Hoy celebramos a San Juan de Matera, a quien Dios protegió de la calumnia y la maledicencia

Hoy celebramos a San Juan de Matera, a quien Dios protegió de la calumnia y la maledicencia

San Juan de Matera, 20 de junio / ACI Prensa

Buenos Aires, sábado 20 junio (PR/26) — Cada 20 de junio, la Iglesia celebra a San Juan de Matera, monje italiano fundador de la Orden de Pulsano -razón por la que se le conoce también como San Juan de Pulsano-.

Por un largo periodo, Juan vivió como eremita en las montañas del sur de Italia. La congregación que fundó después fue parte de la gran familia benedictina, pero, lamentablemente, no sobrevivió en el tiempo y hoy se encuentra extinta.

Giovanni Scalcione nació en la ciudad de Matera, Reino de Nápoles (hoy parte de Italia), hacia el año 1070.

Cuando era todavía un niño, Juan soñó con vivir como ermitaño. Cuando creció, quiso perseguir su sueño y dejó la casa de sus padres rumbo a las islas ubicadas frente a Tarento, donde había un monasterio. Allí ingresó en calidad de hermano lego para desempeñarse como pastor y guardián de rebaños.

Blanco de la hostilidad de este mundo

 

Tiempo después fue enviado a Ginosa donde comenzó a predicar y a promover la restauración del templo de la ciudad, alrededor del cual posteriormente se construiría un nuevo monasterio.

En medio del esfuerzo restaurador, San Juan de Matera fue acusado injustamente de haberse apropiado de algunos bienes pertenecientes a la Iglesia y, por orden del gobernador de la provincia, sería condenado a prisión.

La acusación no era sino una calumnia armada por sus enemigos, celosos de la autoridad moral que exhibía el santo.

Además, su conocida austeridad reforzaba la idea de que tanto las imputaciones como el castigo carecían de fundamento.

También era verdad que parte de la población no deseaba un monasterio en el lugar pues veían con desagrado la posibilidad de que Juan fuese una voz alzada contra el poder secular que pretendía interferir en la vida eclesial.

Poco después, sin que se hayan aclarado bien las razones hasta hoy, Juan salió de prisión. Eso contribuyó al difundido rumor en ese momento de que había sido liberado por un ángel. El santo, entonces, se dirige a Capua, donde permanece por un breve tiempo antes de seguir su camino. Juan no podía permanecer en el lugar ya que los pobladores estaban asustados, temiendo represalias de las autoridades.

Incomprensión de sus hermanos

 

Llegado a Bari, retomó la predicación y la catequesis, pero fue acusado nuevamente, esta vez de herejía.

Sus enemigos usaron como pretexto cierto énfasis que ponía Juan en la importancia de la austeridad para alcanzar la santidad. Cuando las cosas se aclararon, fue liberado nuevamente, gracias a que le permitieron defenderse ante los tribunales; derecho que ejerció personalmente y de manera brillante.

En 1130, en el antiguo monasterio de San Gregorio de Pulsano, construido gracias a su iniciativa y empuje, Juan fundó la congregación monástica que lleva el nombre de ‘Orden de San Pulsano’.

Allí restituye la regla de San Benito en su espíritu y letra, y es nombrado abad, servicio que ejerció durante los diez siguientes años.

San Juan de Matera tuvo la bendición de ver crecer a sus hijos espirituales, que empezaron a hacerse conocidos y a aumentar en número -unos 50 monjes integraron la Orden en unos pocos años-.

El santo falleció el 20 de junio de 1139 en Foggia (Pulla), a donde había viajado con la intención de abrir un monasterio más para la congregación.

 

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Fuente: ACI Prensa 
Cada 23 de noviembre se celebra al Papa San Clemente I, impulsor de la paz y la concordia

Cada 23 de noviembre se celebra al Papa San Clemente I, impulsor de la paz y la concordia

«Revistámonos de concordia, manteniéndonos en la humildad y en la continencia, apartándonos de toda murmuración y de toda crítica, manifestando nuestra justicia más por medio de nuestras obras que con nuestras palabras», escribió el Papa San Clemente I en una carta escrita a los miembros de la Iglesia en Corinto.

San Clemente I, conocido también como San Clemente Romano, fue elegido pontífice en el año 88 y murió mártir en el año 97 (c.99). Clemente murió ejecutado en medio de la persecución: fue arrojado al mar encadenado a un ancla.

Otra figura importante de la Iglesia de los primeros siglos, San Ireneo de Lyon, da testimonio sobre su fidelidad a Cristo, al tiempo que lo coloca en la lista de los sucesores de Pedro. De Clemente, Ireneo escribe: «Había visto a los Apóstoles»; «se había encontrado con ellos»; «todavía resonaba en sus tímpanos su predicación, y tenía ante los ojos su tradición».

Dadas las afirmaciones tan contundentes del gran Obispo de Lyon, la Iglesia lo considera uno de los Padres Apostólicos junto a San Policarpo de Esmirna y San Ignacio de Antioquía.

Durante su pontificado, Clemente I restableció el sacramento de la Confirmación de los cristianos según el rito de San Pedro. Además, con su venia, se empezó a usar en el rito católico (universal) la palabra «amén» (así sea), como señal de conformidad y adhesión expresada en la liturgia.

Un hermoso ejemplo de lo dicho anteriormente puede verse en la carta que envió a los corintios, en razón de las constantes desobediencias a sus sacerdotes. San Clemente, en todo esto, no hizo sino seguir las huellas de San Pablo:

«¿A qué vienen entre vosotros contiendas y riñas, banderías, escisiones y guerras. ¿O es que no tenemos un solo Dios y un solo Cristo y un solo Espíritu de gracia que fue derramado sobre nosotros? ¿No es uno solo nuestro llamamiento en Cristo?… Arranquemos, pues, con rapidez ese escándalo y postrémonos ante el Señor, suplicándole con lágrimas sea propicio con nosotros, nos reconcilie consigo y nos restablezca en el sagrado y puro comportamiento de nuestra fraternidad».

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Fuente: Aciprensa