Un imán para todos los turistas: en esta iglesia de Canaán se cree que Jesús hizo el primer milagro con el vino. Foto: Manuel Meyer/dpa
Un imán para todos los turistas, miles peregrinan a Tierra Santa para recorrer el camino de Jesús a pie y descubrir todo tipo de experiencias.
Buenos Aires, miércoles 28 enero (PR/26) — Ya desde tempranas horas de la mañana los autobuses turísticos con decenas de peregrinos invaden la ciudad de Nazaret, en el norte de Israel. Tras los pasos de Jesús. Frente a la Iglesia de la Anunciación se forman larguísimas filas. Algunos empujones, un rezo rápido, una que otra fotografía y nuevamente al autobús. Aún quedan por visitar otros lugares bíblicos en Nazaret y Galilea.
Las turistas alemanas Anette Jonczyk, de 56 años, y su hija Franziska, de 21, no quieren hacer un viaje tan agitado en autobús y por eso decidieron quedarse unos días en el hotel «Fauzi Azar Inn», una mansión restaurada de la época otomana que se encuentra en el casco antiguo de Nazaret. Desde aquí ambas quieren recorrer el mismo camino que hizo Jesús.
El Camino de Jesús a pie
El llamado Camino de Jesús (www.jesustrail.com.), un recorrido de 65 kilómetros que va desde Nazaret hasta el pueblo de pescadores de Cafarnaún en el Mar de Galilea, no comienza en el «Fauzi Azar Inn» por casualidad.
El propietario del hotel Maoz Inon creó el camino de peregrinación. Según dice la ruta aproximada fue revelada por el evangelista Mateo: «Y dejó Nazaret para vivir en Cafarnaún, que está en el lago».
Maoz y un amigo conectaron varios senderos panorámicos, rutas históricas y en parte empedrados, que se remontan a la época romana y que Jesús también debió haber tomado en su camino hacia el mar de Galilea. El itinerario está marcado con puntos amarillos.
Con sus mochilas al hombro, Anette y Franziska se pusieron en marcha. A través de calles muy estrechas, el primer tramo conecta el hotel con el barrio del bazar.
En un sinuoso laberinto de calles, donde se encuentra la sinagoga, Jesús aprendió a leer y escribir. Huele a especias, a naranjas, a pan de pita, a artículos de marroquinería e incienso. Un festín para la nariz.
A la salida de Nazaret aún hay varios hoteles y desafortunadamente también una gran cantidad de basura. Pero cuanto más se alejan madre e hija de la ciudad, más limpio se vuelve todo.
Los prados brillan con flores amarillas, rojas y lilas y los olivos y las chumberas bordean el camino de tierra.
Ruinas solitarias
El camino conduce a las ruinas de la antigua ciudad de Séforis, a menos de diez kilómetros.
Es muy probable que Jesús también haya tomado esta senda varias veces por semana, ya que Nazaret era en aquel entonces una pequeña aldea y Séforis una ciudad comercial floreciente. Los historiadores creen que José y Jesús trabajaron aquí como carpinteros.
El sitio arqueológico, ubicado en una colina en el Parque Nacional de Zippori, es impresionante pero casi no se visita. Las antiguas calles romanas, los restos de villas señoriales, la sinagoga, la fortaleza de los cruzados y el anfiteatro con 4.000 asientos muestran la importancia de la ciudad.
Aún restan casi seis kilómetros para llegar a Kfar Caná, la bíblica Canaán, el destino de la primera etapa del día.
A través de los bosques de pinos, el camino lleva primero a la aldea árabe de Mashad, en cuya mezquita se encuentran los huesos del profeta Jonás, que según la Biblia fue tragado por una ballena.
El primer milagro de Jesús
Anette y Franziska caminan a través de las plantaciones de naranjas y olivos hacia una iglesia donde probablemente Jesús logró su primer milagro: convertir el agua en vino durante una boda. La llamada Iglesia de la Boda ya está cerrada.
Desde la terraza del hospedaje «Cana Wedding Guest Houses» Suad Bellan y su esposo Sami saludan a las dos peregrinas alemanas y las reciben a la entrada con un té de menta.
Sami enciende una pipa de agua y la hace circular. Forma parte de la cultura árabe de bienvenida. Caná es musulmana, pero Suad y Sami son palestinos cristianos.
