Jun 4, 2026 | Agricultura, Economía / Economía del Agro
Los cultivos de servicios ampliaron las alternativas para salir de esquemas simplificados, pero también volvieron más compleja la toma de decisiones. La necesidad de caracterizar cada ambiente y adaptar los planteos gana peso frente a los desafíos productivos y climáticos.
Buenos Aires, jueves 4 de junio (PR/26) .- La agricultura deja atrás el recuerdo del monocultivo y, tras el “boom sojero” de la década pasada, el nuevo mapa productivo plantea nuevas rotaciones más intensificadas.
En la previa del Congreso Aapresid con la fuerza de Expoagro 2026, que se llevará a cabo los días 4, 5 y 6 de agosto en la ciudad de Rosario, especialistas del sector describieron el cambio de sentido de esta práctica tan extendida en la agricultura.
Frente a la incertidumbre climática, económica y productiva, las rotaciones abandonan las recetas únicas y los modelos ideales y se tornan decisiones estratégicas muy dispares, que deben ser diseñadas específicamente para cada lote y ambiente.
Hacia un modelo más complejo
“Las rotaciones son la base de cualquier planteo de agricultura sustentable y regenerativa”, evaluó el investigador Fernando Salvagiotti, coordinador del programa de ecofisiología y agroecosistemas del INTA, y especialista del Conicet que hará su paso por el próximo Congreso Aapresid, “Nuestro Suelo nuestra voz”, para hablar de las oportunidades en cada región en el diseño de rotaciones.
Si bien a lo largo de la historia productiva se han alternado cultivos para evitar el agotamiento del suelo y reducir la proliferación de plagas y enfermedades, el especialista asegura que la estrategia ha cobrado mayor relevancia en los últimos 15 años, cuando empezó a percibirse más claramente cómo la simplificación atenta contra la sustentabilidad de los sistemas productivos.
“Muchas veces las cuestiones coyunturales o económicas provocaron que se haya hecho un abuso de monocultivo de soja, como lo que se observó con fuerza hasta el 2015. Pero, casi en paralelo, surgieron nuevas propuestas para fortalecer la rotación y salir del esquema simplificado, como los cultivos de servicios”, especificó Salvagiotti.
Cuando se trata de cobertura, las especies elegidas tienen diferentes propósitos. En el caso de las leguminosas, como la vicia o los tréboles, permiten fijar nitrógeno de la atmósfera; las gramíneas, como el centeno y la avena, generan gran volumen de biomasa, y aportan carbono y estructura; y las crucíferas ayudan a descompactar el suelo y combatir enfermedades y plagas.
“En su mayoría, son cultivos que no se usan para granos sino solamente para el aporte de carbono y nutrientes, y esa es una novedad con respecto a las rotaciones típicas, entre soja, maíz y trigo, en las cuales solamente se buscaba la renta”, agregó el experto.
En otros casos, como el del girasol en verano, y las oleaginosas de invierno -colza, carinata y camelina- en invierno, también se les ha encontrado un valor económico muy relevante por fuera de su impacto positivo en términos ambientales.
Sin recetas únicas
“Alternativas hay varias, lo importante es planificar qué es lo queremos hacer”, explicó Salvagiotti, que asegura que los aspectos más destacados a evaluar al momento de elegir la rotación son la disponibilidad de agua en el suelo, la región geográfica y los cultivos de renta que allí se realizan.
“Se deben tomar decisiones en base a información certera”, observó, e hizo eco de la sobrada evidencia del efecto que tiene evaluar la lógica de la rotación de acuerdo al contexto: “La soja de primera que está en una adecuada rotación puede tener un rendimiento de hasta 400 kilos más por hectárea que la soja que viene de monocultivo”, ejemplificó.
Del mismo modo, el investigador se detuvo en los desafíos que abren algunas producciones en ciertas regiones, como el maní en Córdoba o la papa en el sur bonaerense; que muestran la importancia de estudiar cada esquema por separado. “Son cultivos que, por su forma de cosecharse y su demanda en nutrientes, pueden degradar el suelo si no se planifican estrategias que ayuden a recuperar y sostener el recurso. Allí también las rotaciones juegan un rol importante”, aseguró.
