Rosario, viernes 3 julio (PR/26) — La confianza de los productores agropecuarios registró un repunte del 14 % en la medición mayo-junio del Ag Barometer Austral, alcanzando los 151 puntos. Este índice, elaborado por la Universidad Austral, se acerca nuevamente al récord histórico de 159 puntos logrado a fines de 2025.
A pesar de este mayor optimismo, los productores mantienen la prudencia ante compromisos de largo plazo. Factores como los altos costos de insumos, los precios ajustados de los granos y la incertidumbre política hacia 2027 siguen condicionando las decisiones.
El relevamiento, elaborado por el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, refleja mejoras tanto en la percepción de la situación actual como en las expectativas futuras.
La recuperación abarca todos los componentes del índice: el Índice de Condiciones Presentes creció un 16 %, pasando de 108 a 125 puntos. La situación financiera mejoró un 15 %, impulsada por expectativas de inversión en activos fijos.
Por otro lado, el Índice de Expectativas Futuras avanzó un 13 %, alcanzando los 168 puntos. Actualmente, el 65 % de los productores prevé una mejora financiera en los próximos doce meses y ocho de cada diez confían en un sector fortalecido a un año.

La producción ganadera concentra la visión más positiva del relevamiento. Un 80 % de los productores estima que la ganadería vacuna atravesará buenos años durante el próximo lustro, gracias a los buenos precios y perspectivas de mercado.
En el caso de la agricultura, el optimismo es más moderado. Si bien un 53 % espera años favorables, un 43 % proyecta estabilidad, manteniendo la cautela debido a márgenes de rentabilidad ajustados que limitan el entusiasmo total.
El 58 % de los encuestados sostiene que una mejora financiera real depende de una baja en los precios de los insumos. Asimismo, un 48 % aguarda mejores precios para la producción, mientras que las condiciones climáticas (40 %) y variables políticas (30 %) completan las preocupaciones.
Según el equipo de la Universidad Austral, la recuperación de la rentabilidad sigue siendo limitada. Sin una reducción efectiva de costos o una mejora en los valores de los productos, las inversiones masivas seguirán en espera.
El mercado de tierra agrícola recobra atractivo: la mitad de los productores espera un aumento en los valores para el próximo año. El margen neto del negocio es la variable determinante para el 49 % de los consultados.
Por su parte, las retenciones siguen siendo un factor crítico, mencionadas por el 44 % como limitante del valor de la tierra. Respecto a la reciente reducción parcial de estos derechos, el 44 % prevé un impacto positivo, mientras que el 29 % lo interpreta principalmente como una señal política.

