El sorgo argentino se posiciona como un negocio de alta rentabilidad impulsado por la fuerte demanda de China, la caída productiva de competidores clave y precios en alza.
Salto, provincia Buenos Aires, martes 29 septiembre (PR/26) — Los mercados internacionales abren una ventana histórica para el sorgo argentino. Con una fuerte demanda de China, caídas productivas en competidores claves como EE. UU. y Australia, precios en alza y el impacto de la chicharrita que reordena los planteos ganaderos en el norte, el cultivo se posiciona como un negocio de alta rentabilidad.
La campaña gruesa encuentra al sorgo argentino en un momento bisagra. Lejos de ser un cultivo secundario, tres variables estructurales se alinean hoy para diagramar una oportunidad económica única, donde la clave del éxito pasa por definir con precisión quirúrgica el híbrido a sembrar según el objetivo comercial.
Sorgo granífero: EE.UU. y Australia ante una caída histórica:
El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) informó un desplome mayor al 36 % en su cosecha de sorgo a causa de la sequía (incluso se espera que la caída sea mayor en cuanto avance la campaña). A este déficit se suma una menor oferta exportable por parte de Australia cuyo calculo de cosecha está en el orden del 28% menos. Estos porcentajes se traducen en más de 2 millones de toneladas menos de grano en el mercado internacional.
En la vereda de enfrente, China mantiene un apetito voraz, absorbiendo entre el 80 % y el 90 % del sorgo global. Ante este escenario, la gran pregunta para el productor no es si sembrar, sino qué material elegir para capturar los mejores márgenes.
Para conquistar el mercado de exportación, la distinción técnica es fundamental, especialmente en lo que respecta al contenido de granos y taninos. En este segmento, el portfolio de RAGT Semillas sobresale con dos opciones tecnológicas de vanguardia: TOB 63 T: Un híbrido con tecnología S-Protect, gran adaptabilidad y excelente rendimiento en grano con alto contenido de taninos; y TOB 1078 IG SFull: un material de máximo potencial que combina la genética de alto rinde con la tecnología igrowth, aportando tolerancia a herbicidas del grupo de las imidazolinonas y S-Protect, tolerancia a pulgón amarillo (Melanaphis sacchari).
Doble propósito y ganadería: una alternativa blindada en el norte
La amenaza latente de la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis) en el NOA y el Centro-Norte del país devolvió al sorgo al centro de la escena ganadera, al tratarse de un cultivo que no hospeda al vector.
El productor pecuario busca hoy flexibilidad y versatilidad: híbridos que respondan con eficiencia tanto al pastoreo directo como a la confección de reservas (silaje de planta entera). En el segmento de doble propósito, se destaca TOB 1074 IG, el único silero con doble tecnología del mercado. Ofrece un alto rendimiento en grano, destacada aptitud silera y un balance óptimo entre fibra y energía, ideal para sistemas ganaderos intensivos y eficientes.
Muy buenos precios y rindes que podrían duplicarse:
Más allá de la exportación, el sorgo demuestra día a día una gran superioridad económica a nivel local, en especial en planteos de zonas semiáridas. En cuanto a precios, hoy el sorgo supera los U$D 190 y la tendencia va en aumento.
En zonas de alto potencial, los rindes podrían duplicarse, gran parte del verdadero rinde se resigna por fallas en el manejo. Así lo advierte Federico Pisoni, Gerente Comercial y de Marketing de RAGT Argentina: «Hoy, por no considerar variables clave como la fecha de siembra, la densidad y el momento de cosecha, estamos perdiendo más del 70 % del rinde potencial. En áreas de alto potencial estamos logrando techos de 12.000 a 14.000 kilos, pero el promedio nacional sigue siendo bajo. Tenemos que duplicar ese rendimiento para consolidarnos como jugadores globales».
Sanidad asegurada: Como respaldo fundamental frente a las exigencias sanitarias actuales, todo el porfolio de materiales de RAGT incorpora la tecnología S-Protect, garantizando una sólida tolerancia frente al pulgón amarillo del sorgo, una herramienta ya indispensable para blindar el margen del productor.
