A pesar de que la producción nacional y las exportaciones lácteas mostraron subas significativas en el último año, el valor pagado al productor quedó aplastado por la inflación y pierde peso en el precio final.

 

 

 

Buenos Aires martes 20 octubre(PR/26)– La lechería argentina volvió a encender las luces de alarma al quedar nuevamente en rojo dentro del Semáforo de Economías Regionales elaborado por Coninagro para agosto de 2026. Aunque las vacas producen más y los embarques al exterior crecen, los números del tambero sufren por el severo atraso del precio del litro de leche.

Durante agosto de 2026, el valor oficial pagado en la tranquera del tambo alcanzó los $523,5 por litro, marcando un escaso ajuste mensual del 1,5%. Si se evalúa la evolución interanual, la suba llegó apenas al 13%, una cifra que palidece dramáticamente frente a la inflación del 33,5% registrada en el mismo período de análisis.

 

 

Esta brecha destructiva confirma el continuo deterioro que padece el poder de compra de los productores agropecuarios en todo el país. Para colmo, la participación del tambero en el valor de góndola cayó al 23% del precio final, ubicándose cinco puntos por debajo del promedio histórico del 28% para dicho mes.

 

Régimen de producción en alta y excelente nivel de exportaciones

 

A pesar del complicado contexto económico, los tambos mostraron un dinamismo técnico destacable. El stock bovino en los establecimientos ascendió a 3 millones de cabezas, registrando un salto interanual del 5%. En tanto, la producción acumulada de los últimos doce meses trepó hasta rozar los 11.940 millones de litros de leche.

El mercado interno respondió de manera sólida alcanzando un consumo de 193 litros por habitante al año, lo que implica una mejora del 4% respecto al ciclo previo. Por su parte, las exportaciones lácteas mostraron un desempeño estelar al sumar US$ 1.993 millones, reflejando un avance del 15% interanual.

 

 

Paralelamente, las compras al exterior o importaciones lácteas totalizaron apenas US$ 30 millones, experimentando una variación ascendente del 14%. No obstante, todo este imponente despliegue operativo no logra trasladarse en rentabilidad real para el eslabón primario de la cadena productiva.

 

Una crisis estructural que aplaza al tambo desde hace años

 

La persistencia de la actividad tambera en la zona roja no constituye un hecho fortuito ni coyuntural. Según las estadísticas del Semáforo de Coninagro, la lechería acumuló indicadores críticos en el 65% de los meses medidos a lo largo de más de ocho años, siendo solo superada en vulnerabilidad por la vitivinicultura.

Esta dramática disparidad pone en evidencia la desconexión existente entre la eficiencia operativa del sector y la ganancia efectiva en la tranquera. El desafío urgente de la industria radica en lograr que este crecimiento productivo se traduzca de una vez por todas en mejores condiciones económicas para los productores.

 

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Fuente: www.todolecheria.com.ar