la fe, enseñándoles cómo al negarse el milagro de la Eucaristía se imponen graves distorsiones a la comprensión del amor divino. Dios le regaló a Pascual eso que se conoce como “ciencia infusa”, es decir, la adquisición de un vasto conocimiento teológico por acción del Espíritu, sin que haya habido mayores estudios previos.

La Pascua del Espíritu Santo

Pascual Bailón nació en Torrehermosa en el reino de Aragón (España), el 24 de mayo de 1540. El día de su nacimiento coincidió con la fiesta de Pentecostés, llamada en España «la Pascua del Espíritu Santo”, por lo que recibió el nombre “Pascual”.

Debido a su poca instrucción, le fueron asignados oficios muy sencillos: portero, cocinero, mandadero y barrendero.

Su tiempo libre lo dedicaba a la adoración Eucarística, puesto siempre de rodillas con los brazos en cruz. Por las noches regresaba a la capilla y pasaba unas horas más ante el Santísimo Sacramento, luego dormía un rato para después levantarse y continuar su adoración de madrugada, antes de integrarse a las labores cotidianas con sus hermanos.

 

El milagro de la “Ermita de la Aparición”

 

En la pedanía de Orito, Monforte del Cid (España), se encuentra la «Ermita de la Aparición». En ese lugar, que puede ser visitado hoy, San Pascual tuvo una visión de Jesucristo presente en la Eucaristía.

Este hecho fue tremendamente significativo para la vida del santo. Aquel encuentro con el Señor sacramentado, de manera personalísima, le infundió un deseo inmenso por orientar a otros hacia las alturas del espíritu, ahí donde todo el amor de Dios se concentra en el sencillo Pan, alimento de vida eterna.

Este hecho sirvió para que la Iglesia nombrara a Pascual “patrón de los congresos eucarísticos”.

 

Apóstol de la Eucaristía

 

Alguna vez se le confió llevar un mensaje -una carta oficial- al general de la Orden franciscana, que se encontraba en ese momento en París (Francia). Pascual usó aquel viaje como una oportunidad para anunciar el Evangelio y compartir la alegría que llenaba su corazón.

Dijo de él el Papa León XIII: “Abiertamente profesó la verdad de la Eucaristía entre los herejes y, por ello, tuvo que pasar por graves pruebas” (Breve apostólico Providentissimus del Papa León XIII). Muchos, a través de San Pascual, se convirtieron y se acercaron a Dios.

San Pascual Bailón falleció el 15 de mayo de 1592, Domingo de Pentecostés. Abundantes fueron los testimonios de los milagros que se obraron después de su muerte, gracias a su intercesión.

El santo franciscano fue beatificado el 29 de octubre de 1618 por el Papa Pablo V, y canonizado el 16 de octubre de 1690 por el Papa Alejandro VIII.

Su culto floreció sobre todo en su tierra natal (la región alicantina de Orito, Monforte del Cid), pero también en Elche, Alicante, Novelda, Aspe, Crevillente, la Vega Baja y el pueblo de Villarreal; y en el sur de Italia. También se difundió ampliamente en el resto de España y América del Sur.

 

La cocina de San Pascual

 

Un dato curioso, relacionado con América, ha hecho de San Pascual el “patrono de la cocina”.

En tiempos del virreinato de Nueva España (los territorios del Nuevo Continente anexados a la Corona, hoy México) se difundió una hermosa tradición. Las cocineras de la época solían encomendarse a San Pascual como el “santo protector de los fogones y de los accidentes en las cocinas”.

La cultura popular perennizó la costumbre de mencionarlo en frases o refranes, al modo de oraciones como esta: “San Pascual Baylón, báilame en este fogón. Tú me das la sazón, y yo te dedicó un danzón”. Hoy, en algunos lugares se sigue ofreciendo el premio ‘San Pascual Bailón’ a los mejores cocineros.

…

Si deseas conocer más sobre este amable santo de la cocina, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Pascual_Bailón.

Más información:
Hoy celebramos a San Juan Nepomuceno, mártir del sacramento de la Reconciliación

Hoy celebramos a San Juan Nepomuceno, mártir del sacramento de la Reconciliación

Buenos Aires, sábado 16 mayo (PR/26) — Cada 16 de mayo la Iglesia Católica celebra a San Juan Nepomuceno, modelo preclaro del buen confesor, especialmente de lo que significa la protección que el sacerdote debe dar al secreto de confesión, o ‘sigilo sacramental’.