La relación entre el precio de la hacienda y el valor de los principales insumos se mantiene en niveles favorables para la producción. La mayor disponibilidad de alimento impulsa recrías más largas, animales más pesados y una menor faena, mientras las exportaciones encuentran nuevas oportunidades en los mercados internacionales.
Por Ignacio Iriarte para Fifra
Buenos Aires, martes 22 de septiembre (PR/26) — La ganadería argentina atraviesa una etapa en la que, pese a la caída de los precios reales del ganado registrada durante los últimos seis meses, la ecuación productiva mantiene señales favorables.
El dato central no está solamente en cuánto vale el novillo, sino en cuánto alimento, pasto o tecnología productiva puede comprarse con ese kilo de carne.
En otras palabras, el novillo perdió valor frente a la inflación, pero conserva un poder de compra elevado frente a varios de los costos que enfrenta el productor. Esta relación ayuda a explicar buena parte de los cambios que se están observando en la producción y en la composición de la faena.
Más kilos de maíz por cada kilo de novillo
Uno de los indicadores más representativos es la relación entre el precio del novillo y el del maíz. Durante los últimos diez años, para agosto, esa relación promedió 10,9 kilos de maíz por cada kilo de novillo.
Actualmente, en cambio, un kilo de novillo permite adquirir alrededor de 16 kilos de maíz. Se trata de una relación considerablemente superior al promedio de la última década, aunque todavía por debajo del máximo de los últimos 25 años: en 2015, un kilo de novillo llegó a equivaler a 20 kilos de maíz.
La comparación permite dimensionar el cambio. El productor que vende un kilo de novillo necesita hoy una cantidad relativamente menor de kilos de carne para financiar una determinada cantidad de alimento.
Este fenómeno resulta particularmente importante para los sistemas de recría, terminación y feedlot, porque mejora la relación entre el valor del animal y el costo de agregarle kilos.
También baja el costo de producir forraje
La ventaja no se limita al maíz. Los costos de implantación y producción de recursos forrajeros también representan una menor cantidad de kilos de novillo que en años anteriores.
Una hectárea de pradera, que entre 2018 y 2025 tuvo en agosto un costo promedio equivalente a unos 234 kilos de novillo, actualmente demanda alrededor de 118 kilos. Es decir, aproximadamente la mitad.
Una tendencia similar aparece en los verdeos de invierno. El costo actual se ubica en torno a 74 kilos de novillo por hectárea, contra un promedio de 140 kilos en los últimos años.
En el caso del silaje de maíz —considerando implantación y confección—, el costo actual equivale a unos 440 kilos de novillo, frente a un promedio de 750 kilos para agosto durante los últimos ocho años.
Estos indicadores no significan necesariamente que los costos nominales hayan caído en todos los casos. Lo que muestran es otra cosa: medidos en kilos de hacienda, los recursos necesarios para producir carne se abarataron significativamente.
Una ecuación que incentiva a producir más kilos
La consecuencia de esta relación de precios empieza a verse en el comportamiento de los productores.
Con una alimentación relativamente barata respecto del valor del ganado, se vuelve más conveniente mantener los animales durante más tiempo, incrementar la recría, utilizar suplementación y prolongar la terminación antes de enviarlos a faena.
Esto ayuda a explicar un fenómeno particularmente visible durante este año: se faenan menos animales, pero cada animal aporta más kilos de carne.
Durante los primeros siete meses del año, la faena fue aproximadamente 10% inferior a la del mismo período del año pasado. La estimación para 2026 apunta a una faena cercana a 12,2 millones de cabezas, alrededor de 1,4 millones menos que en 2025.
Sin embargo, la caída de la producción de carne sería bastante menor.
Menos cabezas, pero más pesadas
El incremento del peso de faena funciona como un amortiguador frente a la menor cantidad de animales enviados a los frigoríficos.
En julio, el peso medio de la res alcanzó los 244 kilos, unos 12 kilos por encima del mismo mes de 2025 y 14 kilos más que en julio de 2024.
La explicación combina varios factores. Por un lado, la buena relación entre el precio de la carne y el costo de alimentación permite extender las recrías y las terminaciones. Por otro, se observa una mayor suplementación y una permanencia más prolongada de los animales en los corrales.
