Cada 29 de marzo celebramos a los santos Jonás y Baraquicio, testigos de Cristo, el ‘Rey de reyes’

Cada 29 de marzo celebramos a los santos Jonás y Baraquicio, testigos de Cristo, el ‘Rey de reyes’

El aliento de los mártires

En el decimoctavo año de reinado de Sapor II, rey de Persia, se inició una cruel persecución contra los cristianos en Oriente. Por órdenes reales, monasterios y templos fueron arrasados o quemados, mientras que cualquier cristiano que profesara su fe en público estaba bajo amenaza.

Sucedió que un grupo de cristianos fue capturado y condenado a muerte. Entonces, mientras permanecían en las mazmorras esperando el momento final, dos valientes monjes provenientes de Beth-Iasa se acercaron al lugar para darles agua y comida.

Luego, cuando los prisioneros fueron conducidos al lugar donde serían torturados, los monjes los siguieron, y los alentaron con oraciones y arengas mientras sufrían los castigos. Ese día ninguno de los condenados a muerte abdicó de su fe. Aquellos monjes eran los hermanos Jonás y Baraquicio.

Sólo hay un ‘Rey de reyes’

Les pidió, además, que rindieran pleitesía al ‘rey de reyes’, refiriéndose a Sapor, a lo que los monjes respondieron con una negativa, porque para ellos el único rey de reyes era Cristo, quien, a diferencia de Sapor, no morirá jamás.

Esto fue motivo de escándalo entre los jueces persas, quienes llamaban a Sapor ‘inmortal’. En represalia, Baraquicio fue arrojado a un estrecho calabozo, mientras que Jonás fue azotado y luego arrojado a un estanque de agua helada.

A Baraquicio le dijeron que Jonás había renegado de Cristo con el propósito de que se rindiera. El monje no hizo caso a tales mentiras y se reafirmó en su fe. Acto seguido, por haber reaccionado así, los jueces determinaron que sea apaleado con varas de ganado, igual que su hermano Jonás.

Persia, tierra de mártires

La impresionante historia de Jonás y Baraquicio, así como la de los otros mártires de Persia, aconteció en tiempos en los que en Occidente ya estaba vigente el Edicto de Milán, y las persecuciones se habían detenido. En Oriente, sin embargo, la situación era muy distinta.

Fuente: Aciprensa
Primicias Rurales
Cada 27 de marzo se celebra a San Juan de Egipto, el hombre que encontró a Dios en el silencio

Cada 27 de marzo se celebra a San Juan de Egipto, el hombre que encontró a Dios en el silencio

Dios le concedió a Juan el don de profecía, del consejo y el poder de curar enfermedades. Gozó de gran fama en vida y, por eso, fue consultado por emperadores -se dice que profetizó una victoria a Teodosio el Grande-, figuras políticas y religiosas; incluso acudieron a él algunos de los Padres de la Iglesia como San Jerónimo y San Agustín. Este último escribió sobre él y constituye una de las fuentes más seguras para conocerlo.

Florecer en medio del desierto

San Juan el Eremita nació alrededor del año 305 en Tebaida, Licópolis -razón por la que se le llama también ‘Juan de Licópolis’-. Allí aprendió el oficio de carpintero, al que se dedicó durante su juventud. Con solo 25 años decidió renunciar a toda vida mundana para dedicarse a la oración y meditación, lejos de las tentaciones de la ciudad. Se puso entonces bajo la guía de un anciano anacoreta del desierto de Nitria quien, a lo largo de diez años, lo ejercitó en la obediencia y la renuncia de sí mismo.

Una voz del pasado que resuena hoy

El santo aprendió así a obedecer, sin quejarse, con humildad, aun cuando muchas de las órdenes que recibía parecían irracionales. En la antigüedad solían repetirse historias aleccionadoras en torno a él, muchas de ellas muy llamativas como desconcertantes: se dice, por ejemplo, que cultivaba un huerto lleno de árboles muertos o varas de madera.

Una vida hecha conversación incesante con Dios

Se dice que logró permanecer en oración durante todas las horas de la vigilia. La tradición subraya especialmente ese aspecto, porque constituye una excelente inspiración para todo cristiano que desea hacer de su tiempo algo hecho siempre de cara a Dios, una auténtica ofrenda de amor.

San Juan de Egipto falleció a los 90 años. Cuando hallaron su cuerpo, este estaba rígido, en posición de oración. Hoy se le considera como el ‘Padre de todos los ascetas’.

¿Sabías que no toda forma de ascetismo conduce a Dios? ¿Quieres saber más sobre los anacoretas o eremitas? Te sugerimos que leas estos artículos de la Enciclopedia Católica:
https://ec.aciprensa.com/wiki/Anacoretas
https://ec.aciprensa.com/wiki/Ascetismo

     Primicias Rurales
    Fuente: Aciprensa
Cada 26 de marzo celebramos a San Ludgero, gran evangelizador de Alemania

Cada 26 de marzo celebramos a San Ludgero, gran evangelizador de Alemania

Buenos Aires, 26 de marzo (PR/26) .- Hoy, 26 de marzo, recordamos a San Ludgero, gran misionero de la Europa de la Edad Media. Es conocido como el gran evangelizador de los pueblos frisios (Países Bajos) y sajones (Alemania); fue el fundador de la Abadía de Werden y el primer obispo de Münster, Westfalia (Alemania).

