Con más de 2000 especies, seis senderos y reconocimiento mundial como sitio Ramsar, la Reserva Ecológica Costanera Sur es el mayor espacio verde porteño y una de las reservas más importantes de la región, a metros de Puerto Madero.
Buenos Aires martes 29 septiembre (PR/26)– Con sus 350 hectáreas, la Reserva Ecológica Costanera Sur es el mayor espacio verde de la Ciudad de Buenos Aires y una de las reservas más importantes de la región. Es también uno de los paseos preferidos para caminar, andar en bicicleta, trotar, hacer senderismo o pasar el día en familia durante el fin de semana.
Bosques, pastizales, lagunas y bañados forman un espacio único y una propuesta inigualable para conocer la flora y fauna nativas en plena ciudad. Tan valioso es este ecosistema que en 2005 fue declarado sitio Ramsar por su importancia mundial como humedal.
Un recorrido pensado para que todos lo disfruten
Desde 2023, las nuevas pasarelas interpretativas se extienden sobre los antiguos senderos peatonales. Garantizan un recorrido seguro y crean un ambiente propicio para que visitantes de edad avanzada, personas con discapacidad y niños puedan disfrutar de la reserva.
Parte de una gran ruta verde
La Reserva forma parte de la Ecoruta del Río de la Plata, un circuito de más de 100 kilómetros que conecta los espacios verdes y áreas protegidas del AMBA y alrededores. Entre ellos se destacan la Reserva de la Biósfera Delta del Río Paraná, el Parque Nacional Ciervo de los Pantanos y la Reserva Natural Municipal del Pilar.
Más de 2000 especies y un valioso entorno patrimonial
Como si le hiciera falta algún plus, sus seis senderos permiten conocer más de 2000 especies: plantas, animales, hongos, insectos, tortugas, lagartos y coipos. A eso se suma su valor patrimonial. Ubicada a metros de Puerto Madero y muy cerca del casco histórico, la reserva está circundada por obras artísticas y arquitectónicas emblemáticas.
Un paraíso para el avistaje de aves
Párrafo aparte merece el avistaje de aves. Especialistas de todo el mundo se acercan a la Reserva Ecológica para contemplar las más de 343 especies que vuelan su cielo. En apenas dos horas, se pueden avistar al menos 50 distintas.
Un reconocimiento histórico y un imperdible
En 1986, la Reserva Ecológica Costanera Sur fue declarada Parque Natural y Zona de Reserva, un reconocimiento que hoy sigue más vigente que nunca. Y un imperdible: contemplar desde los miradores el paisaje a la sombra de los ceibos, la flor nacional argentina.
En plena primavera, con las temperaturas en ascenso, es habitual que los enjambres de abejas se hagan visibles en calles, plazas y jardines. El SENASA explica cómo actuar frente a ellos y con quién comunicarse para resolver la situación sin poner en riesgo a nadie.
Buenos Aires domingo 27 septiembre (PR/26)– Con el inicio de la primavera y el aumento de las temperaturas, las condiciones se vuelven ideales para el desarrollo de las colonias de abejas. Cuando una colmena crece demasiado, se produce algo parecido a una mudanza: una parte de la población se va a fundar un hogar nuevo.
A ese fenómeno se lo conoce como enjambre. Se manifiesta como una nube de insectos que vuela en conjunto hasta posarse en un árbol, una pared o cualquier otra superficie. La reina siempre viaja junto al grupo, acompañada por las obreras que llevan consigo las reservas de miel necesarias para sostenerse mientras buscan una ubicación definitiva.
Ese proceso, conocido como enjambrazón, puede durar apenas unas horas o extenderse hasta dos o tres días, mientras las abejas exploradoras recorren los alrededores en busca del lugar ideal para instalar la nueva colmena.
Un fenómeno llamativo, pero de bajo riesgo
El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) difundió una serie de recomendaciones para actuar frente a la aparición de enjambres en zonas urbanas y periurbanas. Aunque su aspecto pueda resultar intimidante, la realidad es que se trata de un comportamiento dócil.
Esto se debe a que, al abandonar la colmena, las abejas llevan consigo la miel suficiente para sobrevivir varios días, por lo que no tienen motivos para atacar. El riesgo real para las personas y las mascotas es, en la mayoría de los casos, bajo.