También cambió la composición de la faena: hay menos vacas y una mayor participación de novillos, y esa modificación también contribuye a elevar el peso promedio.
De esta manera, la producción de carne en 2026 se ubicaría alrededor de 2,9 millones de toneladas, una baja cercana al 7% respecto del año pasado. La diferencia entre esa caída y la disminución de la faena muestra el efecto que está teniendo el mayor peso de los animales.
La menor faena de hembras, un dato a seguir
Otro indicador relevante es la participación de las hembras en la faena.
En julio representaron el 44,3% del total, seis décimas por debajo del promedio de los últimos 25 años para ese mes. Para agosto, la estimación se ubica en 42,8%, el nivel más bajo de los últimos diez años para ese mes.
La menor participación de hembras merece especial atención porque puede asociarse con una mayor retención de vientres dentro del rodeo. Si esta tendencia se sostiene y se combina con una buena producción de terneros, podría contribuir a una recuperación futura de las existencias.
De todos modos, la proporción de hembras en la faena es sólo uno de los indicadores necesarios para determinar la evolución del stock ganadero. Para conocer el resultado final también deben considerarse los nacimientos, las pérdidas y los movimientos de animales.
El consumo interno se mantiene relativamente estable
Mientras la oferta de carne disminuye, el consumo interno no muestra una contracción de magnitud equivalente. La estimación para todo 2026 ubica la ingesta de carne vacuna en torno a 42-44 kilos por habitante.
En el mostrador, los valores se mantienen relativamente estables desde hace aproximadamente cuatro meses, con un promedio cercano a $19.500 por kilo, considerando los principales cortes.
La estabilidad de los precios minoristas constituye un elemento relevante en un contexto en el que la oferta total de carne vacuna es menor. El comportamiento futuro dependerá, entre otros factores, de la evolución de los ingresos de los consumidores, los precios relativos frente a otras carnes y la disponibilidad de hacienda.
El frente exportador vuelve a ganar protagonismo
El escenario internacional aparece como otro de los factores que pueden sostener la ecuación ganadera.
Para los últimos meses del año se observan buenas perspectivas en Europa y China. En el mercado europeo, las oportunidades estarían vinculadas con una menor participación de Brasil, mientras que en China incidiría el agotamiento de determinadas cuotas de Australia y Brasil.
Estados Unidos presenta un escenario diferente, con oportunidades pero también interrogantes. Entre ellos aparece el efecto que podría tener sobre Argentina la cuota adicional de 300.000 toneladas de carne picada anunciada por Donald Trump, así como la eventual renovación de la denominada «extra cuota» de 80.000 toneladas anuales que Argentina está aprovechando durante 2026.
Con este escenario, las exportaciones argentinas de carne vacuna podrían cerrar el año en torno a 940.000 toneladas.
Precios internacionales todavía elevados
El comportamiento de los valores de exportación también aporta una señal favorable. Los precios FOB registrados en julio fueron 28% superiores a los de igual mes del año pasado.
Aunque el mercado internacional atraviesa una etapa de corrección de los precios de la carne, la demanda esperada para septiembre-diciembre, especialmente desde China y Europa, podría contribuir a sostener los valores argentinos.
Esto es importante porque la rentabilidad de la cadena no depende exclusivamente del precio que recibe el productor por el kilo de novillo. También intervienen los costos de alimentación, la duración de la recría y terminación, el peso final del animal, el precio de los subproductos y las condiciones del mercado interno y externo.
Una ganadería que produce menos animales, pero más carne por cabeza
Los principales indicadores muestran, en conjunto, un cambio en la dinámica del negocio ganadero.
La menor faena refleja una menor disponibilidad de animales terminados, pero el aumento del peso promedio evita que la producción de carne caiga en la misma proporción. Al mismo tiempo, la favorable relación entre el precio del novillo y el costo de la alimentación genera incentivos para agregar más kilos antes de la venta.
El resultado es una ecuación que puede sintetizarse de manera sencilla: menos animales enviados a faena, más kilos por animal y una oferta de carne que cae menos que la cantidad de cabezas.