La mayoría de los turistas no se quedan más de dos horas, cuenta Suad.
«El autobús los lleva primero a la Iglesia de las Boda, puede que beban un jugo de granada típico de Caná y luego siguen viaje. Nuestro pueblo no saca mucho provecho de eso», agrega.
Anette opina que los turistas tampoco sacan ningún provecho. «Los que viajan por Galilea en autobús siguiendo los pasos de Jesús y no caminan, rara vez tienen la oportunidad de conversar con los lugareños.
«No sólo las iglesias y los lugares bíblicos, sino también las personas son importantes para entender Tierra Santa», asegura.
Pernoctar en un kibutz
Después de realizar una compra en el supermercado del pueblo, madre e hija siguen camino por los senderos de arena, pasando por campos y bosques de eucaliptos hasta llegar al kibutz Lavi, donde se alojan en casa de una familia a través del sistema couchsurfing.
A la mañana siguiente el camino lleva a los Cuernos de Hattin, la montaña donde los cruzados fueron aplastados por el sultán Saladino en el año 1187. Desde allí se puede disfrutar de la vista panorámica hasta la llanura, donde en el horizonte ya se puede ver el destino del día, el pueblo de Moshav Arbel.
Los últimos kilómetros
Desde Moshav Arbel continúa al día siguiente el sendero hasta la cima del Parque Nacional de Arbel. Delante de Anette y Franziska se extiende el Valle del Jordán y el Mar de Galilea.
El camino conduce a través de plantaciones de plátanos y albaricoques y pasa por la ciudad árabe de Migdal, el pueblo natal de María Magdalena.
En la Iglesia de Tabgha, el lugar bíblico de la multiplicación de los panes y los peces, comienza de nuevo la locura turística. Hasta Cafarnaún restan dos kilómetros y medio a lo largo de la orilla del lago.
Los restos arqueológicos de la sinagoga y de las viviendas dan una idea de cómo debía ser entonces este sitio histórico.
«Es interesante conocer el lugar donde Jesús vivió con sus discípulos. Se puede ver en imágenes lo que se lee en la Biblia», señala Anette mientras hunde sus pies en el lago sobre el que se dice que caminó Jesús.
España, lunes 29 diciembre (PR/25) — María, nuestra Señora, tiene 188 palabras registradas en las Escrituras. Ella no se explicó ni se defendió porque la Verdad crecía dentro de ella
Si buscamos un ejemplo sin pecado de cómo responder a las muchas dificultades de la vida, recurramos a Nuestra Señora. Cuando el ángel Gabriel saluda a María en el libro de Lucas, no la saluda por su nombre. La llama «Kecharitomene», que es un término griego en tiempo perfecto que significa «Tú, que has sido perfeccionada por la gracia… y sigues siéndolo».
No «parcialmente agraciada», ni «muy favorecida», sino completamente llena de la gracia de Dios:
En la Anunciación, María le dijo al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no tengo marido?».
(9 palabras con las que formuló una pregunta).
2Lucas 1, 38
«He aquí la esclava del Señor», dijo María, nuevamente en la Anunciación. Hágase en mí según tu palabra». Y el ángel la dejó.
(17 palabras en las que ella consintió en ser la Madre de Nuestro Señor).
3Lucas 1, 40
En la Visitación, María saludó a su prima Santa Isabel, pero sus palabras no quedaron registradas.
(0 palabras)
4Lucas 1, 46
El Magnificat:
«Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. Porque he aquí que desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí, y santo es su nombre. Y su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que le temen. Ha desplegado la fuerza de su brazo, ha dispersado a los soberbios en el pensamiento de sus corazones, ha derribado a los poderosos de sus tronos y exaltado a los humildes; ha colmado de bienes a los hambrientos y a los ricos los ha despedido vacíos. Ha socorrido a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre».
(135 palabras en las que glorificó a Dios y celebró humildemente su papel en la historia de la salvación).
5Lucas 2, 48
Los padres de nuestro Señor se quedaron atónitos cuando lo vieron en el Templo, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira, tu padre y yo te hemos estado buscando con ansiedad».
(18 palabras en las que ella hizo una pregunta y expresó honestamente su frustración sin quejarse).
6Juan 2, 3
Cuando se acabó el vino en Caná, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino».
(Cuatro palabras con las que acudió a Nuestro Señor con un problema).
