Científicos del Instituto de Botánica de Kunming hallaron en los densos bosques de Yunnan un hongo extraordinario con un genoma inédito, cuyo origen evolutivo se remonta a la extinción masiva de hace 65 millones de años.
Buenos Aires, domingo 25 octubre (PR/26)– Las fascinantes y complejas capacidades de los hongos continúan fascinando a la comunidad científica global. Desde sus aplicaciones médicas y biomédicas hasta su potencial para actuar como verdaderos chips semiconductores, el fascinante reino fungi ofrece un campo de estudio en constante expansión que no deja de sorprender a los expertos.
Cada año, múltiples expediciones científicas se adentran en las regiones más recónditas del planeta para explorar bosques cuya difícil orografía y vegetación representan un reto impresionante. Sin embargo, cuando estos esfuerzos rinden frutos, emergen hallazgos capaces de revelar profundas conexiones históricas de hace 65 millones de años.

Un claro ejemplo es la reciente iniciativa impulsada por especialistas del Instituto de Botánica de Kunming en territorio chino. El equipo se adentró a investigar los vibrantes ecosistemas de la selva tropical cercana a Nanganb, en la provincia oriental de Yunnan, caracterizada por sus hermosos bosques templados de coníferas.
Allí lograron descubrir una especie de dimensiones colosales que asombró por completo a los investigadores, quienes decidieron bautizarla como Dianjunus rex. Los detalles técnicos y conclusiones de este asombroso hallazgo fueron publicados recientemente en la prestigiosa revista especializada Frontiers in Fungal Biology.
Conocido cariñosamente entre el equipo como D-rex, este espécimen presenta estructuras fructíferas que alcanzan los 50 centímetros de altura y un peso cercano a los 2,2 kilogramos. Se trata, sin duda alguna, de las estructuras reproductoras más voluminosas jamás documentadas dentro de su grupo taxonómico.
Esta impresionante corpulencia le otorga una ventaja competitiva determinante para prosperar en entornos donde la densa vegetación a ras de suelo dificulta enormemente la dispersión de esporas. Su porte erguido y sus dimensiones gigantescas le permiten elevarse por encima de los obstáculos y aprovechar al máximo las corrientes de viento.
El propio doctor Indunil C. Senanayake, autor principal del trabajo de investigación, explicó que un cuerpo fructífero capaz de alzarse sobre la hojarasca optimiza de manera notable la propagación de esporas en un bosque denso, aunque demande una inversión energética sustancial que solo evoluciona cuando los beneficios ecológicos superan los costos.
Tras la cuidadosa recolección de muestras en el terreno, los científicos trasladaron los especímenes al laboratorio para realizar análisis exhaustivos. Mediante la secuenciación completa de su genoma y rigurosos exámenes morfológicos, determinaron que se trataba de una estructura biológica completamente inédita.
Los resultados mostraron que no solo se enfrentaban a una nueva especie y género, sino que las diferencias eran tan marcadas que justificaban crear una familia taxonómica totalmente nueva: Dianjunaceae. Este logro científico resalta la inmensa y oculta biodiversidad de hongos que resguardan los bosques asiáticos.
Para determinar el origen cronológico de este organismo, el equipo empleó técnicas de reloj molecular comparando su ADN con el de cientos de especies de edades conocidas. El estudio reveló que la familia surgió hace aproximadamente 65 millones de años, justo tras la gran extinción del Cretácico-Paleógeno.
Su imponente tamaño frente a sus parientes más cercanos y su ubicación geográfica cercana al antiguo reino de Dian sirvieron para otorgarle una denominación que consagra su carácter excepcional dentro del reino fungi, consolidándolo como una de las sorpresas biológicas más fascinantes del ecosistema actual.



















