Hoy se celebra a Cleto y Marcelino, Papas de tiempos distintos, pero unidos en el martirio

Hoy se celebra a Cleto y Marcelino, Papas de tiempos distintos, pero unidos en el martirio

Dos siglos de distancia, un mismo destino de gloria: la Iglesia celebra hoy a San Anacleto y San Marcelino. Entre el martirio y la entrega absoluta, el santoral recuerda a estos dos Papas que, en tiempos de pruebas extremas, mantuvieron encendida la llama de la fe que hoy sigue iluminando a nuestras comunidades.

 

Buenos Aires, domingo 26 abril (PR/26) — Cada 26 de abril, la Iglesia Católica celebra a dos santos que vivieron en tiempos diferentes -con dos siglos de distancia entre ellos-, pero que comparten el haber sido Primados de la Iglesia. Ellos son los papas San Anacleto y San Marcelino.

San Anacleto fue el tercer pontífice de la Iglesia, después de San Pedro y San Lino.

Al Papa Anacleto se le conoce también como “Cleto”, “Anacleto” o “Anencleto” (variaciones de su nombre en latín y en griego, causa de algunas confusiones).

Fue el apóstol San Pedro quien lo conoció, lo bautizó y lo ordenó sacerdote en Roma. Junto a Lino, Anacleto estuvo entre los principales discípulos del primer Papa y posteriormente fueron sus sucesores.

Papa Anacleto o Cleto

De acuerdo al Liber Pontificalis o “Libro de los papas”, “Cleto” ocupó la cátedra de San Pedro durante los imperios de Vespasiano y Tito. No se tiene certeza sobre si nació en Roma o en Atenas.

Como pontífice se ocupó de los necesitados reuniendo la limosna, alentó a los cristianos en medio de la persecución y ordenó un número importante  de sacerdotes.

El inicio de su pontificado se sitúa entre los años 76 y 80, mientras que el final del mismo suele determinarse entre el año 88 y el 92.

El nombre de “Cleto” aparece en el Canon Romano (Plegaria Eucarística I) de la Santa Misa, siendo este nombre el más común para referirse a este Pontífice. La tesis de que sufrió el martirio se ve fortalecida precisamente por ser parte de la selecta lista del Canon. Su cuerpo se conserva en la basílica de San Pedro en el Vaticano.

 

Papa Marcelino

Esta persecución -extremadamente violenta por la naturaleza de sus edictos- fue ejecutada a partir del año 303 por el augusto y coemperador Maximiano Herculio. El Papa San Marcelino murió al año siguiente (304), se cree que por causas naturales.

Sin embargo, la tradición lo cuenta entre los mártires aún cuando Marcelino no figura ni en el Martyrologium hieronymianum, ni en el Depositio episcoporum, ni en el Depositio martyrum, pero sí en el Liber Pontificalis -donde también es mencionado el Papa Cleto-. En ese documento se señala que sufrió el martirio en compañía de otros cristianos.

Su cuerpo fue sepultado en la Catacumba de Priscila en la Vía Salaria de la Ciudad Eterna.

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Si quieres saber más sobre San Anacleto (Cleto), te sugerimos el siguiente artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Papa_San_Cleto.

En la Enciclopedia también puedes encontrar más información sobre San Marcelino: https://ec.aciprensa.com/wiki/Papa_San_Marcelino.

 

Fuente: ACI Prensa

Primicias Rurales

 

Hoy celebramos a San Jorge, protector del Papado e intercesor en la lucha contra el mal

Hoy celebramos a San Jorge, protector del Papado e intercesor en la lucha contra el mal

La fama de San Jorge creció durante la Alta Edad Media y hoy sigue evocando, como antaño, importantes aspectos de la virtud cristiana, especialmente aquellos necesarios para enfrentar la lucha diaria contra el maligno como el valor y la fortaleza.

San Jorge fue un soldado romano convertido a la fe en Jesucristo que terminó siendo ejecutado en Nicomedia (capital de Bitinia, hoy Turquía) a causa de su fe. Se cree que fue decapitado, por lo que se le cuenta entre los mártires. Vivió aproximadamente entre los años 275/280 y 303.

Muchos se refieren a San Jorge como “el santo del Papa Francisco”, por la devoción que el Sumo Pontífice le profesa desde hace décadas. San Jorge es también Patrono de Armas de Caballería del Ejército de Argentina, país natal del Santo Padre.

Protector en la lucha contra el mal

San Jorge nació en Lydda, Palestina, la tierra de Jesús. Su padre fue un agricultor muy estimado. Ingresó al ejército imperial romano y, gracias a su carisma y capacidad de liderazgo, ascendió rápidamente en la milicia.

