Desde la liberación del mercado cambiario las compras privadas superaron los 57.000 millones de dólares, una cifra que cuadruplica el récord histórico del superávit energético y enciende las alarmas de cara al próximo año electoral.

 

 

 

Buenos Aires martes 20 octubre(PR/26)– Desde que el Gobierno dispuso levantar la restricción para la compra de dólares, la demanda de divisas se elevó por encima de los US$ 57.000 millones en agosto, un monto verdaderamente impactante que significó más de cuatro veces el superávit energético de ese mismo período.

La administración central liberó la adquisición de billetes para las personas humanas a partir de abril de 2025. El fin de esa restricción se tradujo de inmediato en una demanda exponencial de la población, que buscó masivamente la divisa estadounidense como histórico refugio de valor.

En las economías emergentes, la moneda extranjera suele funcionar como el principal resguardo ante la incertidumbre y la volatilidad financiera, un fenómeno de cobertura que volvió a reactivarse con singular fuerza en cada rincón del mercado local.

Durante el mes de agosto, la salida neta de billetes y divisas en el sector privado no financiero rozó los US$ 2.600 millones, dejando un mapa muy claro sobre la distribución de esos fondos en el sistema.

 

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De ese total, se estima que unos US$ 1.100 millones quedaron depositados en bancos locales, mientras que unos US$ 700 millones fueron destinados directamente a la adquisición de activos externos.

Al mismo tiempo, otros US$ 900 millones se utilizaron para cancelar consumos y gastos con tarjeta en el exterior, impulsados principalmente por el turismo internacional y la cancelación de importaciones.

 

Un contraste evidente con el motor energético

 

De acuerdo con el último informe elaborado por la Fundación Libertad, entre abril de 2025 y agosto de este año las compras netas de billetes alcanzaron los US$ 57.471 millones, reflejando una presión constante sobre el mercado.

Esta cifra equivale a cuadruplicar el impresionante superávit alcanzado por el sector energético en ese mismo lapso de tiempo, el cual sumó la cifra de US$ 13.552 millones.

Desde la salida del cepo cambiario, el pico más alto de cobertura se registró en septiembre de 2025, cuando las compras privadas tocaron un techo cercano a los US$ 7.000 millones en un solo mes.

A partir de aquel momento, la demanda aflojó hasta posicionarse en una media de US$ 3.000 millones mensuales con oscilaciones normales, cerrando el mes de agosto con una adquisición neta de US$ 3.336 millones.

 

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Por el lado de la energía, el balance muestra un crecimiento sin precedentes, acumulando un superávit de US$ 11.071 millones en los últimos doce meses y marcando un nuevo récord histórico para la industria.

Para entender el tamaño del salto estructural: a diciembre de 2023 este saldo era casi nulo con apenas US$ 41 millones, mientras que en agosto de 2024 escaló a US$ 4.226 millones y en 2025 rozó los US$ 7.200 millones.

En solo ocho meses transcurridos de 2026, el sector energético acumuló US$ 7.834 millones de superávit, igualando prácticamente en dos tercios de año todo lo conseguido a lo largo del año 2025 (US$ 7.829 millones).

La encrucijada de las reservas y el horizonte electoral

 

La producción energética ya representa casi la mitad del superávit comercial argentino: sobre los US$ 24.460 millones de saldo de bienes en 12 meses, el 45,3% corresponde de forma directa a la energía.

Sin embargo, la incesante masa de divisas solicitada por los particulares introduce una inevitable tensión sobre la tesorería y el esquema de reservas del Banco Central (BCRA).

En el balance cambiario reciente, la cuenta corriente anotó un saldo favorable de US$ 806 millones en agosto, encadenando su quinto mes consecutivo en terreno positivo para las cuentas del país.

Pese a este buen dato comercial, la cuenta financiera registró un saldo deficitario de US$ 1.061 millones, encendiendo las luces de advertencia en las oficinas analíticas del sector económico.

“La pregunta de fondo sigue siendo si el superávit corriente alcanza para cubrir esa demanda de cobertura sin que el BCRA resigne compras”, advierten con preocupación desde la Fundación Libertad.

 

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El impacto real de esta persistente dolarización comenzará a sentirse con mayor fuerza a medida que avance el calendario hacia las decisivas elecciones presidenciales.

Si bien desde el Palacio de Hacienda sostienen que el año 2027 será un año atípico, la tradicional costumbre argentina de buscar cobertura cambiaria amenaza con condicionar la estrategia financiera oficial.

Esta continua búsqueda de refugio privado amenaza, en definitiva, con erosionar parte de la preciada bazuca de dólares con la que el equipo económico prevé garantizar la estabilidad macroeconómica.

 

 

 

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Fuente: Agencia NA