Su vida se caracterizó por la entrega y dedicación puestas al servicio del anuncio del Evangelio entre los paganos europeos de su tiempo, y por el impulso que le dio a la fundación de monasterios, iglesias y escuelas. Hoy se le venera de manera especial en Holanda, Dinamarca y Alemania.

Impulso evangelizador

Ludgero -a veces «Lüdiger» o «Liudger»- nació en Frisia alrededor del año 745, en el seno de una familia noble. Vivió en los tiempos de Carlomagno y la expansión del imperio Carolingio, producida entre 772 y el 804.

Aquellos fueron días en los que el cristianismo también se encontraba en proceso de expansión, especialmente en las regiones pertenecientes a la llamada «Germania Magna», provincia romana fundada siglos antes por Julio César. Dicha provincia se encontraba ubicada entre los ríos Rin y Elba.

Se suele decir que la evangelización de aquellas tierras tuvo dos grandes impulsos: el primero, encabezado por San Bonifacio -el gran evangelizador de Alemania-; y el segundo, conducido por San Ludgero.

Misionero de la Gracia en libertad

Su labor allí estuvo marcada por un espíritu de respeto y libertad, a diferencia de otros esfuerzos evangelizadores de la época. Precisamente por eso, la tradición sugiere que San Ludgero tuvo muchísimo éxito, logrando la conversión de muchísimas personas.

La actitud pastoral de Ludgero fue considerada ejemplar y un férreo contrapunto al modo de obrar de Carlomagno, quien en su intento por expandir el cristianismo sucumbió más de una vez al uso de la fuerza.

Tiempo después, haría un viaje a la abadía benedictina de Montecasino, ubicada al sur de Roma, con el deseo de alejarse del conflicto entre las fuerzas de Carlomagno y su principal oponente sajón, el guerrero Widukind. Allí permanecería por un largo periodo, hasta que Carlomagno fue a buscarlo personalmente para pedirle que regrese a Frisia y continúe con la predicación.

El emperador además deseaba que Ludgero asumiera el episcopado de Tréveris, cuya sede estaba vacante. Con esa idea en mente, le solicitó al Papa que nombre obispo a Ludgero. Lamentablemente, el santo no aceptó la propuesta y regresó a Frisia como un sencillo misionero.

En 804 fue designado obispo de Münster y cinco años más tarde falleció, el 26 de marzo de 809. Hoy sus restos descansan en Werden, lugar que se ha convertido en destino de cientos de peregrinos y devotos. El Martirologio Romano señala que su obra apostólica fue muy fructífera gracias a que supo congeniar la predicación, la oración y la acción.

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    Fuente: Aciprensa
Cada 25 de marzo recordamos a San Dimas, el ladrón arrepentido que se ganó el cielo

Cada 25 de marzo recordamos a San Dimas, el ladrón arrepentido que se ganó el cielo

Dimas, a diferencia del otro ladrón crucificado, imploró a Jesús: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”, a lo que el Señor contestó: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23, 39-43).

Dimas en la tradición

Poco se conoce sobre la vida de San Dimas. La misma Escritura no abunda en detalles y solo aparece en el relato de San Lucas sobre la crucifixión. No obstante, el texto apócrifo denominado Evangelio de Nicodemo aporta algunos detalles interesantes que la tradición ha conservado.

Por ejemplo, allí sí aparece el nombre ‘Dimas’ -ausente en la Biblia-, al que se denomina ‘buen ladrón’. Además, se señala que fue colocado a la derecha de Cristo, mientras que a su izquierda estaba ‘Gestas’, el ‘Mal Ladrón’, crucificado también.

En el evangelio apócrifo denominado Protoevangelio de Santiago, se recoge el siguiente testimonio de José de Arimatea sobre el buen ladrón:

Se dedicaba a saquear a la turba de los judíos; robó los libros de la ley en Jerusalén, dejó desnuda a la hija de Caifás, que era a la sazón sacerdotisa del santuario, y substrajo incluso el depósito secreto colocado por Salomón. Tales eran sus fechorías”.

De acuerdo al Evangelio árabe de la infancia de Jesús -otro texto apócrifo- Dimas tenía, en realidad, otro nombre. En ese relato los ladrones eran ‘Tito’ y ‘Dumaco’. Tito, quien sería el Buen Ladrón, habría impedido que otros salteadores como él robaran a la Sagrada Familia cuando esta huía a Egipto.

En las narraciones de la crucifixión de los Evangelios de San Lucas y San Mateo, se dice que Jesús, estando crucificado, fue blanco de insultos, afrentas y burlas provenientes de la multitud, la soldadesca romana y los maestros de la ley judía.

Apenas lo acompañaban un discípulo suyo, Juan, la Virgen María y algunas otras mujeres. Solo el relato de Lucas describe la intervención de los ladrones con precisión:

Nunca es tarde

Es claro que San Dimas, el buen ladrón, reconoció, en un acto de fe verdadera, al Hijo de Dios. Haberlo hecho lo condujo en seguida a admitir con humildad su pecado, y pedir misericordia.