Sobre el estado de ánimo, Carlos Steiger, director del Ag Barometer Austral, señaló: «La recuperación de la confianza muestra que el productor volvió a tener una mirada positiva sobre el negocio agropecuario. Sin embargo, todavía existe prudencia cuando las decisiones implican compromisos de inversión de largo plazo».
Respecto a la concreción de proyectos, el investigador explicó: «Las expectativas de inversión mejoran, pero todavía no vemos una concreción masiva. Creemos que las decisiones de largo plazo siguen condicionadas por la incertidumbre respecto del escenario político y económico hacia 2027».
El Índice de Condiciones Presentes creció un 16 %, mientras que el Índice de Expectativas Futuras avanzó un 13 %. Actualmente, el 65 % de los productores prevé una mejora financiera en los próximos doce meses y ocho de cada diez confían en un sector fortalecido.
Sobre el sector ganadero, Steiger puntualizó: «Existe un marcado optimismo con la ganadería porque sus ciclos productivos son más largos y hoy reúne condiciones favorables tanto por precios como por perspectivas de mercado. En agricultura, en cambio, el optimismo convive con márgenes todavía muy ajustados».
Sobre la estructura de costos, el especialista afirmó: «La confianza mejoró, pero los márgenes siguen muy presionados. Mientras no se reduzcan los costos o mejoren los precios de los productos agrícolas, la recuperación de la rentabilidad continuará siendo limitada».
Finalmente, al abordar el mercado inmobiliario rural y la política fiscal, concluyó: «Los productores entienden que cualquier mejora permanente en la rentabilidad también termina reflejándose en el valor de la tierra. Por eso las políticas que afectan los márgenes siguen siendo determinantes en las decisiones de inversión».
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Buenos Aires, sábado 13 junio (PR/26) – José Arrieta, vicepresidente de la Cámara de Productores Porcinos de Córdoba, aseguró que la carne de cerdo atraviesa una transformación histórica en Argentina y destacó que el sector logró dejar atrás la imagen de un alimento ocasional para convertirse en una opción cada vez más presente en la dieta de las familias.
“Estos últimos 20 años crecimos de 6 o 7 kilos de consumo por habitante por año a 20 o 21 kilos”, explicó, al remarcar el salto que tuvo la actividad.
El dirigente porcino señaló que el negocio atraviesa un momento de estabilidad, con costos de alimentación controlados y precios de venta que permiten proyectar inversiones.
“El negocio está bueno, está estable, con un costo de alimentación relativamente moderado y un precio de venta que hace varios meses nos está dejando una rentabilidad. No es una locura, pero es una rentabilidad que se puede trabajar y proyectar”, afirmó.
Según Arrieta, la industria tuvo un fuerte crecimiento tecnológico en genética, alimentación y producción, lo que permitió modificar la percepción histórica sobre la carne porcina. “Hoy tenemos un producto de alto valor biológico, con poca grasa, mucha proteína y a un precio muy accesible”, sostuvo en diálogo con Splendid AM 990.
El vicepresidente de la Cámara de Productores Porcinos de Córdoba explicó que durante años el cerdo estuvo asociado principalmente a fiambres y chacinados, pero que esa tendencia comenzó a cambiar.
“Dejamos de utilizar la carne de cerdo solamente para fabricar algún fiambre y realmente hoy tenemos dos o tres veces por semana carne de cerdo en la mesa de los argentinos”, afirmó.
Sin embargo, señaló que todavía existe un desafío cultural: lograr que los consumidores incorporen más cortes y preparaciones. “En la carne vacuna uno tiene hiperincorporados los cortes, va al carnicero y pide determinados nombres. En el caso del cerdo todavía nos falta ese conocimiento”, explicó.

En ese sentido, Arrieta destacó que la estrategia del sector apunta a promover cortes que puedan reemplazar preparaciones tradicionales de carne vacuna.
“Lo que buscamos es quebrar esa cultura de consumo de carne bovina para algunos cortes como milanesas, pulpas, hamburguesas. Hoy esos cortes de cerdo pueden reemplazar perfectamente a los vacunos”, indicó.
El objetivo de la industria es continuar aumentando el consumo interno. “Tenemos proyectado llegar a unos 27 o 28 kilos por habitante por año para 2032 o 2033”, señaló, aunque aclaró que para lograrlo será necesario seguir trabajando en la promoción y en el conocimiento del producto.
Sobre la competencia externa, el representante del sector advirtió que las importaciones de carne porcina generan preocupación entre los productores locales. “Al estar al lado de Brasil, que es uno de los jugadores más importantes a nivel mundial, el tema de las importaciones siempre es una preocupación”, explicó.
Arrieta, según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, detalló que actualmente el ingreso de carne extranjera se concentra en determinados cortes. “Se están importando puntualmente algunos productos como bondiolas o lomitos congelados que después se venden como frescos. No es un volumen muy importante, pero claramente molesta”, afirmó.
Además, el dirigente buscó derribar algunos mitos vinculados al consumo de cerdo, especialmente sobre la grasa y la calidad del producto. “Hay varios mitos todavía: que el cerdo tiene mucha grasa, que cae pesado o dudas sobre cómo se cría. La realidad es que la producción cambió muchísimo en estos últimos 20 años”, sostuvo.
En esa línea, explicó que la alimentación y la genética modificaron completamente la producción. “El principal insumo es maíz y harina de soja. La genética y la investigación en nutrición hicieron que hoy tengamos una carne mucho más magra. Al productor no le pagan más por tener un cerdo con más grasa, sino por tener más músculo”, afirmó.
Arrieta también destacó el factor económico de la carne porcina frente a otros tipos de proteína anima.
“Es una opción muy interesante para mucha gente porque permite acceder a un producto de calidad a un precio más accesible”,
Finalmente, planteó que el crecimiento del sector puede tener un impacto estratégico para la Argentina, especialmente en el mercado de carnes.
“Tenemos que empezar a trabajar en la exportación porque el país necesita exportar más carne vacuna. Nosotros podemos reemplazar parte de ese consumo interno y permitir que Argentina venda más carne al mundo”, concluyó.