 

Cuando San Jorge tuvo noticia de este problema, buscó a la bestia, la enfrentó y la venció. Los lugareños, llenos de admiración por lo sucedido, vieron al soldado dar gracias a Dios e invocar el nombre de Jesucristo a quien ofreció la victoria, tras lo cual, muchos decidieron seguir su ejemplo y se hicieron cristianos.

La victoria final es de Jesucristo

Jorge desobedeció el mandato del emperador y declaró que nunca dejaría de amar y honrar a Jesús, su único Dios y Señor.

La negativa del santo produjo una violenta reacción del emperador, quien lo condenó a muerte. Jorge fue llevado al templo y puesto frente a los ídolos a ver si se arrepentía de su actitud y finalmente los adoraba. Sin embargo, San Jorge no dio un paso atrás.

Entonces el santo fue sometido al castigo. Mientras le daban de latigazos, empezó a recordar los azotes que recibió Jesús, y cómo el Señor nunca abrió la boca para proferir queja o insulto. Jorge aguantó cuanto pudo en completo silencio.

Las huellas del guerrero

 

 

A San Jorge se le representa generalmente montado en un caballo, con traje y armadura militar de estilo medieval, portando una palma, una lanza y un escudo.

También se le representa al lado de una bandera blanca marcada con una cruz roja, estampada de extremo a extremo -ícono de los cruzados-. A veces, esa bandera aparece tallada en su escudo. Estos detalles son una constante en cuadros, pinturas y esculturas.

Inglaterra tiene como estandarte la Bandera de San Jorge, símbolo de que el santo es patrono de la nación. También es patrono de los Boys Scouts; así como de los agricultores, arqueros, escultores, herreros, prisioneros, trabajadores circenses, montañeros, soldados, etc. entre otros numerosos patronazgos.

En muchos lugares se le venera como el protector de los animales domésticos.

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Si quieres saber más sobre San Jorge, te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Jorge.

Cada 17 de abril se conmemora a la Beata Mariana de Jesús, mística mercedaria y copatrona de Madrid

Cada 17 de abril se conmemora a la Beata Mariana de Jesús, mística mercedaria y copatrona de Madrid

Su vida estuvo inicialmente marcada por la incomprensión y la hostilidad de su familia, aunque también por los abundantes consuelos que Dios y la Virgen le alcanzaron. Suele decirse que al cumplir los 33 años, el mismo Jesús la ciñó con una corona espiritual de espinas, queriéndola hacer partícipe de su Pasión.

Tomada de la mano del Señor

María Ana de Jesús Navarro nació en Madrid en 1565, en el seno de una familia noble. Cuando tenía nueve años, murió su madre y, poco tiempo después, su padre se volvió a casar. Su madrastra, lamentablemente, resultó ser una mujer insensible y cruel.

El dolor que siente una niña que extraña a su madre suele ser muy grande, como difícil la relación que surge cuando una madrastra maltrata a una hija adoptiva. Ambas cosas impulsaron a Mariana a acogerse al Señor en busca de fuerza y consuelo. Tomada de la mano de Cristo, la joven fue descubriendo que el amor es más grande que todas las vicisitudes o miserias humanas. En el crisol de esa experiencia se sintió llamada por Dios a su servicio.

Consagrada a su Merced

Ningún esfuerzo de Mariana para librarse del arreglo pareció dar resultado. Ni siquiera el haberse rapado el cabello con el propósito de suscitar el rechazo del pretendiente.

Fue tal la ira de su padre y su esposa que un día arremetieron contra ella, la golpearon y la llenaron de insultos. Desde entonces no se sintió más a gusto con ellos. En 1598 dejó el hogar paterno de manera definitiva y emprendió un camino distinto, con dirección a la consagración religiosa. Gracias a Dios contó con la ayuda espiritual del reformador de los mercedarios, Fray Juan Bautista del Santísimo Sacramento.

La Beata Mariana entonces se apartó del mundo para encontrarse plenamente con Jesús. Comenzó a vivir como penitente en la ermita de Santa Bárbara, cerca al convento de los mercedarios descalzos. En su celda llegaría a dedicarse -por años- a la oración, la penitencia y la ayuda a los menesterosos. Posteriormente sería admitida en la Tercera Orden de la Merced y recibiría el hábito de terciaria. En 1614 hizo su profesión perpetua.

Para ese tiempo, Mariana empezó a experimentar éxtasis en la oración y a tener visiones particulares concedidas por Dios.