El aporte de la genética
Las rotaciones ya no son ideales, rígidas ni sencillas, pero sí demuestran ser fundamentales en términos productivos y, cada vez más, una decisión irreemplazable. Eso tiene efectos sobre la propia industria semillera, que tiene ante sí el desafío de adaptar su genética a un contexto de mayor cantidad de cultivos y menos tiempo de barbechos.
“En el caso de los cultivos de servicios como nuevos actores dentro de las rotaciones, son una práctica que llegó para quedarse. En general todos los híbridos de maíz, girasol y cultivares de trigo y soja se han adaptado muy bien a funcionar con cultivos de servicios como antecesores”, evaluó Fernando Mrozek, jefe de Desarrollo de Semillas de ACA.
En ese sentido, Mrozek destacó la importancia de contar con una buena genética para aprovechar el perfil sanitario y los nutrientes generados en la rotación, de modo tal que esas ventajas obtenidas se expresen en una mejora productiva.
“En general, los distintos materiales responden de manera positiva aumentando o manteniendo sus rendimientos luego de la siembra de un cultivo de servicios”, señalaron, por su parte, desde Bayer. Esta respuesta, aseguraron, se explica por una mayor eficiencia en el uso de nutrientes y del agua, junto con una mayor exploración radical, que permite aprovechar las mejoras generadas en las propiedades del suelo.
Primicias Rurales
Fuente: Aapresid – Expoagro
May 5, 2026 | Actualidad, Especial
El biocarbón surge en Argentina como una solución sustentable para transformar residuos de biomasa en insumos estratégicos. Evaluaciones recientes en Santiago del Estero confirman su potencial para optimizar la salud del suelo y mejorar los rindes productivos.
Buenos Aires, martes 5 mayo (PR/26) — En la búsqueda de sistemas productivos más eficientes y sustentables, el biocarbón comienza a posicionarse como una alternativa concreta dentro del agro argentino.
A partir de residuos de la carbonización de madera, principalmente la carbonilla, esta tecnología permite transformar un desecho con escaso valor comercial en un insumo estratégico para mejorar la calidad del suelo y el rendimiento de los cultivos.
Durante 2024 se llevaron adelante las primeras evaluaciones en la provincia de Santiago del Estero desarrolladas en el Campo Experimental Ing. Francisco Cantos del INTA Santiago del Estero.

Ensayos en Santiago del Estero muestran el potencial agrícola de la carbonilla, un subproducto del carbón vegetal que impulsa la economía circular y mejora la productividad.
El equipo de trabajo que lleva adelante la investigación sobre las oportunidades y beneficios del biocarbón está conformado por el Ing. Agr. Msc. Patricio Savino, la Ing. Agr. Msc. YesicaGramajo Domínguez, el Lic. en Química Emilio Abel Azar y el Ing. Forestal Gonzalo de Bedia, quienes desarrollan sus actividades en el marco de estudios orientados a mejorar la productividad y sustentabilidad de los sistemas agropecuarios.
Santiago del Estero es el segundo mayor productor de carbón vegetal del país y genera importantes volúmenes de subproductos. Con una media anual en el orden de las 94 mil toneladas entre los años 2009 y 2017, la carbonilla (el material más fino de diámetro menor a 2 cm que se genera durante el proceso de carbonización y fraccionado empleando la tecnología de hornos media naranja tradicionales) representa entre 16 y 18% de la producción total, que actualmente cuenta con un destino comercial restringido a construcción civil como aislante térmico, fabricación de briquetas y comercio exterior.
Se estima que, de este material, entre un 5% a 8% se genera durante el proceso de carbonización y extracción de carbón del horno y entre 9 a 11 % en el tamizado y embolsado, transporte primario y fraccionado a bolsas comerciales de menor volumen en planta de acopio y remanufactura.
“Esto genera en el orden de las 15.948 toneladas de carbón que se desperdicia, por no contar en muchos casos, con una buena gestión de residuos, generando pérdidas económicas y riesgos ambientales como incendios o contaminación”, indica Gonzalo de Bedia.
Frente a este escenario, el biocarbón surge como una solución que integra productividad y sostenibilidad. “Favorece la economía circular. Al hacer incorporación de carbono al suelo, y ayuda a disminuir las emisiones de carbono. Deja de ser un residuo y se afianza como un subproducto”, señaló de Bedia.