Aun así, ante la presencia de un enjambre en la vía pública, en una chacra o en un domicilio particular, la recomendación es siempre la misma: no acercarse, no espantarlas y mucho menos intentar retirarlas por cuenta propia. La paciencia y la distancia son las mejores aliadas en estos casos.
A quién llamar si aparece un enjambre
Lo primero que hay que hacer es comunicarse con las administraciones apícolas provinciales o con el Programa Nacional de Sanidad Apícola del SENASA, que pueden poner en contacto a los vecinos con apicultores rescatistas capacitados para el traslado seguro del enjambre.
También conviene averiguar en el municipio, ya que varias jurisdicciones cuentan con sus propios registros de rescatistas que trabajan en zonas urbanas y suburbanas. Las asociaciones y grupos de apicultores locales son otra alternativa, ya que muchas veces colaboran de forma activa en este tipo de rescates.
Si después de intentar estas vías no se logra una respuesta, el paso siguiente es contactar al cuerpo de bomberos o a Defensa Civil, que también están capacitados para intervenir en estas situaciones.
Alerta por el pequeño escarabajo de las colmenas
Por otro lado, el organismo recordó que la Argentina mantiene una alerta sanitaria vigente por el pequeño escarabajo de las colmenas (PEC), de acuerdo con lo establecido en la Resolución N.° 302/2016. La medida responde al riesgo epidemiológico que representa su presencia en países limítrofes como Brasil, Bolivia y Paraguay.
Por eso, al momento de manipular o retirar un enjambre, los apicultores deben tomar los recaudos sanitarios necesarios y revisar que no haya ejemplares del escarabajo, ya que este insecto puede recorrer largas distancias acompañando al enjambre hasta su nuevo destino.
Ante cualquier sospecha, se debe notificar de inmediato al SENASA a través del WhatsApp (11) 5700-5704, por correo electrónico a notificaciones@senasa.gob.ar, mediante el formulario web «Avisá al Senasa», de forma presencial o telefónica en la oficina regional más cercana, o completando el formulario N.° 6.144 de Sospecha de PEC en la aplicación SIG APP Formularios.
Para consultas generales sobre enjambres, el organismo puso a disposición la casilla apicultura@senasa.gob.ar, un canal directo para resolver dudas y coordinar acciones frente a este fenómeno tan propio de la temporada.
Nueva fase de un intercambio científico histórico entre ambos países.
Panda gigante
Foto: Agencia NA (Xinhua)
Buenos Aires, domingo 27 septiembre (NA) — Un par de pandas gigantes chinos, Ping Ping y Fu Shuang, viajarán pronto a Estados Unidos, lo que servirá para impulsar aún más la cooperación internacional en la protección de estos animales, según constató la Agencia Noticias Argentinas.
El presidente de China, Xi Jinping, quien concluyó en las últimas horas su viaje a los Estados Unidos, anunció la noticia en la nación norteamericana, durante la ceremonia en la que fue recibido en la Casa Blanca, en el marco de su visita de Estado.
Informó que la pareja llegará a su nuevo hogar en el Zoológico de Atlanta y se encontrará con el pueblo estadounidense en unos días.
Esta iniciativa se produce después de que la Asociación para la Conservación de la Vida Silvestre de China (CWCA, por sus siglas en inglés) firmara el año pasado con este zoológico un acuerdo de cooperación internacional para la protección del panda gigante.
En virtud del convenio, el macho Ping Ping y la hembra Fu Shuang, procedentes de la Base de Investigación para la Cría del Panda Gigante de Chengdu, ubicada en la provincia suroccidental china de Sichuan, serán incorporados a un programa colaborativo de 10 años de duración para la protección de esta especie en Estados Unidos.
Con el fin de crearles un entorno de vida más cómodo y seguro, se llevaron a cabo reformas y mejoras en las instalaciones, con asistencia técnica de expertos chinos.
La historia de este intercambio
Los vínculos entre ambos países en torno a este animal datan de mucho tiempo atrás, abunda el informe de Xinhua.
En abril de 1972, dos ejemplares, Ling Ling y Xing Xing, llegaron a Estados Unidos tras la visita a China del entonces presidente estadounidense, Richard Nixon, en febrero del mismo año.
Más de 8.000 ciudadanos los recibieron, a pesar de la lluvia, y en su primer mes en exhibición pública, atrajeron a más de un millón de visitantes.
Desde entonces, los pandas gigantes contribuyeron a fomentar la amistad entre los dos pueblos.