La evolución de los próximos meses dependerá de cuánto tiempo pueda sostenerse esta relación entre el precio de la hacienda y sus costos. Si el poder de compra del novillo continúa siendo elevado, el productor tendrá incentivos para seguir reteniendo animales y aumentar su peso.
Si, además, se mantienen las oportunidades de exportación y los precios internacionales, la cadena podría transitar hacia una etapa en la que la eficiencia productiva y los kilos producidos por animal tengan un papel cada vez más importante.
El cultivo de sorgo experimenta una importante ganancia genética de más de 70 kilos de grano por hectárea al año, pero los rindes a campo siguen relegados. De cara a la nueva campaña, el ajuste técnico, la rotación de suelos y su tolerancia a plagas posicionan al cereal como un pilar agronómico y ganadero clave para la Argentina.
Buenos Aires martes 8 septiembre (PR/26)– La ganancia genética del sorgo en Argentina viene creciendo a pasos agigantados, sumando más de 70 kilos de grano por hectárea cada año.
Este avance permitió alcanzar potenciales superiores a los 15.000 kilos por hectárea. Sin embargo, el promedio nacional apenas ronda los 3.500 kilos, cifra inferior a los 5.000 kilos alcanzados hace 15 años.
La explicación a este desfasaje responde a múltiples factores, situando al manejo agronómico en el centro de la escena. La histórica expansión del maíz y la soja desplazó al sorgo hacia ambientes de menor potencial.
A esa pérdida de superficie de calidad se sumaron menores niveles de inversión y fertilización. Por ello, capturar el verdadero techo productivo exige cuidar decisiones clave como las ventanas de siembra y la densidad de plantas.
Asimismo, resulta fundamental monitorear el carryover de herbicidas en el suelo y planificar con precisión la cosechadora. Evitar que el cultivo quede postergado al final de la siembra le permite expresar de lleno todo su potencial productivo.
El regreso del cereal como aliado ambiental y sanitario
La campaña 2026/27 abre una oportunidad inmejorable para dar el salto. Diversos productores están reincorporando el sorgo por su enorme contribución a la rotación de cultivos y al aporte de materia orgánica.
Su potente sistema radicular mejora sensiblemente la estructura del suelo y fortalece la sustentabilidad global. En el contexto actual de las cadenas de verano, se transforma en una herramienta estratégica indispensable.
Una de sus mayores fortalezas agronómicas es que no es hospedante de la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis), ofreciendo un esquema mucho más estable, diversificado y seguro.
A la par del grano comercial, el sorgo cobra un protagonismo decisivo en la producción ganadera. Los materiales destinados a forraje y silaje destacan por generar grandes volúmenes de biomasa de alta calidad.
Biotecnología e innovación al servicio del campo
Esta plasticidad le permite desplegar una gran adaptación ambiental en múltiples regiones del país. En simultáneo, el mercado se renueva con la incorporación constante de entre 65 y 70 nuevos híbridos cada año.
Entre los principales avances biotecnológicos sobresalen las tecnologías de tolerancia a herbicidas imidazolinonas, representadas en plataformas comerciales como iGrowth, Suron y Palladium.
También se han logrado progresos trascendentales en la resistencia al pulgón amarillo y notables mejoras en la digestibilidad de silajes mediante tecnologías como la nervadura marrón (materiales BMR).
El verdadero desafío para esta campaña 2026/27 pasa por consolidar esa genética de vanguardia en mayores márgenes de rentabilidad y valor agregado para todo el sistema agropecuario.
La confirmación de El Niño para los próximos meses aumenta la probabilidad de lluvias superiores a lo normal, especialmente en la cuenca del Plata. Ante este escenario, especialistas del Inta Rafaela destacan la importancia de anticiparse para tomar decisiones estratégicas para reducir el impacto.
Buenos Aires, lunes 3 de agosto (PR/26).- Aunque los pronósticos climáticos indican condiciones neutras durante el invierno, los modelos de mediano plazo anticipan una alta probabilidad de que, a partir de la primavera, se instale un evento Niño con precipitaciones superiores a lo normal. Para los sistemas lecheros, esta ventana de tiempo es clave para anticiparse con decisiones estratégicas para reducir el impacto.