Una enmienda biológica con impacto en el suelo
El proceso consiste en moler la carbonilla hasta obtener un polvo fino que pueda incorporarse homogéneamente al suelo. Luego, se activa mediante la combinación con desechos orgánicos como estiércol, pasto o melaza, interacciones biológicas con agentes y elementos del suelo y ambiente, lo que potencia sus beneficios biológicos.
“El biocarbón mejora la calidad del suelo y el rendimiento de cultivos”, destacó de Bedia. Entre sus principales beneficios agronómicos resaltan la mejora de la estructura del suelo; mayor retención de humedad (clave en contextos de sequía); incremento de la actividad microbiana; y mayor disponibilidad de nutrientes.
Además, su composición rica en carbono, fósforo, potasio y otros elementos químicos, lo convierte en una enmienda de base biológica con alto potencial productivo.
Uno de los aspectos más destacados es su capacidad para actuar como un “imán de nutrientes”, evitando pérdidas y optimizando su aprovechamiento por parte de los cultivos.
De problema ambiental a oportunidad productiva

El desarrollo del biocarbón no solo aporta beneficios agronómicos, sino que también abre una nueva oportunidad económica para las regiones forestales. Actualmente, miles de familias dependen de la producción de carbón vegetal a pequeña escala.
“Solo en zonas aledañas a la ciudad de Monte Quemado, Departamento Copo en Santiago del Estero, alrededor de 800 familias se dedican a la producción del carbón”, remarcó de Bedia, quien subrayó el potencial de esta innovación para generar valor agregado en origen.
En este sentido, avanzar en su innovación tecnológica como la estandarización, estabilidad funcional, formas eficientes de presentación y comercialización como el pelletizado o la briquetización, serán clave para su adopción masiva.
Una tecnología con futuro
Si bien aún se encuentra en una etapa de desarrollo del producto, los resultados iniciales del biocarbón son alentadores. “Creemos que es una vía muy promisoria del uso del carbón”, concluyó de Bedia.
Con el doble desafío de aumentar la productividad y reducir el impacto ambiental, el biocarbón se perfila como una herramienta estratégica para el agro, permitiendo transformar residuos en recursos, mejorar los suelos y fortalecer un modelo de producción basado en la economía circular.
Por Paola Papaleo
Primicias Rurales
Fuente: Expoagro Web
May 5, 2026 | Actualidad, Especial
Un emprendimiento forestal en la costa bonaerense logra exportar piñón mediterráneo de alto valor a Europa, posicionando a Argentina como un proveedor estratégico de contraestación. Pese a los desafíos climáticos, el proyecto liderado por Alejandro Camporini consolida un nuevo nicho de exportación gourmet.
Buenos Aires, martes 5 mayo (PR/26) — En la costa atlántica de la provincia de Buenos Aires, un emprendimiento forestal demuestra que la paciencia y la pasión pueden transformarse en negocio internacional.
Alejandro Camporini, ingeniero forestal formado en la Universidad Nacional de La Plata, apostó hace más de dos décadas por el cultivo del pino piñonero (Pinus pinea), una especie poco conocida en la región pero de gran valor en el mercado europeo.
Lo que comenzó como un proyecto inspirado en recuerdos familiares —las piñas abiertas a martillazos en la cocina de su abuela italiana para preparar pan dulce casero— hoy se traduce en exportaciones que alcanzan precios de hasta 120 euros por kilo en España.
La primera experiencia exportadora se concretó en 2023 desde Claromecó y se repitió en 2024 y 2025, con envíos de alrededor de 6.000 kilos de fruto con cáscara cada vez.
En el camino surgieron dificultades: incendios, inundaciones y el desafío de mantener plantaciones en dunas costeras pusieron a prueba la resiliencia del proyecto. Sin embargo, la visión del emprendedor Alejandro Camporini y la inversión de socios como Ariel Sacone permitieron ampliar la escala, con nuevas plantaciones en Coronel Dorrego que suman decenas de miles de ejemplares.

El contexto internacional también juega a favor. Europa enfrenta una merma en su producción por la plaga Leptoglossus occidentalis, lo que convierte a Argentina en un proveedor confiable y libre de esa amenaza. Así, el piñón bonaerense se posiciona como alternativa de contraestación y abre oportunidades para consolidar un nuevo nicho exportador.
