Ser madre hoy no significa solamente traer un hijo al mundo. Significa aceptar el desafío de acompañar a una persona mientras descubre quién es, sabiendo que no podremos controlar todo lo que le suceda, pero que podemos darle raíces para sostenerse y alas para volar.

 

 

 

 

Buenos Aires, domingo 18 de octubre (PR/26) — En la madre de hoy veo a alguien que puede estar dispuesta a amar sin conocer todavía el rostro de quien amará.

Veo la posibilidad de una mujer que acepta aprender un lenguaje nuevo, descubrir necesidades que aún no comprende y desarrollar una paciencia que quizás no sabía que tenía.

Veo a alguien que puede sentir miedo por el futuro y, al mismo tiempo, conservar la esperanza. Que puede querer proteger y tener que aprender a soltar. Que puede equivocarse, pedir perdón y volver a intentarlo.

Veo la oportunidad de transformar su propia historia: conservar lo bueno que recibió, cuestionar lo que le hizo daño y procurar ofrecer algo mejor.

Veo una forma de generosidad que no debería confundirse con sacrificio obligatorio; una forma de fortaleza que no necesita ocultar la vulnerabilidad y una forma de amor que puede ser inmensa sin exigir que una mujer deje de ser ella misma.

Y veo, sobre todo, una decisión que merece respeto porque es profundamente personal.

Ser madre hoy no hace automáticamente a una mujer más valiosa, más buena ni más completa que una mujer que no lo es. Pero decidir serlo, con conciencia, libertad y disposición para cuidar a otra persona, puede ser una de las experiencias más profundas de amor, aprendizaje y responsabilidad que alguien elija vivir.

Porque, al final, la grandeza de una madre no está en cuánto no se anula por su hijo, sino en cuánto amor, seguridad, libertad y humanidad consigue ayudarlo a desarrollar.

Y quizás la imagen más hermosa de la maternidad sea ésta: darle a alguien raíces para que sepa de dónde viene, brazos para que sepa que no está solo y libertad para que algún día pueda ir hacia donde quiera.

 

 

Primicias Rurales

Por Pedro A. Lobos, director de PR

Lo que queda después de la pulverización: una alerta que Argentina no debería ignorar, por Ing. Agr. Pedro A. Lobos (traducido al inglés)