Serán importantísimas las primeras señales que emita el presidente reelecto, Lula, para comenzar a bosquejar los escenarios económicos de Brasil de cara a 2027 y los años subsiguientes.
Buenos Aires, martes 27 octubre (PR/26) — Escenarios económicos y desaceleración del crecimiento. Serán importantísimas las primeras señales que emita el presidente reelecto, Lula, para comenzar a bosquejar los escenarios económicos de Brasil de cara a 2027 y los años subsiguientes.
Entre 2021 y 2025, el PIB creció a un ritmo promedio de 3,3% anual, pero este año esa dinámica comenzó a frenarse y, de no haber cambios de política, la proyección de consenso para 2027 se ubica en torno al 1,3%.
Este es uno de los tantos síntomas de agotamiento del modelo económico del último tiempo, basado en la expansión del gasto público, que ha llevado las tasas de interés a niveles prohibitivos para el sector privado y ha generado un círculo vicioso en las cuentas estatales, con un déficit de 9,4% del PIB cuando se incluye el costo financiero de la deuda.

El escenario político y el peso del mercado electoral
A su vez, la notable remontada del presidente electo entre la primera y la segunda vuelta no debería opacar la peculiaridad que habrá de tener el cuarto mandato de Lula: con solo 4 gobernadores del PT, confinados en la zona menos desarrollada del país, el “centrao” y la derecha canalizan los votos de las regiones pujantes de Brasil, donde tiene mayor preponderancia una agenda “pro-mercado”.
Como resultado de la primera vuelta, una importante mayoría de gobernadores y legisladores responde a un “mercado electoral” para el cual es urgente e importante resolver problemas como la elevada presión tributaria, el exceso de regulaciones sobre los emprendedores y el costo de los créditos.
Se necesita mucho pragmatismo para sintetizar esas dos grandes fuerzas cuando, además, la cuestión institucional puede complicarse por la creciente injerencia del Ejecutivo sobre el Poder Judicial.
La reacción inicial de los mercados este lunes no fue optimista al respecto, pero llevará un tiempo decantar conclusiones firmes.
La reacción de los mercados y la crisis fiscal asintomática
Las apuestas financieras previas al domingo 25 configuraban un plano inclinado, con expectativas bajistas para las tasas de interés y, posiblemente, un apalancamiento excesivo en determinados nichos de mercado.
Digerir el resultado electoral, por ende, puede estar requiriendo un sobreajuste del mercado.
El 26 de junio pasado publicamos “El problema de Brasil; estar incubando una crisis fiscal asintomática”, artículo que describía el riesgo de un verdadero círculo vicioso, porque “si persiste el statu quo en las reglas por las que se indexan las principales partidas presupuestarias, el déficit primario del sector público podría pasar de 0,5 a 3,0 puntos del PIB en 10 años, de acuerdo a un reciente estudio del respetado Centro de Debate de Políticas Públicas (CDPP)”.
Y, sin romper la inercia ascendente del gasto público, “la falta de credibilidad fiscal impediría bajar las elevadísimas tasas de interés con las que se refinancia la deuda pública”.
Agotamiento de los motores de crecimiento y productividad
Se agregaba en el citado artículo que “la gestación de esta crisis, por su carácter ‘asintomático’, hace que Lula tenga posibilidades ciertas de un nuevo mandato”, pero que, en ese escenario (convalidado ayer por las urnas), de todos modos no podría ignorarse que la productividad de la economía se ha estancado en el último quinquenio y que los motores que habían impulsado el crecimiento mostraban signos claros de agotamiento:
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Queda poca capacidad ociosa en el mercado laboral, con una tasa de desempleo que cayó de 9,5% en 2022 a 5,5% en los últimos datos.
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El consumo fue potenciado por la expansión del crédito, pero la carga financiera de la deuda ha subido hasta el equivalente al 30% de los ingresos de las familias, y la mora llega ahora al 8% en ese segmento de préstamos.
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El gasto público se ha expandido, focalizado en erogaciones corrientes y con una mínima participación de la inversión, uno de los factores explicativos del estancamiento de la productividad.
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Si Lula, en su cuarta gestión, no logra acuerdos con el Congreso para desindexar el gasto público y recuperar credibilidad fiscal, con el nivel actual de las tasas de interés la deuda pública alcanzaría el equivalente al 105% del PIB hacia 2030, una trayectoria que, en el camino, tendría efectos demoledores sobre los proyectos de inversión del sector privado.