7Juan 2, 5
De nuevo en Caná, la madre de Jesús dijo a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga».
(Cinco palabras con las que nos remite a su Hijo).
Lo que ella no dijo
En estas fiestas navideñas, lo que llama la atención de estas 188 palabras pronunciadas por Nuestra Señora en las Escrituras es una reflexión sobre lo que no dijo.
Nunca se quejó. Nunca se explicó ni se defendió. No se enfadó con Gabriel, como sin duda habría hecho cualquiera en su lugar, poniéndose roja como un tomate y balbuceando algo como: «¿No sabes que me pueden lapidar por estar embarazada fuera del matrimonio?».
En cambio, María «guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19).
En momentos difíciles, tendemos a dar demasiadas explicaciones y a defendernos. Pero Nuestra Señora nunca hizo esto, aunque tenía buenas razones para ello. Nunca acudió a San José ni a nadie más para rogarles que comprendieran su virginidad perpetua. No se dedicó a ensalzarse a sí misma, proclamando su inocencia y contando lo que le había dicho el ángel.
Cuando saludó a su prima Isabel, sus palabras exactas no quedaron registradas, por lo que se puede afirmar con seguridad que no dijo gran cosa.
Más bien, Nuestra Señora apenas dijo nada en las Escrituras y quizá también en la vida real. No tenía necesidad de hacerlo. Llevaba la Verdad dentro de sí y, con el tiempo, esta Verdad se revelaría.
Después, con permisión de Dios, se apareció y habló en diferentes lugares como Lourdes, Francia; Fátima, Portugal y da mensajes al mundo desde hace más de 40 años desde la aldea croata Medjugorje, en Bosnia -Herzegovina.
En el Nican Mopohua se muestra la doble misión guadalupana. Y ambas misiones se encuentran, no sólo presentes, sino muy evidentes en la Sagrada Escritura
Buenos Aires, viernes 12 diciembre (PR/25) — Sin lugar a dudas, el texto más conocido del Nican Mopohua es el de las palabras de la Virgen de Guadalupe a san Juan Diego, pronunciadas cuando éste decidió posponer su misión para ir a buscar ayuda espiritual de un sacerdote para su moribundo tío, Juan Bernardino. En tal ocasión, ante la angustia de san Juan Diego, la Virgen le abraza con estas palabras:
“¿No estoy aquí yo, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?
Y continúa la narración con estas palabras, menos conocidas, pero esenciales para dimensionar el amor que no se queda en palabras, sino que se verifica en la caridad:
“Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe; que no te apriete con pena la enfermedad de tu tío, porque de ella no morirá por ahora. Ten por cierto que ya está bueno. (Y luego en aquel mismo momento sanó su tío, como después se supo)” (nn. 119-121).
El Nican Mopohua («Aquí se narra» en náhuatl) es el relato más antiguo y fundamental en lengua náhuatl sobre las apariciones de la Virgen María como la Virgen de Guadalupe al indígena Juan Diego en el cerro del Tepeyac, en 1531, siendo un documento clave que narra cómo la Virgen se le aparece como una mujer indígena y pide un templo, resultando en la creación de la imagen milagrosa en la tilma de Juan Diego, y es una pieza central de la historia religiosa de México y América.
¿Qué contiene y por qué es importante?
Relato de las Apariciones: Detalla las cuatro apariciones de la Virgen a San Juan Diego y su conversación con el obispo, culminando en la aparición de la imagen en la tilma.
Lengua Náhuatl: Está escrito en náhuatl clásico, usando una prosa rica y poética, reflejando la cultura y cosmovisión indígena.
Primer Testimonio: Es considerado la primera fuente escrita de las apariciones, ofreciendo una perspectiva más cercana a los eventos originales que otros relatos posteriores.
Autoría: Se atribuye su autoría a Antonio Valeriano, un indígena educado, aunque fue publicado por Luis Lasso de la Vega en 1649.
Significado Cultural: Es vital para entender el origen de la devoción guadalupana en México, uniendo lo prehispánico con el cristianismo a través del cerro sagrado del Tepeyac y la figura de la «Madre de Dios».
En resumen, el Nican Mopohua es el texto fundacional que narra el milagro de Guadalupe, esencial para la fe católica en México y un tesoro cultural en lengua náhuatl.