En dialogo con Expoagro, Camporini lo resume con claridad: “Para que esto rinda tiene que haber muchas plantas, cientos de hectáreas. Tal vez yo no llegue a verlo en su máxima expresión, pero que la producción evolucione y se siga plantando sería un sueño”.
Alejandro Camporini, ingeniero forestal y responsable del proyecto, explicó que las primeras exportaciones fueron más que nada una prueba: “La exportación fue más que nada una experiencia para ver cómo se movía el producto. Eran pequeñas cantidades, pero sirvió y el resultado fue bueno”, señaló.

Sobre los envíos realizados a España, el productor explica que se lograron mediante un contacto con un productor catalán, y tuvieron como destino principal el mercado europeo, especialmente España e Italia, donde el piñón es un insumo clave en la cocina mediterránea. Allí, el fruto es protagonista del pesto genovés y se utiliza en panificados, pastelería y platos salados de alto valor agregado.

Al ser consultado sobre el proceso productivo, indica que se trata de un trabajo completamente artesanal. “La cosecha se lleva a cabo entre junio y octubre, antes de que la piña se abra en el árbol. Los trabajadores trepan manualmente para cortar las piñas, que luego se secan al sol hasta abrirse.
Posteriormente, una máquina moledora extrae la semilla y otra partidora obtiene el piñón blanco listo para consumo”, explica Camporini y agrega que “la proporción obtenida es mínima: de una tonelada de piñas se obtienen apenas 40 kilos de semilla”, y esto explica su alto valor comercial.
También, el productor detalla que la producción actual es limitada, por lo que las exportaciones se realizaron en dos oportunidades, acumulando cosechas de distintas temporadas. Sin embargo, el objetivo es ampliar la escala y, además, desarrollar un mercado interno que permita posicionar al piñón como producto regional de Claromecó y del distrito.
El emprendimiento se articula con experiencias de forestación previas en Orense, Reta y otras zonas rurales costeras, donde el profesional impulsó la plantación de esta especie.
Con paciencia, planificación y visión a largo plazo, el proyecto comienza a consolidarse. La iniciativa no solo abre la puerta a diversificar la matriz productiva local, sino que también proyecta a la región como potencial productora de un alimento gourmet con demanda internacional.
Por Marizú Olivera Orquera
Primicias Rurales
Fuente: Expoagro Web
Feb 11, 2026 | Actualidad, Economía / Economía del Agro, Informes Técnicos
Tras años de caída, la forestoindustria argentina muestra una leve recuperación en 2025, pero enfrenta el desafío de reconvertirse, ganar competitividad y fortalecer su perfil exportador en un contexto de cambios tecnológicos, costos internos elevados y debilidad del mercado de la construcción.
Por Gerardo Alonso Schwarz
Economista Jefe del IERAL NEA – Fundación Mediterránea
Buenos Aires, miércoles 11 febrero (PR/26) — El sector forestoindustrial argentino, reconocido por su potencial de crecimiento y por contar con una superficie forestada cercana a 1,3 millones de hectáreas —con fuerte concentración en la región Mesopotámica— atraviesa un momento bisagra. Tras varios años de retroceso, aparecen señales de recuperación en 2025, aunque persisten desafíos estructurales que condicionan su capacidad para recuperar empleo, modernizarse y dar el salto hacia una inserción internacional más sólida.
La forestoindustria integra una cadena productiva diversa: desde la silvicultura hasta la industrialización de madera sólida, la producción de pasta celulósica y papel, y la generación de energía a partir de biomasa. Es un complejo con fuerte arraigo territorial, impacto regional y una relevancia estratégica tanto por su capacidad de generar valor agregado como por su contribución a la transición energética y a la economía circular.
Empleo: una década de estancamiento
El sector llegó a superar los 100 mil puestos de trabajo registrados en 2011 y 2012. Sin embargo, desde entonces se observa un proceso de estancamiento que hoy lo ubica en torno a los 90 mil empleos formales.
En los últimos tres años la caída fue generalizada en casi todos los subsectores —silvicultura, aserrado, productos de madera y papel— con retrocesos acumulados de entre 5% y 7%. La excepción fue la industria del mueble, donde el empleo cayó en 2024 pero mostró una rápida recuperación en 2025.