A Nepomuceno se le considera el primer mártir en honrar el sacramento de la Reconciliación con su vida. Es decir, prefirió morir antes que traicionar la promesa hecha a Cristo de administrar la misericordia divina sin condición ni presión externa alguna.

Dice el No. 2490 del Catecismo de la Iglesia Católica: «El secreto del sacramento de la Reconciliación es sagrado y no puede ser revelado bajo ningún pretexto. “El sigilo sacramental es inviolable; por lo cual está terminantemente prohibido al confesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por ningún motivo” (CIC can. 983, § 1)».

El poder del sacerdote viene de lo alto y no hay poder humano que pueda someterlo

 

Juan Nepomuceno nació en Nepomuk -de ahí el apelativo ‘Nepomuceno-’, antiguo Reino de Bohemia, región de Pilsen (actual República Checa) alrededor del año 1340. Se graduó primero en la Universidad de Praga y luego se doctoró en Derecho Canónico por la Universidad de Padua (norte de Italia). En 1380 fue nombrado párroco en Praga. Años más tarde, en 1393, ocuparía el puesto de Vicario General del Arzobispo de la ciudad, Juan de Jenštejn, quien le guardaba gran aprecio y confianza.

Jan Nepomucký -por su nombre en checo- llegó a confesor de Sofía de Baviera, reina consorte de Wenceslao, rey de Praga. Señala la historia que este, en uno de sus habituales ataques de cólera y celos, ordenó al sacerdote que le revelara los pecados de su mujer.

La negativa del santo enfureció tanto a Wenceslao que lo amenazó con la pena de muerte si no se sometía a su voluntad. San Juan se negó rotundamente, ganándose el resentimiento del rey, aunque de primera intención no cumpliría su amenaza.

Una segunda fuente de tensiones alejaría aún más a Wenceslao de Nepomuceno: el monarca quería apoderarse de un monasterio que, según sus informantes, encerraba tesoros históricos, que el rey deseaba entregar a uno de sus parientes. El santo le prohibió siquiera que se acerque al recinto religioso, encarándolo con valentía.

 

Dios respeta el corazón del ser humano

 

Wenceslao no cesó en su acecho al presbítero y decidió deshacerse de él sin mayor escrúpulo. Ante la nueva negativa de Nepomuceno a revelar lo que había escuchado en confesión, lo mandó encerrar y que fuera torturado hasta morir. El cruel pedido incluyó la orden de que su cuerpo fuera arrojado al río Moldava para escarnio público. El crimen se consumó el año de 1393.

El cadáver de San Juan Nepomuceno fue recogido y sepultado cristianamente pocos días después.

En vista de su heroica actitud de  preferir la muerte antes que revelar un secreto de confesión, San Juan Nepomuceno es considerado patrono de los confesores. También se pide su intercesión como protector contra las calumnias; y se invoca su auxilio en las inundaciones.

…Si deseas saber más sobre San Juan Nepomuceno, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Juan_Nepomuceno. Y, para quienes deseen profundizar en la importancia del secreto de confesión, el respeto a la verdad y la intimidad de las personas, sugerimos revisar los artículos 2488-2492.

Primicias Rurales

Fuente: ACI Prensa

«Permaneced en Mí»

«Permaneced en Mí»

Permanecer es cuidar la oración cotidiana, aunque no siempre sea consoladora. Es acercarse con constancia a los sacramentos, especialmente a la Eucaristía y a la Reconciliación. Es ocuparse de las cosas de Dios para que Dios se ocupe de tus cosas.

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 15, 1-6

 

En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más de entre ellos subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia. Ellos, pues, enviados por la Iglesia provistos de lo necesario, atravesaron Fenicia y Samaría, contando cómo se convertían los gentiles, con lo que causaron gran alegría a todos los hermanos. Al llegar a Jerusalén, fueron acogidos por la Iglesia, los apóstoles y los presbíteros; ellos contaron lo que Dios había hecho con ellos.

Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron, diciendo:
«Es necesario circuncidarlos y ordenarles que guarden la ley de Moisés».