Para Guillermo Cavallero, ingeniero agrónomo del Área de Desarrollo Rural del INTA Rafaela, la preparación anticipada será la principal herramienta para reducir el impacto de El Niño. “Las decisiones que tomemos hoy son las que van a permitir atravesar con mejores resultados el próximo otoño. Preparar la infraestructura, asegurar reservas y planificar el manejo del rodeo son inversiones que ayudan a disminuir los riesgos cuando llegan las lluvias”, reconoció.
En esta línea, se refirió al excedente de precipitaciones que registran en la región: “Entre enero y junio registramos 624 milímetros, cuando el promedio histórico para ese período es de 553 milímetros. Es una señal de que el sistema ya está muy cargado de agua”.
A su vez, el técnico recordó que, “además del incremento de las lluvias registrado en las últimas décadas, los modelos climáticos asignan una probabilidad superior al 80 % de la ocurrencia de un evento Niño hacia fines de este año. Eso nos obliga a pensar con tiempo cómo disminuir los riesgos para los sistemas productivos”, indicó.
Uno de los principales riesgos está asociado a las pasturas base alfalfa, que constituyen entre el 70 y el 80 % de la alimentación de muchos tambos de la región.
“El problema no lo vamos a ver necesariamente durante la primavera o el verano. El mayor impacto probablemente aparezca en marzo y abril del próximo año. Si las pasturas permanecen anegadas, las raíces sufren por falta de oxígeno, se pierde la planta y desaparece una parte importante de la oferta forrajera del sistema”, advirtió Cavallero.
La pérdida de estas pasturas no solo compromete la alimentación del rodeo, sino que también representa un importante costo económico debido a la necesidad de reimplantarlas.
Anticiparse para reducir riesgos
Para reducir los efectos del exceso de agua, Cavallero recomendó revisar la infraestructura del establecimiento antes de que lleguen las lluvias más intensas.
Entre las principales medidas se encuentran el abovedado de los callejones, el mantenimiento de cunetas, la sistematización del drenaje interno del campo y la revisión de corrales y patios de alimentación.
“Nuestros campos tienen pendientes muy bajas, por eso es fundamental ordenar el flujo del agua dentro del establecimiento. Los callejones pueden cumplir una doble función: permitir el tránsito de los animales y conducir el agua hacia los sectores de desagüe”, explicó Cavallero.
Asimismo, destacó la importancia de ubicar las bolsas de silo y los sectores de alimentación en lugares altos y de fácil acceso. “Conviene pensar estratégicamente dónde estarán las reservas durante el otoño, cuando las condiciones para ingresar con maquinaria pueden ser mucho más complicadas.”
Otra recomendación que brindan los especialistas del INTA es incrementar el volumen de reservas disponible para afrontar posibles pérdidas de pasturas.
“Todos trabajamos con un margen de seguridad, pero este año sería conveniente aumentarlo. Si normalmente planificamos una determinada superficie para silaje, probablemente sea momento de producir un poco más pensando en un eventual déficit forrajero”, señaló el investigador.
Cavallero recordó que durante los eventos Niño de 2015 y 2016 numerosos establecimientos debieron comprar alimentos de menor calidad y a costos elevados debido a la escasez de forraje.
“La reserva que hoy parece un costo adicional puede transformarse en la herramienta que permita sostener la producción cuando la oferta de pasto disminuya”, sentenció.
Asimismo, el profesional del INTA Rafaela también recomendó evaluar con anticipación la carga animal de cada establecimiento para disminuir la presión sobre el sistema, en caso de que las condiciones climáticas se compliquen.
“Trabajar con dos vacas por hectárea no es lo mismo que hacerlo con una carga menor cuando aparecen excesos hídricos. Si fuera necesario, habrá que analizar qué categorías conviene mantener y cuáles descartar para preservar el funcionamiento del sistema”, destacó Cavallero.
Por último, además de las acciones dentro de cada establecimiento, subrayó la necesidad de mantener en condiciones la infraestructura rural. “Es importante que caminos, alcantarillas, cunetas y canales funcionen correctamente para que el agua pueda evacuarse. Cuando ese sistema falla, el exceso hídrico permanece más tiempo dentro de los campos y aumentan los daños”, expresó.