Una mujer con los dolores de la Pasión

Uno de los relatos más conocidos es el episodio en el que, estando en éxtasis, Jesús le pidió experimentar algo de su martirio; a lo que ella asintió, y pudo sentir en carne propia los dolores de la crucifixión. Mientras eso sucedía, sus compañeras vieron cómo ella, extendida sobre su lecho, estiraba las extremidades y se quedaba rígida por largo tiempo.

También se dice que Mariana pasaba horas conversando con la Virgen María sobre los misterios de la fe cristiana. Por este tipo de hechos y por su caridad a la vista de todos, Mariana se ganó varios sobrenombres de parte de sus coetáneos: «Tesoro de la ciudad», «Estrella de Madrid» y «Beata del Pueblo», le decían.

Estrella de Madrid

El 17 de abril de 1624, a los 59 años de edad, Mariana de Jesús partió a la Casa del Padre en el convento mercedario de Santa Bárbara, víctima de una enfermedad pulmonar.

En 1783, el Papa Pío VI la proclamó beata. Y, por petición de los madrileños, fue declarada copatrona de la ciudad junto a San Isidro Labrador.

Su cuerpo se mantiene incorrupto hasta hoy y suele ser expuesto el día de su fiesta, a pesar de que su rostro fue dañado cuando, luego de morir, le pusieron una mascarilla mortuoria de manera inadecuada.

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Fuente: Aciprensa

San Dionisio de Corinto: El obispo que unió a la Iglesia primitiva a través de sus cartas

San Dionisio de Corinto: El obispo que unió a la Iglesia primitiva a través de sus cartas

Cada 8 de abril, la Iglesia Católica conmemora a San Dionisio de Corinto, una de las figuras más influyentes del siglo II. Reconocido por su vasto conocimiento de las Sagradas Escrituras, Dionisio trascendió las fronteras de su diócesis en Grecia para convertirse en un pilar de unidad y ortodoxia entre sus hermanos obispos.

De acuerdo a los escritos de Eusebio de Cesarea, San Dionisio vivió durante buena parte del siglo II. No se conoce la fecha exacta de su nacimiento, pero se sabe que ya era un hombre maduro hacia el año 171, décimo primero del reinado del emperador romano Marco Aurelio. Dionisio vivió en la ciudad de Corinto, Grecia, llegando a ser obispo de aquella metrópoli, tal y como está registrado en el Martirologio Romano.

Dionisio poseía un admirable conocimiento de la Palabra de Dios, y no sólo se encargó de instruir y guiar a la comunidad eclesial de Corinto sino que veló por sus hermanos obispos de otras ciudades y provincias. Prueba de esto es su repertorio epistolar.

Dinamismo pastoral y trabajo epistolar

Eusebio de Cesarea, en su historia eclesiástica, enumera siete cartas escritas por San Dionisio a las iglesias de Lacedemonia, Atenas, Cnosos, Nicomedia, Gortina, Amastris y Roma. Solo de esta última se conservan algunos fragmentos.

Primero, está la carta dirigida a los lacedemonios, que versa sobre la necesidad de la ortodoxia (rectitud doctrinal) como requisito para vivir en paz y unidad. Luego, está la carta a los atenienses, que es un llamado a vivir la fe y a alejarse de la apostasía.

En tercer lugar, está la carta enviada al obispo de Cnosos, Pinito, en la que le hace recomendaciones para que no sea demasiado duro con sus hijos espirituales, quienes eran presa continua de los placeres carnales.

También está la carta a los nicodemos, una defensa de la cristiandad contra la herejía marcionita (marcionismo), que planteaba la ruptura entre las enseñanzas de Cristo y el Antiguo Testamento. La quinta carta fue dirigida al obispo Felipe de Gortina, elogiando su firmeza contra las corrientes heréticas.

La sexta, dirigida a los cristianos de Amastris, versa sobre el matrimonio, la continencia y el celibato, y da recomendaciones en torno al trato caritativo con los que habían caído en el pecado o el error doctrinal.

Fraternidad episcopal

Finalmente la séptima carta y, probablemente, la más importante de todas, está dirigida a Roma, al Papa Sotero (Pontífice del 166 al 175). Esta es la única misiva de la que se conservan algunos breves pasajes y que constituye un elogio al Sumo Pontífice. En ella Dionisio exhorta a los romanos a practicar la caridad y solidaridad con aquellas comunidades cristianas que más lo necesitaban.

A San Dionisio se le reconoce su gran aporte en develar los errores filosóficos, provenientes del paganismo, que dieron origen a las diferentes herejías aparecidas en los primeros siglos.