Los apóstoles y los presbíteros se reunieron a examinar el asunto.

 

Salmo de hoy

Salmo 121, 1bc-2. 3-4b. 4c-5 R/. Vamos alegres a la casa del Señor

 

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestro pies
tus umbrales, Jerusalén. R/.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor. R/.

Según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R/.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 1-8

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.

Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

 

Vea el Evangelio en video con este link:

Reflexión del Evangelio de hoy

 

“Los apóstoles y los presbíteros se reunieron a examinar el asunto”

El pasaje de los Hechos de los Apóstoles nos sitúa ante un momento decisivo que la tradición considera el primer concilio de la Iglesia: el Concilio de Jerusalén. Todo comienza cuando algunos que bajaron de Judea enseñaban que, si los gentiles no se circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse. La cuestión no era secundaria: estaba en juego la identidad misma del cristianismo.

Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé. Por eso se decidió que subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros. No se trata de una decisión individual, sino de un discernimiento eclesial. La Iglesia, desde sus comienzos, afronta las tensiones buscando juntos la voluntad de Dios bajo la acción del Espíritu.

En el camino, Pablo y Bernabé contaban cómo se convertían los gentiles, causando gran alegría. Ese detalle revela que Dios ya estaba actuando más allá de las fronteras de Israel. Al llegar a Jerusalén, fueron acogidos y narraron lo que Dios había hecho con ellos. Sin embargo, algunos cristianos procedentes del fariseísmo insistían en imponer la Ley de Moisés.

La asamblea se reunió a examinar el asunto. En el fondo, la pregunta era profunda: ¿era el cristianismo una reforma interna del judaísmo o una novedad destinada a toda la humanidad? La respuesta que surgirá marcará un antes y un después. No se impondrán más cargas que las indispensables. Con ello se dio un paso decisivo: la fe en Jesucristo no quedaba ligada a una identidad étnica, a un pueblo o a una tierra concreta.

Aquel concilio abrió el cristianismo a una dimensión universal. Dios no es solo el Dios de un pueblo, sino el Padre de todos. Jesucristo no murió y resucitó para unos pocos, sino para toda la humanidad. Así nace una Iglesia verdaderamente universal.

 

“El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante”

El evangelista Juan, el más místico y elevado de los cuatro —no en vano la tradición lo representa con el símbolo del águila, que vuela alto y penetra en las alturas del misterio— nos ofrece en este pasaje una de las claves más hondas de la espiritualidad cristiana: permanecer. No se trata solo de creer, ni solo de actuar, sino de permanecer.

“Yo soy la verdadera vid… permaneced en mí, y yo en vosotros”. La imagen es sencilla y profunda. El sarmiento no tiene vida en sí mismo; la recibe de la vid. Separado, se seca. Unido, da fruto. Permanecer no es un gesto puntual ni una emoción pasajera. Es fidelidad. Es empeñarse. Es buscar una y otra vez. Es continuar ahondando en la relación con Dios cuando todo parece rutinario o árido.

Permanecer es cuidar la oración cotidiana, aunque no siempre sea consoladora. Es acercarse con constancia a los sacramentos, especialmente a la Eucaristía y a la Reconciliación. Es ocuparse de las cosas de Dios para que Dios se ocupe de tus cosas. Es dejar que su Palabra permanezca en nosotros, moldeando criterios, decisiones y afectos.

Juan insiste: “sin mí no podéis hacer nada”. En una cultura que exalta la autosuficiencia, esta afirmación resulta provocadora. Pero permanecer en Cristo no anula la libertad, sino que la fecunda. El fruto abundante no nace del activismo, sino de la unión. El Padre, como labrador, poda lo que ya da fruto para que dé más. La poda duele, pero purifica.

Permanecer es aceptar también esa poda: las pruebas, las correcciones, los silencios de Dios. Es confiar en que la savia sigue circulando aunque no la veamos. Y entonces la promesa se cumple: “pedid lo que deseáis, y se realizará”. No porque imponemos nuestra voluntad, sino porque nuestro corazón, al permanecer, se va configurando con el suyo. Así damos fruto y glorificamos al Padre.

 

Fray Vicente Niño Orti O.P.Fray Vicente Niño Orti O.P.
Convento de Ntra. Sra. de Atocha (Madrid, España)
Dominicos.Org