Expertos del INTA evalúan en cinco localidades once híbridos en una región con suelos áridos; la gran cantidad de horas de luz durante el verano es un punto a favor del cereal
Corresponsal en Santa Cruz Mariela Arias
Ensayo de maíz en Río Gallegos, Santa CruzINTA Santa Cruz
EL CALAFATE, Santa Cruz, domingo 28 diciembre (PR/25) — ¿Cuál es la frontera agrícola del maíz hacia el sur del país?.
Esa es la pregunta que los expertos del INTA Santa Cruz buscan responder a partir de un ensayo que iniciaron en noviembre en cinco localidades de la provincia en el que evalúan once híbridos para determinar adaptación, rendimiento y potencial como alternativa productiva.
En esta latitud del planeta, que se caracteriza por los suelos áridos con fuertes vientos, hay una ventaja: la gran cantidad de horas de luz durante el verano -que es cuando transcurre el cultivo del maíz- permite más horas de fotosíntesis. A ello se suman pocas plagas y suelos con disponibilidad de agua en los valles.
Los ensayos buscan generar información local que aporte a la diversificación agrícola y al fortalecimiento de la ganadería mediante nuevas opciones forrajeras. Los resultados permitirán definir qué materiales se adaptan mejor a los ambientes patagónicos y hasta dónde se podrá estirar la frontera del maíz en el sur del país.
Un ensayo experimental de siembra de híbrido de maíz en Perito Moreno, Santa CruzINTA Santa Cruz
La Estación Experimental Agropecuaria Santa Cruz realiza los ensayos en Perito Moreno, Gobernador Gregores, Puerto Santa Cruz, Comandante Luis Piedrabuena y Río Gallegos donde apuntan a conocer el desarrollo y adaptación del cultivo, su comportamiento en distintos ambientes y la viabilidad para la producción.
“Hace unos años ya venimos probando cultivos pensando en apoyar a la ganadería; los forrajes naturales ya no alcanzan a cubrir la demanda y empezamos las pruebas en diferentes secciones e hicimos una evaluación con resultados que ya se han publicado”, detalló a LA NACIONSantiago Toledo, coordinador de investigación del INTA Santa Cruz, que desde la estación con sede en Río Gallegos se vincula con las agencias del interior de la provincia.
“En el congreso Maizar 2025 se aseguró que el potencial del maíz en la Patagonia es impresionante y ya en el 2024 habían hecho experiencias en Chubut y Río Negro con resultados alentadores y así surge, a partir de Luis Bertoia, de la Red Maizar, la inquietud por probar con híbridos en Santa Cruz”, agregó Toledo.
En el 2017 ya habían realizado una experiencia en Los Antiguos, pero no funcionó. En tanto, a partir de los híbridos de maíz que aportaron empresas ligadas a la Red Maizar y la francesa Laboulet, iniciaron en noviembre pasado los ensayos.
“El objetivo de trabajo es generar información local que permita determinar la viabilidad del cultivo de maíz como alternativa productiva. Se espera que las variedades evaluadas aporten a la diversificación de los sistemas productivos agrícolas y sean aprovechados por los sistemas ganaderos, ya sea como una alternativa de oferta forrajera de planta entera, para su silajes y/o uso en suplementación”, detallaron desde el INTA Santa Cruz a través de un comunicado al presentar los primeros avances de los ensayos.
“Consideramos fundamental empezar a trabajar con el cultivo en la zona, si bien se realizaron evaluaciones en el pasado, actualmente estamos estudiando nuevos desarrollos de híbridos de maíz de distintas empresas semilleras que pusieron a disposición materiales que, por sus características, (maíces de ciclos productivos más cortos) son prometedoras para la provincia, especialmente en nuestras zonas frías, donde el riesgo por heladas condiciona el crecimiento del cultivo”, detalló Toledo, ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional del Nordeste. Este año se estudian siete híbridos.
Ensayo experimental en Gobernador Gregores, Santa CruzINTA Santa Cruz
Por otro lado, se evalúan materiales probados en el hemisferio norte, desarrollados para ambiente fríos que fueron aportados por la empresa francesa, con la que se ensayan cuatro materiales.