Los desafíos presupuestarios y las negociaciones en el Congreso
El escepticismo de los mercados “el día después” de los resultados del 25 de octubre tiene que ver no solo con la falta de señales acerca de cómo habrán de abordarse estos desafíos, sino también con el hecho de que, en el fragor de la campaña electoral, el gobierno anunció una serie de medidas que, en la práctica, están incrementando el déficit fiscal.
Encauzar las cuentas fiscales no es una tarea imposible, pero solo puede lograrse a partir de políticas de Estado.
El requisito de 3/5 de los votos en ambas cámaras para aprobar los PEC (Propuestas de Enmienda de la Constitución) exige esa condición, y esto podría materializarse si el Ejecutivo toma la iniciativa y negocia con los legisladores del “centrao” y de la derecha, que después de estos comicios cuentan con el número suficiente.
Las heridas de la campaña electoral posiblemente dificulten un “gran acuerdo” en el Congreso, por lo que podría darse un escenario de negociaciones “caso por caso”, que no es el óptimo para encarar reformas estructurales.
Medidas fiscales estructurales y la dinámica demográfica
El grueso de las medidas que podrían ser eficaces para resolver el problema fiscal son “políticamente incorrectas”.
Entre ellas se cuentan la desvinculación de las actualizaciones de los trabajadores activos (salario mínimo) de las del segmento pasivo, la remoción del mecanismo de preasignación de partidas presupuestarias en función de la marcha de la recaudación, el acotamiento de los beneficios fiscales de la Zona Franca de Manaos y también una nueva reforma jubilatoria.
Los últimos datos indican que las personas de 60 años o más ya representan el 15,6% de la población, porcentaje que apunta a duplicarse en 30 años, mientras que los jóvenes de entre 15 y 24 años representan el 14,8% del total.
Entre las pocas señales que pueden decodificarse del oficialismo en función de la reducción del déficit fiscal se encuentran, por el momento, medidas destinadas a reducir los beneficios de los profesionales liberales, que pagan menos por sus ganancias en relación con los trabajadores asalariados.
En el plano del costo financiero de la deuda pública, el gobierno reelecto de Lula muy probablemente intensificaría las emisiones de bonos en el mercado global (para moderar la presión de los vencimientos de deuda doméstica), aprovechando un riesgo país todavía relativamente reducido y el hecho de que la deuda externa de Brasil alcanza a solo el 10% del PIB.
Son paliativos que, de todos modos, no impedirían que la deuda pública total siga escalando en términos del PIB.
Proyecciones de deuda pública y el nuevo gabinete
De acuerdo con las estimaciones del Centro de Debate de Políticas Públicas, para estabilizar la deuda pública en torno al 80% del PIB en el mediano y largo plazo, se requiere un movimiento combinado de baja del costo financiero de los pasivos y mejora sustancial del resultado primario del sector público.
Desde el punto de vista de la macroeconomía, el disparador de esa trayectoria debería ser el ajuste del gasto en términos del PIB, con una meta no menor, del orden de los 3 puntos del PIB, a alcanzar en un proceso de varios años.
De allí la importancia de las primeras señales de Lula respecto del sesgo que adquirirá su cuarto mandato, lo que incluye el perfil del futuro ministro de Hacienda y la designación de quienes estarán al comando del Senado y de la Cámara, claves para definir si habrá de existir colaboración o confrontación entre el Ejecutivo y el Congreso.
Las repercusiones directas sobre la economía argentina
Mientras esta transición se define, no cabe esperar que la devaluación del real de esta semana se retrotraiga rápidamente, que la recuperación de las cotizaciones bursátiles sea un mero trámite ni que las tasas de interés en Brasil puedan comenzar a bajar.
Así, el canal de impacto sobre la Argentina se estará dando tanto en el plano financiero como en el sector real de la economía.
Un “real barato” en términos de pesos no es la mejor noticia para las industrias manufactureras y los servicios turísticos, al tiempo que un enfriamiento adicional del nivel de actividad en el vecino país es relevante para la dinámica exportadora de provincias como Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Tucumán y Córdoba.
De acuerdo con lo estimado por el investigador Jorge Day, de IERAL, entre el 17% y el 27% de las exportaciones de esas provincias tienen a Brasil como destinatario.
Por lo tanto, como última paradoja, sus gobernadores deberían ser los primeros interesados en que Lula empiece a resolver el problema del agotamiento del modelo económico de Brasil.

Jorge Vasconcelos
Coordinador General de Revista Novedades.

