Dimas había quedado transformado por la presencia de Dios, haciéndose testigo irrefutable de la inocencia de Cristo. Se sabe manchado por sus culpas, mientras ve que en Jesús no hay falta alguna. Al mismo tiempo, deja de pensar en la “salvación” que ofrece el mundo -no pide que lo bajen de la cruz-; no, ciertamente. Lo que quiere ahora es ir al cielo: en el final de su existencia ha puesto la mirada en lo trascendente.

El delincuente que confesó ante el Señor: un santo seguro

Dimas nunca fue “canonizado” de manera formal por la Iglesia. Se le cuenta entre los santos porque ha sido la única persona a quien Jesucristo aseguró explícitamente que estaría en el cielo, compartiendo su gloria.

Si bien no hay certeza sobre su nombre, sí la hay sobre su destino. Que haya vivido como ladrón o criminal para después acogerse a la misericordia del Señor, termina siendo motivo de inspiración y de esperanza para todos los hijos de la Iglesia, porque somos pecadores.

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Fuente: aciprensa

 

Cada 24 de marzo celebramos a Santa Catalina de Suecia, intercesora ante embarazos de riesgo

Cada 24 de marzo celebramos a Santa Catalina de Suecia, intercesora ante embarazos de riesgo

También se le denomina ‘Santa Catalina de Vadstena’, en alusión al lugar donde vivió y murió.

Katarina, o Catalina, fue monja brigidina, es decir, perteneció a la Orden religiosa fundada por su madre, la ‘Orden del Santísimo Salvador’, cuyas integrantes son conocidas comúnmente como ‘brigidinas’ en honor a su fundadora. Se le venera como patrona de las vírgenes, aún cuando estuvo casada, y las madres gestantes piden su intercesión ante el peligro de un aborto espontáneo.

De tal palo, tal astilla

Catalina Ulfsdotter, nació en Vadstena, ciudad de la provincia de Östergötland, Suecia. Fue la cuarta hija de Santa Brígida. No ha podido establecerse con exactitud la fecha de su nacimiento, pero se cree que fue entre 1331 y 1332. Es verdad que perteneció a una familia noble y con fortuna, pero en ella aprendió el desprendimiento y la generosidad.

Santa Brígida, su madre, había inculcado valores cristianos en todos sus hijos. Ella misma dio el mejor ejemplo cuando a la muerte de su esposo renunció a sus posesiones. Por su lado, Catalina le heredó el espíritu de liderazgo, entrega y amor a la oración.

Por eso, pasaba varias horas del día dedicada al trato afable con el Señor. Gustaba de la meditación de la Pasión y Muerte de Cristo, de los salmos penitenciales y del Oficio de la Virgen María. Muchos de estos ejercicios espirituales los aprendió de niña, puesto que fue encargada desde los 7 años a las monjas del convento de Risberg para su educación.

Hija respetuosa y obediente

En 1349, después de la muerte de su padre, Catalina llegó a un acuerdo con su esposo para quedar libre y partir junto a su madre rumbo a Roma en peregrinación, y visitar las tumbas de San Pedro y San Pablo.

Estando todavía de camino, Catalina recibió la noticia de que Eggart, su esposo, había fallecido. Entonces, decidió no volver a contraer matrimonio y permanecer con su madre en Roma. Allí Catalina empezaría una nueva vida, imitando fervorosamente a Brígida en su vida ascética y pertenencia a Dios.

En su condición de viuda, Catalina no dejaba de visitar a los pobres y enfermos de la ciudad, allí donde estuvieran, sea en las calles, en sus casas o en los hospicios. Además de atenderlos espiritual y materialmente, ayudaba con los quehaceres domésticos.

En 1372, Catalina, su madre y su hermano partieron en peregrinación a Tierra Santa. Al año siguiente, durante el viaje de retorno, Brígida falleció en Roma. Un año más tarde, su cuerpo regresaría a Suecia para ser enterrado en Vadstena, en el convento de su fundación.

Cumplidora de la obra de Dios

Tras cinco años de permanencia en Roma, Catalina regresó a su tierra natal y el obispo le confió el gobierno general de la joven Orden religiosa. Poco tiempo después enfermó y falleció el 24 de marzo de 1381. En 1484, Inocencio VIII concedió la autorización para su veneración.

Patronazgo y veneración

Santa Catalina de Suecia es considerada patrona de las vírgenes. Esto podría generar cierto desconcierto si se considera que estuvo casada por casi 20 años. Sin embargo, subyace una hermosa explicación que debe ser entendida a la luz de las condiciones de su época. Ella quiso consagrar su virginidad al Señor desde muy joven y así se mantuvo siempre. Esto fue posible, en buena parte, gracias a su esposo, quien compartió con ella, de manera fuera de lo común, el deseo de consagrarse a Dios siendo virgen.

¿Quieres saber más sobre Santa Catalina de Suecia? Te recomendamos este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Santa_Catalina_de_Suecia

Más información:

 

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Fuente aciprensa