La tradición griega afirma que San Dionisio murió martirizado en 178 -algo posible si consideramos la hostilidad de Marco Aurelio hacia el cristianismo-; sin embargo, no hay certeza al respecto.

Si deseas saber más sobre San Dionisio, puedes leer este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Dionisio.

 

 

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Fuente: ACI Prensa

Hoy celebramos a San Isidoro de Sevilla, el que nos enseña a equilibrar oración y acción

Hoy celebramos a San Isidoro de Sevilla, el que nos enseña a equilibrar oración y acción

La Iglesia celebra a San Isidoro de Sevilla, último de los Padres antiguos y puente entre eras, quien destacó por su inmensa erudición y su enseñanza sobre el equilibrio entre la oración y la acción.
San Isidoro nació en Cartagena, Sevilla (España) en el año 556. Fue el menor de cuatro hermanos -también elevados a los altares-: San Leandro, San Fulgencio y Santa Florentina. En casa Isidoro aprendió el amor de familia, sellado por la presencia del Señor y donde rezar era algo cotidiano. También aprendió el valor de la buena disciplina -ayunos, trabajo manual, solidaridad- características que le dieron un cierto aire monástico al hogar.

Su hermano mayor, San Leandro, obispo de Sevilla, fue quien se encargó de su educación. Gracias a él, Isidoro adquirió una amplia y profunda formación intelectual, en la que se combinaron, bajo la ortodoxia, la tradición cristiana y la herencia grecolatina; además, claro está, de los buenos hábitos del estudio y la oración. Dios lo llamó, así, al sacerdocio.

Al morir Leandro, Isidoro ocupó el cargo de obispo de Sevilla, sirviendo a la Iglesia en esa jurisdicción eclesiástica por 38 años.

Vida activa y vida contemplativa en equilibrio

Una de las grandes dificultades que sufren muchos hombres de Dios es conciliar la vida del estudio y la meditación (contemplación), con la vida apostólica o del ejercicio de la caridad (acción). El Papa Emérito Benedicto XVI, en una de sus catequesis, recuerda las palabras de San Isidoro:

«Quienes tratan de lograr el descanso de la contemplación deben entrenarse antes en el estadio de la vida activa; así, liberados de los residuos del pecado, serán capaces de presentar el corazón puro que permite ver a Dios» (Differentiarum Lib. II, 34, 133: PL 83, col 91 A).

El Papa Emérito comenta a continuación: «Su realismo [el de San Isidoro] de auténtico pastor lo convenció del peligro que corren los fieles de limitarse a ser hombres de una sola dimensión. Por eso, añade: «El camino intermedio, compuesto por ambas formas de vida, resulta normalmente el más útil para resolver esas tensiones, que con frecuencia se agudizan si se elige un solo tipo de vida; en cambio, se suavizan mejor alternando las dos formas» (o.c., 134: ib., col 91 B)».

La búsqueda de este equilibrio fue motivación constante para San Isidoro. Por un lado, su amor a los pobres era inmenso, como quedó siempre patente a través de las ayudas que llegaban a sus manos, limosnas que conseguía y distribuía entre los necesitados. Por otro lado, se preocupó mucho de la formación del clero, y promovió la construcción de una escuela para preparar a los futuros sacerdotes -un anticipo de lo que siglos más tarde serían los seminarios-.

El último de los Padres antiguos

Decía San Ildefonso que «la facilidad de palabra era tan admirable en San Isidoro, que las multitudes acudían de todas partes a escucharle y todos quedaban maravillados de su sabiduría y del gran bien que se obtenía al oír sus enseñanzas».

San Isidoro fue la figura principal del Concilio de Toledo (año 633), del que surgieron los principios canónicos rectores de la Iglesia de España, y que contribuyeron fuertemente a la formación del país. Recordaba Benedicto XVI: “Pocos años después de su muerte, que tuvo lugar en el año 636, el concilio de Toledo, del año 653, lo definió: «Ilustre maestro de nuestra época y gloria de la Iglesia católica»”.

San Isidoro de Sevilla murió el 4 de abril del año 636, a los 80 años. Fue declarado Doctor de la Iglesia el 25 de abril de 1722 por el Papa Inocencio XIII.

Si deseas conocer más sobre este insigne santo, puedes revisar los siguientes artículos de la Enciclopedia Católica:

https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Isidoro_de_Sevilla_en_las_audiencias_de_Benedicto_XVI

Más información en el siguiente enlace: 

 

 

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Fuente: ACI Prensa