La cooperación bilateral para la protección de la especie es una de las iniciativas internacionales de conservación de la vida silvestre más prolongadas y de mayor alcance de China.
En 1994, la CWCA firmó un acuerdo con el Zoológico de San Diego, para dar inicio oficialmente a un programa de colaboración.
A lo largo de las últimas tres décadas, ambas partes realizaron investigaciones conjuntas en áreas clave como el comportamiento, la nutrición, la genética y la prevención de enfermedades.
Alcanzaron además avances significativos en las técnicas de cría y, gracias a este trabajo, 17 cachorros nacieron y fueron criados exitosamente hasta la fecha: seis en San Diego, cuatro en Washington y siete en Atlanta.
En 2024, una nueva fase de cooperación se puso en marcha, a medida que más ejemplares fueron enviados a Estados Unidos.
Se espera que esta nueva etapa ayude a ambos países a obtener más resultados en la prevención y el tratamiento de enfermedades graves, así como en los intercambios científicos y tecnológicos, de manera que se contribuye a la salvaguarda global de la biodiversidad y la amistad entre los pueblos chinos y estadounidenses, indicaron expertos.
Por Manuel Jaramillo – Director general de Fundación Vida Silvestre
A simple vista, un pastizal puede parecer apenas una extensión de pasto. Detrás de ese paisaje hay un ecosistema en el que predominan los pastos y otras plantas herbáceas, y donde conviven numerosas especies. También cumple funciones fundamentales: provee alimento y forraje, ayuda a regular el agua, conserva los suelos y almacena carbono.
Buenos Aires, viernes 25 de septiembre (PR/26) .- En Argentina, hablar de pastizales es también hablar de territorio. Estos ambientes ocupan cerca de la mitad de nuestro país y sostienen una parte importante de la producción de alimentos, especialmente a través de la ganadería. Las Pampas son el ejemplo más conocido, aunque también están presentes en regiones como Campos y Malezales, el Espinal y el Chaco Húmedo. Son paisajes diferentes, pero todos forman parte de un entramado natural que sostiene especies, actividades productivas y comunidades.
Las Pampas representan alrededor del 60% del área de pastizales de Argentina y albergan especies emblemáticas como el venado de las pampas. A lo largo de las últimas décadas, sin embargo, este paisaje cambió profundamente: alrededor del 80% de los pastizales pampeanos fue transformado para actividades agrícolas y ganaderas, mientras que solo una pequeña proporción se encuentra bajo alguna categoría de protección.
¿Por qué debería importarnos?
Porque lo que sucede en los pastizales también nos afecta directamente. En la Pampa Deprimida y los Bajos Submeridionales, por ejemplo, estos ambientes cumplen un papel importante en la regulación del agua: sus suelos y su vegetación pueden absorber excedentes y ayudar a amortiguar inundaciones. Cuando se degradan o se transforman, los territorios pueden volverse más vulnerables frente a eventos de lluvias intensas.
También son fundamentales para la producción. Los pastizales naturales forman parte de la historia de la ganadería argentina y siguen sosteniendo buena parte de esta actividad. Por eso, el desafío es compatibilizar la producción con la conservación de estos ambientes.
Desde Fundación Vida Silvestre trabajamos junto con productores, comunidades, universidades y otros actores para promover buenas prácticas ganaderas y formas de producción que cuiden los pastizales.
Un paisaje que está cambiando
En las últimas décadas, Argentina perdió más de 3 millones de hectáreas de pastizales naturales, principalmente como consecuencia de cambios en el uso del suelo, la intensificación productiva y manejos inadecuados. Y menos del 4% de los pastizales pampeanos cuenta con protección formal.
Son números difíciles de imaginar. Detrás de ellos hay algo concreto: paisajes que se transforman, especies que pierden su hábitat y procesos naturales que dejan de funcionar de la misma manera.
El venado de las pampas permite dimensionar lo que significa esa transformación. Es una especie emblemática de nuestras llanuras y sus poblaciones quedaron reducidas a determinados sectores del país. En la provincia de Buenos Aires, el Parque Nacional Campos del Tuyú protege uno de los últimos remanentes de pastizales pampeanos y constituye un refugio para esta especie.
Pero proteger al venado implica también conservar el ambiente que necesita para alimentarse, reproducirse y desplazarse. Y ese mismo ambiente sostiene a muchas otras especies y procesos que no siempre vemos.