“Es importante remarcar, que la ganadería extensiva — principalmente ovina y, en menor medida, bovina — domina gran parte del territorio santacruceño. Sin embargo, la baja oferta forrajera de los pastizales naturales está limitando el aumento de la mejora productiva, sumado a otros factores que atentan contra los sistemas ganaderos de la región”, explicaron desde el INTA Santa Cruz.
En este contexto, el maíz aparece como un cultivo estratégico por su aporte potencial de energía, proteína y fibra, ya sea mediante la producción de granos o planta entera para silaje, pensando en reducir costos de nutrición animal de la ganadería y cubrir un bache de oferta forrajera en otoño e invierno.
La experiencia, como se mencionó, se iniciaron en noviembre pasado en parcelas experimentales en cinco localidades. Cada sitio presenta características agroclimáticas y edáficas contrastantes, con riesgos de heladas tardías y tempranas que podrían afectar el ciclo del cultivo. “La selección se basó en la experiencia entre Chubut y Río Negro, basándonos en su adaptación y en su ciclo productivo, que va asociado al tiempo de siembra y cosecha; se busca que sean especies de ciclos más bien corto, de la siembra a cosecha”, detalló Toledo.
Ensayo experimental de siembre de híbridos en Perito Moreno, Santa CruzINTA Santa Cruz
“Estos híbridos se hicieron en valles de Chubut y Río Negro, donde no hay tanto viento. ¿Cuál es el valor de resistencia al vuelco, que se pueda doblar sin quebrarse. Calculamos porcentajes, para ver cuántas plantas soportan. Si todas las plantas están con vuelcos con rotura o cuantas pueden resistir los fuertes vientos de la región”, explicó.
Para ello se sembró a mediados de noviembre: antes no se puede hacer por las heladas de la zona. En tanto, el plazo para el cultivo concluye con la primera helada del año que viene, es decir un período de entre 120 y 150 días. “Apuntamos a los híbridos de 120 días, para tratar de cosechar a finales de febrero, queremos evaluar rendimientos, para ello se hace el corte por metro cuadrado para poder estimar el rinde del cultivo. Las primeras heladas serán las que le pongan punto final al ciclo del cultivo, ese va a ser el límite. Es la incógnita que tenemos por eso será muy importante la información que obtengamos”, detalló el ingeniero agrónomo.
A la par de la propuesta de Maizar — que actúa como nexo para la provisión de semillas por parte de semilleras- llegó al INTA el interés de la empresa francesa Laboulet para hacer pruebas con sus semillas en la Patagonia sur. “Estamos trabajando en dos sitios, en Perito Moreno y en Puerto Deseado. Ellos nos traen descripciones de los maíces y nos dan la experiencia, que han hecho pruebas en Finlandia y en Rusia con condiciones similares a las nuestras. En esos lugares lograron desarrollo de cultivos a razón de menos de 100 días, donde toleran hasta 6 grados bajo cero”, explicaron desde el INTA.
Este ensayo representa un paso clave para responder a la pregunta sobre cuál es la frontera agrícola del maíz hacia el sur del país. La experiencia es coordinada por el INTA Santa Cruz a través de las agencias de extensión rural Perito Moreno, Puerto Deseado y Gobernador Gregores. Desde INTA se aporta infraestructura, logística, equipamiento agrícola, manejo de parcelas, protocolos técnicos, el monitoreo permanente del cultivo, todo esto junto a la colaboración de instituciones como el CAP [Consejo Agrario Provincial], Fomicruz y la Municipalidad de Perito Moreno.
“En Gobernador Gregores la siembra viene funcionando bien en estos casi 30 días de sembrado y buen desarrollo, lo mismo para Perito Moreno. Hay lugares prometedores. Creo que Gregores podría ser un sitio de siembra”, se esperanzó el agrónomo, en referencia a la localidad ubicada en el centro de la provincia que cuenta con un prometedor valle fértil. Aún cuando no todos los híbridos prosperen, consideran que los resultados servirán para seguir indagando qué otras semillas podrían adaptarse al riguroso clima patagónico.