¿Existirán palabras más bellas, más tiernas, más consoladoras, amorosas, solidarias y, también, más estimulantes, como estas de una Madre a su hijo? Seguramente por ello se han convertido en testamento guadalupano de dominio público. Y no es de extrañar que, en la práctica, las tomemos como propias puesto que la Virgen de Guadalupe no solo es Madre de Juan Dieguito, sino de todos nosotros:
“Porque yo en verdad soy vuestra Madre compasiva, tuya y de todos los hombres que en esta tierra estais en uno, y de las demás variadas estirpes de hombres, mis amadores, los que a mi clamen, los que me busquen, los que confíen en mi.” (nn. 29-31).
No obstante ello, estas palabras de la Virgen de las que venimos hablando, no expresan la totalidad de su misión. Esta última está consignada claramente en los números 26, 27, 28 y 32 del Nican Mopohua. Son mucho menos conocidas, pero dignas de considerarse como el eje sobre el que gira todo el acontecimiento guadalupano:
“(…) Mucho quiero, mucho deseo que aquí me levanten mi Casita Sagrada en donde lo mostraré (a Dios), lo ensalzaré al ponerlo de manifiesto. Lo daré a las gentes en todo mi amor personal, en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en mi salvación (…) porque allí les escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores”.
En este breve texto se encuentran la doble misión guadalupana:
a) Mostrarnos a Dios, ensalzarlo al ponerlo de manifiesto, y dárnoslo en todo su amor personal.
b) Escuchar nuestro llanto, nuestra tristeza, remediar y curar todas nuestras diferentes penas, nuestras miserias y dolores.
Ambas misiones se encuentran no sólo presentes, sino muy evidentes en la Sagrada Escritura:
1La visita a santa Isabel
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La Virgen María, al aceptar, con su fiat, participar del misterioso y providente designio redentor de Dios, acogió en su vientre virginal a Dios Hijo y nos lo dio, justamente, –parafraseando el Nican Mopohua– ‘en todo su amor personal’.
En efecto, ‘nos lo mostró y lo ensalzó’ cuando ella, ya encinta por obra del Espíritu Santo, acudió en auxilio de su prima santa Isabel que estaba próxima a dar a luz, en el sexto mes de embarazo, del que sería el profeta san Juan el Bautista.
En dicho encuentro, María santísima responde al jubiloso saludo de santa Isabel con estas inolvidables palabras que ‘ensalzan a Dios y nos lo ponen de manifiesto’:
“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abrahán y su descendencia por siempre”.
María santísima viene a ‘escuchar nuestro llanto, nuestra tristeza, y a remediar y curar todas nuestras diferentes penas, nuestras miserias y dolores’. Esto lo vemos confirmado cuando puso en evidencia ante Jesús la necesidad en aquella boda en Caná de Galilea (Juan 2, 1-11): “No tienen vino”; y posteriormente cuando ordena a los criados: “Hagan lo que Él les diga”. Gracias a María santísima, aquellos recién casados pudieron ofrecer a sus invitados “el mejor vino”. }
Pero estas palabras de la virgen no fueron expresadas de dientes para afuera, sino como testimonio íntimo de lo que previamente dijo e hizo ante el anuncio del Ángel: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).
En efecto, porque cumplió en ella la voluntad de Dios, es que nos lleva de la mano a hacer lo mismo.
Por ello, “la esclava del Señor” es reconocida por todos —como lo afirmamos en el quinto misterio glorioso del santo rosario— como “Reina y Señora de todo lo creado”.
¡Vaya paradoja: la esclava es reina! ¡la sierva es felicitada por todas las generaciones!, ¡la jovencita virgen es poderosa abogada! o, como dice la tradición de la Iglesia, refiriéndose a ella, es la “omnipotencia suplicante” que, en su invocación, puede conseguir de la Omnipotencia Divina el mejor vino para nuestra vida.
El Nican Mopohua viene a ser ese espejo que refleja fielmente la Palabra de Dios y que nos invita a ser ese pueblo santo que se estremece ante Ella y confiadamente le presenta sus plegarias:
“Y absolutamente toda esta ciudad, sin faltar nadie, se estremeció cuando vino a ver, a admirar su preciosa Imagen. Venían a reconocer su carácter divino. Venían a presentarle sus plegarias.” (nn. 214-216).