Una finca en las Islas Canarias abre sus puertas a quienes deseen vivir sin pagar alquiler en un entorno rural único. La experiencia combina agricultura ecológica, permacultura y convivencia comunitaria a cambio de colaborar pocas horas a la semana.
Por Alejo LucarásBuenos Aires, domingo 1° noviembre (PR/26)– Imaginarse despertar con vistas al Atlántico, rodeado de cultivos, animales de campo y senderos rodeados de piedra volcánica levantada a mano es hoy una posibilidad concreta. En el noroeste de Lanzarote, un proyecto agrícola ofrece alojamiento gratuito a cambio de colaborar con tareas cotidianas del espacio.
El impulsor de esta iniciativa se llama Oier, un joven de 30 años oriundo de Vitoria que decidió radicarse en el municipio de Tinajo para cultivar su propia comida. Allí impulsa un modelo basado en la permacultura y busca compartir sus conocimientos con viajeros de distintas partes del mundo.
A diferencia de la mayoría de los programas de intercambio rural que exigen jornadas más extensas, esta propuesta requiere únicamente doce horas semanales de trabajo. Esto deja un margen amplio de tiempo libre para descansar, teletrabajar o recorrer los paisajes de la isla.
Tareas del campo y vida en comunidad
Las labores dentro del predio combinan la agricultura con el mantenimiento general de la infraestructura rural. Entre las actividades principales se destacan cavar, plantar árboles, regar y construir muros de protección contra las ráfagas de viento características de la zona.
También se atiende el cuidado del gallinero, la limpieza de los corrales y la atención de perros y gatos que conviven en el predio. A esto se suman tareas del hogar como pintar paredes, mejorar el jardín y colaborar en la elaboración de las comidas diarias.

Las dinámicas de trabajo son muy flexibles y permiten que cada voluntario elija las tareas según sus habilidades o sus ganas de aprender. El anfitrión promueve un entorno de aprendizaje constante donde prima el intercambio cultural y el respeto mutuo entre los integrantes del grupo.
Qué beneficios incluye la estancia
El beneficio principal que brinda el anfitrión es la estancia gratuita en habitaciones compartidas con capacidad para dos o tres personas. Además, los voluntarios tienen acceso libre a productos frescos cosechados en la finca, como verduras, frutas y huevos.
La propuesta incluye además valiosas oportunidades de formación pedagógica, ya que se dictan clases de español, música y agricultura de manera informal. En ocasiones puntuales, el anfitrión ofrece traslados en coche para facilitar compras o traslados por la zona.
Respecto a la alimentación restante, cada participante debe cubrir sus propios víveres, aunque es habitual la organización de almuerzos comunitarios. La estancia mínima requerida es de dos semanas y se aceptan nómadas digitales, familias y viajeros con tienda de campaña.
Aspectos clave sobre el entorno y la logística
Es importante contemplar ciertos detalles prácticos antes de emprender el viaje hacia el predio. El lugar no posee conexión wifi propia, por lo que el dueño comparte datos móviles con los huéspedes, y se recomienda alquilar coche debido a la escasez de transporte público.
La ubicación de la finca resulta estratégica para los entusiastas de la naturaleza y el turismo rural. El municipio de Tinajo abarca parte del Parque Nacional de Timanfaya y conserva tradiciones agrícolas únicas como los cultivos sobre ceniza volcánica para retener humedad.
Para inscribirse es necesario registrarse en la plataforma Workaway, donde el perfil de la finca ostenta la máxima calificación y la insignia de Top Host con un cien por ciento de valoraciones positivas por parte de más de treinta viajeros.



















