Es una pregunta que casi todos nos hicimos alguna vez: si todos los caminos conducen a Dios, ¿cuál es el verdadero? En tiempos de tanta oferta espiritual, la respuesta importa más que nunca.
Buenos Aires miércoles 14 octubre (PR/26)– Hoy hay una oferta espiritual enorme, y eso genera confusión. Mucha gente cree que todas las religiones son lo mismo, como esos remedios que tienen la misma fórmula y el mismo efecto aunque cambie el nombre. Pero ¿será realmente así?
Qué es la religión y por qué la buscamos
Para empezar, la Enciclopedia católica define la religión como «la sujeción voluntaria de uno mismo a Dios». Dicho de otro modo, es decidir, con plena libertad, unirnos a Él.
Esa misma obra subraya que en todas las formas de religión está implícita la convicción de que un Ser sobrenatural, misterioso, controla las vidas y los destinos de los hombres.
Es decir, desde que el hombre apareció sobre la tierra supo que existía Alguien más grande que él, autor y controlador de todo lo creado, algo que él no era capaz de producir. Por eso sintió la necesidad de unirse a ese Ser superior y rendirle culto.
Una sed de Dios que todos compartimos
Hasta aquí vemos que toda la humanidad tiene la misma inquietud, sin importar el lugar del mundo donde viva. La sed de Dios es común a todos los seres humanos.
Conviene recordar que, cuando Dios creó al hombre, le dio libre albedrío para que lo eligiera sin presión de ninguna clase, movido solo por amor. Aun ante el resultado fallido, Dios quiso respetar la decisión de quienes optaron por deidades que lo sustituían.
La revelación: Dios sale al encuentro
Sin embargo, Dios quiso revelarse al pueblo judío y más tarde completó esa revelación con su propio Hijo. El católico bien formado sabe que a Jesucristo le costó tres años de su vida fundar una Iglesia y dejar un colegio apostólico que cumpliera su mandato: ir por todo el mundo y predicar el Evangelio.
Y hace dos mil años ya existían muchas religiones, a las que se enfrentaron los apóstoles y sus discípulos, enviados a llevar la Buena Nueva. Esa Iglesia se habría extinguido si no hubiera sido instaurada por Dios. ¿Acaso los cristianos no fueron perseguidos y asesinados durante los tres primeros siglos de nuestra era?
Entonces, ¿qué pasa con los no cristianos?
Qué dice la Iglesia sobre las otras religiones
Para responder, el Compendio del Catecismo de la Iglesia católica (no. 170) describe: «El vínculo entre la Iglesia católica y las religiones no cristianas proviene, ante todo, del origen y el fin comunes de todo el género humano. La Iglesia católica reconoce que cuanto de bueno y verdadero se encuentra en las otras religiones viene de Dios, es reflejo de su verdad, puede preparar para la acogida del Evangelio y conducir hacia la unidad de la humanidad en la Iglesia de Cristo».
Hay un gran respeto por quienes no profesan la fe católica, pero el compromiso queda de nuestro lado: es nuestro deber ayudar a los no creyentes a encontrarse con Cristo. Por eso debemos formarnos y vivir con coherencia lo que profesamos.
Entonces, ¿cuál es el camino?
En conclusión, aunque en todas las religiones haya algo bueno, solo la Iglesia católica tiene «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6). Por eso, quienes somos católicos tenemos la certeza de ir por el camino seguro y no necesitamos buscar en ninguna otra parte. Créelo y compruébalo por ti mismo.



