Quizás ahí esté una de las claves para entender el valor de los pastizales: detrás de un paisaje que puede parecer simple hay un ecosistema del que dependen especies, producción y comunidades.
Una oportunidad para mirar los pastizales
En 2026 tenemos una oportunidad para poner estos paisajes en el centro de la conversación. Las Naciones Unidas declararon este año como el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, una iniciativa coordinada por la FAO para destacar la importancia de estos territorios y de las comunidades que dependen de ellos.
Para Argentina, esta conversación tiene un significado particular. Los pastizales están profundamente ligados a nuestra producción, nuestra historia y nuestros territorios. También sostienen procesos naturales que impactan directamente en la vida de las personas.
Tal vez el primer paso sea sencillo: aprender a mirarlos.
Porque cuando dejamos de ver solamente un campo y empezamos a reconocer un ecosistema, cambia también la pregunta. Ya no se trata solamente de cuánto territorio ocupa un pastizal, sino de qué vida, qué recursos y qué futuro estamos protegiendo cuando decidimos conservarlo.
En una alianza histórica entre la Fundación Vida Silvestre, la Secretaría de Bosques de Chubut y Reforestarg, se devolverá la vida a 127 hectáreas de áreas naturales devastadas por los incendios.
Buenos Aires lunes 14 septiembre (PR/26)– Durante septiembre y octubre, la Patagonia argentina vivirá un hito histórico de regeneración ambiental: la plantación de 109.100 árboles nativos. Esta titánica tarea permitirá devolverle la vida a unas 127 hectáreas de bosques y reservas naturales en la provincia de Chubut que resultaron severamente golpeadas por voraces incendios forestales.
Una alianza estratégica entre gigantes de la conservación
La ambiciosa iniciativa estará liderada por la Fundación Vida Silvestre Argentina mediante su programa Restauración de Paisajes Forestales. A esta enorme causa se sumaron la Secretaría de Bosques de Chubut y la organización ambientalista Reforestarg, especializada en la recuperación integral de nuestros ecosistemas autóctonos.
Para lograr una verdadera resiliencia en el ecosistema, se seleccionaron minuciosamente 73.000 cipreses de la cordillera, 35.000 coihues y 1.100 alerces. Todas estas especies emblemáticas son propias de la región andino-patagónica y resultarán fundamentales para reconstruir, paso a paso, las áreas destruidas.
El desafío de curar terrenos devastados por las llamas
Las tierras seleccionadas sufrieron principalmente los letales incendios forestales de la temporada 2014-2015, sumados a episodios posteriores. La elección de los sitios no fue aleatoria: los equipos técnicos realizaron una minuciosa evaluación del grado de afectación y la capacidad natural de recuperación de cada ambiente.
Esta acción busca acelerar un proceso biológico que, sin la intervención humana, tardaría muchísimas décadas en suceder. “Estos 109.100 plantines llegan para contribuir directamente a la restauración”, señalaron desde la fundación, enfatizando el riguroso esquema de planificación y seguimiento que acompaña cada etapa.
Un trabajo en equipo que potencia el conocimiento local
Cada institución aportará su máxima fortaleza: Vida Silvestre donará los ejemplares, la Secretaría de Bosques aportará el conocimiento territorial y Reforestarg encabezará las jornadas de siembra. “Entendimos que los bosques se restauran con las reglas de la naturaleza”, destacó Tobías Merlo, fundador de Reforestarg.
La metodología de trabajo se adaptará a cada terreno particular. En ciertas áreas golpeadas se raldearán especies exóticas invasoras, como los renovales de pino, que irrumpieron tras el fuego. De esta forma, se garantizarán las condiciones lumínicas y nutricionales aptas para el crecimiento saludable de las especies autóctonas.
Innovación biológica: crear bosquetes que imitan a la naturaleza
La técnica principal consistirá en distribuir los ejemplares en pequeños “bosquetes” de hasta 30 árboles. Este sistema no es al azar: imita fielmente cómo la vegetación nativa coloniza el suelo tras una catástrofe. Dichos grupos funcionarán como núcleos de dispersión natural hacia los alrededores.
Además, el proyecto contempla un monitoreo prolonged a largo plazo mediante la instalación de 30 parcelas de control. Los expertos analizarán factores críticos como el crecimiento, la supervivencia y el impactante ramoneo de animales silvícolas, lo que generará información vital para futuras intervenciones en todo el país.