Cuando se compara con el desempeño del conjunto de la economía, la diferencia es clara. Entre 2010 y 2023 el empleo registrado total en Argentina creció 14%, mientras que en la forestoindustria cayó 4%. En los dos años más recientes, la economía en su conjunto sufrió una baja en 2024 y una leve recuperación en 2025 (+0,3%), pero el sector forestoindustrial volvió a contraerse: -3,1% en 2024 y -1,3% en 2025.
Este desempeño abre un interrogante central: ¿por qué un sector con ventajas naturales tan claras no logra sostener su nivel de actividad y empleo?
La dualidad del entramado productivo
Un rasgo estructural del complejo maderero es su fuerte heterogeneidad. Conviven empresas grandes y medianas, con alto nivel tecnológico y orientación exportadora, junto a una extensa red de PyMEs fuertemente dependientes del mercado interno, en especial de la construcción.
Sólo en la industria del aserrado y remanufactura de madera existen más de 750 empresas en la provincia de Buenos Aires, más de 400 en Misiones y más de 200 en Corrientes. Muchas de ellas producen tableros, molduras, madera estructural, pisos y otros insumos directamente vinculados al ciclo de la construcción.
Esta dependencia explica buena parte de la dinámica reciente.
Construcción en caída y exportaciones volátiles
El Índice de Producción Industrial de Madera (IPI Madera) registró en 2023 una caída del 6%, explicada tanto por la baja de la demanda de la construcción (-4%) como por un fuerte retroceso de las exportaciones (-19%).
En 2024 la contracción fue aún más severa: -14% en el índice sectorial. El desplome del 27% en la actividad de la construcción fue determinante, y el crecimiento exportador del 18% no logró compensar la caída del mercado interno.
Recién en 2025 aparece un rebote del 12% en la actividad industrial maderera, apoyado en un mejor desempeño exportador y una leve recuperación de la construcción. También se observa un aumento interanual del 7% en la superficie autorizada a construir, indicador que suele anticipar la demanda futura de materiales.
Sin embargo, el nivel de actividad todavía se encuentra por debajo de los registros previos a la crisis, por lo que la recuperación es incipiente y frágil.
Importaciones y transformaciones del sector
El aumento de importaciones de madera y derivados, concentrado en tableros de fibras y de partículas, creció 114% en el último año, aunque su magnitud sigue siendo relativamente baja (13 millones de dólares en 2025). Por el momento no constituye el principal factor de presión.
Más relevantes resultan los cambios tecnológicos en la construcción: mayor uso de perfilería metálica, sistemas industrializados y viviendas prefabricadas —en algunos casos importadas— que reducen la participación de insumos madereros tradicionales.
Exportar más, pero con reconversión
En este contexto, la expansión exportadora y la apertura comercial, junto con acuerdos con la Unión Europea y Estados Unidos, aparecen como una oportunidad clave para el sector. Argentina posee ventajas comparativas claras en la producción primaria forestal, pero el desafío es trasladar esa fortaleza a la industria, con mayor valor agregado y estándares internacionales.
Para muchas PyMEs orientadas históricamente al mercado local, este proceso de reconversión no es sencillo. Desde el sector se identifican varias líneas prioritarias:
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Financiamiento para capital de trabajo e innovación tecnológica.
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Créditos hipotecarios que impulsen la construcción.
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Reducción de costos logísticos internos hacia puertos como Zárate y Buenos Aires.
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Menores costos de energía eléctrica.
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Acceso a certificaciones ambientales exigidas en mercados internacionales, como FSC.
RIMI y el rol del Estado
En el plano legislativo, el Régimen de Incentivos a las Inversiones Medianas (RIMI) surge como una herramienta para reducir la brecha con los grandes proyectos alcanzados por el RIGI. Permite amortización acelerada de inversiones y devolución de créditos fiscales, con umbrales más accesibles para PyMEs, desde 150 mil dólares en el caso de microempresas.
Se trata de un instrumento valorado positivamente, pero insuficiente por sí solo frente a la magnitud del proceso de reconversión que requiere el sector.
Aquí también aparece el rol clave de provincias y municipios: reducción de impuestos distorsivos, incentivos fiscales a la modernización, inversiones en infraestructura, modernización del transporte fluvial y esquemas de tarifas energéticas diferenciadas para industrias en transición.
Un sector en redefinición
La forestoindustria argentina atraviesa una etapa de redefinición estratégica. Con exportaciones en crecimiento y un mercado interno aún débil, el sector se ve obligado a mejorar eficiencia, tecnología y sostenibilidad.
El potencial es grande, pero convertir las ventajas naturales en competitividad industrial sostenida dependerá de una articulación efectiva entre empresas y políticas públicas.
La recuperación de 2025 es una señal alentadora, aunque todavía insuficiente para revertir una década de estancamiento.
El verdadero desafío es lograr que el rebote coyuntural se transforme en un proceso de crecimiento estructural, con más empleo, mayor valor agregado y presencia estable en los mercados globales.
Primicias Rurales/IA
Fuente: Fundación Mediterránea
Nov 19, 2025 | Especial
La firma Enviroseed viene desarrollando un programa nacional de investigación y validación del cáñamo industrial. Por sus diversas cualidades, buscan incorporarlo a la matriz productiva de Argentina.
Buenos Aires, miércoles 19 noviembre (PR/25) — Enviroseed es una empresa pionera en la innovación agroindustrial sostenible en Argentina. Desde 2024 viene desarrollando un programa de investigación sobre cáñamo industrial con foco en grano, fibra y biomasa, abarcando 12 nodos experimentales en 10 provincias y diversas ecorregiones del país.
El objetivo es sentar las bases de una nueva cadena de valor agroindustrial con triple impacto, basada en ciencia, trazabilidad y articulación público-privada.
“Creemos en este grano como superalimento y fuente de proteína vegetal de calidad y en sus fibras de alta resistencia, derivados que resultan fundamentales ante las nuevas exigencias de mercado y la necesidad de virar hacia insumos sostenibles debido al cambio climático”, declaró el Ing. Mauro Corigliano, líder de Desarrollo de la empresa.
Buscan volver a incorporar a la matriz agroindustrial de Argentina un cultivo que ya supo existir en el territorio nacional pero que, fruto de prohibiciones infundadas y desconocimientos técnicos, estuvo oculto hasta hace algunos años.
Frente a este escenario, Corigliano destaca el trabajo que viene realizando la firma a nivel nacional. “Durante 2024 hemos logrado hitos clave: ingreso de genéticas certificadas, firma de convenios con INTA, entes tecnológicos y universidades, siembras experimentales en distintas regiones y validación de prácticas agronómicas adaptadas al contexto argentino. Además, ha establecido alianzas estratégicas con empresas de genética y tecnología internacionales, y ha desarrollado una red técnica y comunicacional en fuerte crecimiento”, explica.
Hoy, Enviroseed se encuentra avanzando en la segunda campaña de I+D+i, al mismo tiempo que progresa en hectáreas de calibración y validación de maquinaria. “También estamos avanzando en los primeros productos alimenticios de cáñamo y en biomateriales para la construcción e industria maderera”, subraya Corigliano.

El cáñamo (Cannabis sativa L.) es una de las especies industriales más versátiles del mundo: sus semillas son un superalimento rico en proteínas y ácidos grasos esenciales; sus tallos aportan fibra textil, celulosa para papel, aislantes y bioplásticos; y su cultivo mejora la salud del suelo, demanda pocos insumos y se adapta a múltiples ambientes.
Según estudios recientes, Argentina cuenta con vastas zonas agroclimáticamente aptas para el cultivo extensivo de cáñamo, especialmente en provincias del centro y norte del país. Y ante el avance de la reglamentación nacional (Ley 27.669), se abre una ventana de oportunidad para diversificar la producción agroindustrial, desarrollar economías regionales y captar mercados externos de alto valor agregado.
En este contexto, Enviroseed está en constante convocatoria hacia productores agropecuarios que quieran integrar al cáñamo en su rotación, participar de ensayos o incorporar una nueva alternativa productiva en 2025/2026; así como también se está vinculando y receptando intereses de industrias alimentarias, nutricionales o de biomateriales interesadas en abastecerse de grano de cáñamo nacional, biomasa o materias primas sustentables.
“La empresa ofrece acompañamiento técnico integral, vinculación con genética adaptada, diseño de esquemas productivos escalables y una propuesta de articulación orientada a generar valor desde el campo hasta el producto final”, destaca Corigliano.
Fuente: TodoAgro/Enviroseed
Primicias Rurales